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dimecres, 11 de març del 2015

Las huertas colaborativas

Article publicat a  El Diario.es
Uno de los huertos compartidos tutelados. / Ilustraciones con Lustre
“Tú cultivas, yo te dejo la tierra” es la premisa sobre la que nació Huertos Compartidos, una web que pone en contacto a personas que quieren cultivar un terreno con propietarios que los ceden a cambio de una parte de la cosecha. Tres años después de su puesta en marcha el portal tiene registrados más de 4.000 usuarios y ofrece otras modalidades como los huertos tutelados, de auto empleo o solidarios con el objetivo común de promover una agricultura ecológica en espacios abandonados e impulsar la cultura colaborativa.
Reforesta, una ONG que lleva más de 20 años trabajando por la conservación y recuperación del medio ambiente, fue la impulsora del proyecto. El modelo era una iniciativa muy parecida surgida en Reino Unido,  Landshare , que acumula en todo el país cerca de 75.000 usuarios. “En España había algunas referencias de bancos públicos de tierras pero nada parecido al proyecto inglés”, señala Santiago Cuerda, coordinador de Huertos Compartidos, quien explica que el objetivo principal era generar una red amplia de intercambio y apoyarse en el trueque y la colaboración.
La cesión de los terrenos es gratuita , por un año año, y puede ir renovándose anualmente en función del acuerdo entre propietario y hortelano. El propietario paga el agua y la persona que cultiva los terrenos se hace cargo de todo lo demás, desde la instalación a las herramientas. La cosecha se comparte al 50% o al acuerdo que lleguen entre los dos. “Hay propietarios que quieren menos, o incluso quienes no quieren nada y simplemente buscan que sus terrenos no estén abandonados”, indica Cuerda. La única condición es que el cultivo sea ecológico.

Pago anual por mediación y gestión de contrato

Durante el primer año el hortelano paga a Huertos Compartidos 150 euros, 100 en el segundo y el tercero y los sucesivos están exentos. “Nosotros nos encargamos de ver los terrenos, de hablar con los propietarios, saber las características y sobre todo de tramitar los contratos de cesión de las tierras”, explica el coordinador.
Recientemente han incorporado una modalidad nueva a esta ya existente que llaman Huertos Tutelados  y que va destinada a las personas que no tienen experiencia en el cultivo de tierras. “ Nosotros les facilitamos asesoramiento, les enseñamos de qué manera y cuándo plantar y les prestamos las herramientas”, indica. Suelen ser fincas de media o una hectárea, que parcelan para que puedan ser varios los hortelanos que participen de ella y que ya están labradas y preparadas con riego por goteo. En esta modalidad se suele pagar en torno a unos 30 euros al mes, que puede variar en función de la superficie cultivada y de la zona.
Las personas que cultivan estas tierras, cuenta Cuerda, son hortelanos que emplean la cosecha para consumo propio. Ahora hay funcionando unos 30 huertos compartidos en la modalidad de tutelados. En total, hay registrados más de 250 propietarios de tierras en nueve provincias -desde Córdoba y Sevilla, hasta Asturias, pasando por Madrid o Cuenca- que suman unas 71 hectáreas. Huertos Compartidos también ha comenzado a ofrecer una nueva modalidad que pone en contacto a propietarios con quienes quieren cultivar tierras como forma de auto empleo. Son terrenos mucho más extensos y el hortelano paga un alquiler que acuerda con el propietario.
El propietario de la tierra y el hortelano pueden compartir la cosecha en 50%. / Huertos Compartidos
El propietario de la tierra y el hortelano pueden compartir la cosecha en 50%. / Huertos Compartidos
Otra opción que tienen destinada a asociaciones sin ánimo de lucro y ONG es lo que llaman los  Huertos Solidarios. “Hay propietarios que nos piden que sus tierras tengan algún uso social y por ello las reservamos para proyectos dirigidos a personas en situación especial”, explica el coordinador, quien señala que próximamente empezará a funcionar un huerto en la localidad madrileña de Algete para un centro escolar con necesidades especiales. En esta modalidad, Huertos Compartidos realiza la mediación de forma gratuita.
Cuerda señala que, según datos de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), se abandonaron en España más de 135.000 hectáreas de cultivo en solo 2011. “Hay un problema con el modelo actual de agricultura, que no acaba de funcionar, y por ello la agricultura ecológica, abierta a la participación de todo el mundo y en la que se priman los circuitos cortos y la organización en grupos de consumo puede darle un uso a esas tierras”, afirma el coordinador.

dimarts, 18 de novembre del 2014

Lo verde echa raíces en la ciudad En España hay 400 huertos comunitarios que ocupan más de 166 hectáreas

Article publicat a  El país


    Plantación de hortalizas en una terraza de Madrid. / Carlos Soler Martinez

    Algo tan simple como un huerto se ha convertido en un movimiento urbano imparable. El Urban Farming ha llegado a las ciudades para quedarse. Los hay en Londres, Nueva York o París. En Copenhague ya son obligatorias las azoteas verdes. La primera fue Toronto, Canadá, donde hay 1,2 millones de metros cuadrados de este color.
    Una pizca de tendencia por lo ecológico, una gota de compromiso ambiental y unos toques de hábitos de consumo más saludables. Son las motivaciones de estas ensaladas urbanas. En España son, al menos, 216 las ciudades que cuentan con huertos urbanos, una cifra que se ha multiplicado por 15 desde 2006. Hay 400 huertos y 15.243 parcelas que ocupan una superficie que supera las 166 hectáreas, contabiliza Gregorio Ballesteros, miembro de Ecologistas en Acción y de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica. Se trata de huertos de ocio, familiares o sociales, escolares, para personas jubiladas, comunitarios, etcétera. El 11% del total son privados.
    Alquilar un huerto de 25 metros cuesta 35 euros al mes, incluido el riego
    Crecen en las fachadas y en las cubiertas de los edificios, tanto en hoteles, como en museos y viviendas. Miles de azoteas lucen lechugas, tomates o calabazas. El hotel Wellington (Madrid), ha sido uno de los últimos en sumarse al reto, con un huerto de 300 metros cuadrados a 30 metros de altura.
    También crecen los rincones hortofrutícolas de andar por casa, ya sea en chalés con espacio de sobra o en pisos. La escasez de metros ya no es un problema ni tampoco una excusa. Cada vez son más frecuentes los minhuertos en terrazas y patios, por lo que el mercado se ha apresurado a lanzar una amplia gama de productos, como las mesas de cultivo, que cuestan entre 100 y 275 euros.
    El verde está entrando en las ciudades, tanto desde la iniciativa privada como desde el ámbito municipal. Cada semana un Ayuntamiento ofrece suelo para huertos comunitarios. Uno de los últimos ha sido el de Madrid, que ha sacado a concurso las primeras 15 parcelas que podrán ser transformadas en huertos urbanos ecológicos.
    Los terrenos tienen una superficie media de 1.000 metros cuadrados y se adjudicarán a organizaciones sin ánimo de lucro con el compromiso de no vender los productos cultivados. Las concesionarias tendrán que contribuir de forma altruista a la promoción de los valores medioambientales, educativos y de convivencia vecinal.
    Crece el uso de mesas para mini cultivos en patios y terrazas
    Aunque hay un pero: imputan los costes del agua a las adjudicatarias de las parcelas. “Es dar al traste con una larga y difícil regularización, que por fin iba a sacar de la semi-clandestinidad a estos espacios en Madrid y permitiría que fuese una de las ciudades pioneras en este tipo de regularizaciones”, explica Pablo Llobera, educador medioambiental y portavoz de la Red de Huertos Urbanos Comunitarios de Madrid, para quien cada huerto urbano consolidado es una conquista social.
    Se sumarán a las huertas que funcionan desde hace años, como La Huertita de Tetuán, en el barrio madrileño que lleva el mismo nombre. Solo en la capital hay unas 33 iniciativas comunitarias como esta.
    En Barcelona la tradición de huertos se remonta al año 1986, cuando un grupo de vecinos montan el Hort de l'Avi, al lado del Parc Güell. En la Ciudad Condal superan la veintena.
    Pero no es nada nuevo. “Sus orígenes se remontan a la Segunda Guerra Mundial, aunque el antecedente del fenómeno actual podría encontrarse en la Green Guerrilla de las ciudades norteamericanas, donde vecinos organizados deciden reverdecer solares abandonados para convertirlos en recursos vecinales, ecológicos y educativos. Aquellas oleadas llegaron a Europa y a España, donde la horticultura urbana en realidad nunca llegó a desparecer, aunque sí a marginalizarse”, explica LLobera.
    <CJ4>Sus ideas se centran en desarrollar valores comunitarios: arraigo con el barrio, espacio de encuentro y trabajo intercultural y multigeneracional, educación ambiental, etcétera. El cultivo que se recoge se suele comer en el propio huerto o se reparte entre los asiduos. Cada uno establece los criterios de reparto.
    </CJ>Porque los tomates no saben a tomates. Por eso y por la búsqueda de una alimentación sana, están proliferando otra tipología de huertos: los comerciales. Se trata de alquilar pequeñas parcelas donde cada particular o familia cultiva sus propias verduras y frutas. Al tiempo, los propietarios de esos terrenos que no tenían uso encuentran en ellos una salida profesional.
    Alegría de la Huerta, en San Martín de la Vega (Madrid) es un proyecto formado por tres amigos que proceden del mundo del cine. “El proyecto surge por la crisis y además de la necesidad de montar un negocio diferente, que plantee un tipo de ocio sano, divertido y constructivo, sobre todo si tienes hijos. Nuestros clientes hacen todo el proceso, desde la siembra hasta la recolecta”, dice Olaf Guembe.
    El perfil del hortelano aficionado es muy variado. “Tenemos muchas parejas jóvenes que quieren enseñar a sus hijos cómo es cultivar tus propios productos. También tenemos un alto porcentaje de gente joven que quiere acercarse al cultivo ecológico. Y muchos usuarios que están recién jubilados”.
    En este huerto hay parcelas desde 25 metros cuadrados y se alquilan por 35 euros al mes. El tamaño estándar es de 50 metros, suficiente para una familia de cuatro miembros. En cada terreno hay una toma de agua y el consumo está incluido en la cuota mensual.
    La empresa pone toda la infraestructura (suelo, asesoramiento, riego, material de riego, aperos, plantel, invernadero…) y a partir de ahí, cada particular gestiona su huerto. “La mayoría de usuarios viene una o dos veces por semana y es suficiente para tener el huerto en buen estado, aunque depende de la época del año y de los cultivos”, explica Guembe.
    Te Pongo un Huerto nace hace un año en Córdoba de la mano de Agustín Román. Se trata de un suelo agrícola de una hectárea al que no le estaba dando ningún uso. Las parcelas son de 50 metros cuadrados y el alquiler sale por 35 euros mensuales. Está incluida una boca de agua para riego, la azadilla, un manual formativo, uso de los materiales comunes y acceso a todas las zonas comunes.
    Son solo un par de ejemplos de la enorme lista de huertos comerciales que existen en España.

    dimarts, 12 de novembre del 2013

    Valencia: El autoconsumo se contagia de barrio a barrio

    Article publicat a vlcnews

    La Malvarrosa propone un sistema alternativo que elimina intermediarios e impulsa el desarrollo rural

    Pepa Gómez pepagomez@vlcnews.es

    Huertos_benimaclet
    Imagen: VLC News Huertos urbanos en Benimaclet.

    5 nov 2013

    Cada vez más barrios se suben al carro de la producción comunal y el autoconsumo. Ecología y solidaridad son las palabras clave, marcados por un contexto económico que obliga a la reinvención. Un grupo de Autconsumo en la Malvarrosa, huertos urbanos en Benimaclet, cultivos en terrazas del Carmen, distribución de productos agrícolas en Patraix... todos, juntos y por separado, están lanzando un claro mensaje.

    En Benimaclet cultivan huertos urbanos, en El Carmen extienden los pulmones verdes a las terrazas, en Patraix difunden alimentos ecológicos cultivados en terrenos valencianos, en Velluters aprovechan solares para crear vida y así lo persiguen los vecinos de Marítimo-Ayora... Y ahora vecinos de La Malvarrosa se suman a esta corriente solidaria, respetuosa con el medio ambiente y crítica con el contexto histórico y económico por el que los ciudadanos pasamos: nace una nueva fórmula bautizada grupo de Consumo Responsable.
    "Somos un grupo de vecinos de la Malvarrosa interesados en poner en marcha un sistema de consumo alternativo, respetuoso con el medio ambiente, ecológico, sostenible, social, que fomente relaciones directas entre productores y consumidores, elimine intermediario, impulse el desarrollo rural de nuestro ámbito geográfico y consolide circuitos cortos de comercialización", reza su carta de presentación. Trabajarán al "amparo" de la asociación de vecinos Amics de la Malva, sirviéndose de su local para el desarrollo logístico.
    Comienza el recorrido sondeando el interés vecinal para participar de esta innovación con la difusión de un formulario. Se pregunta a propósito del tipo de producto en el que los ciudadanos estarían interesados en producir, compartir, difundir y/o consumir (locales, ecológicos, de temporada, certificados..).
    Además, como se trata de una iniciativa solidaria y comunitaria, se abre un espacio de colaboración mutua, se buscan personas que estén dispuestas a dedicar un par de horas semanales a la iniciativa de forma altruista. Fórmula que casa con otras actividades consolidadas ya en la ciudad como el Banco del Tiempo de Ruzafa o Fundación Red Sotenible y Creativa, entre otras.
    Los barrios de la ciudad se muestran cada vez más comprometidos por potenciar la producción local y autóctona y facilitar a pie de calle la relación entre ciudadanos y el autoabastecimiento, sin intermediarios ni encarecimientos evitables. Con este mismo espíritu evolucionan los grupos de autoconsumo que pueden tener distintos modelos de asociación. La característica común es que se autogestionan, contactando con productores directamente, realizando pedidos esporádicamente y organizando el reparto.
    El precio justo, la reducción de emisiones contamienantes (desde el cultivo al transporte, pasando por el embalaje) y estrechar lazos sociales eliminando las barreras de la competitividad y el enriquecimiento de terceros, son las claves.
    Si las ciudades se hacen de ciudadanos, los de Valencia están emprendiendo un camino de conciencia y responsabilidad con el entorno y el vecino. Los barrios, desde las asociaciones de residentes y plataformas, están lanzando un claro mensaje. Valencia está preparándose para ser cada vez más autosuficiente.

    dijous, 6 de juny del 2013

    Iniciatives comunitàries: el consum com a eix transformador

    Un dels elements que ha permès el desenvolupament d'aquest capitalisme terriblement depredador ha estat l'abandó del principi de produir per a satisfer les necessitats pel principi de crear necessitats noves per poder produir més, vendre més i guanyar molt més.

    La llei de l'oferta i la demanda ha passat a ser la llei de l'oferta i s'han anat posant els mecanismes perquè les persones mai es sentin satisfetes del que tenen: el màrqueting, la publicitat, la innovació en nous productes i l'obsolescència programada no estan al servei dels departaments de producció sinó que aquests últims hi estan subordinats.

    Per tant si volem tocar el sistema econòmic no tindrem més alternativa que canviar el consum, les relacions entre les persones i allò que necessiten per viure. No vol dir tornar a l'economia de subsistència: viure vol dir viure bé, perquè sabem que les necessitats dels éssers humans no es redueixen a menjar i tenir un sostre.

    Els valors del materialisme, qui més té millor és, sempre han estat presents però ara no tenim més remei que posar-los en qüestió no només per una qüestió ètica sinó perquè ens estem menjant el món (parafrasejant la campanya de sensibilització de fa uns anys).

    No podem seguir consumint ni les mateixes quantitats ni de la mateixa manera que fins ara.

    Això és el que s'ha plantejat a partir de la dècada del 2000 per part de nombrosos grups de ciutadans que s'han anat organitzant col·lectivament per crear alternatives de consum sostenible.

    El CRIC (Centre de recerca e informació en consum) els analitza en el seu informe: Cambio global España 2020-2050 agrupant-los en:
    - grups de consum agro-ecològic
    - xarxes d'intercanvi d'objectes i serveis (mercats d'intercanvi, bancs del temps)
    - horts col·lectius
    - grups de criança compartida
    - iniciatives de consum col·laboratiu (cohousing, co-working, car-sharing...)

    Cooperatives de consum

    Potser al principi l'element “menjar bé”, sense químics, la preocupació per la pròpia salut i pel medi ambient  van tenir un determinat pes però avui la majoria d'iniciatives són més de consum crític en general que estrictament agro-ecològic.
    La prova és que dins del col·lectiu es posa en qüestió cada cop més el segell CCPAE (el segell de garantia europeu que s'utilitza per certificar que el producte ha està produït sense químics en tota la cadena) perquè no inclou garanties socials com per exemple el coneixement de les condicions laborals de les empreses fabricants.
    Que els productes siguin ecològics (de manera de produir) deixa de ser l'únic criteri i la proximitat comença a tenir un valor gairebé per sobre.

    La quantificació d'aquest moviment és especialment difícil per la seva naturalesa com a alternativa econòmica informal. Les anomenem cooperatives perquè es regeixen pels principis cooperatius però la majoria de “cooperatives de consum” funcionen legalment com a associacions. Pel que fa als grups de consum, aquests no tenen ni forma jurídica en la majoria de casos perquè el pagès o una associació externa els hi serveix el producte sense gaire implicació (però no per això deixen de ser agents de canvi, en tant que decisors del tipus de consum que fan). Fins i tot va existir un model d'acord entre el productor i el grup de consumidors en el que es pagava una quantitat i preu fix al productor independentment del que pugui conrear.

    Tanmateix el Cric posa xifres del voltant de 14.000 persones (uns 148 grups de consum amb més de 4.000 unitats familiars arreu Catalunya) consumidores a través d'aquests projectes en el seu informe del 2012.

    Els principis de les cooperatives de consum, encara que molt diversos es poden resumir en els següents (l'ordre d'importància depèn del perfil de cada cooperativa):

    - escurçament dels circuits de producció i compra-venda de proximitat.
    - confiança entre proveïdor i consumidor
    - autogestió (organització de l'activitat de manera voluntària en comissions de treball)
    - retorn a la connexió amb el que mengem, amb la pagesia, amb la Terra. Suport a la pagesia compromesa (ecològica, petita, familiar...)
    - cooperació com a manera d'organitzar-se, sobretot en el sentit de democràcia en la presa de decisions i en l'autogestió
    - reducció de residus i reús (productes a granel i sense embolcalls)
    - reafirmació de que una altra economia és possible
    - contribuir o ser actors de la transformació social

    Aquest tipus de consum s'estén pel territori però també en nombre o categories de productes: les cooperatives afegeixen productes processats i fins i tot de neteja,

    Xarxes d'intercanvi i bancs del temps

    Mercats puntuals o regulars on s'intercanvien objectes: basat en el reús dels objectes que no volem i la no producció d'allò que necessitem si a una altra persona li sobra.
    Els bancs del temps funcionen com a centres d'intercanvi de serveis: tothom té alguna cosa a oferir de manera gratuïta i a la vegada a rebre serveis de les persones que integren la xarxa.

    Horts col·lectius

    Espais de cultiu dinamitzat per entitats o persones que solen tenir un primer objectiu de satisfacció de la necessitat d'ocupació de diferents col·lectius de persones (gent gran, persones amb diversitat funcional) però que a la fi també satisfà necessitats d'alimentació dels usuaris.

    Grups de criança compartida

    Projectes d'educació i cura infantil on les famílies cooperen per compartir la criança.

    Consum col·laboratiu 

    desenvolupat en un capìtol anterior


    Totes aquestes iniciatives representen una implicació molt important per part del consumidor que hi participa: el nombre d'hores què hi dedica, assemblees, comissions de treball, incomoditats i renúncies a molts productes què ofereix el mercat capitalista fa que per damunt del seu impacte es reconegui la importància del moviment.

    Marina Reig

    Juny 20013