Fuente: gráfica utilizada en el informe de Leonardo Maugeri sobre la capacidad productiva global de petróleo en 2020.
Cuando en 1998 los dos geólogos retirados Colin Campbell y Jean Laherrère publicaron el artículo "
El fin del petróleo barato"
en Scientific American, el precio medio del petróleo ese año fue de
12$/barril (unos 17$/barril en dólares de 2011). Al año siguiente, The
Economist publicaba su famosa portada con el titular "
Drowning on oil" (ahogados en petróleo) y un
artículo
en el que proclamaba que el precio del petróleo podría llegar a caer
hasta los 5$/barril. Ese mismo año la Agencia Internacional de la
Energía (AIE) en su
World Energy Outlook 1999
(WEO 1999) afirmaba que "los precios del petróleo se mantendrían planos
hasta 2010, en la media de 17$/barril del periodo 1991-1995, para
después incrementarse gradualmente hasta 2015, reflejando una esperada
transición hacia el petróleo no convencional" (página 26).
Pero lo que sucedió a partir de ese momento dió la razón a Campbell y
Laherrère: el petróleo dejó de ser barato (el precio medio anual del
petróleo Brent aumentó un 774% entre 1998 y 2011), y también se cumplió
la afirmación de la entradilla de su artículo en Scientific American:
"la producción global de petróleo convencional empezará a declinar antes
de lo que la mayoría espera, probablemente dentro de los próximos diez
años".
De cuando se le dio la razón (discretamente) a ASPO
Muchas cosas han cambiado desde entonces. En su
WEO 2010,
la AIE reconocía que el pico del petróleo convencional ocurrió en 2006,
con una media anual de 70 millones de barriles diarios (mbd). Hay que
aclarar que el "petróleo convencional" comprende básicamente los
hidrocarburos que se extraen como líquidos, para distinguirlos de
petróleos no convencionales como las arenas asfálticas, las pizarras
bituminosas, el petróleo ultrapesado (que tiene la consistencia de una
melaza) o los biocombustibles. De un tiempo a esta parte, las
estadísticas del petróleo suelen referirse a una nueva categoría,
llamada "todos los líquidos", que incluyen no solo el petróleo
convencional, sino también el petróleo no convencional, incluyendo
también los condensados asociados a la extracción de gas natural (etano,
propano, butano y otros que pueden sustituir al petróleo como matería
prima en las refinerías) e incluso las llamadas ganancias de refinería
(ganancias en volumen al refinar el petróleo, aunque el contenido
energético sea el mismo). De esta manera, juntando en una misma
categoría volúmenes de sustancias con contenidos energéticos muy
diferentes (los líquidos del gas natural contienen entre un 60 y un 70%
de la energía calorífica del petróleo convencional), obtenemos una
medida correcta del volumen extraído, pero no de su contenido energético
(ajustada a la energía calorífica los volúmenes de extracción
podrían ser hasta 5 mbd menores que los actuales).
Por tanto, Campbell y Laherrère estaban en lo cierto en 1998, y las
predicciones de la AIE y de The Economist de la misma época se
demostraron erróneas. De hecho, la AIE inició en 2004 un importante
cambio de actitud y de metodología en sus análisis. Si hasta ese momento
habían calculado el futuro suministro de petróleo de acuerdo a las
proyecciones de crecimiento económico, asumiendo que la demanda siempre
sería satisfecha, a partir de ese momento empiezan a introducir
requisitos para que se cumpliesen sus previsiones, como por ejemplo que
las inversiones fuesen "las necesarias", o que se confirmasen las
estimaciones de reservas de petróleo del United States Geological Survey
(USGS), ya que de lo contrario, "el pico del petróleo podría llegar el
2015 o antes" (
WEO 2004, página 102).
En 2005, ya en plena crisis de precios del petróleo, la agencia publica su informe "
Saving Oil in a Hurry: Measures for Rapid
Demand Restraint in Transport", en el que ofrece consejos a los
estados miembros de la OCDE para mejorar su capacidad de "manejar la
volatilidad de los mercados y posibles interrupciones del suministro"
(página 3). A partir de ese momento, la AIE, y especialmente su
economista jefe Fatih Birol, se embarcan en una
campaña
para advertir al mundo de que "podemos sufrir una crisis de suministro
petrolero de aquí a 2015 si no hay suficiente inversión en los mercados,
si no hay un crecimiento de la producción a un nivel que compense la
demanda, y si el crecimiento de la demanda no se amortigua en los países
de la OCDE, China y la India".
Llegados a 2008, los altos precios del petróleo, consecuencia de una fuerte demanda frente a una producción estancada, como
sostiene
el economista James Hamilton de la Universidad de San Diego,
contribuyen al inicio de la recesión en los EE.UU., y por extensión, en
el resto del mundo. Los precios se desploman por un tiempo, y la demanda
de petróleo empieza a descender en los países de la OCDE (un 7,4% en el
periodo 2007 - 2011), aunque esto se ve más que compensado por el
crecimiento en el resto de países (cuya demanda de petróleo crece en el
mismo periodo un 14,7%). A nivel global, la demanda desciende en un 1,9%
entre 2008 y 2009, pero vuelve a aumentar un 3,5% entre 2009 y 2011
gracias de nuevo a los países en desarrollo. Con la producción de
petróleo convencional estancada en una meseta oscilante entre los 72 y
los 76 mbd desde 2004 (estas son cifras medias anuales) y la demanda
neta aún aumentando pese a la crisis financiera y económica en los
países industrializados, han sido los petróleos no convencionales y los
líquidos asociados a la extracción de gas natural los que han permitido
seguir satisfaciendo la demanda, eso sí, a unos precios cada vez
mayores. Precios, por cierto que lastran considerablemente las
posibilidades de volver al crecimiento económico experimentado en las
décadas pasadas y que tan necesario se presenta para salir de la crisis
de crédito en la que nos encontramos actualmente.
Frente a estos antecedentes, ¿cómo es posible entonces que en los
últimos tiempos se hayan publicado numerosos artículos en los que se da
por muerta la idea del cenit del petróleo? ¿Cómo es posible que
reconocidos medioambientalistas como George Monbiot
hayan dicho recientemente que "estábamos equivocados acerca del pico del petróleo: hay suficiente petróleo para freir el planeta"?
Antes de proseguir, es conveniente echarle un vistazo a los
argumentos y a las afirmaciones que se utilizan para justificar que hay
que olvidarse del cenit del petróleo, para entender exactamente qué es
lo que ha pasado y si está justificado que las evidencias presentadas al
principio de este texto y la propia misión de ASPO y AEREN deban ser
revisadas. Y una de las primeras reflexiones que producen la lectura
de algunos de los artículos en prensa aparecidos últimamente, que
presentan el cenit del petróleo como una teoría marginal, es que no
merecen siquiera una crítica. La razón es que cuando se discute un
argumento la primera obligación del crítico es entender ese argumento.
Así, todo aquel que utilice la cifras de reservas para desacreditar el
cenit del petróleo merece que se le ignore. Igual suerte debería merecer
todo aquel que describa el cenit del petróleo como una teoría. El cenit
del petróleo es un fenómeno observado en todos los yacimientos maduros,
se puede considerar como "teoría" discutible (en eso no nos ponemos de
acuerdo ni siquiera los que reconocemos el cenit del petróleo global
como algo que nos afectará en el medio plazo) sus efectos, pero nunca se
debe cometer el error de poner en duda que los yacimientos petrolíferos
llegan a una tasa máxima de extracción para luego declinar. No
obstante, la desinformación no descansa, y no está el nivel de la
discusión como para renunciar a clarificar las cosas, incluso cuando los
argumentos van cargados de falacias argumentativas.
El optimismo petrolero vende bien cuando bajan los precios
The Wall Street Journal publicó el pasado 26 de junio el artículo "
Has Peak Oil Peaked?",
en el que se afirma que "si estamos en el cenit del petróleo, entonces
las reservas globales no deberían estar aumentando y la capacidad de
producción debería haber llegado a su máximo o estar descendiendo". La
afirmación demuestra que el autor del texto es de los que no comprenden
la verdadera naturaleza del cenit del petróleo, este no depende del
volumen total de reservas, sino de los flujos de petróleo que llegan al
mercado, de la velocidad a la que lo hacen y de su coste (tanto
dinerario como energético). Baste un ejemplo para demostrarlo. Si
comparamos la evolución de las reservas de petróleo mundiales en el
periodo 1998 - 2011 con la evolución de la extracción (se escoge un
periodo lo suficientemente largo como para permitir que un
descubrimiento se desarrolle comercialmente, lo que puede llevar de 7 a
10 años), veremos que mientras que las reservas han aumentado un 51%, la
extracción lo ha hecho en un 13%. Si esta diferencia indica simplemente
que el mercado "no necesita más petróleo", ¿por qué ha aumentado el
precio un 774% en el mismo periodo? Y frente a la realidad del precio,
¿por qué los productores no han corrido a poner esas reservas en el
mercado y aprovechar así los altos precios? Por tanto, el volumen de
las reservas no debería ser un argumento válido para desestimar la
realidad del cenit del petróleo, existen ingentes recursos de
hidrocarburos en el subsuelo del planeta, pero el criterio para
convertirlos en reservas no es ni mucho menos universal y a menudo
responde a motivos políticos (en el caso de las compañias estatales, que
controlan la mayor parte de las reservas mundiales), o económicos (en
el caso de compañias privadas que cotizan en bolsa).
Esto pone de manifiesto otro problema: ¿son fiables los datos de las reservas? Los datos utilizados aquí provienen del
British Petroleum Statistical Review of World Energy, publicado anualmente. Pero la petrolera británica incluye esta advertencia en su informe estadístico anual:
La serie de datos de reservas probadas de petróleo y de gas
del BP Statistical Review of World Energy de junio de 2011 no
necesariamente cumple con las definiciones, normas y prácticas
utilizadas para la determinación de las reservas probadas a nivel de
empresa, por ejemplo, bajo las normas contables del Reino Unido que
figuran en la Declaración de Prácticas Recomendadas, "Contabilidad para
la exploración de petróleo y gas, desarrollo, producción y actividades
de clausura" (SORP Reino Unido ) o según lo publicado por la Comisión de
Bolsa y Valores estadounidense, ni representan necesariamente la
opinión de BP de las reservas probadas por país. Por el contrario, las
series de datos se ha compilado utilizando una combinación de fuentes
oficiales primarias y datos de terceros.
Dicho de otra manera, los datos que publica BP no son los mismos que
la compañía utiliza a nivel interno. Cuando BP habla de "fuentes
primarias" se refiere a datos oficiales proporcionados por compañías y
estados. Dado que el 72,4% de las reservas probadas de petróleo están en
manos de la OPEP y esta explota sus reservas a través de compañías
nacionales, esto quiere decir que simplemente BP acepta los datos
ofrecidos por estas sin realizar más indagaciones. Para tener una idea
de la fiabilidad de estos datos, hay que recordar un episodio de
mediados de los años 80 del pasado siglo cuando Arabia Saudita, Irak,
Irán, Kuwait y otros miembros de la OPEP doblaron sus reservas sin que
hubiese mediado ningún nuevo descubrimiento. En apenas cuatro años
las reservas de petróleo de la OPEP crecieron un 62%, unos 300 Gb (Gb =
gigabarriles, equivale a mil millones de barriles). ¡En el año 1989 esto
supuso que las reservas probadas mundiales de petróleo aumentaron un
29,2%! (hoy esa cantidad de petróleo sigue suponiendo un nada
despreciable 18%).
Figura 1: Reservas probadas de petróleo de los países de la OPEP 1980-2011

Fuente: British Petroleum Statistical Review of World Energy 2012
El pasado 19 de junio, en la web de la BBC se publicó el artículo "Shortages: Is '
Peak Oil' Dead?".
En este, su autor aduce que en 2008 el mundo alcanzó un nuevo récord de
producción de petróleo convencional de 73,5 mbd, aunque si consultamos
la
referencia
que proporciona, veremos que este récord se ha superado en 2011 con 74
mbd. Aún así, si tomamos como año inicial 2004 por ser el año en el que
la demanda y los precios empiezan a dispararse, ¿tiene alguna relevancia
estadística un aumento de la extracción de un 2,2%, cuando en el mismo
periodo los precios han crecido un 192% (Brent)? En todo caso estamos en
una meseta técnica de la producción, y no se puede hablar de un récord
significativo, si la extracción hubiese respondido a la demanda con su
misma fuerza, no hubiésemos experimentado el mismo nivel de precios.
En Business Insider, el pasado 28 de junio se hicieron eco de un informe de Citigroup publicado en febrero de 2012 titulado "
Resurging North American Oil Production and the Death of the Peak Oil Hypothesis" (que fue seguido de otro titulado "
Energy 2020: North America, the New Middle East?").
Y aquí nos encontramos con uno de los principales motivos, sino el
único, de esta avalancha de artículos e informes que desacreditan el
fenómeno, que no teoría, del cenit del petróleo: el resurgir de la
producción de petróleo en norteamérica.
Otro informe, "
Oil: The Next Revolution"
se ha sumado recientemente al de Citigroup. Su autor es Leonardo
Maugeri, economista y antiguo ejecutivo de la petrolera italiana ENI.
Maugeri, junto con otros economistas como Morris A. Adelman o
Michael Lynch, no es un recién llegado al debate sobre el cenit del petróleo. Ya en 2006 publicó "
The Age of Oil: The Mythology, History, and Future of the World's Most Controversial Resource", un libro sobre la historia del petróleo en el que ya expuso sus argumentos en contra de la escasez de petróleo.
Maugeri gana en optimismo a los optimistas (pero no convence)
El reciente informe de Maugeri, para cuya elaboración ha contado con el
apoyo económico de British Petroleum a través de su Geopolitics of
Energy Project, afirma que en 2030 la capacidad de producción global de
petróleo alcanzará los 110,6 mbd. Vale la pena detenerse en la
distinción entre "producción" y "capacidad de producción". Según el
informe de Maugeri, Arabia Saudí tiene actualmente una capacidad de
producción de un poco más de 12 mbd, sin embargo nunca ha alcanzado ese
volumen de producción, lo más cerca que ha estado ha sido en 2005 con
una media de 11 mbd y en 2011 con una media de 11,1 mbd. Los principales
productores que contribuirán a esa capacidad de producción de 110,6 mbd
en 2030 son, de mayor a menor, Irak, EE.UU., Canadá y Brasil.
Sin duda Irak es el país más prometedor en cuanto al crecimiento de
su capacidad productiva, no solo posee las terceras mayores reservas
mundiales de petróleo convencional por detrás de Arabia Saudí e Irán,
sino que a causa de sus problemas geopolíticos (guerra Irak - Irán,
guerra del Golfo, invasión de EE.UU.), sus reservas no han sido
explotadas con la misma intensidad que las de sus vecinos. Maugeri
pronostica que Irak podrá resolver sus problemas de seguridad y que su
industria petrolera podrá alcanzar una capacidad de casi 8 mbd en 2020.
De hecho, Irak está muy cerca de alcanzar el nivel de extracción
anterior a la invasión estadounidense de 2003, y en 2009 se inició un
ambicioso proceso de subastas para atraer inversores extranjeros por un
volumen total de 12 mbd. Nadie duda de que Irak tiene un gran potencial,
pero su futuro petrolero está condicionado a su estabilidad política, y
a la de la región entera.
Por su parte, el resurgir de la extracción de petróleo en los EE.UU.
se está convirtiendo en un espectáculo mediático en torno a la ansiada
"independencia energética", y esto se refleja tanto en los informes de
Citigroup como en el de Maugeri. Según Citigroup, los EE.UU. podrían
estar produciendo 15,6 mbd en 2020, ¡superando su cenit de extracción de
11,2 mbd en 1970! Maugeri es algo más cauto y "solo" prevé una
capacidad de producción de casi 12 mbd en 2020, superando también el
cenit nacional de 1970. Estos enormes aumentos en la capacidad de
producción (en 2011 los EE.UU. promediarion una extracción de 7,8 mbd)
se basan fundamentalmente en la explotación de las enormes reservas de
petróleo de esquistos, y otros yacimientos situados en estratos de baja
permeabilidad como areniscas o calizas (no confundir con los esquistos
de petróleo, estos son roca generadora de petróleo inmadura, mientras
que aquellos son petróleos líquidos atrapados en formaciones de pizarra u
otros estratos de muy baja permeabilidad).
Figura 2: Producción de petróleo y líquidos del gas natural en los EE.UU. 1949-2010.

Fuente: http://peakenergy.blogspot.it
El problema del petróleo de esquistos de las formaciones Bakken y
Eagle Ford es el de todos los petróleos no convencionales. Las
características de los yacimientos (en este caso la baja permeabilidad
del estrato que contiene el petróleo atrapado entre los poros de la
roca) hacen que para poder extraer el petróleo se requiera un mayor
número de perforaciones y técnicas más costosas como la hidrofractura o
las perforaciones horizontales. Tanto los yacimientos de Bakken y Eagle
Ford son conocidos desde hace décadas, y lo mismo sucede con las
técnicas necesarias para su explotación, lo único que ha cambiado es que
ahora los precios del petróleo sí hacen rentable, de momento, su
extracción.
Otra de las características de las operaciones de explotación de este
tipo de yacimientos, característica que comparten con los yacimientos
de gas de esquistos, es que las tasas de declino en los primeros años de
explotación son altísimas, de hasta un 90%. Este hecho, combinado con
la baja productividad de cada pozo (entre 60 y 150 barriles diarios)
obliga a un ritmo incesante de perforación si se quiere mantener el
nivel de extracción, y por ende, un nivel de precios adecuado (que
Maugeri estima para el West Texas Intermediate de 70$/barril. muy por
debajo de los costes que CERA ha estimado anteriormente, sobre los
90$/barril). Y no es la única cuestión en la que Maugeri se muestra
incluso más optimista que los tradicionalmente optimistas. Si la Energy
Information Administration estadounidense
ha pronosticado
que la producción de petróleo de esquisto puede alcanzar los 1,2 mbd en
2035, Maugeri afirma que en 2020, el nivel de producción puede ser de
3,6 mbd.
¿Son estos desarrollos suficientes para justificar las esperanzas de
que los EE.UU. alcancen la independencia petrolera? ¿Justifican estos
volúmenes la afirmación de que hay que olvidarse del cenit del petróleo?
La siguiente gráfica pone un poco de perspectiva:
Figura nº 3: Producción de petróleo en los EE.UU. 1990 - 2010 y proyección hasta 2035.

Fuente: http://peakenergy.blogspot.it
EE.UU. es un excelente ejemplo del cenit del petróleo, dado que no
han existido grandes obstáculos para el desarrollo de sus recursos, ni
ha faltado tampoco tecnología ni dinero. En la figura nº2 un se puede
observar un cenit principal en 1970 seguido de un repunte cuando se
empiezan a explotar los yacimientos de Alaska, y otro menor cuando se
desarrolla la extracción de aguas profundas en el Golfo de México. Esto
es, la tecnología y los nuevos descubrimientos que esta habilita no le
dan la vuelta a la situación (no se vuelve a los niveles de extracción
anteriores), aunque sí extienden la extracción en el futuro. La gráfica
muestra un tercer repunte gracias a la suma del petróleo de esquistos y
el petróleo de aguas profundas del Golfo de México, pero aún muy lejos
de darle la vuelta a la situación. E incluso con los hiperoptimistas
supuestos de Maugeri, en los que los EE.UU. podrían estar produciendo
casi 12 mbd en 2020, actualmente los estadounidenses consumen 18 mbd, de
los que 11 mbd son importados, por lo que difícilmente puede hablarse
de independencia energética respecto al petróleo (a no ser que la
demanda descienda de manera abrupta, algo que en el medio plazo solo
puede conseguirse mediante la destrucción forzada de la demanda causada
por una crisis económica).
En resumen, los argumentos utilizados para intentar desacreditar la
idea de que estamos en una meseta de extracción petrolera cuya más que
probable evolución a la baja será muy difícil evitar en los próximos 5 o
6 años están basados en la extrapolación del crecimiento de la
extracción de petróleos no convencionales mediante técnicas muy costosas
y que dependen de un alto precio del petróleo. Esto es básicamente lo
que la AIE había defendido hasta 2004, momento en el cual cambiaron
radicalmente su visión del asunto.
De hecho, para defender sus argumentos, Maugeri tiene que retorcer
los datos para escapar de las nuevas estimaciones que la AIE ha hecho en
los últimos años. Como demuestra Steve Sorrell (del Sussex Energy
Group y uno de los autores del informe de la UKERC) y Christophe McGlade
(UCL Energy Institute) en un
breve comentario,
"Maugeri ha realizado unas asunciones muy optimistas sobre las tasas de
declive medio global, sin aportar una justificación adecuada y ha
tergiversado las estimaciones hechas por otros". Y esto lo ha hecho
fundamentalmente presentado estimaciones de la tasa de declive de los
yacimientos extremadamente optimistas si las comparamos con las ya de
por sí optimistas estimaciones de las principales agencias y consultoras
en la materia.
Cuando un yacimiento de petróleo alcanza el máximo de producción
(comúnmente porque la presión natural del yacimiento desciende o porque
ya no se considera rentable compensar esta pérdida de presión mediante
métodos de recuperación como la inyección de agua o gases) esta empieza a
declinar inmediatamente. El término "tasa de declive" se refiere a la
reducción en la extracción de un pozo o yacimiento de un año a otro,
expresado en tanto por ciento. Cuando se calcula la tasa de declive
global, hay que tener en cuenta que algunos yacimientos ya están en
declive (han pasado su cenit particular) y otros no. También se
distingue entre la "tasa de declive real o observada" y la "tasa de
declive natural", la que se observaría si no se tomasen medidas como la
perforación de más pozos, o la utilización de técnicas de recuperación
mejorada (como el aumento de presión mediante la inyección de líquidos o
gases). Es una práctica común en este tipo de cálculos compensar la
tasa de declive de cada yacimiento dependiendo de su contribución al
total, ya que no es lo mismo una tasa de declive del 5% en un pozo que
produce 20.000 barriles diarios (bd) que en uno que produce 500.000 bd.
En su informe, Maugeri afirma que la AIE proyectó un incremento del
10% en la tasa de declive media mundial del petróleo hasta 2010, cuando
IHS-CERA predijo una tasa del 4,5% de declive, pero la tasa de la AIE se
refiere al declive natural de los yacimientos que han pasado su cenit,
mientras que la tasa de IHS-CERA se refiere a la tasa de declive
observado en todos los yacimientos en 2008. Maugeri no explicita qué
asunciones para la tasa de declive usa en sus cálculos, aunque afirma
que no hay evidencia de que sea mayor que un 2-3%. De la tabla que
Maugeri incluye (tabla 1) se puede deducir (si se resta la columna de
"Producción neta adicional o pérdida" de la columna "Producción
adicional ajustada") las asunciones hechas en cuanto a la tasa de
declive: restando los 18,6 mbd resultantes de las adiciones (o restas en
la capacidad de producción) de los 27,4 mbd que se esperan que se
añadan entre 2012 y 2020 se obtiene 11 mbd de pérdida de capacidad
causada por el declive de los yacimientos que ya han pasado su cenit
petrolero. Estos 11 mbd resultan en una tasa de declive media de 1,6%
durante el periodo, menos de la mitad de las estimaciones de la AIE y
CERA para 2008 (4,1% y 4,5% respectivamente). Si aplicasemos las
asunciones de la AIE al análisis de Maugeri, el resultado final sería
una capacidad productiva de petróleo para 2020 de 95,1 mbd, en línea con
las estimaciones del escenario continuista de la AIE para 2020 (94,6
mbd).
Tabla 1: Capacidad de producción mundial de petróleo hasta 2020 (mbd).
| País |
Capacidad de producción finales 2011 |
Producción adicional sin restricciones |
Producción adicional ajustada |
Producción neta adicional o pérdidas* |
Capacidad de producción 2020 |
| Arabia Saudí |
12,3 |
0,9 |
0,9 |
0,9 |
13,2 |
| EE.UU. |
8,1 |
7,6 |
4,7 |
3,5 |
11,6 |
| Rusia |
10,2 |
1,2 |
0,8 |
0,4 |
10,6 |
| Irak |
2,5 |
10,4 |
5,1 |
5,1 |
7,6 |
| Canadá |
3,3 |
6,8 |
3,4 |
2,2 |
5,5 |
| Brasil |
2 |
6 |
3,3 |
2,5 |
4,5 |
| China |
4,1 |
0,7 |
0,5 |
0,4 |
4,5 |
| Irán |
3,8 |
0,5 |
0,2 |
-0,4 |
3,4 |
| Kuwait |
3 |
1 |
0,4 |
0,4 |
3,4 |
| EAU |
2,7 |
0,86 |
0,8 |
0,7 |
3,4 |
| Venezuela |
2,7 |
2,3 |
1,2 |
0,5 |
3,2 |
| Nigeria |
2,4 |
1,7 |
0,8 |
0,4 |
2,8 |
| Angola |
1,9 |
1,38 |
1 |
0,7 |
2,6 |
| Kazajstán |
1,6 |
1,6 |
0,9 |
0,9 |
2,5 |
| Qatar |
2,1 |
0,7 |
0,5 |
0,3 |
2,4 |
| México |
3 |
0 |
0 |
-0,7 |
2,3 |
| Argelia |
2,1 |
0,7 |
0,5 |
0,2 |
2,3 |
| Líbia** |
1 |
1,2 |
1,2 |
1,2 |
2,2 |
| Noruega |
2,3 |
0,4 |
0,2 |
-0,4 |
1,9 |
| Azerbayán |
1,1 |
0,4 |
0,3 |
0,1 |
1,2 |
| India |
0,9 |
0,6 |
0,3 |
0,2 |
1,1 |
| Indonesia |
1 |
0,4 |
0,3 |
0 |
1 |
| Reino Unido |
1,2 |
0,2 |
0,1 |
-0,5 |
0,7 |
| Subtotal |
75,3 |
47,54 |
27,4 |
18,6 |
93,9 |
| Otros |
17,7 |
2 |
1,2 |
-1 |
16,7 |
| Total mundial |
93 |
49,54 |
28,6 |
17,6 |
110,6 |
| De los cuales: |
|
|
|
|
|
| Petróleo |
78 |
|
|
|
86 |
| GNL |
15 |
|
|
|
24,6 |
* Se incluye el agotamiento y el crecimiento de las reservas.
** La producción de Líbia en 2011 se vió limitada por la guerra civil.
Antes de la guerra civil la capacidad de producción era de 1,9 mbd.
Fuente: Maugeri 2012
En definitiva, la proliferación de barriles especulativos se está
convirtiendo en una de las garantías preferidas ahora que el crédito se
ha vuelto precavido, y la opinión fabricada acerca del mito del cenit
del petróleo sirve de aliado a petroleras y petroestados (y
sorprendentemente a algún ecologista despistado, como veremos a
continuación). Se están vendiendo las bondades de los barriles no
convencionales como se vendieron en su día los productos financieros que
están acelerando el colapso del sistema financiero mundial: como un
triunfo de la tecnología y los mercados. No es de extrañar que la
mayoría de sus voceros sean economistas y no geólogos.
Monbiot, un ejemplo perfecto (más una opinión personal)
George Monbiot es un conocido escritor y comentarista sobre
temas de medioambiente que suele escribir artículos en el diario
británico The Guardian. Recientemente publicó un artículo, "
We were wrong on peak oil, there is enough oil to fry us all",
en el que afirma literalmente que una "explosión en el suministro de
petróleo se ha burlado de nuestras predicciones". Utilizando el
informe de Leonardo Maugeri y las expectativas creadas en EE.UU. por los
petróleos de esquistos Monbiot declara que el problema "no es que haya
poco petróleo, sino que hay demasiado". Recientemente Monbiot ya había
sufrido otra dolorosa caída del caballo cuando afirmó declararse
partidario de la energía nuclear en otro artículo, "
Why Fukushima made me stop worrying and love nuclear power",
argumentando que abandonar ahora la energía nuclear supondría un alto
precio para la lucha contra el cambio climático, pues, como sucedió en
Japón tras el accidente de Fukushima, las centrales cerradas se
sustituirían con gas natural pero sobre todo con carbón.
Polémicas nucleares aparte, el caso de Monbiot es el ejemplo
perfecto de la complicada relación que tienen muchos militantes
ecologistas respecto al fenómeno del cenit del petróleo. Para la
corriente principal del ecologismo, que bien podría estar representada
por Greenpeace, el cenit del petróleo es un problema inexistente. ¿Cómo
puede ser un problema que el petróleo vaya a disminuir su participación
en el mix energético de manera inesperada? ¿Cómo puede ser un problema
que el precio del petróleo se dispare si esto beneficia a las
alternativas? ¿No son acaso buenas noticias? En mi opinión, la cuestión
del cenit del petróleo introduce una molesta complicación en las
estudiadas campañas diseñadas por el ecologismo mayoritario (y que
conste que algunas son excelentes y prestan un gran servicio a la
sociedad, como las campañas antinucleares de Greenpeace).
Y la razón, siempre en mi modestísima opinión, es que con el cenit del
petróleo se empezó a hablar de cuestiones que no formaban parte del
catálogo de argumentos utilizados hasta el momento por las corrientes
del ecologismo mayoritario. Se empezó a hablar de la Tasa de Retorno
Energético (TRE), es decir, de la energía que hay que invertir para
captar, transformar, transportar y almacenar energía, de la necesidad de
contar con suficientes reservas minerales para una transición
energética (lo que supone en el fondo disponibilidad de energía), y
también de la imposibilidad de seguir creciendo en lo material y
energético de manera indefinida, poniendo en duda de paso las teorías
macroeconómicas dominantes. Cuestiones todas ellas que supongo son
conocidas por los expertos, pero que nunca protagonizan las campañas de
concienciación del ecologismo mayoritario.
Exceptuando a Ecologistas en Acción en España, quiénes han asumido en
su programa la imposibilidad del modelo de crecimiento y toda las
derivadas que afectan a la obligada transición a un modelo 100%
renovable, el ecologismo en general (y pido perdón por el trazo grueso
de esta afirmación) ha ignorado el cenit del petróleo, centrándo su
mensaje en la cuestión del cambio climático. Esto posiblemente ha hecho
más fácil las campañas de concienciación, pero es una simplificación que
a mi juicio conlleva más perjuicios que ventajas. Centrar la
problemática energética solo en la cuestión de las emisiones es como
solo preocuparse de lo que sale por el tubo de escape sin entrar a
valorar lo que ocurre en el resto del motor.
El cambio climático es un síntoma, posiblemente el más preocupante y el
que requiere una actuación más urgente, de un problema mayor: la crisis
del modelo energético actual. Más de un 80% del mix energético mundial
está alimentado por los combustibles fósiles, que son finitos y además
su combustión contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero que
calientan el planeta. Según la AIE nuestra trayectoria actual de
emisiones nos llevará a un aumento de 6ºC sobre la temperatura media
global anterior a la industrialización, un escenario a todas luces
catastrófico. Frente a esto, el cenit del petróleo, el del gas natural y
el del carbón pueden parecer bendiciones del cielo: como habrá menos
gas, menos carbón y menos petróleo las emisiones se reducirán.
Pero lo que no se suelen plantear los que prefieren centrarse en las
emisiones, o bien se lo plantean pero entorpece sus inmaculadas
campañas, es que una inesperada carestía de combustibles fósiles también
perjudicaría el despliegue de las energías renovables. Con el aumento
del precio del petróleo y el gas aumentan también el precio de las
materias primas necesarias para la fabricación de las instalaciones que
captan los flujos de energías renovables (recordemos, el sol es
renovable, los paneles solares y los molinos eólicos no). Ya se ha visto
la capacidad del precio del petróleo de poner patas arriba la economía
mundial y cómo algunos países pioneros en la implantación de las
energías renovables se han visto obligados a recortar drásticamente
estos programas (si bien, como sucede con en el resto de recortes, la
elección de dónde recortar es una decisión política, y en este caso
profundamente desacertada).
El único impacto negativo que parece reconocerse del cenit del
petróleo es que la situación de las emisiones empeoraría porque el cenit
del petróleo y de otros combustibles fósiles no significan su
agotamiento total sino una disminución de los flujos, debido a que cada
vez más estos se componen de combustibles fósiles no convencionales, más
caros, de un acceso más dificultoso y sobre todo, con unas emisiones
asociadas mucho mayores, es decir que incluso con una menor extracción
de petróleo las emisiones podrían ser mayores.
Personalmente siempre he luchado contra el apartheid energético que
supone desligar cambio climático del cenit del petróleo, y he procurado
alejarme de cierto tufo negacionista frente al cambio climático que
algunos activistas del cenit del petróleo demuestran cuando pretenden
ganar al juego de "qué es más importante, cambio climático o cenit del
petróleo" (yo también he criticado algunos escenarios del IPCC, los más
extremos, pero eso importa poco cuando un aumento de la temperatura
media global de más de 2ºC parece ya inevitable). Es necesario integrar
todas esas realidades, e incluso ir más allá, porque como se ha podido
comprobar en los últimos tiempos, en el lado del statu quo fosilista no
pierden tiempo a la hora de presentar un futuro que es "más de lo
mismo".
Los recientes artículos e informes que desacreditan la "teoría" del
cenit del petróleo son una campaña orquestada, no es coincidencia que
aparezcan cuando los precios del petróleo se toman un respiro (no hay
consuelo posible, el precio del barril baja porque se huele una nueva
recesión que dependiendo de lo que suceda en China podría ser realmente
global). Esta campaña solo beneficia a las grandes petroleras, a los
petroestados y a los que preteden que el moribundo statu quo actual siga
arrastrándose unos años más (y seguir enriqueciéndose con él). Pero no
hay que detenerse en el desmentido, me preocupa más la dispersión de
esfuerzos de aquellos que realmente creen que el problema medioambiental
está en la raízde la crisis global. No basta con denunciar al lobby
fosilista, hay que conocer bien el problema para poder actuar de manera
eficaz.
Los problemas de fondo van más allá de los cálculos sobre reservas de
petróleo o si es posible seguir igual sustituyendo chimeneas por molinos
eólicos. La obsesión de algunos por convertirse en certeros heraldos
del apocalipsis acertando la lotería de la fecha del cenit del petróleo
tampoco ayuda a hacer llegar a la población un discurso integral en el
que se explique con pelos y señales que nuestros problemas no son
meramente técnicos, sino que implican a todo el edificio intelectual en
el que se sostiene nuestra sociedad.
No se puede hablar solo de petróleo sin pensar en el carbón y en su
pernicioso efecto sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. No
se puede hablar solo de una solución renovable sin hablar del problema
del crecimiento. No se pueden solucionar nuestros problemas
medioambientales si no reconocemos antes que nuestro sistema económico
está basado en la continua expansión del consumo material y que esté
está acercándose peligrosamente a los límites de los recursos y los
sumideros planetarios. No se puede fiar todo a la técnica y/o a los
mercados porque estos, en el mejor de los casos son solo herramientas
que han de servir a nuestros propósitos, y no al revés.
No hay solución al problema medioambiental dentro de este sistema
socioeconómico, ese debería de ser el objetivo número uno del movimiento
ecologista. Y aunque necesitaremos a la ciencia y a la técnica,
idolatrarla, como hacen los que pretenden ignorar las realidades del
cenit del petróleo o los límites a la expansión de las renovables,
ayudan a posponer el gran debate, que no es técnico, sino político,
social, humano, filosófico incluso: la revisión de la idea de progreso
frente a los retos de un planeta profundamente desigual en lo económico y
lo material, sin un nuevo paradigma, se hace cada vez más difícil
ofrecer esperanza material a los pobres del mundo desde una minoría rica
que parece preferir la autodestrucción a compartir y cooperar. Y una
vez aclarado esto, podemos discutir si son galgos o podencos.
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