dilluns, 13 de juny del 2016

Preparando la movilidad para el Oil-Crash


Estrategias de resistencia ante la escasez de petróleo. 

1. Introducción 
 La humanidad tuvo hasta aproximadamente 1830 un crecimiento económico orgánico, es decir entre 0,1 y 0,5% anual del PIB. A partir de 1800 empieza la revolución industrial que supone un cambio radical en los procesos productivos y, por consiguiente, también en la forma de organizar el trabajo; pero desde el punto de vista de inputs en la economía, lo más destacable en aquel tiempo es quizás que la humanidad empieza a usar combustibles fósiles con la quema del carbón. Se inyecta más y más energía en la economía, substituyendo la energéticamente ineficiente mano de obra humana y la tracción animal por las poderosas máquinas de vapor y motores, alimentados, primero con carbón mineral, después con petróleo, gas, y electricidad, producida con bastante frecuencia a partir de 1950 en algunos países desarrollados a partir de la energía nuclear. Los estudios muestran una absoluta corrección, del 100%, entre el crecimiento del PIB mundial y el aumento en la energía que el sistema económico necesita. El análisis de la historia enseña que para seguir creciendo económicamente hay que inyectar más energía en el sistema y como la humanidad ha entrado en la época del peak-oil, o cenit en la producción, en los pozos de petróleo convencionales existe una gran dificultad objetiva para mantener el modelo basado en el binomio crecimiento económico / aumento en el consumo de energía. En los últimos años lo que ha hecho la humanidad para seguir creciendo ha sido compensar la escasez de petróleo convencional con extracciones a través del sistema del fracking y con aportaciones suplementarias de carbón, un recurso fósil mucho más abundante. Pero existe una crisis de modelo que se ve claramente al comprobar que los países desarrollados no crecen globalmente desde 2008 y, los que están en vías de desarrollo, crecen la mitad, y a veces menos, de lo que lo hacían antes de la crisis. El sistema de extracción del fracking y de los sistemas extractivos no convencionales funcionó mientras hubo precios altos de la energía, pero ahora se han arruinado por la caída de los precios del petróleo en 2015. Sus técnicas extractivas sólo son rentables cuando el petróleo se paga a 80 USD$/barril. Una de las características de los precios de las materias primas cuando estas llegan al cenit de su producción, como sucede con el petróleo convencional “procedente de pozos”, es que presentan altos y bajos en forma de dientes de sierra, con fuertes alzas y fuertes bajas en poco tiempo. En ese contexto de gran inestabilidad no se puede garantizar una determinada producción a un precio fijo con una nueva tecnología como la del fracking. Desde las fuertes alzas del precio del petróleo en 2008 (148 USD$/barril) ha habido cambios muy importantes en el consumo mundial de energía. A modo de resumen, en los países emergentes se ha producido un cambio muy importante en sus fuentes energéticas, pasando del petróleo al gas y, sobre todo, al carbón, y esto ha sido posible porque estos países tienen un bajo consumo de energía en su movilidad, el sector que concentra el consumo de petróleo, cosa que no sucede en los países desarrollados. Es muy importante destacar que, en relación con el resto de combustibles fósiles, el petróleo tiene la gran ventaja de ser líquido a temperatura ambiente, lo cual supone una gran facilidad para su uso en los motores de explosión. Hay que pensar que el 70% del consumo mundial de petróleo se gasta en el transporte, es decir, en motores térmicos de explosión.
El petróleo constituye la base de nuestra energía, aunque no es el único combustible. También disponemos de carbón, gas natural, energía eléctrica de origen nuclear y renovable, además de biomasa. Hay quien piensa que la energía eléctrica de origen renovable podrá sustituir el consumo de las energía fósiles pero hay que ser realistas y aceptar que nada podrá sustituir con eficacia las extraordinarias propiedades del petróleo: altísima densidad energética, líquido almacenable a temperatura ambiente y, hasta ahora, relativamente fácil de extraer. Por otra parte, hay que tener bien presente que, por desgracia, la energía eléctrica hoy sólo supone el 18% del consumo de energía final en el mundo. Y de ésta, sólo un 4% es renovable. El otro 96% no lo es, lo cual no quiere decir que el resto de fracciones no puedan tener un origen renovable, porque la biomasa lo es, pero no es eléctrica renovable. Pero sobre el total de energía primaria, la energía eléctrica renovable supone menos del 1% de la producción mundial. Con un esfuerzo titánico, como máximo, aunque es difícil, puede suponerse que podríamos llegar a cubrir el 30% de la demanda mundial eléctrica con electricidad renovable. Pero la verdad es que nadie sabe cómo podríamos multiplicar por 30 las actuales instalaciones de producción de eólica, fotovoltaica, geotérmica y, eventualmente la marina, si supiéramos como superar todos los obstáculos que existen cuando se produce energía eléctrica en mitad del mar. Pasar del 1% al 30% se antoja como poco realista, al menos en el corto plazo, aunque desde luego lograrlo constituiría una proeza. El 30%, y si se puede, llegar hasta el 100%. Algunos países han incorporado esta idea a su estrategia energética nacional. Por otra parte, ideas como la energía de fusión están tan lejos que igual nunca no llegan. La planificación del ITER (un proyecto internacional para diseñar y construir un reactor experimental basado en el concepto de confinamiento magnético del plasma a través de un "tokamak"), prevé abrir el primer reactor comercial de fusión más allá del 2070. Realmente es muy difícil reproducir en una sala lo que sucede dentro del sol, conseguir hacerlo de forma controlada y además con producción de una energía neta que luego se pueda aprovechar. Pero volviendo a lo que se puede hacer en las dos próximas décadas. ¿Se puede hacer este extraordinario esfuerzo en las renovables eléctricas? Mucha gente tienes dudas, también dudas tecnológicas. Aún así, quedaría pendiente pensar qué hacer con el 70% restante de la energía eléctrica no renovable, pensando en que toda la energía eléctrica sólo representa el 18% del consumo de energía en el mundo. En el campo del optimismo hay que destacar una fundamental contribución a la idea de una Europa con el 100% de su energía, o la mayor parte de ella, suministrada a partir de fuentes renovables de origen eléctrico. Ramon Sans, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, lo estudia con precisión y brillantez en su libro "El colapso es evitable" (1).

2. El riesgo de un Oil-Crash para cada sector 
En el informe Europe facing Peak-Oil (2) se analiza, para cada sector estratégico de la sociedad: la economía, los alimentos, la salud, el sector residencial, la industria petroquímica, el transporte (en sus múltiples variedades) y las comunicaciones, cuál es su grado de vulnerabilidad y riesgo antes un súbito encarecimiento del petróleo, que en el estudio se ha cifrado hasta un nivel de 200 USD$/barril (un barril representa 158 litros). Las conclusiones para Europa son extrapolables en la mayoría de casos para otros países. 

3. Desacoplamiento entre crecimiento económico y energía
 Desde la crisis de 2008 en los países desarrollados se ha observado una reducción del consumo energético mayor que la experimentada por sus economías. Esto la llevado a pensar a que es posible un cierto desacoplamiento entre crecimiento económico y aumento en el consumo de energía. La verdad es que para llegar a conclusiones claras debería hacerse un análisis sobre multitud de actividades económicas existente, y cada una de ellas con una gran diversidad de consumos energéticos. Por ejemplo, es evidente que el sector del transporte tiene una voraz apetencia energética. Como ya se mencionó en España representa el 40% del consumo energético del país, pero su contribución al PIB es sólo del 7%. Este dato constituye un buen indicador de su fuerte intensidad energética. Igualmente es también claro que hay sectores como la enseñanza, o los servicios sociales o la sanidad, con un consumo energético mucho menor. Si se lograse trasladar unidades de PIB desde los sectores con alto consumo energético (transporte, construcción, siderurgia y metalurgia) hacia sectores de bajo consumo energético, como los antes mencionados, es posible que las economías pudiesen iniciar el desacoplamiento de esta dependencia histórica entre economía y energía. Pero aún es pronto para saber si este proceso será posible. Habrá que esperar unos años, pero lo que es claro es que los países desarrollados han basado su desarrollo en sectores con alta intensidad energética por unidad de PIB por lo que resulta bastante complicado saber cómo podrá hacerse.

4. Preparar la movilidad para el Crash-Oil 
El incremento de precios del petróleo y de los combustibles fósiles, o su escasez, afectarán de una forma muy severa el actual esquema de movilidad basado en la motorización individual. El sector del transporte, en el que países como España gastan el 40% de la energía neta primaria total, de la que el 95% es petróleo, de ningún modo podrá encajar el golpe de una escasez. Será un descalabro. A continuación se dan algunos criterios básicos de cómo organizar desde la esfera pública la movilidad basada en una época de escasez de combustible. Criterios, por orden de importancia 
1. Promover sobre todo la movilidad que no cueste dinero, es decir, los desplazamientos en bicicleta, a pie y en coche compartido.
2. Promover el uso del transporte público empezando por los que no consumen petróleo, es decir, por los eléctricos, sobre todo ferrocarriles y, cuando se solucionen las incertidumbres de los vehículos eléctricos por el problema de sus enormes y costosas baterías, confiar también a autobuses eléctricos y variantes, como los trolebuses.
3. Cambio en la prioridad en las inversiones a favor de la ecomovilidad 

4.1. Movilidad sin coste 
Cuando hablamos de promover lo que no cueste dinero, hablamos de: 

a) La bicicleta
 Hay que poner el énfasis en la cuestión de la seguridad, tanto en cuanto a los robos de bicicletas como a la seguridad cuando circulan. Hay que tejer una gran red de carriles bicicleta en pueblos y ciudades, pero únicamente en las calles de la red básica que son en las que la circulación de los automóviles tiene prioridad; en el resto de vías no es necesario el carril bicicleta sino que se deben desarrollar políticas de espacios compartidos. También hay que promover buenas prácticas del tipo "ir en bicicleta al colegio, a comprar, etc.". Los países centroeuropeos ya están usando la bicicleta en el 20% de desplazamientos urbanos. Este dato indica claramente que la bicicleta, cuando se promueve con firmeza, tiene un recorrido enorme: su uso que es gratuito y resulta saludable; esos dos sus grandes puntos fuertes. 

b) Los desplazamientos a pie 
En las ciudades compactas, prácticamente en todas las europeas y en muchas de otros continentes, el trayecto a pie es hoy el primer modo de transporte. El gobierno de la ciudad debe promover creando 50, 100,…. 1.000 rutas a pie, perfectamente identificadas, que recorran toda la geografía urbana municipal y logrando que el desplazamiento a pie sea agradable, confortable y seguro. Como en el caso de la bicicleta, el desplazamiento a pie se gratuito, saludable y mejora la convivencia urbana.

c) Coche compartido 
Hoy en día hay un gran número de programas informáticos que permiten compartir el trayecto en coche al trabajo, al lugar de estudio, o efectuar un desplazamiento a la ciudad desde una zona mal comunicada en transporte público, y hacerlo de una forma confiable. Los gobiernos nacionales y regionales deben ofrecer estos sistemas a los ayuntamientos que tienen menos recursos y crear una red nacional con diferentes capas “de confianza” superpuestas, a partir de un portal público que acoja multitud de portales privados, como un servicio público de coche compartido, de la misma manera que lo es la información sobre el transporte público. Además, desde la esfera pública deben promoverse los sistemas de car-sharing que permiten a la gente de las ciudades desprenderse del automóvil y usarlo únicamente cuando es necesario. Deben ofrecerse además incentivos: desgravaciones fiscales e incentivos directos, previa certificación del viaje en los modos compartidos y redactar planes movilidad en los centros de trabajo que los favorezcan. Sin incentivos el cambio al coche compartido es difícil a partir del mero hecho del encarecimiento o escasez de combustibles. Hoy las tecnologías de información y comunicación, TIC, permiten convertir la red de vehículos privados en una red paralela de transporte compartido y esta gran oportunidad se debe poder aprovechar.  

d) Apoyo al desarrollo de la ecomovilidad 
 Desde los gobiernos regionales y nacionales se debe ofrecer a cada municipio un paquete gratuito de apoyo a la promoción de la ecomovilidad centrado en el suministro de información, aprovechando las nuevas TIC, para promover la movilidad sin coste o la de muy bajo coste. Hay que pensar que fuera de las grandes ciudades mucha gente ni siquiera conoce cómo funciona la red de transporte público y a través de estas herramientas se llega a conocer. Además deben promoverse cursos de formación ciudadana "Consejos para resistir el Crash-Oil" y otras conferencias divulgativas  

4.2. Promover el uso del transporte público empezando por lo que es más económico 

Medidas de bajo coste 
Muchas ciudades tienen excelentes redes de transporte público, en algún caso con ciertos niveles de saturación en la hora punta, pero en otros hay una importante capacidad residual, sobre todo en las redes ferroviarias que pueden aumentar su oferta simplemente mejorando los niveles de señalización (el que ofrece mayor capacidad es el sistema ERTMS) y comprando más trenes o a través de composiciones dobles. No siempre hay que pensar en costosas nuevas infraestructuras o ampliaciones de ellas. Por otra parte, la hora punta es cada vez menos pronunciada por lo que el transporte público puede hacer frente a incrementos de pasaje de hasta el 50% en los próximos años sin problemas insolubles, más allá de una baja confortabilidad relativa a las horas punta en determinados trayectos interurbanos de corto tiempo. Ahí está el objetivo de la Unión Europea de doblar en 2025 el número de pasajeros en las redes de transporte público de las ciudades del viejo continente. Por otra parte, como antes se ha indicado, todo el transporte público ferroviario puede funcionar con energía 100% renovable. Ya lo hacen muchas compañías ferroviarias en Europa comprando energía eléctrica de origen exclusivamente renovable. En el contexto de los objetivos de estabilización del clima que se alcanzaron en París en la cumbre del COP 21, estos objetivos son más sencillos de substanciar. El mensaje de que el transporte público funciona con cero emisiones que resulta de una gran potencia comunicativa para los objetivos climáticos. Generalizar las flotas de autobuses híbridos en sistemas urbanos, ya que gastan hasta un 35% menos de gasóleo, unos 20.000 litros por año y bus. Y también preparar un modelo de refuerzo del transporte público para una eventual situación de emergencia. Hay que anticiparse a los problemas y diseñar un esquema de refuerzo que sea viable desde el primer día.

Cambio en el modelo tarifario 
El cambio del sistema tarifario es clave para que la red de transporte público, que normalmente se compone de diversos operadores, funcione como una sola red, condición sine qua non para que tenga éxito. En muchas ciudades de Europa y de Asia, los sistemas tarifarios de transporte público totalmente integrados son comunes, pero no sucede lo mismo en muchas ciudades de América. Llegados a este punto debe recordarse que los países con tasas muy altas de uso del transporte público son los que tienen potentes sistemas de abonos de transporte. Una buena alternativa desde los gobiernos municipales es ofrecer a cada familia la suscripción de uno de estos abonos de transporte junto con suscripciones a sistemas de car-sharing y de bicicletas públicas como alternativa complementaria.  

Nuevos servicios bus-taxi 
Los sistemas Uber o similares han llegado para quedarse. En la mayoría de ciudades han encontrado dificultades administrativas en su implantación, pero la idea de compartir se va extendiendo de una forma imparable. En un futuro más cercano de lo que algunos puedan imaginarse habrá vehículos circulando de forma automática, sin conductor, lo cual permitirá generalizar el uso del vehículo de carácter social. En un futuro probable únicamente este tipo de “vehículos sociales” estarán autorizados a circular por la ciudad, creando así un nuevo servicio intermedio entre el bus y el taxi a la demanda en zonas de baja densidad, en zonas donde el transporte público no es eficiente o durante la noche.

Gestión de peajes 
Cada vez más se implantan sistemas de peajes urbanos, bien con pago directo para acceder al centro de la ciudad, bien con sistemas indirectos a través de los cuales únicamente pueden   acceder a una zona un determinado tipo de vehículo, normalmente los ecológicos o los de carga, o bien según el número de matrícula, denominados en América sistemas de pico y placa. En el futuro, muchas zonas de la ciudad tendrán diferentes tipos de “peajes” de los que únicamente estarán exentos los vehículos con vocación social. 

Pensar en ferrocarriles baratos Una de las decisiones que más han encarecido la construcción de ferrocarriles es la decisión de soterrarlos. Normalmente, esta decisión multiplica por diez su coste de construcción. El auge del tranvía en Europa, continente en el que desde 1984 hasta setenta ciudades han recuperado su uso, muestra la conveniencia de pensar detenidamente en este tipo de vehículos ferroviarios de alta capacidad (hasta 10.000 pasajeros por hora y sentido con vehículos en doble composición transportando viajeros de una forma muy confortable). El ferrocarril puede funcionar con energía 100% renovable y capta entre un 50% y un 100% más de pasaje que el autobús (3), con lo que las inversiones se amortizan en 10/15 años. Además, suponen un gasto energético por pasajero 10 veces más baja que el bus y por ello constituyen un excelente sistema de defensa ante la crisis energética.

Mejorar las redes de autobuses 
El éxito de los sistemas Bus Rapid Transit, BRT, en América y en otros continentes, se debe sobre todo a la revolución que su operación ha supuesto en comparación con situaciones anteriores de completa desregulación del transporte público en algunos países. Muchos de estos sistemas de BRT han tenido desarrollos y crecimientos extraordinarios, y bastantes de ellos deberían evolucionar hacia soluciones ferroviarias soterradas o en superficie, ya que las condiciones de transporte empeoran notablemente cuando se dan situaciones de masificación. Pero aún con estos inconvenientes reconocidos por las autoridades, los BRT han abierto la puerta a la entrada de buenas soluciones de transporte masivo en muchas ciudades, por lo que son sistemas a promover y desarrollar. 

Pau Noy Marzo de 2016

Referencias
 (1) "El colapso es evitable”, Ramon Sans, editorial Octaedro,
 http://octaedro.com/OCTart.asp?libro=06039&id=es&txt=El%20colapso%20es%20evitable
 (2) Europe facing Peak-Oil, Grupo de los Verdes en el Parlamento Europeo
 http://www.greens-efa.eu/fileadmin/dam/Documents/Publications/PIC%20petrolier_EN_lowres.pdf
 (3) Captación de viajeros en Francia y Alemania con datos que se encuentran en 
http://transportpublic.org/images/pdf/20160318-tramvia.pdf  

dissabte, 11 de juny del 2016

La renta básica universal no crea vagos

Article publicat a Público 

Juan Carlos Escudier  08 jun 2016

Suiza, cuya mayor contribución a la humanidad sea, posiblemente, haber perfeccionado el reloj de cuco y la navaja multiusos, se ha hecho aquí muy popular por sus cuentas numeradas, que son el orgullo de nuestra delincuencia de cuello blanco. Estos días, sin embargo, los suizos han vuelto a ocuparnos por su rechazo en referéndum a que el Estado proporcione una renta básica mensual de 2.250 euros a cada ciudadano por el mero hecho de serlo. Nuestro liberales de cabecera se han apresurado a alabar la sabiduría helvética y sus raíces calvinistas que, según entienden, han hecho que triunfe el trabajo frente a la molicie.
De la renta básica incondicionada hemos tenido pocos profetas. La propuso Podemos en algún momento y tardó poco en meterla en un cajón y sustituirla por una renta mínima de 600 euros para hogares sin ingresos cuando empezó a darse cuenta de que el partido terminaría haciéndose socialdemócrata, pero a la española. Se trata, sin embargo, de la culminación lógica del Estado del Bienestar, y así se ha entendido en el norte de Europa, donde ya se ha pasado la etapa del debate y se camina hacia su implantación.
Si aceptamos que el ser humano al nacer tiene derecho a tener cubiertas sus necesidades más básicas, la única pregunta que cabe hacerse es si el modelo es financiable y sostenible o, por el contrario, se trata de una idea peregrina que hay que rechazar de plano. Según se verá ahora, es perfectamente realizable tal y como demuestran los estudios económicos y las experiencias prácticas de las que ya se disponen.
Varios de los promotores de la Red Renta Básica (Daniel Raventós, Antoni Doménech, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, llevaron a cabo hace unos años una simulación para el conjunto de España con una muestra de casi dos millones de liquidaciones del IRPF de 2010. Los criterios fueron los siguientes: asegurar una renta incondicionada de 7.500 euros anuales a los mayores de 18 años (que es donde se sitúa el umbral de la pobreza en España) y de hasta un 30% de esta cantidad a los menores. Dicho importe estaría libre de impuestos y sustituiría a toda prestación pública inferior o se subsumiría en las superiores (los pensionistas que cobren 1.000 euros en la actualidad recibirían la misma cantidad, de la que 625 euros serían renta básica y 375 euros de pensión, y los que no llegaran a 625 euros verían complementado lo que reciben). Y todo ello asegurando que no se generase déficit y que se pudiera seguir financiando el gasto público actual, especialmente sanidad y educación.
Pues bien, con una reforma fiscal que eliminase el tratamiento favorable a las rentas del capital, que se integrarían en la base general, hiciera desaparecer todas las reducciones y deducciones actuales y aplicase un tipo único del 49%, la reforma no generaría déficit, haría ganar renta a más del 50% de la población y tendría un impacto distributivo muy progresivo. En resumen, sería perfectamente aplicable.
La propia Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), que no es sospechosa de rojerío, entre otras razones porque está vinculada al Banco de España, revelaba ayer mismo que en la actualidad el 20% de los hogares más pobres soporta una carga fiscal casi similar al del 10% más rico. Lo que viene a significar que el actual sistema impositivo no redistribuye la riqueza sino que consolida la desigualdad, y que sólo las prestaciones públicas directas son las que logran acortar hasta en un 33% la distancia entre hogares pobres y ricos.
La primera aplicación práctica de la renta básica de la que se tiene conocimiento tuvo lugar en un pequeño pueblo canadiense, Dauphin (Manitoba), dentro de una experiencia piloto que se prolongó cinco años, de 1974 a 1979. Cada residente recibió una renta mensual incondicionada que oscilaba entre los 100 dólares al mes para quienes ya trabajaban y los 5.800 dólares anuales para quines carecían de otros ingresos Los resultados se arrumbaron hasta que una socióloga, Evelyn Gorget, publicó en 2011 sus conclusiones. ¿Qué se conseguía eliminando la pobreza? De entrada, reducir los accidentes, la violencia doméstica y las hospitalizaciones psiquiátricas. Los beneficiarios no se entregaban a la pereza sino que siguieron trabajando, con un pequeño descenso de la ocupación en adolescentes que completaron sus estudios y madres con niños pequeños, que cumplieron así una inestimable función social.
La renta básica universal está ahora sobre la mesa en Finlandia, donde un gobierno de centro derecha se dispone a ensayar su aplicación en una muestra piloto antes de generalizarla a toda la población. Una experiencia similar se llevará a cabo en la ciudad holandesa de Utrech con tres grupos de control. Y existe desde hace años en Alaska, donde desde hace años se reparte entre la población un cheque petrolífero de alrededor de 2.000 euros anuales, que ha hecho de este estado el segundo de EEUU con menor desigualdad. En Namibia, tras comprobar cómo en una región del país la entrega de 100 dólares a cada residente menor de 60 años disminuyó la pobreza del 76% al 16%, aumentaron los negocios, se eliminó prácticamente el absentismo escolar y la delincuencia se redujo casi a la mitad, el Gobierno estudia su introducción en todo el país. Son sólo algunos ejemplos.
Si puede establecerse que la distribución de un ingreso mínimo a cada ciudadano es viable, se daría un paso de gigante contra la pobreza, justamente lo contrario de lo que ocurre ahora con las ayudas del Estado, ligadas a que los receptores sigan siendo pobres. ¿Por qué va a aceptar un trabajo precario de 600 euros, con los gastos de transporte y comida aparejados, quien recibe un subsidio de 400 que perdería de inmediato? ¿Cuál es el incentivo?
Los estudiosos de la renta universal han enumerado sus ventajas, que son muchas. En primer lugar, no disuade de trabajar sino justamente lo contrario. Al no estar condicionada por ningún requisito la percepción del ingreso, facilitaría la aceptación no sólo de trabajos estables sino de ocupaciones temporales u ocasionales, lo que aumentaría la ocupación y la recaudación fiscal. Al mismo tiempo, impediría los abusos laborales, ya que nadie se vería obligado a aceptar trabajos penosos por necesidad, y paralelamente elevaría los sueldos y contribuiría a aflorar en parte esa economía sumergida de quienes se ven obligados a compatibilizar ayudas oficiales y trabajos puntuales.
En segundo lugar, serviría para eliminar de un plumazo los costes administrativos de un sistema de ayudas que exige control, verificación e inspección de cada una de ellas. Eliminar la pobreza haría disminuir drásticamente además sus consecuencias asociadas, ya sean sanitarias –drogodependencia o alcoholismo- o sociales –desestructuración familiar, violencia y delincuencia-, que también tienen un coste elevadísimo.
Ahora que tanto se habla del emprendimiento, facilitaría el autoempleo, un camino vedado para quien no tiene recursos ni para pagar la calefacción en invierno y ha de ocuparse de conseguir de cualquier manera el dinero necesario para sobrevivir. Habría, en consecuencia, más actividad económica y más recursos para el Estado. ¿Qué existiría gente que se conformara con la renta básica y se dedicara a la vida contemplativa? Quizás en un porcentaje mínimo, aunque es algo que también ocurre ahora. Lo que sin duda facilitaría es la autonomía necesaria para elegir un camino en la vida, que no sea forzosamente el que imponen las circunstancias.
Los suizos, gente tan previsora que ante un eventual conflicto nuclear tienen montado un sistema de refugios antiatómicos para más del 110% de su población, no han visto claro lo de la renta universal, posiblemente porque la pobreza y la desigualdad no les atenaza. Sólo les preocupa la radicación. Igual les ocurre a nuestros nacionales que tienen en Suiza o en distintos paraísos fiscales el fruto de sus robos, y que en caso de ataque nuclear también se salvarían porque seguro que les pillaba en alguna sucursal del Credit Suisse en Berna. Para el resto, que lo del átomo nos pilla lejos por ahora y que respiramos los neumáticos ardientes de Seseña, es una opción que merece la pena ser estudiada.


dijous, 9 de juny del 2016

Oakland experimenta con la renta básica

Sam Altman, presidente de Y Combinator a su llegada a Dresde para asistir a una conferencia del Bilderberg Group. Getty Images





Article publicat a El País

Silicon Valley explora el impacto de disponer de una cantidad para poder “vivir sin ataduras”






Y Combinator es la incubadora más prestigiosa de Silicon Valley. De ahí han salido startups que valen miles de millones de dólares, como Airbnb, Instacar, Reddit, Dropbox o, de manera más reciente, Platzi. Pasar por este centro no es sinónimo de éxito, pero sí de que el emprendedor no estará solo en su camino. Una de sus características es la apertura de mente. Caben casi todo tipo de ideas. Otro rasgo diferencial es que los tutelados no reciben ayuda para el alquiler, tampoco espacio de oficinas propio, pero pueden usar la incubadora. Buscarse la vida es también parte de la experiencia.
La ascensión de precios en la zona de la bahía de San Francisco hace que cada vez sea más complicado traer proyectos en sus primeras fases. El proceso de gentrificación de San Francisco comienza a cruzar el puente y puede llegar a Oakland, donde pronto tendrá su sede Uber. Allí comienzan a mezclarse barrios deprimidos con habitantes resignados con los nuevos ricos.
Sam Altman, director de la incubadora, ha aprobado un experimento que pagarán de su bolsillo. Durante cinco años van a llevar a cabo una investigación, con la doctora de la Universidad de Michigan Elizabeth Rhodes al frente, sobre el impacto que tiene la renta básica en el comportamiento. Altman ha dicho que Oakland es el lugar ideal por el momento que vive: “Tiene prosperidad y diversidad. Una riqueza considerable y una gran desigualdad. No veo un lugar mejor para hacer un piloto”.
El estudio contará con un grupo de entre 50 y 100 personas que recibirán una cantidad indeterminada cada mes. Según los planes, “suficiente como para vivir sin ataduras”. En 2015 el impulsor ya dijo que América es un lugar lo suficientemente rico y grande como para que nadie se quedase sin acceso a un techo o comida. Ahora deja claro que detrás no está solo un interés social, sino también un experimento pensando en el futuro: “En un mundo en el que cada vez se eliminan empleos con más rapidez con la que creamos los nuevos va a ser muy difícil encontrar gente que se adapte al cambio”.

dimecres, 8 de juny del 2016

La plusvalía de las máquinas

Article publicat al web de  Enrique Dans


Una entrevista a una revista suiza del ex-ministro griego de finanzas, Yanis Varoufakis, es comentada por Fast Company en Greece’s former finance minister explains why a universal basic income could save us en términos indudablemente positivos, como corresponde a un medio que en ya varias ocasiones ha hecho didáctica sobre el concepto de la renta básica universal. Varoufakis ya había comentado el tema previamente en otras entrevistas, como esta en The Economist.
El concepto de universal basic income, UBI o RBU sigue, de una u otra manera, asociándose a conceptos idealistas, a ideas de redistribución drástica de la riqueza y a ideologías de diversos tipos, desde marcadamente izquierdistas, a planteamientos conservadores o incluso feministas. Sin embargo, el concepto está siendo puesto a prueba a diversas escalas en un número creciente de países y territorios, con cada vez mayor fundamento, y proveniente de varios puntos del espectro político.
Finlandia, por ejemplo, plantea la renta básica universal como una forma de simplificar la seguridad social. Con un 10% de desempleo total y un 22,7% de desempleo juvenil, cuatro de cada cinco finlandeses están a favor del establecimiento de un sistema de este tipo. El experimento se plantea en principio a pequeña escala, seleccionando a 8.000 personas de grupos desfavorecidos para recibir cantidades variables de entre €400 y €700 mensuales con el fin de estudiar su evolución, pero no se descarta su implantación si los efectos netos resultasen ser positivos.
Islandia, un país laboratorio por naturaleza, podría evolucionar hacia un sistema de este tipo en cuanto se celebren las próximas elecciones previstas este otoño, en las que el Partido Pirata, claro partidario de este tipo de políticas, ocupa la primera posición en las encuestas de voto.
Suiza plantea desde el año 2013 una renta básica universal de 2500 francos por adulto y 625 por niño, que recientemente reunió el número de firmas necesario para que sea sometida a referendum, el próximo día 5 de junio, a pesar de la oposición gubernamental. En realidad, empiezan a existir ya numerosas experiencias, discusiones y planteamientos locales con el concepto en sitios como Canadá, Utrecht, India, Macao o Irán, y el concepto lleva ya madurando desde pensadores tan influyentes en el pensamiento político moderno como Martin Luther King.
Muchos de los obstáculos planteados a la RBU viene, precisamente, de la naturaleza local o territorial de estos experimentos: ¿cómo mantener un país como Suiza con rentas para sus familias que supondrían ser prácticamente ricos en otros países, sin generar con ello fortísimas tensiones migratorias? ¿Cómo compaginar una hipotética restricción a esos movimientos mediante políticas restrictivas, con problemas recientes surgidos, por ejemplo, al hilo de la crisis de los refugiados, en la que se entremezclan cuestiones de derechos humanos aplicables a los migrantes de tipo político o bélico con los que emigran por cuestiones puramente económicas?
El planteamiento, no obstante, debe ser revisado a la luz del desarrollo tecnológico. Como Varoufakis plantea en su entrevista, la tendencia a la sustitución de trabajadores humanos por máquinas nos lleva, de una u otra manera, a pensar en cifras de desempleo crecientes y en una distribución de la riqueza cada vez más polarizada, un escenario que no tardaría en devenir en violencia. Sin embargo, los robots fabrican pero prácticamente no consumen, o únicamente energía y mantenimiento, y nos aproximamos progresivamente a un escenario de energía barata o prácticamente infinita. Si recursos como la computación, la energía, la inteligencia artificial, el machine learning, el cloud computingla robótica o los vehículos autónomos se plantean cada vez más ubicuos, como auténticos responsables del desarrollo de ventajas competitivas sostenibles, estamos hablando de una redistribución de los costes en las cadenas de valor brutal, drástica, de una aritmética completamente desconocida.
La plusvalía, elemento central de la teoría económica marxista, tomada de la teoría del valor-trabajo de David Ricardo, expresa el valor que el trabajador crea por encima del valor de su trabajo. Cuando el trabajador es sustituido por un robot, la plusvalía se multiplica, al incrementarse el volumen la predictibilidad y la calidad del output al tiempo que disminuyen los inputs requeridos. Si esos robots que no descansan, no cobran y no se equivocan van mejorando su eficiencia, haciéndose más inteligentes y disminuyendo su precio, ¿qué ocurre con la creciente plusvalía generada? Si acompañamos ese escenario con una energía cada vez más barata, hablamos de un escenario de abundancia, que sugiere la necesidad de mecanismos de redistribución más razonables que los actuales. Más allá de la idea de que las personas, al disponer de una renta básica, abandonarían toda idea de trabajo (algo que no ha podido ser probado en ninguno de los experimentos efectuados hasta la fecha), surgen ideas que apuntan a la posibilidad de una sublimación de la creatividad, e incluso al desarrollo de nuevos modelos productivos similares a los que surgieron tras la revolución industrial. Lo que las personas abandonarían no es la idea de trabajar, sino la de hacerlo en los llamados bullshit jobs, simples maneras de mantener a la población ocupada y pagarle un salario para evitar la inestabilidad social, y que terminan haciéndoles caer en la evidencia de que su trabajo no tiene sentido. Claramente, el desempleo no es el único problema que la RBU pretende aliviar.
¿Utopía irrealizable, o lógica aplastante? El discurso de la RBU está entrando con derecho propio en la agenda política, y requiere de una discusión que vaya más allá del nivel de la conversación de barra de bar. Y la evolución del escenario tecnológico, claramente, juega un papel fundamental en esa discusión.

This article is also available in English in my Medium page, “What happens when there are no industrial jobs left?”

Creixement o decreixement?

Article publicat al diari Ara
Joan Majó 02/06/2016 18:38
Es tracta d’una polèmica que ja fa algunes dècades que està viva, sobretot a nivell ideològic, però que la crisi ha posat al centre de moltes preocupacions personals i de moltes discussions polítiques. Hi ha gent que es preocupa, amb raó, per si seguirà tenint una feina segura, o si seguirà havent-hi feina per a tots; hi ha pares i mares que sospiten que potser els seus fills o els seus néts hauran de viure pitjor que ells, al contrari del que ha passat fins ara; i hi ha fortes controvèrsies polítiques sobre si el creixement del PIB és la millor mesura de la bondat d’una certa política econòmica. És clar que la polèmica ara ja ha passat del món intel·lectual a les nostres vides, i cal que ens aclarim.
La resposta a la pregunta del títol només pot ser una: depèn...! Depèn de moltes coses, però jo només en vull analitzar, ara, dues. Depèn de què entenguem per creixement, i depèn de quines siguin les característiques del creixement.
1. Què ha de créixer? Des de fa temps ens hem acostumat a mesurar el creixement d’una societat, d’una economia o d’un país seguint l’evolució del seu producte interior brut. El PIB mesura, en termes monetaris, el total de la riquesa generada al país, i es distribueix en forma de rendes salarials i rendiments del capital entre els seus habitants. El PIB per càpita, o renda per càpita, surt de dividir el PIB pel nombre d’habitants, com si la distribució fos totalment igualitària. Però, abans de parlar d’això, vull tocar un altre aspecte.
El creixement de la renda ha estat un element fonamental per millorar el benestar; però l’objectiu final no pot ser la renda sinó el benestar, i hi ha evidències que no existeix una correlació matemàtica entre renda i benestar. Això, almenys, per dues raons. En primer lloc perquè la capacitat d’accedir, a través del mercat, a béns que augmentin el nostre benestar no depèn només de la renda de què disposem, sinó també del preu dels béns (si l’IPC augmenta com la renda, no millorem); i també perquè alguns dels components del benestar no els comprem sinó que vénen per camins no mercantils (seguretat, qualitat de l’aire, confiança en la justícia, salut, oportunitats...).
Per qualificar positivament un creixement l’augment de renda ha de ser paral·lel a una reducció de la desigualtat
Aquesta reflexió hauria de permetre afegir dos objectius complementaris, de naturalesa ben diferent, a l’actual obsessió pel creixement del PIB. Per una banda, millorar l’eficiència en les activitats de transformació i d’utilització dels recursos podria representar una disminució de preus finals molt superior a la possible disminució de PIB que pogués suposar. I, per l’altra, millorar la qualitat de les institucions públiques tindria un fort impacte en l’augment del benestar de les persones.
2. Creixement desigual. L’aspecte més escandalós de l’evolució de l’economia espanyola, en els quinze anys abans de la crisi, va ser que mentre el PIB registrava un fort creixement (el més alt de la UE) també augmentaven de manera continuada les desigualtats. Es pot dir que va ser un creixement equivocat basat en l’especulació, el malbaratament i l’endeutament. És una mostra que no tot creixement és bo, i n’estem pagant les conseqüències. Em sembla clar que puc afirmar que una condició imprescindible per qualificar positivament un creixement és que l’augment de la renda per càpita sigui paral·lel a una reducció de l’índex de desigualtat, a base de regular el mercat i de redistribuir fiscalment. Això no representa només un desig de justícia social, sinó també la voluntat de millorar la cohesió social i la qualitat del capital humà, com a principals factors de tranquil·litat i de competitivitat, de cara al futur.
L’estancament del PIB, o el seu decreixement, pot no ser sempre un escenari a evitar
No ens podem quedar tranquils veient com, en un recent estudi de la Comissió Europea, Catalunya apareix com la 58a regió europea en PIB per càpita, però baixa al lloc 165 en l’IPS (índex de progrés social), que avalua molts d’aquests altres aspectes no monetaris que he apuntat.
En resum. 1. El creixement és bo però no sempre. 2. L’estancament del PIB, o el seu decreixement, pot no ser sempre un escenari a evitar. 3. És evident que cal un decreixement en la utilització dels recursos limitats. 4. L’eficiència en l’activitat econòmica, la qualitat de les institucions, la millora del capital humà i la reducció de les desigualtats són els quatre eixos que han de complementar, o fins i tot substituir, l’actual obsessió pel creixement del PIB.

dimarts, 7 de juny del 2016

Noruega acuerda prohibir la venta de vehículos de gasolina y diésel en 2025

Article publicat a Xataka

En una decisión sin precedentes, los principales partidos políticos de Noruega han acordado prohibir la venta de vehículos propulsados por combustibles fósiles a partir de 2025 en el marco de un cambio total de su política energética.
Con un 17% de cuota de vehículos eléctricos, Noruega ya está a la cabeza en la adopción de este tipo de vehículos. Pero hoy hablamos de una de las políticas más agresivas para reducir la dependencia del petróleo que hemos visto y en uno de los mayores productores de petroleo del mundo.

El primer país del mundo en alcanzar, de verdad, las cero emisiones

Fiordos Noruegos Geiraiger
Sin lugar a dudas, el transporte por carretera es uno de los problemas más importantes con los que tenemos que lidiar en la lucha contra el cambio climático. A día de hoy, muchos países han conseguido basar su estructura energética en renovables. Si obviamos la parte de la tarta relacionada con el transporte por carretera; porque si lo contamos, las cero emisiones son, hoy por hoy, una quimera.
El problema no es nada fácil de resolver. ¿Cómo incentivar la venta de vehículos sin emisiones y conseguir que los combustibles fósiles sean cosa del pasado? La solución más radical - prohibirlos - se viene debatiendo bastante en serio en lugares como Países Bajos (a propuesta del gobierno pero con la oposición del resto de partidos) o la India (que estudia estrategias para impulsar la transición de su flota para 2030).
Noruega, si el acuerdo anunciado llega a materializarse, será el primer país en introducir políticas de este tipo y reducir drásticamente su dependencia del petroleo. Es decir, será el primer país en disposición real de alcanzar las cero emisiones.

En casa de herrero, cuchara de palo

Plataforma de Statoit Shah Deniz.  
Plataforma de Statoit Shah Deniz. Foto: Shahin Abasaliyev
Aunque esto no deja de ser paradigmático. Todo esto puede parecer sorprendente teniendo en cuenta que Noruega es uno de los mayores exportadores de petroleo del mundo. Pero solo lo parece.
Como explicaba nuestro compañero Josep Camós hace sólo un par de días, Noruega está optando por una jugada maestra antes de que sea demasiado tarde. El país nórdico decidió en octubre del año pasado virar completamente su economía ante la previsión de que "dentro de 20 años no se use crudo". Lo cual en un país en el que el petroleo supone un 40% de su PIB es todo un reto. Por lo que vemos, podemos decir que los noruegos se han tomado al pie de la letra aquello de 'a grandes males, grandes remedios'.
En Xataka | ¿Por qué la cuota del coche eléctrico en Noruega es del 17 % y en España es del 0,22 %? y Países Bajos se plantea prohibir la venta de coches de gasolina y diésel a partir de 2025

dilluns, 6 de juny del 2016

Regalar dinero: ¿idea inevitable?

Article publicat a El País

Los suizos decidirán hoy en un referéndum si el Estado les va a dar alrededor de 2.500

Robots en la planta de Seat de Martorell.
Hoy los suizos decidirán en un referéndum si el Estado le va a dar a sus ciudadanos alrededor de 2.500 euros cada mes. ¿A cambio de qué? De nada. Esta consulta es muy importante. No porque la propuesta vaya a ganar (según las encuestas, no tendrá los votos necesarios), sino porque puede ser la precursora de una tendencia mundial. De hecho, en varios países ya se está probando la idea de garantizar un ingreso mínimo y sin condiciones a los ciudadanos. En Finlandia, el Gobierno seleccionó al azar a 10.000 adultos a quienes durante dos años pagará 550 euros mensuales. El objetivo es medir el impacto que tendrá ese ingreso en la propensión a trabajar y otras decisiones de vida que toman los beneficiarios. Si esta prueba tiene éxito, la intención del Gobierno finlandés (¡que es de derecha!) es extender este esquema a nivel nacional. Experimentos parecidos se están llevando a cabo en Canadá, Holanda, Kenia y otros países.


Los defectos y problemas con esta idea son obvios. Tener un ingreso garantizado puede desestimular el trabajo. Darle una compensación material a una persona sin que, a cambio, haya producido algo de valor es una propuesta cuestionable tanto desde el punto de vista económico como social y ético. Los riesgos de corrupción y clientelismo político que tienen iniciativas de este tipo son altos. Finalmente, esta no es una idea barata. Este tipo de subsidios pueden transformarse en una pesada carga para el Estado y crear gigantescos y crónicos déficits en el presupuesto público.
Y sin embargo... Puede ser una idea inevitable.
No hay dudas de que la globalización y las nuevas tecnologías han creado inmensas oportunidades para la humanidad. De la disminución de la pobreza a nivel mundial a los avances en medicina o el empoderamiento de grupos sociales históricamente marginados, el progreso es obvio. Pero es igual de obvio que la globalización y las tecnologías que reemplazan a trabajadores por máquinas también tienen efectos nocivos. La destrucción de puestos de trabajo, la compresión de salarios y en algunos países —sobre todo en Estados Unidos y Europa— el aumento de la desigualdad, tienen diversas causas. Pero sabemos que tanto la globalización como la automatización contribuyen a crear condiciones que nutren mucho el populismo y el tóxico extremismo político que estamos viendo en tantos países.
Para muchos, la respuesta es que, si bien las nuevas tecnologías destruyen industrias, también crean otras que producen tantos o más empleos que los que desaparecen. Y eso ha estado sucediendo. No obstante, a medida que se acelera el cambio tecnológico y se popularizan robots que, a bajo costo, pueden hacer muchas de las tareas que hoy desempeña un trabajador, crece la preocupación de que las nuevas industrias y los nuevos puestos de trabajo no aparecerán ni en la cantidad ni al ritmo necesarios para compensar las pérdidas de empleo y la reducción salarial. Ante esta situación, las respuestas que da el mundo son tres.
1. Más educación y entrenamiento para los desplazados. Esto es prioritario. Pero la realidad es que, si bien hay éxitos ocasionales en este campo, el resultado de los esfuerzos de formación ha sido decepcionante. En la mayoría de los países —aun en los más avanzados— los presupuestos dedicados a ayudar a los trabajadores desplazados han sido poco generosos, las técnicas educativas que se usan son poco eficaces y las burocracias encargadas de estos programas suelen ser ineficientes. Cambiar esto es urgente.
2. Más proteccionismo. Donald Trump, por ejemplo, es solo uno de los políticos que hoy proliferan en el mundo y que prometen proteger el empleo reduciendo tanto el número de inmigrantes que compiten con trabajadores locales como el volumen de productos importados, que, por ser más baratos, desplazan la producción nacional. No es difícil imaginar a uno de estos demagogos prometiendo que, de ganar las elecciones, prohibirá el uso de robots y otras tecnologías “mataempleos”. Que estas propuestas no son una solución y que, en muchos casos, ni siquiera se pueden aplicar no parecen ser obstáculos para que millones de personas se entusiasmen con las promesas de los populistas. Temo que algunos países acabarán adoptando estas malas ideas.
3. Más ingresos mínimos garantizados. Así es. Regalar dinero a cambio de nada. Puede ser una idea descabellada. Pero un mundo donde nueve robots de bajo costo pueden hacer el trabajo de 140 obreros (¡en China!) es un mundo donde hay que estar abierto a examinar todas las opciones. Aun aquellas que puedan parecer —o ser— descabelladas. Unos niveles altos y permanentes de paro son inaceptables e insostenibles. Por ello hay que probarlo todo, entendiendo siempre que gobernar raras veces implica escoger entre una política maravillosa y otra espantosa. Lo más usual es que quienes gobiernan se vean obligados a escoger entre lo malo y lo terrible