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dijous, 9 de febrer del 2017

Podemos y la cuestión ecológica: de nuevo, la gran bifurcación

Article publicat a Público
7 de febrer
Jorge Riechmann, Alba Gutiérrez, Arantxa Mato, y Juanjo Álvarez
Han participado en la elaboración de la propuesta ‘Ecología: cambiar el mundo, salvar el planeta’, presentada por Podemos EN Movimiento en Vistalegre 2.
En los próximos días se va a producir un acontecimiento que ha sido discutido y tratado mediáticamente hasta la extenuación. No nos engañemos: casi cualquier asunto de Podemos ha sido tratado y maltratado hasta el aburrimiento. Para bien y para mal, una fuerza política nueva, con formas audaces y, sobre todo, con potencial de agrupación colectiva, tenía que traer la atención de todos los poderes. Y no sólo la atención: también la admiración acrítica, o la animadversión, o el odio. Creemos que de todo esto habla la gente cuando manifiesta hartazgo respecto a Podemos, y no sin razón. Sin embargo, Podemos es, a pesar de todo – a pesar, también, del tedio –, una herramienta político -electoral con un potencial que jamás ha tenido ninguna fuerza transformadora en el estado español desde hace décadas. Y esto hace del llamado “Vistalegre 2” un momento importante en el devenir político. Muy importante si tenemos en cuenta que, tras la fase inicial, aquí se decidirá el carácter político-estratégico de la organización para bastante tiempo, un debate clave, ocultado muchas veces por toda la parafernalia de estrategias comunicativas y luchas de poder. Ya no bastan los movimientos tácticos brillantes y el despliegue burbujeante del ingenio comunicativo, hay que reabrir la ventana de oportunidad y construir en clave de “guerra de posiciones”. Ahora estamos dentro y toca construir contra las fuerzas del régimen, que ni eran tan incapaces ni han caído tan rápido como nos gustaba creer. Comienza la resistencia para preparar la ofensiva: sin posiciones fijas pero con principios, construyendo espacios materialmente vivos, mirando siempre a largo plazo.
Es momento de abordar uno de los temas permanentemente soslayados en la batalla política diaria, el escenario ecológico. Pues nos hallamos en situación de extrema emergencia, como nos recordaba el manifiesto Última Llamada en el verano de 2014. Es evidente que para cualquier organización política que nace con voluntad de entrar con fuerza en el tablero, la cuestión ecológica resulta un tema difícil de lidiar. Y sin embargo, también en esto Podemos tuvo algo de novedoso, pues su primer programa electoral – el de las elecciones europeas de 2014 – tuvo un contenido político-ecológico razonablemente elaborado. Después de eso llegaron los momentos de las expectativas de triunfo rápido, lo que alentó esfuerzos por disfrazarse de fuerza moderada y de gobierno. El balance es equívoco y complejo, pero en cualquier caso no constituye el objetivo de este artículo pergeñar tal balance. Lo cierto es que a día de hoy muchas y muchos participantes en Podemos, muchas y muchos electores y buena parte de la militancia más activa es consciente de que en este congreso toca hacer política con las cartas boca arriba. Incluidas las que tienen que ver con la peliaguda cuestión ecosocial.
Podemos ha intentado distanciarse de la “vieja izquierda” por todos los medios. En parte hacía bien: la izquierda del estado español, como toda la izquierda europea, no sólo se sentía derrotada, es que se había acostumbrado a vivir en la derrota; no sólo daba mítines a los que acudían cuatro gatos, es que preparaba los mítines para que acudieran cuatro gatos. Pero ahora que, en Podemos, es el momento de abordar los verdaderos desafíos de la transformación social y política, haríamos bien en recordar una de las tradiciones más rupturistas de la izquierda, aquella que ha puesto en el centro de los análisis conceptos como metabolismo social, régimen energético o extractivismo; y con ello nos referimos al riguroso interés teórico y político de los contenidos científicos evocados. Y en esta línea, tenemos una gran ventaja que podría entenderse como otra ventana de oportunidad, y es que los investigadores e investigadoras que han estudiado con mayor lucidez el panorama ecológico, económico y social son pensadores próximos a la izquierda política. Yayo Herrero, José Manuel Naredo, Emilio Santiago Muíño, Federico Aguilera Klink, Fernando Prats, Margarita Mediavilla, Óscar Carpintero o María Eugenia Rodríguez Palop son algunos de los nombres que vienen inmediatamente a la cabeza. Con las aportaciones de estos y otros tantos se puede construir una estrategia de transformación ecosocial de enorme potencial: de hecho, se halla ya esbozada en obras recientes del calado de La Gran Encrucijada. Y no sólo en lo estrictamente ecológico, porque todos ellos han comprendido sin lugar a dudas que el desafío ecológico tiene – como todos los temas de importancia social – una importante dimensión de género y de clase. Son las mujeres, los más humildes y las clases populares quienes tendrán que asumir –ya lo están haciendo- la mayor parte del coste de esta huida hacia delante que el capital global emprendió hace ya casi medio siglo. La crisis la pagaremos todas, porque el sistema económico neoliberal es incapaz de comprender que la apuesta sin fondos por el pack extractivismo-productivismo-consumismo no puede llevar a ninguna parte; pero la miseria más dura y el cercenamiento de las perspectivas de futuro será sobre todo para las trabajadoras, para los migrantes, para las mujeres. Para las sin nombre. Y ahí también es hora de que Podemos asuma dónde quiere estar: en la ilusión de que puede existir una “economía verde” del eco-consumo cool diseñada para las clases medias (en rápida contracción durante “esta crisis que no acabará nunca”, como diagnosticó hace un tiempo Antonio Turiel) o en las luchas de las clases populares que constituyen hoy realmente la mayoría de la población en este estado, si pensamos globalmente.
Entre los grandes desafíos ecosociales, dos son extremadamente urgentes: el cambio climático y el agotamiento de recursos. Ese binomio clima-energía, más la escasez de toda una serie de recursos básicos para el funcionamiento actual de las sociedades industriales, desde el pescado hasta los fosfatos, está en la raíz de las crisis que nos vienen. No es éste el lugar para entrar en el detalle de estos temas, que han sido repetidamente abordados por las y los autores que citábamos más arriba – y por tantos otros – pero sí de asumir que, más allá de creencias cuasi-religiosas en soluciones tecnocientíficas que vendrán a salvarnos y que nunca acaban de llegar, nos enfrentamos a un panorama de minoración radical de los recursos disponibles. Y esto no es asunto “para nuestros nietos”, como solía decirse. La crisis de materiales, energía y clima está ya en curso (cénit del petróleo crudo de mejor calidad desde 2005) y puede tener ya manifestaciones dramáticas en torno al año 2030, según los mejores conocimientos científicos disponibles. No hablamos ya, por tanto, sólo de tiempos históricos sino de tiempos vitales. No de las vidas de nuestras hijas e hijos: de nuestras propias vidas.
La crisis económica no es una crisis coyuntural; tampoco es meramente una crisis económica de ciclo – que esto sí, también lo es – sino una crisis irreversible porque el sistema económico ha tocado techo en términos biofísicos. El choque de las sociedades industriales contra estos límites biofísicos es una determinante esencial de nuestra época (puede servir para contextualizar esto el reciente artículo de Emilio Santiago Muíño en Revista de OccidenteCuatro décadas perdidas). Por usar una metáfora, las crisis económicas del capitalismo hasta ahora han sido como una partida de Arcade: al acabar, aparecía un vistoso letrero que repetía insert coin. Esta vez no hay dónde buscar las monedas. Que les pregunten a los griegos qué es lo que pasa cuando te quedas sin monedas para seguir jugando: exclusión, hambre, muerte, cierre de fronteras. Que les pregunten, más aún, a quienes siempre estuvieron en el lado malo del mundo: migrantes, subsaharianos, trabajadoras asiáticas: aquellas que han soportado todo el dolor del mundo. ¿Quiere esto decir que hemos de tirar la toalla? En absoluto. No estamos liquidados como especie, sí estamos en un camino hacia ninguna parte. Toca más bien preguntarse cómo podemos vivir bien (el conjunto de la población, sí) en un planeta finito, preguntarse si este camino que ahora se convierte en un despeñadero ha producido algo bueno para quienes lo habitamos. Si añoraríamos el trabajo asalariado, las jornadas laborales infinitas, la falta de tiempo para la verdadera vida, las fronteras entretejidas de cuchillos, el patriarcado homicida, la destrucción de los vínculos sociales, la guerra permanente en los países “que no importan”. La demencia asesina que mercantiliza hasta lo más íntimo de la misma vida.
Estamos realmente en una Gran Encrucijada, ante cambios ecológico-sociales de un calado que apenas podemos imaginar. La transición (o más bien las transiciones-con-colapsos) se hará tanto si la asumimos como si no, por las buenas o por las malas. Si no lo hacemos por las buenas (vale decir, primando los valores de igualdad, cooperación, cuidado, sustentabilidad, biofilia), las crisis climáticas, energéticas y de materiales reventarán el entramado productivo del neoliberalismo y las élites tomarán el mando de una transición que estará previsiblemente protagonizada por el repliegue hacia los centros del poder. A esto no hay más nombre que darle que fascismo: o ecofascismos, si se quiere recoger de algún modo las constricciones asociadas al mundo de escasez (relativa) hacia el que vamos. Se tratará entonces de la gestión de la escasez mediante la exclusión – y en último término la eliminación – de las mayorías. En el extremo opuesto está la posibilidad de construir comunidades socialmente activas, solidarias y unidas por vínculos laborales, de clase y de gestión de lo común.

Hasta hace unas décadas, la izquierda histórica asumía que la emancipación de las clases subordinadas se realizaría por el incremento de la producción, que permitiría la revolución y un nuevo reparto de la riqueza; hoy en día esta posición se ve negada por la evidencia de que el crecimiento económico sostenido no nos lleva a la liberación sino a la desigualdad y el dominio – y hay que reconocerle a Manuel Sacristán, en nuestro país, el mérito de haber sido uno de los primeros en ver con claridad este fenómeno, entre las izquierdas europeas de la década de 1970 –. A Podemos, si quiere realmente constituirse como la organización que las mayorías necesitan, le toca asumir esta bifurcación. No lo hará, desde luego, si adopta una posición excesivamente institucionalista, ni desde una orientación que busque el pacto con un animal rabioso y herido como es hoy día el capital. Pero puede hacerlo mediante la propuesta política osada, asumiendo riesgos y planteando un nuevo modelo ecosocial que cuestione el crecimiento, ponga en el centro la sostenibilidad de la vida y apueste por la vida buena de las mayorías.

dissabte, 30 de juliol del 2016

Dependencias energéticas

Article publicat al diari  Público

29 Jul 2016
Jordi Roca Jusmet
Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona (UB)
El 14 de julio, el Ayuntamiento de Barcelona presentó una ambiciosa estrategia energética. El primer punto del comunicado de prensa hablaba de “transición hacia la soberanía energética”. Soberanía se entiende habitualmente como opuesto a dependencia. En el caso de la energía podemos hablar, como mínimo, de tres aspectos de dependencia.
El primer aspecto es la dependencia respecto a recursos que proceden del exterior. En este sentido, la dependencia de la ciudad de Barcelona es prácticamente total. Si ampliamos el marco territorial de referencia hacia el área Metropolitana de Barcelona o incluso hacia toda Cataluña, el uso de recursos locales aumenta algo pero sigue siendo muy pequeño. Encontramos más instalaciones de transformación energética (como por ejemplo refinerías o centrales térmicas) pero los recursos primarios -petróleo, gas natural o uranio- proceden del exterior de forma totalmente mayoritaria. Si nos fijamos en el sector eléctrico, Cataluña es uno de los países más nuclearizados del mundo: más de la mitad de la producción eléctrica proviene de la fisión del uranio, un recurso importado por mucho que las estadísticas oficiales se empeñen en incluir la energía nuclear dentro de las fuentes propias cuando calculan el grado de autoabastecimiento energético.
Un segundo aspecto es la absoluta dependencia respecto a unas grandes compañías energéticas. En el caso de la electricidad, el llamado oligopolio eléctrico (con Endesa, Iberdrola y Gas Natural como elementos más destacados) domina totalmente el mercado catalán y español, tanto en la generación y en la comercialización como, casi al 100%, en la distribución, un monopolio natural concedido a empresas privadas en prácticamente todo el territorio. El papel de entidades alternativas que defienden otro modelo energético, limpio y descentralizado, como es el caso de la cooperativa Som Energia es muy positivo pero todavía es marginal y se encuentra con dificultades en un contexto regulador muy desfavorable.
Un tercer aspecto de dependencia, que liga mucho con el anterior, es el de la ciudadanía respecto a la provisión externa de energía. No obstante, cada vez se abren más posibilidades para que las familias y pequeñas empresas, individualmente o cooperativamente, generen la propia energía con un modelo descentralizado de producción-consumo, la expresión más clara del cual es la generación de energía fotovoltaica en los edificios. Lo ideal no son unidades totalmente aisladas sino interconectadas en red, y que en algunos momentos aboquen energía al exterior y en otros la absorban. Lamentablemente el actual marco legal español pone muchas trabas al desarrollo de este modelo de “generación distribuida”.Avanzar hacia un modelo que desarrolle las fuentes propias y limpias no sólo nos haría más independientes (la dependencia o independencia es siempre una cuestión de grado) en todos estos sentidos con sus ventajas económicas y sociales, sino que también tendría otra consecuencia tanto o más importante: reduciríamos las amenazas ambientales sobre el conjunto de la humanidad disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero y el injustificable legado de residuos radiactivos que en algunos casos mantienen su peligrosidad durante miles de años. Tenemos que evitar que la vida de otras poblaciones y el futuro de nuestros descendientes dependan negativamente de nuestras decisiones irresponsables.Las dificultades para cambiar el modelo energético son enormes y, en este contexto, la decisión del Ayuntamiento de Barcelona de contribuir a esta tarea a nivel de la ciudad y extendiéndolo a nivel metropolitano es una noticia excelente. La hoja de ruta municipal no pasa solo por invertir en energías renovables en edificios e instalaciones públicos, sino también por empoderar a la ciudadanía para reducir su dependencia respecto al oligopolio eléctrico, con el ahorro energético, la eficiencia y la inversión en energías renovables y pudiendo optar por ser clientes de una nueva comercializadora eléctrica pública al servicio de un nuevo modelo energético que se prevé que esté operativa antes de acabar el actual mandato.

dimecres, 25 de maig del 2016

Grandes economistas aseguran que los paraísos fiscales no tienen ningún tipo de justificación

Publicat a   El Diario.es
Thomas Piketty y Jeffrey Sachs apoyan un escrito que urge a los líderes mundiales que se reunirán el jueves en una cumbre anticorrupción a que acaben con el secretismo en torno a las empresas offshore
El documento sostiene que la evasión fiscal debilita tanto a las economías desarrolladas como a las que están en vías de desarrollo












Más de 300 economistas, incluido Thomas Piketty, piden a los líderes mundiales que se reúnen esta semana en Londres que reconozcan que no existe ningún beneficio económico en los paraísos fiscales. Piden también que el velo de secretismo que los envuelve sea levantado.
David Cameron acordó mantener esta reunión hace cerca de un año, pero la cita peligra porque el foco de atención ha cambiado después de que el Gobierno británico haya fallado a la hora de convencer a sus territorios de ultramar de que acaben con el almacenamiento de dinero secreto.
Las autoridades británicas están bloqueadas en las negociaciones con las dependencias de la corona y los territorios de ultramar. Tratan de convencerles de que, de manera automática, compartan información sobre el beneficio real de las empresas. Por el momento, los territorios de ultramar solo se han puesto de acuerdo con los organismos de control británicos para que tengan acceso a un registro privado de propiedad efectiva, pero un acuerdo de intercambio automático ofrecería la posibilidad a muchos más países de acceder a informaciones relativas a la propiedad de sociedades pantalla.
Muchos de los territorios de ultramar, incluidas las Islas Caimán, se resisten a la idea y su participación en la cumbre está en duda.
Además de Piketty, autor del bestseller El capital en el siglo XXI, participa una impresionante lista de economistas incluido Angus Deaton, especialista escocés ganador del Premio Nobel de Economía en 2015, y Ha-Joon Chang, respetado economista especialista en desarrollo de la Universidad de Cambridge.
También firman la carta Nora Lusting, profesora de economía latinoamericana en la Universidad Tulane, así como otros expertos influyentes que asesoran a los legisladores, como Jeffrey Sachs, director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia y asesor del secretario general de la ONU Ban Ki-Moon, y Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del FMI.

Los papeles de Panamá muestran "la ilegalidad masiva"

"El Reino Unido y Estados Unidos tienen que tomar la iniciativa para terminar con el secretismo de los paraísos fiscales", confirmó Sachs en el programa Today de la BBC. "A través de los papeles de Panamá vemos que son simplemente conductos que auspician la ilegalidad masiva, la corrupción, la evasión fiscal y otros actos infames. Tienen que acabar".
"Si el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea en su conjunto decidieran el jueves en Londres que ya ha sido suficiente... podría producirse un cambio excepcional en muy poco tiempo". Pero Sachs prevé que los líderes mundiales cederán a la presión de los ricos y descartarán implementar reformas significativas.
La banca alemana niega responsabilidad en los paraísos fiscales revelados por los medios
"Creo que los gobiernos no quieren hacer demasiado realmente porque sus poderosos partidarios, ya sean los de la City de Londres o los que están en Wall Street, están luchando con todas sus fuerzas para mantener esos resquicios abiertos... Es un sistema que ha sido creado para el provecho de la clase rica y empoderada", argumenta el especialista. "No hay mejor ejemplo de cómo los ricos y los poderosos controlan las palancas financieras que los paraísos fiscales".
En total, 47 profesores de universidades británicas, entre las que se encuentran Oxford y la Escuela de Economía de Londres, han firmado la carta. El documento sostiene que la evasión fiscal debilita tanto a las economías desarrolladas como a las que están en vías de desarrollo, además de producir desigualdad.
"Los territorios que permiten ocultar capitales en empresas pantalla o que favorecen la obtención de beneficios a empresas que no operan allí, distorsionan el curso global de la economía", aseguran los economistas firmantes.

Se necesitan nuevas normas globales

Para contrarrestar esta situación, instan a los gobiernos a que acuerden nuevas normas globales que exijan a las empresas a informar públicamente sobre sus operaciones tributarias en todos los países en los que operan. También piden que todos los territorios revelen informaciones sobre los propietarios reales de las compañías y conglomerados empresariales.
Llevar a cabo un esfuerzo coordinado por la Unión Europea está ahora en juego. El objetivo es exigir a las empresas que declaren allí donde producen sus beneficios y asegurar que los impuestos se pagan allí en vez de en el país en el que son declarados.
"Los paraísos fiscales no aparecen por casualidad", protesta duramente Sachs contra el primer ministro británico. "Las Islas Vírgenes Británicas no se convirtieron en ocultos paraísos fiscales por sí mismas. Estos refugios tributarios son escogidos deliberadamente por los principales gobernantes, especialmente de Reino Unido y Estados Unidos, en colaboración con las mayores instituciones financieras, legales y jurídicas que mueven el dinero".
"El abuso no es solo impactante, sino que nos mira directamente a la cara. No necesitábamos los papeles de Panamá para saber que la evasión fiscal a través de los paraísos es generalizada, pero podemos decir que el sistema abusivo global necesita terminar a toda velocidad. Eso es lo que se entiendo como un buen gobierno bajo el compromiso global del desarrollo sostenible".
Más de la mitad de las empresas creadas por Mossack Fonseca, bufete de abogados desde el que se filtraron los papeles de Panamá, fueron constituidas en los territorios británicos de ultramar como las Islas Vírgenes Británicas.
"Encargarse de los paraísos fiscales no será fácil; hay poderosos intereses particulares que se benefician del status quo. Pero fue Adam Smith el que dijo que los ricos "deben contribuir al gasto público, no solo en proporción de sus ingresos, sino en algo más que esta proporción", explican los especialistas. "No hay una justificación económica para seguir permitiendo la continuidad de los paraísos fiscales, que son lo contrario a esa afirmación".
Oxfam, que ha coordinado la carta, recomienda al Gobierno de Reino Unido que intervenga para garantizar que los territorios offshore británicos siguen sus directrices de introducir un completo registro público que muestre quién controla y se beneficia de las compañías que están constituidas allí. Oxfam calcula que África pierde unos 10.000 millones de libras de ingresos fiscales anuales –suficiente dinero para pagar la asistencia sanitaria que podría salvar la vida de 4 millones de niños cada año y emplear a suficientes profesores como para escolarizar a todos los niños africanos.
"No basta con que la información sobre los propietarios de empresas ligadas a paraísos fiscales británicos solo estén disponibles para la Agencia Tributaria británica. Es necesario que esta información sea pública para asegurar que todos los gobiernos y todas las personas del mundo pueden reclamar el dinero que les deben y para poder exigir cuentas a los evasores de impuestos", concluye Mark Goldring, director ejecutivo de Oxfam Gran Bretaña.
Traducido por Cristina Armunia Berges