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diumenge, 14 de maig del 2017

Entrevista | Guy Standing "Hay que dejar atrás el 'trabajismo', el pleno empleo es una respuesta del pasado a la crisis"

Article publicat a El Diario.es
  • "El precariado mira a los socialdemócratas y les dice: '¡No nos representáis!'", dice el economista Guy Standing
  • Standing es uno de los mayores defensores de la renta básica universal: "Aumenta la libertad. Te da la posibilidad de decir 'no'"
  • "La Tercera Vía se verá con el tiempo como uno de los grandes errores históricos de la socialdemocracia europea"
Guy Standing; Economista
Guy Standing en Barcelona ©SANDRA LÁZARO
Guy Standing acuñó el término 'precariado' para referirse a todas las personas que viven en constante incertidumbre, ya sea por depender de empleos inestables o ayudas sociales insuficientes. Para hacer frente al precariado, este economista, profesor de la Universidad de Londres, lleva treinta años defendiendo la renta básica universal. El debate sobre implantarla ha sobrepasado en los últimos años los ambientes de izquierdas, e incluso se habla de ella en el foro de Davos.
Standing ha visitado Barcelona para presentar su último libro, La corrupción del capitalismo (Pasado & Presente) y para dar una conferencia en la feria Literal en la Fabra i Coats, que concluye este domingo.
En el libro afirma que vivimos en un sistema opuesto al libre mercado.
El neoliberalismo de los años 80 y 90 se ha transformado en el capitalismo rentista que tenemos hoy, basado en los derechos privados sobre la propiedad física, financiera o intelectual. Es un sistema corrompido, no solo porque haya individuos corruptos, sino porque se basa en una mentira. El capitalismo rentista no favorece el libre mercado. Todo lo contrario: es el sistema de menos libre mercado de la historia.
¿No son manzanas podridas, es el cesto entero?
La corrupción es intrínseca al sistema. La competición por poseer derechos de propiedad privada con los que extraer rentas se impone sobre las leyes del libre mercado.
¿Cómo afecta esta corrupción a las políticas públicas?
La democracia y los procesos de toma de decisiones están corrompidas. El símbolo es el fenómeno de las puertas giratorias. Un ministro de Finanzas puede no haber cobrado una comisión, pero está corrompido institucionalmente. De ahí que base más sus decisiones en su futuro profesional para poder acabar, por ejemplo, en Goldman Sachs.
Un liberal podría decir que el problema es que hay demasiada regulación.
La pregunta que se tendría que hacer a los liberales es por qué no se han opuesto al capitalismo rentista, que ya está institucionalizado. La retórica de la regulación es una mentira: sí hay regulación, se ha establecido pero a favor de las finanzas, los derechos de propiedad y para controlar a las organizaciones sociales.
Guy Standing; Economista
Guy Standing defiende la renta básica universal como un nuevo instrumento de reparto de la riqueza ©SANDRA LÁZARO
Una de las claves que menciona en el libro es el colapso del sistema de redistribución de la riqueza del siglo XX.
El desarrollo del capitalismo rentista implica que el sistema de distribución de la riqueza vigente en el siglo XX se ha roto. Durante un largo periodo de tiempo
hubo cierta estabilidad entre rentas del capital y rentas del trabajo. Desde el inicio de la era de la globalización y la agenda neoliberal todo ha saltado por los aires.
¿También se ha roto la solidaridad entre los trabajadores que han sufrido menos los efectos de la ola neoliberal y el nuevo precariado?
Entre las rentas del capital, las de los rentistas crecen. Y entre las rentas del trabajo, que se están reduciendo, ciertos asalariados han logrado mantener sus posiciones, mientras el precariado no dejaba de crecer. De ahí que el precariado se oponga a menudo a los sindicatos porque creen que no les representan y que solo trabajan para los asalariados tradicionales.
Otorga una responsabilidad especial de este desastre a la socialdemocracia europea, en particular a la Tercera Vía.
La Tercera Vía se verá con el tiempo como uno de los grandes errores históricos de la socialdemocracia europea. Fue un chollo para el mundo de las finanzas y el capital. La socialdemocracia aceptó la economía neoliberal, promovió privatizaciones y flexibilizó más el mercado de trabajo. Echó atrás sus propios logros, perdiendo así el respeto y el apoyo de un precariado cada vez más creciente.
¿La socialdemocracia puede recuperar la credibilidad entre el precariado?
No. El precariado mira a los socialdemócratas y les dice: '¡No nos representáis!'. No hay más que ver lo que ha pasado a los partidos socialdemócratas en Reino Unido, Francia, Holanda... Esto tiene un aspecto negativo: ahora tenemos un vacío de política progresista. Pero lo bueno es que la política odia el vacío, por lo que creo que hay un espacio para que florezca una verdadera política progresista.
¿Cómo se debería rellenar este vacío?
Hay que dejar atrás el 'trabajismo', el pensar que el empleo será la respuesta a la crisis. No importa cuántos puestos de trabajo se creen: los salarios no aumentarán. El pleno empleo es una respuesta del pasado a la crisis. Hace falta un nuevo sistema de redistribución de la riqueza que actúe sobre el capitalismo rentista.
Guy Standing; Economista
Guy Standing ha presentado en Barcelona su nuevo libro 'La corrupción del capitalismo' ©SANDRA LÁZARO
En el libro propone crear fondos soberanos como el noruego para financiar este nuevo sistema de redistribución. ¿España puede implantarlo si carece del petróleo del mar del Norte?
Los fondos soberanos tienen que nutrirse de la extracción de rentas. Del mismo modo que Noruega ha implantado su fondo soberano en base al petróleo, otros países pueden hacerlo devolviendo a la sociedad parte de las rentas que se extraen. Su origen puede ser financiero, la propiedad de un inmueble o de una patente, el turismo o las nuevas plataformas tecnológicas.
Estos fondos financiarían una renta básica universal. ¿Qué razones tiene para defenderla?
Por justicia social y ecológica. La riqueza está más ligada a nuestros antepasados que a lo que consigamos por nosotros mismos, y la contaminación permite a los ricos incrementar sus beneficios pero perjudica a la gente común. La segunda razón es que aumenta la libertad. Te da la posibilidad de decir 'no'. Hemos comprobado que las mujeres maltratadas, que en muchos casos dependen económicamente de sus maltratadores, tienen menos problemas para romper sus relaciones con una renta básica.
En tercer lugar, incluso hay una cuestión de estabilidad mental obvia: la inseguridad económica incrementa el malestar, impide tomar decisiones a largo plazo y deteriora la empatía sobre los demás. Son tres razones políticas, si se les quiere llamar así, pero que son tan o más importantes que los motivos económicos.
En el plano económico, se argumenta que la renta básica desincentivaría el trabajo.
En varias pruebas piloto hemos visto que la renta básica no convierte en vaga a la gente, sino que la energiza e incrementa su productividad. Fomenta la cooperación en vez de la competitividad y otros tipos de trabajo más allá del ámbito laboral.
¿Que el foro de Davos le invite a hablar sobre la renta básica no le hace sospechar?
¡Claro que sí! No nací ayer. Que grandes corporaciones o el foro de Davos me pregunten por la renta básica no cambiará mi ideología de izquierdas. En Davos están interesados en la renta básica porque quieren una economía estable y sostenible que les permita continuar haciendo beneficios, lo cual es perfectamente comprensible. Y a su vez una economía estable también requiere estabilidad política y social.
No deja de ser curioso que Davos y la izquierda remen en la misma dirección.
La razón por la que en Davos de repente se interesan por la renta básica es porque ven crecer los populismos neofascistas. En cierto sentido, Donald Trump, el peor fenómeno político de los últimos años, está ayudando a incrementar el apoyo a la renta básica porque no quieren que la gente vote a personajes como Trump. En cualquier caso, desde la izquierda hay que reivindicar la renta básica como un nuevo sistema de reparto de la riqueza que interpele al capitalismo rentista.
¿Al precariado le supone una contradicción usar Airbnb para viajar porque no puede pagarse un hotel sabiendo que contribuye a encarecer los alquileres?
No creo que sea una contradicción. La solución no puede ser oponerse a la tecnología. Creo que hay que aceptar la tecnología pero rechazar las condiciones laborales. El problema está en la extracción de renta que hacen determinadas plataformas o en las condiciones laborales de los conductores de Uber. Si la plataforma cobra un 20% por una transacción, hay que gravar esa transacción. El precariado no debe sentirse culpable por usar Uber o Airbnb, sino por no oponerse a la desigualdad que generan.

divendres, 20 de gener del 2017

Por qué los ricos de Davos se interesan por la renta básica universal

Article publicat a El Diario

El foro discute por segundo año consecutivo sobre la necesidad de implantar una renta básica universal

La pérdida de empleos y el auge del descontento de las clases medias comienzan a convencer a los líderes mundiales de la necesidad de implantar esta medida




Nacen los primeros certámenes de belleza juzgados por robots
Davos se enfrenta a las consecuencias de la fala de redistribución en el capitalismo.



Desde hace ya un año, una preocupación sobrevuela el Foro de Davos (en Suiza). La digitalización de la economía, la automatización de los trabajos (creen que para 2020 se habrán destruido cinco millones de puestos de trabajo en el mundo sustituidos por robots), y el descontento social han sido un caldo de cultivo explosivo para que los supuestamente influyentes líderes que se encuentran en Suiza hayan decidido abordar la posibilidad de crear una renta básica universal.
El debate de implantar una renta básica llegó a España de la mano de algunos sectores de Izquierda Unida y luego de Podemos. Pero en otros países, grupos de interés que difícilmente coincidirán con Pablo Iglesias han sido los que han puesto sobre el debate la posibilidad de dar una renta mínima a los ciudadanos. En Estados Unidos ha sido el lobby de Silicon Valley el primero en analizar esta opción de forma más académica, con un grupo de trabajo propio que estudia el efecto en un determinado grupo de población.

Ya se reparte en Ontario, en Alaska, y en Finlandia acaba de comenzar. La idea de que no habrá trabajo para todos ni de la calidad suficiente para garantizar la supervivencia va cogiendo terreno. El precariado avanza en todo el mundo y Trump o el Brexit son las señales más claras de que ese descontento de las clases medias (occidentales) puede desembocar en una ruptura con el orden económico establecido, algo que preocupa a las élites económicas.
Por eso en Davos se habló en la cita del año pasado y  se habló de nuevo el martes de los riesgos y ventajas de implantar la renta básica universal. El Foro atrae a algunos de los principales gurús en la materia, que exponen ante este selecto auditorio lo que de alguna forma se respira en los pasillos como irrefrenable: solo un colchón soportará la caída de la clase media del primer mundo, desplazada por los robots y por el empuje de los países en desarrollo. Por eso también en el Foro se habla de otras fórmulas para edulcorar el capitalismo: "capitalismo responsable" o "capitalismo ético".
El experto de la universidad de Londres Guy Standing, que  acuñó el término precariado para referirse a una nueva clase de trabajadores con condiciones precarias, defiende la renta básica como forma de dar seguridad y una verdadera libertad de elección a estas personas.
Standing fue uno de los ponentes estrella en Davos. "Una seguridad económica y social básica es esencial para una toma de decisiones racional. Ya hoy, con mercados laborales flexibles y economías abiertas, millones de personas se enfrentan a salarios bajos e inestables y a una probabilidad cada vez más baja de escapar de la pobreza de ingresos, por muy duro que trabajen", defiende Standing.
En el Foro están participando también integrantes de los movimientos internacionales que impulsa la renta básica. Es el caso de Scott Santens, miembro de la red por una renta básica de EEUU y asesor del proyecto Renta Básica. Santens se pregunta qué haría una persona si supiera que cada mes va a ingresar mil dólares por el mero hecho de ser ciudadano. "O, posiblemente más importante, ¿qué no haría?", dice.
Santens lanza un desafío para los que lamentan amargamente la desaparición de los trabajos manufactureros o industriales. "Los trabajos manufactureros son para las máquinas. No lamentes su desaparición. Reclama a cambio una renta básica", suele decir este experto.
Uno de los desafíos de Davos, que nació como un club de innovación e ideas pero que se ha ido quedando hueco por su espectacularización (este año una de las asistentes estrella fue Shakira), es imaginar el mundo en 2030. Y las personas en las que Davos buscan inspiración se lo imaginan sin apenas trabajo, o no trabajo a tiempo completo, sin posesiones, ni casa, ni coche, con una renta universal y trabajos que complementen esos ingresos. Esta es la idea de la diputada danesa Ida Auken, que se ha imaginado un mundo hiperconectado, limpio y muy barato.

Corrientes enfrentadas

Pero el panel de expertos del martes dejó ver que las dudas en el establishment político persisten. La excomisaria europea Neelie Kroes, a la que se ha descubierto recientemente una sociedad offshore no declarada en Bahamas, no ve la opción de dar dinero a cambio de "nada", ya que la gente dejaría de trabajar, en lo que es la crítica más recurrente a esta medida.
El político indio Amitabh Kant imagina la renta básica universal como una especie de préstamo que nivelen en los inicios y los ciudadanos puedan devolver al Estado de varias formas. Esta idea choca con lo expuesto por los defensores de la renta básica, que creen que siempre habrá colectivos que no serán capaces de devolver el dinero prestado.
Pero sí concuerdan con Kant en que la renta básica no debe ser en ningún caso un sustituto al trabajo. "Las personas deben seguir colaborando por el bien común de la comunidad", defiende el profesor de Harvard Michael Sandels.
Lo que aún levanta más ampollas es la forma de financiarlo. Standing defiende que los subsidios a la energía fósil o "el capitalismo rentista" (las rentas que obtiene una minoría por propiedades), serían suficientes para financiar parte de esta renta. Hay quién habla de poner un impuesto a los robots, como Pepe Álvarez, secretario general de UGT y cuya opinión ha sido reflejada por la revista de Wharton, la escuela de negocios de Penn, una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos y que la web del foro de Davos se ha encargado de replicar.

Dudas sobre el altruismo de la medida

¿Por qué la renta básica es ahora foco de interés para Davos e incluso para la cuna de la tecnología, Silicon Valley? Los nuevos modelos de trabajo, la robotización y la probable desaparición de miles de puestos de trabajo en los próximos años están detrás de su interés por buscar fórmulas que mitiguen los cambios.
Silicon Valley está llevando a cabo un proyecto piloto para comprobar los efectos de la renta básica. "La motivación que hay detrás es empezar a explorar alternativas a la red de seguridad social que existe. Si la tecnología destruye empleos o los empleos siguen convirtiéndose en cada vez menos seguros, un número cada vez mayor de personas serán incapaces de vivir con las ganancias de sus empleos", explica la investigadora Elizabeth Rhodes, directora del proyecto.
Sin embargo, las críticas a este modelo también son muchas y señalan los intereses que hay detrás. "Las compañías tecnológicas se llevan a casa los beneficios y afrontan cada vez menos presión para pagar un salario que dé para vivir a sus empleados que no consideran como tal", dice el experto en ética de la tecnología Jathan Sadowski en The Guardian.
Guy Standing reconoce que algunos de los defensores de la renta básica la ven como un sustitutivo de la mayoría de prestaciones y servicios del Estado, mientras que otros la conciben como una especie de "dividendo social".



dilluns, 28 de novembre del 2016

“¡No future!”: no es país para jóvenes

Article publicat a El País 

El 92,5% de las contrataciones a menores de 30 años son temporales

Una manifestación del colectivo Juventud sin futuro en 2011 en Madrid
Los “adultos emergentes” son aquellas personas entre 18 y 35 años que no son adolescentes pero tampoco adultos, según definición del profesor de la Universidad de Massachusetts Jeffrey Arnett. No son adultos del todo porque no pueden emanciparse. Los datos recién publicados por el Consejo de la Juventud indican la amplitud de esta brecha en España: solo el 20% de la población joven (en este caso, entre 16 y 29 años) ha conseguido emanciparse de sus padres; el 92,5% de las contrataciones realizadas a personas menores de 30 años fueron de carácter temporal; los jóvenes deberían cobrar 4,2 veces su salario anual sólo para hacer frente a la entrada de una vivienda en régimen de propiedad.
Estas cifras corroboran la idea de que la herida más lacerante que ha dejado la Gran Recesión es la quiebra de las expectativas de futuro de una generación: las materiales y las emocionales, aquellas para las cuales se formaron. No hay ninguna otra cohorte de edad en que sea más amplia la precarización, el paro, el apartheid salarial y la emigración. Hasta tal punto de que vuelve a escucharse aquella canción que hizo famoso el grupo punk Sex Pistols a finales de los años setenta, titulada irónicamente God save the Queen, que gritaba “¡No future, no future!”.
El Observatorio de Emancipación da otro dato escalofriante que, sin embargo, hay que matizar: el 38,2% de las personas jóvenes se encuentra debajo del umbral de pobreza. El riesgo o el umbral de pobreza es una medida relativa que no significa lo mismo en España que en Suecia o en Sudán del Sur. El umbral bajo el que se está en riesgo de pobreza coincide con el 60% de la renta mediana (aquel punto de la distribución por debajo del cual está la mitad de la población). Se considera que debajo de ese 60% el joven está en riesgo de pobreza, pero esa renta mediana es distinta en un sitio que en otro. Esta situación depende, entre otras cosas, del mercado laboral (tasa de paro del 46,5%) y del mercado de la vivienda: un joven debe destinar, como media, el 60,3% de su salario para poder adquirir una casa en propiedad, y la superficie máxima a la que podría aspirar sería a 49,2 metros cuadrados.
Ha habido una distribución desproporcionada de los costes de la crisis en contra de la juventud. La justicia intergeneracional del Estado de bienestar no está precisamente a favor de ese segmento de la población sino de la gente mayor. Según algunos analistas, el gasto en tercera edad en España en el periodo de la crisis económica (pensiones, sanidad,…) ha sido 34 veces superior al de la infancia y juventud (educación…). Esto es una anomalía mundial; no hay ningún país de la OCDE en que esta diferencia de gasto sea superior a 10.
En el año 2012, en plena campaña electoral a la Presidencia de Francia, el socialista François Hollande dijo: “Si soy el próximo presidente quiero ser evaluado por un único criterio: ¿viven los jóvenes en 2017 mejor que en 2012? Pido ser juzgado sólo por ese compromiso, sobre esa verdad, sobre esa promesa”. A punto de cumplir su mandato, no parece que la Historia vaya a absolver a Hollande. Ni a la mayor parte de la política española.

dimecres, 23 de novembre del 2016

Trabajadores esclavos

Article publicat a Alternativas Económicas
Por (Director)
28 Octubre, 2016

Hay trabajadores que viven como esclavos”. Esta afirmación no es de un militante político radical, ni de un sindicalista, ni de un empleado indignado por las duras condiciones laborales a las que se ve sometido. Son las palabras de un médico de atención primaria horrorizado por el deterioro de las condiciones de vida de algunos de los trabajadores que atiende. El espanto de este y otros doctores proviene del frecuente rechazo de los trabajadores a tomar la baja cuando están enfermos.
En determinadas actividades laborales son cada vez más los trabajadores enfermos que acuden al médico en busca de consejo y medicinas pero renuncian a la baja para no perder el salario o una parte de él y para evitar el despido. Este fenómeno registró su mayor extensión en los momentos más graves de la crisis.
Trabajar estando enfermo es lo que se denomina presentismo laboral en la jerga médica y de los investigadores sociales. El presentismo laboral registró un fuerte aumento en este país a medida que las cifras de paro se desbocaron. Actualmente con más de 4,5 millones de parados sigue siendo un problema muy serio. El presentismo laboral es la cara inversa del absentismo laboral que se refería al número de bajas laborales que se producían sin estar siempre justificadas.
Según una encuesta realizada por el sindicato Comisiones Obreras en Andalucía durante el primer semestre de este año, el 70% de los trabajadores manifestó que “la reforma laboral había empeorado sus condiciones de trabajo y aumentado el presentismo en las empresas por miedo al despido”. El sindicato censuró la presión que ejercían las mutuas porque estimaba en muchas ocasiones se obliga a los trabajadores enfermos a volver al trabajo sin estar del todo recuperados.
La reforma laboral ha tenido una gran responsabilidad en el deterioro de la salud de los trabajadores al contemplar entre otras cosa la posibilidad de plantear el despido por absentismo aunque éste estuviera justificado.
La pérdida de los derechos laborales básicos no afecta sólo a profesiones especialmente duras como los trabajadores de los mataderos, camioneros y determinadas actividades industriales o de la construcción. El presentismo laboral afecta algunos sectores como el  de la educación y la sanidad privada, con consecuencias muy graves no tan sólo para la salud de los médicos y enfermeras que acuden al trabajo enfermos sino también para los pacientes. La gripe puede ser mortal para muchos pacientes como reconocen las propias autoridades en las campañas de vacunación. En Euskadi, por ejemplo, en los peores momentos de la crisis, estaba bastante generalizado, entre las enfermeras de la sanidad privada acudir al trabajo a pesar de padecer la gripe para no perder una parte del salario o el temor al despido. “Cuando tienes toda la familia en paro, y eres la única persona con empleo vas al trabajo aunque sea enferma y tengas que llevar el hígado en la mano” explica una trabajadora de esta comunidad.
La crisis económica y la Reforma Laboral han devaluado salarios, alargado horarios y pulverizado muchos derechos laborales que en bastantes casos se han convertido en simples derechos teóricos. Todo ello ha tenido efecto también en el aumento de la temporalidad y en consecuencia de la siniestralidad, especialmente en el sector industrial. En este sector en los dos últimos años los nuevos contratos de duración inferior a una semana han pasado del 10% al 28% y la siniestralidad mortal en 2015 ha aumentado en un 45%, según los sindicatos CCOO y UGT.
Especialmente grave es el aumento del cáncer laboral, causado por agentes de riesgo (radiaciones, sustancias químicas, infecciones, entre otras) que los citados sindicatos estiman en 9.000 el número de diagnósticos anuales, aunque las mutuas sólo han reconocido 23 en 2015, 19 de ellos por exposición al amianto.
El deterioro de las condiciones de trabajo ha quedado especialmente patente en la drástica reducción de los salarios. En España el 22% de los asalariados cobraba menos de 300 euros al mes en 2014, cuando antes de la crisis en 2008 este colectivo sólo representaba un 16%, según la Agencia Tributaria. Durante el mismo periodo los asalariados con ingresos inferiores a 600 euros han pasado de representar desde el 27% al 35%. Es decir, un tercio de los trabajadores perciben ingresos inferiores al salario mínimo actualmente en 655,20 euros al mes en 14 pagas.
Esta realidad social facilita numerosos abusos que se reflejan en los salarios y condiciones de vida de los trabajadores que son especialmente sufridos por los trabajadores jóvenes debido a la elevadísima tasa de paro que soportan. En agosto pasado la tasa de paro de los trabajadores menores de 25 años fue del 43,3%. A pesar del crecimiento de la economía la reducción del desempleo juvenil es muy lenta. En un año se ha reducido 4 puntos, lo que se precisaría una década de crecimiento sostenido para su eliminación.
El trastorno de la vida de los trabajadores no es una exclusiva de nuestro país. En Francia los trabajadores más castigados son calificados “trabajadores quemados”, burn out en inglés, que representan el 20% de las bajas laborales. En España desconocemos las personas que se encuentran en esta situación porque no existen este tipo de estadísticas. En nuestro país, sin embargo, hay sectores como el de la banca, que ha perdido uno de cada cuatro empleos, (más de 65.000) que se ha visto sometido a fuertes presiones para la colocación de todo tipo de productos (preferentes, bonos, obligaciones y seguros) lo que supuesto que muchos empleados hayan precisado medicación sistemática.
El sistema económico dominado por el principio de maximizar el beneficio a cualquier precio, a costa de todo, incluyendo la salud de los trabajadores está teniendo consecuencias muy dañinas y duraderas para nuestra sociedad.

dimecres, 19 d’octubre del 2016

Los trabajadores que cobran menos de 300 euros crecen en medio millón desde 2008

Article publicat a El País

Los empleados con ingresos mínimos mensuales alcanzan los 3,7 millones debido al aumento de la precariedad


EFE Madrid 

Un empleado repone estanterías en un hipermercado.  EFE

Los trabajadores que ingresan menos de 300 euros al mes han subido en medio millón desde el inicio de la crisis al pasar de 3.089.856 en el año 2008 a 3.694.852 en 2014, según los últimos datos publicados por la Agencia Tributaria. En total, al inicio de la crisis el 16% de los asalariados (19.310.627) cobraba menos de 300 euros, siete años más tarde y con 2,5 millones de trabajadores menos (16.899.024) el porcentaje de este colectivo subía al 22%.
A diferencia de 2008, los trabajadores con ingresos por debajo de los 300 euros se concentraron en 2014 en el grupo de edad entre 26 y 35 años (955.185), seguidos del tramo que va de 35 a 45 años, mientras que al inicio de la crisis la mayoría de los asalariados más precarios se daba en el grupo más joven de 18 a 25 años, que sumaba 908.773 trabajadores.
Respecto al salario mínimo interprofesional (SMI) (655,20 euros mensuales en 14 pagas, en la actualidad), los trabajadores con ingresos por debajo de esta cifra subieron siete puntos desde el año 2008 al pasar del 27,8% del total de asalariados al 35% en 2014.Al inicio de la crisis 5,3 millones de personas cobraban menos de 600 euros, en 2014 esa cifra aumentó hasta los 5,8 millones.

Precariedad en aumento

Las causas por las que un segmento importante de la población se sitúa por debajo del salario mínimo están siempre vinculadas a la precariedad: sucesivos contratos temporales, jornada a tiempo parcial, parte del año en desempleo o jubilación. En ese escenario de fragilidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha reivindicado, recientemente, una subida del salario mínimo "para sacar de la pobreza a quienes tienen ya trabajo".
La OIT ha denunciado que la causa de los bajos salarios es la precarización del mercado laboral y aquí se ha referido al abuso de la temporalidad injustificada. En esta línea, el director de la oficina de la OIT para España, Joaquín Nieto, ha asegurado que España tiene margen para subir sensiblemente el salario mínimo.
Desde 2008 a 2016, el salario mínimo en España ha subido 55 euros al pasar de 600 a 655, pero la mayores subidas se dieron en los primeros años. En 2009, el salario mínimo se situó en 624 euros, un año más tarde en 633,3 y en 2011 se puso en 641,4 euros.
A partir de ahí, el salario mínimo se congeló en 2012, subió a 645,3 euros en 2013, y volvió a congelarse al año siguiente.En 2015 aumentó sólo 3,3 euros hasta los 648,6 y para este año se aprobó una subida de algo más de 6 euros, lo que colocó al salario mínimo en 655,2.
Los sindicatos han venido reclamando que el salario mínimo se sitúe en los 800 euros en 2017, para acomodarse en años sucesivos a la Carta Social Europea y suponga el 60% del salario medio, es decir, alrededor de los 1.000 euros. Además, los sindicatos también han denunciado que en España los salarios continúan devaluados con una tasa de temporalidad del 25,7%, la segunda más alta de la Unión Europea, sólo superada por Polonia.
Según datos de Eurostat de enero de 2016, en la Unión Europea los salarios mínimos mensuales varían considerablemente, desde los 215 euros de Bulgaria a los 1.923 euros de Luxemburgo. Algunos países como Austria, Italia, Dinamarca, Suecia o Finlandia no contemplan en su legislación un salario mínimo.

dimecres, 27 de juliol del 2016

Vivir mejor es más eficaz

Article publicat a Sin Permiso

Jorge Moruno 

24/07/2016
Con el paso de los años corremos el riesgo de naturalizar y normalizar situaciones que nunca lo son. Si en 2005 se acuña el neologismo “mileurista” para denunciar la realidad de toda una generación, hoy, en 2016, esa misma cifra incluso cuando el dinero vale menos, ya no se utiliza como una forma de calibrar la precariedad salarial. Hoy nuestro baremo es más servil y se contenta cada vez más con menos. Algo parecido sucede con el empleo cuando atendemos a sus entresijos y nos adentramos en la maraña de relaciones de dominio y dependencia, que mezclan un retorno feudal con el contrato emocional propio de la empresa contemporánea. Si hablamos de empleo no podemos referirnos a cualquier modalidad de contratación, pues empleo no es sinónimo de trabajo, ha sido más bien una manera históricamente concreta de entender el trabajo.

Si por empleo entendemos un trabajo estable, indefinido, que permite programar en el tiempo la vida y está asociado a ciertos derechos junto con capacidad de consumo, lo que nos encontramos hoy en “la lucha contra el paro”, no es empleo. Cuando los contratos de un día han crecido un 102% desde 2008 y el 77% de los nuevos empleos “creados” en 2015 fueron temporales. Cuando más de la mitad de quienes se encuentran en riesgo de exclusión social no salen de esa situación a pesar de encontrar un trabajo. Cuando se dispara en un 350% la cifra de becarios que suplen un trabajo pagado por otro que muchas veces es gratuito, cuando el fraude de ley se hace norma y autónomo quiere decir heterónomo, la sociedad articulada en base al empleo, se resiente. Según indica el “Índice de calidad en el empleo” de la OCDE, España ocupa el penúltimo lugar de 34 países. Desde 2012 hemos descendido 10 posiciones.
Gracias a las reformas laborales, no solo el trabajo calificado de precario deja de ser empleo, incluso el empleo indefinido significa otra cosa distinta desde el momento en el que se abarata el despido, se erosionan las condiciones laborales y se reducen los sueldos. Ante semejante zócalo lo importante no son únicamente los números, las estadísticas, números que por otro lado, indican que desde la entrada de Rajoy en el gobierno hasta la EPA del III trimestre de 2016, hoy hay 123.000 personas ocupadas menos. Las salidas que nos ofrecen pasan o por dedicar tu vida y alma a conseguir sacar un proyecto adelante, endeudarte, sacrificarte, “trabajar cada vez más, disfrutar menos”, o si no eres capaz de perseguir tus sueños con tenacidad, endeudarte más, ganar menos y asumir la precariedad y el paro crónico como norma.
¿Cómo es posible que haya tanta escasez en medio de tanta abundancia? El “capitalismo popular” pregonado por Thatcher en donde cada vez más gente se hacía propietaria, se ha resuelto como una gran estafa. No es una sociedad de propietarios, es una sociedad de hipotecados y de precarios, una fábrica de personas endeudadas que ven laminada su libertad y sus esperanzas. El señuelo según el cual la salida del proletariado era hacerse propietario, ha servido para convertir a la vivienda, la educación, o la sanidad, en un acceso privado, en una deuda permanente. Tenemos que invertir a Thatcher, hace falta más sociedad, más tejido, más encuentro, más instituciones que frenen la tormenta desatada por las finanzas contra la libertad.
La sucesión de mentiras del PP solo han producido un descontrol en las cuentas. Primero decían que no había desviación del déficit sabiendo que no era cierto. Pero el problema nunca ha sido cumplir o no a rajatabla con un dogma como el del déficit, sino el uso que se ha hecho de su incumplimiento. En lugar de invertir en modernizar el país hicieron una reforma fiscal regresiva que ha provocado una fosa de 8.000 millones de euros.
Lo mismo sucede con el adelanto del impuesto de sociedades -una chapuza que no enfrenta la reforma fiscal necesaria-, pues la discusión no se dirime entre si se está o no en desacuerdo con esta medida, importa sobre todo el para qué se aplica esta medida. Son 6.000 millones de euros que no se destinarán a invertir en necesidades sociales, en mejorar la economía popular, sino en tratar de llenar ese pozo llamado déficit. La disciplina presupuestaria no tiene una justificación económica, porque el problema no está en la contención del gasto sino en la insuficiencia del ingreso. El dogma del déficit es un elemento de control político que garantiza la subalternidad de los pueblos y sus necesidades a las finanzas.
Lo importante, y esto es crucial para pensar en salidas democráticas, eficaces, innovadoras y transformadoras de la crisis, pasa por entender que si el trabajo ya no es empleo, entonces toca hacer un nuevo puzzle social para garantizar la dignidad general. La OCDE indica que entre 1990 y 2012, los países donde más han descendido las horas de trabajo resultan ser más productivos. Eso no implica una causalidad total, influyen también la formación, la inversión en capital fijo y el tipo de tejido productivo, pero marca una tendencia. Se trata de prioridades. En España se sube la edad de jubilación -Merkel la bajó en Alemania a los 63 años- al tiempo que se impide entrar en el mercado laboral a la juventud, y para cuando entra lo hace en condiciones muy precarias.
¿No sería más racional subir la calidad de vida en lugar de la edad de jubilación? Vivir mejor, más natalidad y trabajar menos -trabajamos 280 horas más al año de media que en Alemania-. La calidad de vida debe venir por el ingreso garantizado y no solo por el empleo remunerado, dicho de otro modo, para asegurar la calidad de vida hay que garantizar ingresos y derechos al margen de tener un empleo. El sindicato más grande del Reino Unido adopta como propia la demanda de una renta básica universal, lo cual supone ya una renovación de la proyección sociopolítica del sindicato, dado que se asume como terreno de conflicto a la vida en su conjunto y no solo dentro del centro de trabajo. Hay que trabajar por trabajar menos horas y hacer otro uso del tiempo, hay que poner racionalidad en las inversiones buscando aquello que genera sinergias y cuyos efectos mejoran la calidad de vida en lugar de empeorarla.
Por cada euro invertido en educación física se ahorran 4 en sanidad. Por cada euro invertido en el asesoramiento dietético en la sanidad la sociedad recibe a cambio un neto de entre 14 y 63 euros. Por cada euro que se invierte en un área protegida se obtienen 80 de beneficio, pues sale más barato mantener la biodiversidad que arrasarla y luego tratar de imitar su efecto. Por cada euro invertido en apoyar la bicicleta se multiplica por 9 euros su retorno a la sociedad. Invertir en infraestructura para la bicicleta y los peatones crea más empleo que las infraestructuras viarias. Para todo esto hace falta dinero, para que haya dinero hay que subir el suelo adquisitivo de la sociedad, hay que generar más ingresos de manera más justa e invertirlo con una finalidad de mejora colectiva priorizando a la economía local. Vivir mejor y sufrir menos. Esa es la máxima a seguir para construir un país en donde el aumento de la libertad sea inversamente proporcional a las hipotecas y las deudas contraídas.

divendres, 4 de març del 2016

Renta Básica versus turistización y mafia laboral. (A propósito del caso de la ciudad de Palma, en la isla de Mallorca)




Article publicat a  Sin Permiso 

28/02/2016

Se cuenta que fue la prensa francesa quien utilizó, por primera vez, el término “balearización” para definir un proceso de explotación intensísimo del litoral de las Islas Balares (en mayor medida de Mallorca e Ibiza, y menos en el caso de Menorca y Formentera) para usos turísticos. Lo cierto es que el palabro hizo fortuna, y definía correctamente un modelo económico y social que lo sacrificaba todo (territorio, identidad, cultura, los sectores industriales tradicionales, etc.) al “Dios Turismo”. A esta balearización de los años 60-70 del siglo pasado, le sucedió un no menos intenso tsunami de construcción residencial, muy mayoritariamente para usos turísticos (no en balde, hubo un presidente autonómico que en un debate en el parlamento autonómico  afirmó en 1991 que: “Baleares tiene que convertirse en la segunda residencia de Europa”. El siglo XXI empezó con una bien consolidada realidad económica, social, y ambiental del “Todo Turismo”, pero, fruto de la movilización social, con algunas políticas de conservación del territorio y de contención al crecimiento de la oferta hotelera, y con algunos espacios, entre ellos el centro de la ciudad de Palma, sin una turistización total.
Pero en los años dos mil se produjo un cambio radical, y el centro de la capital se turístizó ¿Un proceso natural, fruto de un mercado perfecto para distribuir renta a base de la emprendeduría local? En Palma se puede disfrutar de mucha magia mediterránea, pero no hasta el punto de que se produzcan fenómenos tan paranormales en el mundo de la globalización neoliberal. De igual manera que en un momento pretérito se optó desde el poder político-institucional por expulsar la universidad del centro palmesano, en uno presente, este mismo poder, optó por entregar ese mismo espacio al turismo. El crecimiento de la cifra de hoteles urbanos, de alquileres turísticos, y de las llegadas de cruceros obedece a una apuesta política de los y las feligreses de la Iglesia del Crecimiento Económico que, en palabras de Carlo Bordoni [1], “es una de las pocas congregaciones -quizás la única- que no parece perder fieles y que tiene probabilidades reales de alcanzar un verdadero estatus ecuménico”.
A la cofradía del crecimiento le da igual que los nuevos hoteles “boutique”, la nueva oferta comercial, la privatización del espacio público con más terrazas cada día, obedezca más bien a la lógica del “nuevo lujo” [2] que a una de cohesión social a base de prosperidad compartida. Por otra parte, es pasmoso el silencio políticamente hegemónico sobre los costos ecológicos del turismo de cruceros. Como casi siempre en estos casos, sólo los grupos ecologistas mantienen la dignidad y son críticos con estos, en expresión del científico Gershon Cohen, “productores flotantes de mierda”. Pero bueno, quizás no hacen falta expresiones escatológicas para afirmar, como hace la periodista y escritora, Elizabeth Becker, que: “Los cruceros prometen que un número de pasajeros gasta una cantidad de dólares que en realidad no gasta, y que los negocios locales van a ganar. Pero esto no ocurre porque tienen muchos acuerdos con empresas para llevar allí a los clientes. Está también el coste de la contaminación: cuando un crucero atraca no se conecta a la electricidad, se deja ir, y genera una contaminación equivalente a 12.000 coches. Eso va al agua. Y pagan sueldos horribles. 50 dólares (46 euros) al mes a un camarero... Viven de las propinas. No se preocupan de las normas laborales y hay un verdadero interrogante sobre si siguen las normas medioambientales ¿Y dónde están las fuentes de agua? ¿Dónde están los cuartos de baño? ¿Quién recoge su basura? ¿Adónde va?”.
En este contexto hay que enmarcar el reciente proceso de turistización del centro de la ciudad de Palma, que se implementó y desarrolló ocultando también los costes de precariedad laboral que lleva asociado. Una ocultación que duró hasta unas semanas antes de que acabara el año 2015, cuando se conoció que la policía y la justicia estaban investigado una trama de explotación laboral en restaurantes de la zona céntrica de Palma. El impacto inicial fue grande. Los efectos de la acción policial y del juez instructor son muy visibles en las calles de la ciudad, ya que se clausura un total de 33 restaurantes y bares. La mayoría de ellos lucen el precinto judicial en calles no precisamente modestas o de barrios periféricos. Por ejemplo, unos de los bares regidos por esta mafia está situado justo enfrente del parlamento autonómico de las Islas Baleares  y, por tanto, además de por turistas, es muy frecuentado por los políticos y las políticas locales, algunos de los cuales se enteraron, por fin, que ¡Los obreros también existen en los restaurantes turísticos! Algunos portavoces empresariales quisieron reducir el asunto a una anécdota, a “unas pocas manzanas podridas en una gran cesta que rebosa buen hacer y auténtica responsabilidad social a raudales”. Pero la evidencia de los hechos les desmiente: Son más 1.200 las personas que, a lo largo del tiempo, han sido explotadas; se ha producido un fraude millonario a la Seguridad Social y a Hacienda; hay una veintena de detenciones policiales y se ha encarcelado a los cabecillas de la mafia; hay indicios sólidos de amenazas y agresiones a muchas de las víctimas que, además, son inmigrantes.
Les reproduzco algunos de los titulares de la prensa local sobre el asunto: “Testimonios de la trama de explotación laboral en restaurantes de Palma relatan "insultos y maltrato" de encargados y jefes”. "Si se desperdiciaba comida caducada, amenazaban con descontarlo del sueldo". “La mafia laboral destruyó documentos contables en B antes de las detenciones”. “El juez destaca que la mayor parte de la facturación de sus negocios se hacía en dinero negro”. “El jefe de la mafia laboral cobraba 1.500 euros semanales de comisión a un testaferro. Otro socio admitió que se repartió 200.000 € de dinero negro con otro cabecilla en 2 años”. “La red hacía quebrar sociedades para luego explotarlas a través de personas interpuestas”. “El jefe de la mafia laboral: «Si no tienes relaciones conmigo, te despido»”. “Un feje de la mafia laboral pagó 6.000 euros a un trabajador tras darle una paliza. Un empleado denunció a dos cabecillas de la trama por una brutal agresión al reclamarles el sueldo. La victima aseguró que le ofrecieron más dinero por retirar la acusación”. “La red servía productos caducados, alimentos con moho, frutas en mal estado, bebidas y tapas 'recicladas' y botellas de alcohol rellenadas con jeringuilla”. "En la cocina había bichos", y así suma y sigue… Pero, desde la primera información según la cual: “durante la investigación, la Policía Nacional detectó situaciones de "semiesclavitud" en los negocios de esta mafia laboral. Excesos de jornadas y salarios "irrisorios" que se cree podrían afectar a un millar de personas. Además, se calcula que los impagos con Hacienda rondan el millón de euros”, se ha informado de estos hechos desde la sección de sucesos y se ha manifestado más preocupación por “la mala imagen turística” o por la vertiente de atentado contra la salud pública -ambas cuestiones de evidente importancia- que por la existencia de casos de lo que la ONG Anti-Slavery International denomina “esclavitud moderna”. Un último titular de prensa que reproduzco sintetiza esta relegación del factor trabajo a un segundo plano: “Mafia laboral: ratas y hedor en el centro de Palma”.
El tratamiento que la prensa local está dispensando a esta trama de explotación laboral no es cosa baladí. La burguesía reserva las páginas de los medios de comunicación dedicadas a política o economía a las cosas importantes, y entre éstas no están los efectos más extremos de la precariedad laboral. El establishment ha normalizado que su modelo de “modernidad” genere grandes desigualdades por la existencia de una “sociedad oculta”, compuesta por multitudes y que está basada en la adaptabilidad a las condiciones adversas, pero lo más grave es que se está normalizado que el modelo de gestión empresarial nada tiene que ver con los derechos humanos.
Es más que significativo que un caso como el de esta mafia laboral, en una ciudad en la que tienen domicilio social importantes multinacionales españolas del turbocapitalismo turístico, no haya provocado un debate político social más allá de lo expresamente jurídico (los sindicatos y el gobierno autonómico se han personado como acusación particular). La ocasión debería merecer, al menos, una reflexión por parte de la supuesta izquierda gobernante (PSOE y los ecosoberanistas de MÉS, con el apoyo parlamentario de PODEMOS) sobre lo que podríamos llamar nuevos fenómenos de la “economía sumergida de la exclusión” en la que la institucionalización de la inseguridad laboral en general, y la desregulación total de la contratación a tiempo parcial en particular, juega un papel de gran importancia ¿Está dispuesta, al menos la izquierda formalmente antiausteridad neoliberal, a concretar la propuesta de Owen Jones, según la cual “La seguridad laboral debe estar en el centro de un nuevo movimiento progresista”? De momento se han limitado a las generalidades y a lo “políticamente correcto” (invocaciones a mejorar el turismo para mejorar la calidad del empleo, a introducir en el modelo de “todo turismo” elementos de sostenibilidad (sic) y de diversificación a base de apuestas por la I+D+i). Convendría recordar que la seguridad laboral que, con Owen Jones, habría que defender “debe ir mucho más allá de los sueldos y condiciones laborales. Una nueva política con la clase como parte central debe abordar la profundamente arraigada alienación que sienten muchos trabajadores, sobre todo del sector servicios: el puro tedio y aburrimiento que a menudo acarrea el trabajo rutinario y repetitivo. No se trata de dar más capacitación a los empleos y variar las tareas diarias de los trabajadores, aunque esto forme parte de ello. También se trata de dar a los trabajadores control y poder genuinos en el lugar de trabajo”.
En cualquier caso, las prácticas empresariales mafiosas no desaparecerán sin una Inspección de Trabajo y Seguridad Social decente que, como mínimo, tenga medios de acuerdo con los ratios que marca la OIT de un inspector/a de trabajo por cada 10.000 trabajadores/as, y que obedezca a una lógica de papel tuitivo del Estado con la parte débil en la relación laboral en el conjunto de las empresas, y especialmente en las pequeñas y medianas. Se trata de que la democracia sea real también durante la jornada laboral, de lo contrario “el Estado deja de ser la encarnación del gobierno popular y pasa a convertirse en un sistema de gestión de negocios”.
No obstante, una sociedad no se puede autocalificar de decente sin  ir a la raíz de las causas del fenómeno de la “nueva esclavitud” y a su radical erradicación: Las causas hay que buscarlas en la falta de libertad material de un número cada vez mayor de ciudadanos y ciudadanas. El llamado mercado laboral ya no garantiza –si es que lo ha garantizado alguna vez en las economías turistizadas- la ausencia de pobreza y de riesgo de exclusión; y los sistemas de Seguridad Social y de rentas mínimas garantizadas son cada vez más ineficaces para corregir los efectos del neoliberalismo, por más que crezca el PIB.
Establecer una Renta Básica de ciudadanía es, fundamentalmente, cuestionar esta  lógica del capitalismo salvaje y buscar otro modo de organización social en el que las nuevas formas de esclavitud sean extirpadas de raíz con la instauración de un derecho incondicional a un ingreso monetario que “puede conducir a la restauración de un derecho al trabajo libremente consentido, respetuoso de todos y de cada uno” y, por tanto, que la democracia sea realmente democrática para todos y todas.
Notas:
[1] Estado de Crisis. Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni. Página 96. Paidós 2016.
[2] El nuevo lujo. Experiencias, arrogancia, autenticidad. Yves Michaud. Taurus 2015.

fue secretario general de la Federación de Comercio, Hostelería y Turismo de CCOO de Balears y miembro de la Comisión Ejecutiva de la CS de CCOO de les Illes Balears. Actualmente trabaja como coordinador de programas de la Fundación Gadeso

dissabte, 6 de febrer del 2016

El precariado se cronifica

Article publicat a Alternativas económicas
Por (Director)
28 Enero, 2016
Había pensado otro título para este artículo: “El precariado de nuestros hijos y nuestros nietos se cronifica”, pero este fenómeno se está generalizando tanto que ya no distingue ni de géneros, ni de edades, ni de territorios.
La banca ha sido, sin duda, la principal causante de las crisis financiera y económica que condujeron a la Gran Recesión. Pero ha sido la actuación de los gobiernos la que ha provocado el empobrecimiento de una parte creciente de la población en los países golpeados por la crisis. En España, el Gobierno de Mariano Rajoy es el responsable del abandono de los  desempleados, recortando drásticamente los subsidios, y de la cronificación del precariado en el que malviven el 30% de los ciudadanos.
El economista británico Guy Standing ha acuñado el concepto de precariado para referirse a los nuevos trabajadores con empleos inestables, de calidad inferior a la de  su educación, salarios ínfimos, sin derechos sociales, ni pensiones, ni vacaciones pagadas. España es un triste ejemplo de esta realidad. En los últimos  años se han generalizado los salarios de 300 o 400 euros por media jornada teórica, pero que en la práctica es completa, en muchos casos. Muchos trabajadores viven angustiados por el temor a incurrir en el más mínimo error profesional y perder el puesto.
El cambio más sustancial que está sufriendo este país desde que estalló la crisis en 2008 es el destrozo de las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de los trabajadores, especialmente los jóvenes. Solamente en Grecia se ha producido un deterioro de los derechos sociales más intenso.
La recuperación del crecimiento económico, la mejora de las exportaciones y los éxitos cosechados con el turismo no han logrado detener el empobrecimiento de una parte creciente de la sociedad. El deterioro social ha continuado en 2015. Es posible que el desempleo se reduzca algunos puntos más en los próximos años, pero lo que va ser muy difícil es recuperar los derechos perdidos. La fractura social se está ampliando y consolidando. Esta es la auténtica herencia que deja Rajoy, quien, a pesar de ello, quiere seguir gobernando.
Si no hay un cambio radical de políticas que vayan dirigidas expresamente a rescatar al tercio de la población más empobrecida, esta sociedad va hacia la ruptura. Nunca había sido más urgente un nuevo Gobierno con nuevas políticas dirigidas expresamente a los más desfavorecidos.
Contrasta la actitud más inteligente de la patronal vasca, dispuesta a aceptar una derogación parcial de la reforma laboral, frente a la CEOE y los representantes del IBEX, a quienes les parece insuficiente el ajuste.
 La categoría de trabajador pobre, el que recibe un salario tan bajo que no le saca de la pobreza, no ha cesado de crecer. Entre 2006 y 2014, los trabajadores pobres en España han pasado de representar el 10,1% en 2006 al 12,5% en 2014, tres puntos más que la media de la zona euro, según Eurostat.
Este angustioso panorama que los ciudadanos pueden percibir directamente en sus relaciones familiares y sociales ha sido ratificado por varios estudios que han aparecido a principios de año. Social Justice in the EU, dirigido por Daniel Schraad-Tischler, que cuenta con el soporte de reconocidas fundaciones (Bertelsmann, DGI y SIM Europe), destaca en su última edición de 2015 el empeoramiento progresivo en justicia social desde 2008. En justicia social, España ocupa el lugar 23.º de Europa, nueve puestos por debajo del que tenía en 2008. Sólo en Grecia ha habido un deterioro mayor. El estudio señala las difíciles condiciones del mercado laboral, que a pesar de la reciente reducción del desempleo, refleja que el 91% de los trabajadores temporales están en esta situación de manera involuntaria.
Urge un nuevo Gobierno que rescate al 30% más empobrecido
Uno de los aspectos más relevantes de este estudio es el ensanchamiento de la fractura generacional que se está produciendo en España. Así, el riesgo de pobreza o exclusión social de los mayores de sesenta y cinco años ha pasado de representar el 27,8% en 2008, al 12,9% en 2014, mientras que en el mismo período la proporción de niños y jóvenes que malviven con estas limitaciones han aumentado del 28,6% al 35,8%.
El deterioro de las condiciones de vida de niños y jóvenes es tan desmedido, que ya han aparecido voces que presentan a los pensionistas como privilegiados y se les piden más sacrificios para repartir los recursos a favor de colectivos más necesitados. Estas malintencionadas sugerencias están en frontal contradicción con la realidad social de este país. La solución de estos problemas no radica en una redistribución de los recursos entre los pobres, sino entre  éstos y los que más tienen.
Oxfam Intermón ha publicado un estudio que refleja precisamente que el aumento de la desigualdad se ha acelerado al concentrarse cada vez más la riqueza en menos manos. Según esta organización, la riqueza de las  20 personas más ricas  de España es equivalente a la del 30% de la población más pobre. Y la diferencia siguió aumentando en 2015, en que los 20 españoles más ricos aumentaron su patrimonio en un 15%, mientras que el 99% restante vio reducida su riqueza en otro 15%.
La situación social explosiva  en que  viven muchos barrios de este país requiere una reforma fiscal urgente que permita financiar una renta básica lo antes posible.

a

El precariado se cronifica

Article publicat a Alternativas económicas
Por (Director)
28 Enero, 2016
Había pensado otro título para este artículo: “El precariado de nuestros hijos y nuestros nietos se cronifica”, pero este fenómeno se está generalizando tanto que ya no distingue ni de géneros, ni de edades, ni de territorios.
La banca ha sido, sin duda, la principal causante de las crisis financiera y económica que condujeron a la Gran Recesión. Pero ha sido la actuación de los gobiernos la que ha provocado el empobrecimiento de una parte creciente de la población en los países golpeados por la crisis. En España, el Gobierno de Mariano Rajoy es el responsable del abandono de los  desempleados, recortando drásticamente los subsidios, y de la cronificación del precariado en el que malviven el 30% de los ciudadanos.
El economista británico Guy Standing ha acuñado el concepto de precariado para referirse a los nuevos trabajadores con empleos inestables, de calidad inferior a la de  su educación, salarios ínfimos, sin derechos sociales, ni pensiones, ni vacaciones pagadas. España es un triste ejemplo de esta realidad. En los últimos  años se han generalizado los salarios de 300 o 400 euros por media jornada teórica, pero que en la práctica es completa, en muchos casos. Muchos trabajadores viven angustiados por el temor a incurrir en el más mínimo error profesional y perder el puesto.
El cambio más sustancial que está sufriendo este país desde que estalló la crisis en 2008 es el destrozo de las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de los trabajadores, especialmente los jóvenes. Solamente en Grecia se ha producido un deterioro de los derechos sociales más intenso.
La recuperación del crecimiento económico, la mejora de las exportaciones y los éxitos cosechados con el turismo no han logrado detener el empobrecimiento de una parte creciente de la sociedad. El deterioro social ha continuado en 2015. Es posible que el desempleo se reduzca algunos puntos más en los próximos años, pero lo que va ser muy difícil es recuperar los derechos perdidos. La fractura social se está ampliando y consolidando. Esta es la auténtica herencia que deja Rajoy, quien, a pesar de ello, quiere seguir gobernando.
Si no hay un cambio radical de políticas que vayan dirigidas expresamente a rescatar al tercio de la población más empobrecida, esta sociedad va hacia la ruptura. Nunca había sido más urgente un nuevo Gobierno con nuevas políticas dirigidas expresamente a los más desfavorecidos.
Contrasta la actitud más inteligente de la patronal vasca, dispuesta a aceptar una derogación parcial de la reforma laboral, frente a la CEOE y los representantes del IBEX, a quienes les parece insuficiente el ajuste.
 La categoría de trabajador pobre, el que recibe un salario tan bajo que no le saca de la pobreza, no ha cesado de crecer. Entre 2006 y 2014, los trabajadores pobres en España han pasado de representar el 10,1% en 2006 al 12,5% en 2014, tres puntos más que la media de la zona euro, según Eurostat.
Este angustioso panorama que los ciudadanos pueden percibir directamente en sus relaciones familiares y sociales ha sido ratificado por varios estudios que han aparecido a principios de año. Social Justice in the EU, dirigido por Daniel Schraad-Tischler, que cuenta con el soporte de reconocidas fundaciones (Bertelsmann, DGI y SIM Europe), destaca en su última edición de 2015 el empeoramiento progresivo en justicia social desde 2008. En justicia social, España ocupa el lugar 23.º de Europa, nueve puestos por debajo del que tenía en 2008. Sólo en Grecia ha habido un deterioro mayor. El estudio señala las difíciles condiciones del mercado laboral, que a pesar de la reciente reducción del desempleo, refleja que el 91% de los trabajadores temporales están en esta situación de manera involuntaria.
Urge un nuevo Gobierno que rescate al 30% más empobrecido
Uno de los aspectos más relevantes de este estudio es el ensanchamiento de la fractura generacional que se está produciendo en España. Así, el riesgo de pobreza o exclusión social de los mayores de sesenta y cinco años ha pasado de representar el 27,8% en 2008, al 12,9% en 2014, mientras que en el mismo período la proporción de niños y jóvenes que malviven con estas limitaciones han aumentado del 28,6% al 35,8%.
El deterioro de las condiciones de vida de niños y jóvenes es tan desmedido, que ya han aparecido voces que presentan a los pensionistas como privilegiados y se les piden más sacrificios para repartir los recursos a favor de colectivos más necesitados. Estas malintencionadas sugerencias están en frontal contradicción con la realidad social de este país. La solución de estos problemas no radica en una redistribución de los recursos entre los pobres, sino entre  éstos y los que más tienen.
Oxfam Intermón ha publicado un estudio que refleja precisamente que el aumento de la desigualdad se ha acelerado al concentrarse cada vez más la riqueza en menos manos. Según esta organización, la riqueza de las  20 personas más ricas  de España es equivalente a la del 30% de la población más pobre. Y la diferencia siguió aumentando en 2015, en que los 20 españoles más ricos aumentaron su patrimonio en un 15%, mientras que el 99% restante vio reducida su riqueza en otro 15%.
La situación social explosiva  en que  viven muchos barrios de este país requiere una reforma fiscal urgente que permita financiar una renta básica lo antes posible.

a

dimecres, 11 de novembre del 2015

Guy Standing “Cal canviar de rumb o el precariat explotarà”


Resultado de imagen de Guy Standing

Article publicat a La vanguardia
PIERGIORGIO M. SANDRI
Barcelona

Guy Standing és el creador del concepte de precariat, entès com a classe social. Un neologisme que ha adquirit una dramàtica actualitat. Aquest professor de la Universitat de Londres que ha treballat més detrenta anys per a l’OIT (i que ara viu en una masia d’un antic molí a la Toscana) al seu últim llibre, Precariado: una carta de derechos(Capitán Swing Ed.), alerta que les files del precariat estan creixent. Defensa la introducció d’una renda bàsica per reduir desigualtats. Va estar ahir a Barcelona amb motiu de l’acte de clausura del curs de drets socials de l’Observatori Desc al CCCB.

Precari és algú que no té una feina estable? 

Els que pertanyen al precariat es resignen a una vida amb feina inestable, però hi ha alguna cosa més: són els que no tenen una ocupació que els defineix com a identitat, una narrativa pròpia de la seva feina. Es veuen obligats a fer múltiples cursos de formació, a buscar constantment ofertes, al networking, a fer cues interminables i a omplir formularis per saltar d’una ocupació a una altra, que és temporal. I això crema molta energia. És la primera classe de la història amb un nivell educatiu superior a les tasques que executa. I només depenen del seu salari per sobreviure: no tenen propietats, ni fons de pensions, ni pòlisses de salut, ni bonificació. Uns sous que, a més, baixen. El precariat viu sempre al límit del deute suportable. Hi ha precaris joves i no tan joves. He rebut milers de correus de gent adulta que em diu: “Jo ara també formo part del precariat”.

Però aquí es parla de recuperació econòmica.

No hi ha regeneració de la demanda agregada per estimular consum i inversió, perquè hi ha
una suma de deute enorme. Les empreses espanyoles aconsegueixen diners de les exportacions i les finances i els grans bancs poden acudir als mercats. És una bombolla financera insostenible, no una recuperació real.

Però Portugal i Irlanda també estan creixent després de posar en pràctica mesures d’austeritat. 

A Irlanda els nivells de vida dels irlandesos estan persota dels que tenien abans delacrisi. Pel que fa a Portugal, centenars de milers de ciutadans han hagut d’emigrar per treballar. El país sobreviu gràcies a les inversions de la seva excolònia. I el partit de l’austeritat, en les últimes eleccions, ha perdut. Vostè d’això en diu èxit? Grècia és un desastre. I Espanya?
Continueu amb una taxa d’atur de més del 20% i un dèficit pressupostari que no complireu.

ELS NOUS PRECARIS “La feina que troben és inestable, només compten amb el seu salari i estan endeutats”

Per què als salaris a Espanya els costa de remuntar?

En els últims vint anys la demanda d’ocupació s’ha quadruplicat al món. Tenim 2.000 milions de persones queaspirenauna feina. I les empreses van on poden pagar sous més baixos. La distribució de la renda del segle XX s’ha acabat. Es creia que quan hi ha via creixement econòmic la part de riquesa que es destinava a remunerar el capital i la que corresponia al treball era estable.
Durant trenta o quaranta anys va ser així; ara ja no. El capital acumula cada vegada més ingressos a costa del treball. Això passa a tots els països. Cal estudiar formes alternatives de redistribució de la riquesa. Si no es canvia de rumb, el precariat continuarà augmentant i això és un còctel socialment explosiu. En condicions similars als anys trenta va aparèixer l’extrema dreta.

LA RENDA BÀSICA  com a dret de la ciutadania és la millor opció per lluitar contra les  desigualtats socials.

I d’on es treuen els diners per pagar­la?

 Hi ha algunes vies. Per exemple, dels fons sobirans.Es destina una part dels guanys de les seves inversions per pagar­ne una part a la ciutadania. També es poden aconseguir recursos de l’eliminació de les subvencions a les empreses i de les exempcions fiscals atorgades a les grans corporacions.

Però la renda bàsica també és, en cert sentit, una subvenció.

No, és un dret. Qualsevol riquesa és el fruit, en certa manera, de la feina de les generacions anteriors. En lloc d’heretar fortunes, una cosa que passa entre rics, seria més just que els ciutadans rebessin un tipus de dividend social, com a remuneració de les inversions passades. L’única condició moral, no legal, que inclouria per acceptar la renda bàsica seria la d’anar a votar i de participar en la vida política o acudir a una assemblea pública una vegada a l’any. Perquè ser ciutadà implica drets, però també deures.

Els detractors afirmen que amb una renda garantida les persones es tornen més ocioses.

 Això no està demostrat. Es va fer un experiment pilot a l’Índia. Es van donar uns ingressos modestos als habitants d’un llogarret durant 18 mesos. Les dades van demostrar que la productivitat havia augmentat en aquesta comunitat més que en les altres i més queen el passat. D’altra banda, les enquestes demostren que la gent, pel simple fet de rebre una renda bàsica, no deixa peraixò de treballar. Només el 2% deixaria la feina. I el més probable és queaquests siguin els treballadors menys productius i que fan les tasques més ingrates.

‘QUANTITATIVE EASING’ “Europaha inundat deliquiditat els bancs peròha ignorat els ciutadans”

Europa, no obstant això, ha optat per un altre camí: augmentar la liquiditat amb quantitative easing. 

Mario Draghi va anunciar que concediria a la banca europea ll’equivalent de 1.000 bilions d’euros. Aquesta és una renda bàsica, per als banquers! Aquests diners es dediquen a inversions per fer pujar el preu de les accions. Això no fa altra cosa que augmentar les desigualtats. A més, els inversors inverteixen on hi ha rendibilitat. Si es troba a l’Àsia, portaran el capital allà. És a dir, fora d’Europa. Per això la recuperació econòmica no s’està notant al carrer. Imagini, en canvi, quees triessin lesvint regions més pobres d’Europa i se’ls donés una renda bàsica. Diguem una part petita, uns 20.000 milions. Què passaria?A més dels beneficis ja esmentats, es frenaria la immigració, perquè els roma­
nesos o els búlgarses quedarien a casaseva.Aixíestallarien les ales als partits d’extrema dreta.

SINDICATS “Les centrals sindicals avui no representen el precariat”

Tot i això, no hi ha ni un sindicat que doni suport a la renda bàsica que vostè proposa.

Els sindicats ara representen els antics empleats que tenen feina estable. Defensen l’statu quo i no els nous treballadors. Per això són els més vehements opositors de la renda bàsica, encara que sigui una mesura progressista. Ho veuen com una cosa hostil. Un dirigent una vegada m’ho va explicar: “És que si hi hagués una renda bàsica, perdríem el control. Ningú no s’afiliaria a un sindicat”. Ho trobo una mica immoral. I és un error, perquè la gent, si tingués uns ingressos estables, tindria menys por de participar en la societat i d’integrar­s’hi, fins i tot en un sindicat.

El model de la flexsecurity escandinava s’ha posat de moda. No el convenç?

Sempre m’he oposat a aquest sistema. Perquè la seguretat la necessiten tots. En aquests països, tenim flexibilitat laboral, però la seguretat només es concedeix si el treballador demostra que no té recursos i que això no és per culpa seva. El resultat és que el país a Europa on més han crescut les desigualtats en temps recents és Suècia. El seu model està mort. I Dinamarca és el país amb més deute de les llars en percentatge del seu PIB.

Podem recull les aspiracions del precariat a Espanya?

Quan va començar semblava un moviment que reflectia l’esperit dels indignats. Ara tendeix a acostar­se a la classe mitjana. Crec que és un error i això explica per què està caient en les
enquestes.