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dissabte, 23 d’abril del 2016

Cambio climático: ¿Actuamos o seguimos esperando?

Article publicat a El País

Los mensajes de alarma no llegan a una población acuciada por problemas cercanos, ni a unos políticos de mentes cortoplacistas

Durante los últimos 11 meses se han batido records de altas temperaturas.


Se ha hablado tanto del cambio climático, sus causas, y sus impactos que ya es complicado decir algo más que exprese de manera inequívoca la magnitud del reto ante el que nos enfrentamos, no ya dentro de 20 años, sino en nuestro futuro más cercano. Porque aunque siempre hablamos de las futuras generaciones, lo cierto es que el cambio climático está ocurriendo ya, y en una magnitud mayor de lo que las predicciones más pesimistas preveían. Los mensajes de alarma parecen no estar llegando a una población acuciada por problemas más cercanos, ni a unos líderes políticos de mentes cortoplacistas.
Este 22 de abril, 155 países firmarán el acuerdo de París contra el cambio climático. El acto será en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y debería marcar un hito histórico en la lucha global contra el calentamiento. Este acuerdo entrará en vigor una vez que 55 países que representen al menos el 55% de las emisiones hayan depositado el instrumento de ratificación, que normalmente pasa por un acuerdo parlamentario. Es decir, la responsabilidad de que el acuerdo salga adelante, la tienen los países que más emisiones producen. Como siempre, la urgencia de los más vulnerables no coincide con los intereses de los más poderosos, y así nos encontramos nuevamente en un escenario en el que los más perjudicados asisten impotentes a la falta de acción.
Los datos de temperaturas medias globales indican que llevamos once meses seguidos batiendo récords con temperaturas cada vez más altas. El cálido comienzo de 2016 indica que nuevamente este año puede pulverizar los datos conocidos hasta ahora. No hay tiempo que perder, y sin embargo los pobres compromisos que se firmarán este viernes en ningún caso podrían evitar superar los 2ºC de aumento de las temperaturas medias globales. Quizás esto sea lo más inquietante del acuerdo: fija un objetivo global vinculante, pero los países no tienen esa obligación vinculante. A día de hoy, y si no se avanza en los objetivos nacionales de reducción de emisiones, la temperatura subiría por encima de los tres grados.
Como siempre, la urgencia de los más vulnerables no coincide con los intereses de los más poderosos
El panorama para quien sufre sequías extremas que derivan en hambrunas y enfermedades, o inundaciones extremas que obligan al abandono de tierras en busca de una oportunidad en otros lugares es desolador. Cada vez con más frecuencia asistiremos “a la peor sequía o a las peores inundaciones de la historia” con sus trágicas consecuencias; solo que ahora hay más probabilidades de que esto se repita al año siguiente, como si de un bucle se tratara. Por eso, hace falta que, más a allá de los gestos políticos, sin duda necesarios, este acto suponga también un punto de inflexión en las políticas de los países para garantizar una reducción efectiva de las emisiones de gases de efecto invernadero. La tarea no es fácil, pero es muy urgente.
La lucha contra el cambio climático solo puede ser efectiva si cambiamos la forma en la que producimos energía. Es la quema de combustibles fósiles como el carbón la causa principal del calentamiento. A su vez, esto sólo será posible con una descarbonización de la economía, cuyo elemento impulsor es el cambio en el modelo energético: debemos romper con la dependencia de los combustibles fósiles, y solo es posible basando nuestro sistema energético en las energías renovables.
Los datos de temperaturas medias globales indican que llevamos once meses seguidos batiendo récords con temperaturas cada vez más altas
¿Estamos dispuestos a ello? ¿Podemos permitirnos el lujo de dejar para mañana un cambio tan trascendental en la vida de la gente y del planeta? A diferencia de hace tan solo unos años, hoy un horizonte renovable suscita un amplio consenso político, decir lo contrario además genera un amplio rechazo social. Pero ese acuerdo, no está tan claro cuando comenzamos a poner negro sobre blanco los plazos, ni el cómo puede llegar a alcanzarse. Y aquí es cuando se ponen en marcha lobbies, intereses geoestratégicos, financieros y políticos. Pero es necesario recordar que el modelo energético que tengamos dentro de 25 años lo tenemos que diseñar ahora; posponer cualquier decisión en este sentido es una irresponsabilidad.
Y, sin embargo, somos unos irresponsables: el texto del acuerdo de París tiene como objetivo evitar un calentamiento superior a los dos grados y hacer lo posible para que no llegue a 1,5 grados, con un mecanismo de revisión cada cinco años para hacerlo progresivamente más ambicioso. ¿Podemos esperar cinco años más?
Puede que la industria petrolera o los mercados de materias primas puedan; pero las personas, que ya se enfrentan a un día a día a sus terribles consecuencias, no pueden esperar más.
Juantxo López de Uralde es coportavoz de EQUO y actualmente diputado en el Congreso en el grupo parlamenterario de Podemos- En Comú Podem –En Marea.

dissabte, 8 de novembre del 2014

La oportunidad política ante el cambio climático

Article publicat al diari   Público.es

Florent Marcellesi
Portavoz de EQUO – Primavera Europea en el Parlamento Europeo
Rosa Martínez y Juantxo López de Uralde
Coportavoces de EQUO

“La ciencia demuestra con una seguridad del 95% que la actividad humana es la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”. Así comienza el Informe 2014 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) que acaba de publicarse. Es la acción humana la causante y la única capaz de frenar el calentamiento global.

Este documento, que debería ser lectura de cabecera de los líderes políticos mundiales, es probable que acabe en el despacho de algún técnico de segunda o tercera línea. Es también probable que tenga poco o nulo impacto en las políticas nacionales y europeas, tal y como ha venido sucediendo en anteriores ocasiones, en una inercia irresponsable de quienes gobiernan a golpe de portada, tarjeta y pelotazo.

Como señala el IPCC en este informe, de forma todavía si cabe más contundente que en anteriores ocasiones, es imprescindible actuar contra el cambio climático hoy. Y en vista de que gobiernos, instituciones internacionales y poderes financieros siguen relegando la lucha contra el cambio climático a un segundo plano, la única opción de la ciudadanía es alzar la voz y sumar poder hasta que este tema sea una prioridad en todas las agendas sociales y políticas.

Hace un mes, en la marcha de Nueva York contra el calentamiento global, centenares de miles de personas guardaron un minuto de silencio por las víctimas del cambio climático. El cambio climático es, además de un asunto ecológico clave y una cuestión de supervivencia civilizada de nuestra especie, una cuestión de justicia social.

Sequías, desertificación, pérdidas de cosechas, subida de precios de alimentos básicos… son algunas de las consecuencias directas de un cambio climático que se están cobrando ya hoy cientos de miles de vidas por todo el planeta, y está reduciendo drásticamente el bienestar de decenas de millones. Aunque no sea portada de ningún periódico, hoy sabemos que el cambio climático ya es la primera causa de los movimientos migratorios mundiales. Son, y serán, las personas que menos tienen, las que se vean obligados a abandonar su tierra y su modo de vida. Y lo que es todavía más grave, como bien lo explica el presidente del IPCC, “muchas de las personas más vulnerables al cambio climático apenas han contribuido y contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Es cierto que cada vez hay más personas conscientes del cambio climático y de la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Personas que contribuyen individualmente con cambios en su vida doméstica a reducir las emisiones, utilizando una movilidad más sostenible, a través del consumo responsable, contratando energía verde, o reduciendo el consumo de carne en su dieta, entre otras. Estas buenas prácticas, siendo imprescindibles, no son suficientes para afrontar el reto que hemos de enfrentar en estos momentos.

Necesitamos un cambio político y de políticas
Se avecinan tiempos de cambios, una nueva generación política se abre paso sobre los escombros de un pacto social roto por la miseria moral de las élites que han gobernado durante los últimos 30 años. Estamos a las puertas de un gran vuelco en el panorama político español y es el momento de conseguir que el cambio climático esté en el centro de la agenda, con compromisos concretos.
Es el momento de implementar una política profundamente transformadora, que parta de tres ejes:

1) Cambiar el modelo energético, de uno basado en la barra libre de combustibles fósiles a otro basado en el ahorro, la eficiencia y las renovables.
2) Pasar de un modelo productivista, especulativo, e intensivo en el uso de los recursos a otro que apueste por sectores bajos en consumo energético y materias primas, que genere tejido económico local y que priorice la satisfacción de las necesidades socioambientales de la mayoría.
3) Terminar con las puertas giratorias y la corrupción, es decir, con la connivencia y los conflictos de intereses entre élites políticas y económicas que sólo benefician a una minoría pudiente.

La paradoja es que estas políticas, además de reducir el impacto de la actividad humana en el medio ambiente, ayudarían a superar la crisis económica, social y ética en la que nos encontramos. Eso es, crearían millones empleos de calidad, no deslocalizables y mejorarían la calidad de vida de las personas reduciendo los niveles de contaminación. Sin embargo, a pesar de estas razones de sentido y bien común, la mayoría de los gobiernos giran la cabeza y prefieren mirar para otro lado. Están secuestrados por los intereses de las grandes multinacionales del petróleo o el gas y los grandes grupos financieros.

Pero cuando los conflictos y la pobreza en España, en Europa y en el mundo aumenten de forma exponencial por el cambio climático ¿se seguirán escudando en otras urgencias? ¿Nos dirán que hemos contaminado por encima de nuestras posibilidades? ¿Estaremos a tiempo de mandar al banquillo a los responsables de este expolio de la vida del planeta?

Gobiernos y administraciones a todos los niveles han de sentir nuestra presión y nuestro aliento: el cambio climático no se frena con promesas. Es el momento de la acción social y política responsable con el planeta que habitamos. Al igual que la Marea Blanca ha conseguido paralizar la privatización de la Sanidad en Madrid y las protestas feministas han logrado tumbar la reforma de la ley del aborto, es la hora de una marea ciudadana y política contra la inacción ante lo evidente.

Luchar contra el cambio climático está profundamente vinculado con prioridades de la sociedad como el empleo, los derechos sociales o la corrupción. Luchar contra el cambio climático es dejar atrás la vieja política. Por eso, implica cambiar el modelo energético, productivo e institucional. El cambio político que venga sólo será mejor que este que se resiste a morir, si es más democrático, justo y sostenible.