diumenge, 23 de febrer del 2014

Un colectivo promueve un proyecto de viviendas en régimen de cesión de uso sobre un solar municipal de Can Batlló

article publicat a El País


Boceto de lo que podría ser el edificio de la Cooperativa de Can Batlló. / La Col

Una cooperativa de viviendas de alquiler en Can Batlló. 30 viviendas que en parte serán construidas por sus habitantes, gente de todas las edades que vivirán en un edificio eficiente energéticamente en el que las zonas comunes tendrán mucho espacio. Esta es la explicación sencilla. La larga, o más oficial, es una promoción de viviendas, por parte de una cooperativa, en régimen de cesión de uso sobre un suelo del Ayuntamiento de Barcelona en Can Batlló. ¿Y qué es la cesión de uso? Pues una modalidad habitual en los países escandinavos a medio camino entre la propiedad y el alquiler. En este caso, los cooperativistas harán una aportación inicial (prevista en entre 15.000 y 20.000 euros) y una cuota mensual de entre 350 y 700 euros en función del tamaño de la vivienda.
El embrión del proyecto es una asociación —todavía no se han constituido en cooperativa— vinculada a la Plataforma Can Batlló, el movimiento de recuperación para los vecinos del recinto industrial que toca la Gran Via, en el barrio de la Bordeta (Sants). El mismo que en verano de 2011 ocupó el Bloc Onze y lo ha convertido en una biblioteca, espacios de encuentro, un bar, salas de actos y reuniones y una sala-auditorio para espectáculos.
Con el Bloc Onze ya en marcha, el siguiente paso es seguir resucitando espacios que están vacíos, explica Pol Massoni, miembro de la plataforma y del colectivo de arquitectos La Col. Han decidido trabajar en cuatro ejes para recuperar naves: la cultura, la educación, la economía social y la vivienda, la pata donde encaja la futura cooperativa.
El proyecto no se entiende sin el apoyo del Ayuntamiento, dispuesto a ceder el suelo por un periodo largo (entre 50 y 100 años). “Para Barcelona la prioridad es el alquiler”, explica el gerente adjunto de Vivienda de Habitat Urbano, Antoni Sorolla. “Estamos encantados de ceder un suelo en derecho de superficie, un proyecto que no formalizaremos sin valorar su solvencia”, añade y explica que se está gestando otro proyecto en Ciutat Vella. Son pisos que no se pueden comprar ni vender: se paga mientras se vive y en el caso de una cooperativa, si se sale se recupera la inversión inicial.
Son 30 viviendas que en parte construirán sus habitantes, de todas las edades
Desde la plataforma, Massoni cuenta que el proyecto y sus detalles lleva desde septiembre de 2012 diseñándose: “Los estatutos, el modelo de convivencia, hemos estudiado el modelo Andel, que en Dinamarca supone el 10% del parque de viviendas, hemos visitado Cal Cases —referente en Cataluña—, la cooperativa Sostre Cívic... pero este sería el proyecto con mayor número de viviendas que se ha realizado, y además en una gran ciudad”.
En lo que será la cooperativa no hablan de familias, sino de “unidades”. Las originarias impulsoras del proyecto son diez y en enero celebraron una reunión para captar las 20 que necesitan de más. “Lo superamos de largo”, explica Massoni. La aportación inicial está calculada para que ascienda a entre un 20% y un 30% del coste final, pero “son cálculos de máximos” porque una parte será autoconstrucción y puede abaratar el presupuesto final.
“Enlazando con la tradición de la industria textil de Can Batlló estamos planteando pisos de tres tallas: S, M y L [40, 50 y 70 metros cuadrados]”, prosigue Massoni. En las zonas comunes habrá una gran cocina industrial —aunque cada piso tendrá la suya—, espacios de trabajo o de estudio, trasteros... y hasta dos pisos para invitados. Pensando en plazos razonables —tramitación del suelo, proyecto, construcción...— los cooperativistas sueñan con comerse los turrones de 2016 en el nuevo edificio. Y a largo plazo, replicar el proyecto en otras ubicaciones.

dijous, 20 de febrer del 2014

Cambio de imagen en Uruguay: ¿el hombre de hierro?

Article publicat a La Jornada UNAM


Joan Martínez Alier
C
iertamente, el presidente Pepe Mujica goza de merecidas simpatías por su trayectoria histórica de tupamaro encarcelado, su sentido del humor y la modestia de su estilo de vida. Pero su gobierno se prepara a cambiar radicalmente su imagen: un Mujica megalómano minero, otro presidente latinoamericano de izquierda que está por declararse antiecologista ferviente. Le atrae la dimensión gigantesca y el dinero que vendrá de un proyecto llamado Aratirí, de extracción y exportación de hierro por 18 millones de toneladas al año, casi 6 toneladas por uruguayo, unos 15 kilos al día. Está por firmar un contrato con el señor Pramod Agarwal, un indio extranjero propietario de la empresa Zamin.
Mientras tanto, los ambientalistas piden un referendo. El Movimiento pro Plebiscito Nacional Uruguay Libre de Minería Metalífera a Cielo Abierto dio el 8 de enero de 2014 una conferencia de prensa en contra de que se firme un contrato de inversión entre el gobierno nacional y Aratirí (Zamin). Cuestionaron la constitucionalidad de la nueva Ley de Minería de Gran Porte.
La empresa Zamin se anuncia así:Compañía minera independiente con un portafolio de proyectos de mineral de hierro de clase mundial en Sudamérica (Brasil y Uruguay), África, Australia y Asia. Su estrategia es convertirse en un productor líder de mineral de hierro y de carbón para la industria global del acero y también de metales preciosos y energía. Los Reyes Magos de Oriente, que llegan para llevarse el mineral de hierro a precio de regalo.
La idea del gobierno es firmar un contrato de inversión antes de terminar los estudios de impacto ambiental. Además, que los permisos ambientales puedan ser troceados, primero para las minas y meses más tarde para el mineraducto. Posteriormente, para el gran puerto. Pero si el proyecto es detenido por razones ambientales o por competencias de los municipios, ¿Zamin demandará a Uruguay?
Se trataría de una inversión con 4 mil hectáreas de tajos a cielo abierto, un área de influencia directa de más de 100 mil hectáreas, un mineraducto hasta al mar de más de 200 kilómetros y un gran puerto especializado cuyo lugar ya han cambiado dos veces en los planes. No hay todavía una licencia ambiental. La inversión sería de 2 mil millones de dólares. La vida útil, de 20 años. Los pasivos ambientales, las deudas ecológicas, no están calculados.
Con desparpajo se aseguraba en Uruguay, a finales de 2013, que lejos de provocar daños, el proyecto Aratirí, con el dinero que reporte, permitirá mejorar la calidad ambiental general mediante inversiones adecuadas. El gobierno asegura que parte de los ingresos irán a un fondo intergeneracional para infraestructura y educación.
Con apoyo del gobierno, la empresa trasnacional india-anglo-suiza Zamin Ferrous inició en 2007 trabajos de prospección en el centro del país, incidiendo en dos poblados cercanos: Valentines y Cerro Chato. Los campos están habitados por familias de productores ligados a la tierra desde hace varias generaciones, en propiedades de 350 hectáreas en promedio. Son tierras de ganadería extensiva en sierras bajas arboladas. La gran explotación minera a cielo abierto implica la expulsión definitiva de las familias junto con la devastación del ecosistema original. La zona cuenta con los arroyos Valentin Grande y Las Palmas, que para ser aprovechados por la mina serán represados, pero el proyecto necesita mayores volúmenes de agua.
En 2011 el presidente Mujica analizaba la posibilidad de convocar a un referendo sobre el tema, pero no se llevó a cabo. Por el contrario, Mujica impulsó una nueva ley de minería. Los opositores dicen que esa norma incurre en inconstitucionalidad. Las noticias en enero de 2014 son contradictorias. Por un lado, hay ministros que anuncian la firma inminente del contrato. Por otro, hay la posibilidad de que se efectúe un referendo. El presidente Mujica destaca la importancia de la inversión de Aratirí, aunque reconoce (graciosamente) que hay incertidumbre sobre cómo quedarán los campos de donde se extraería el hierro. Enormes cantidades de escorias y jales o relaves.
En 2 de diciembre de 2013 se lanzó una campaña de recolección de firmas para lograr que se efectúe ese referendo o plebiscito para prohibir la minería a cielo abierto. Para ello se requiere, antes de fines de abril, unas 260 mil firmas. Quienes se oponen a Zamin desean que se prohíba la explotación de minerales metálicos a cielo abierto. Añaden: Así quedaríamos en la misma situación que Costa Rica. Mejor es prohibirla antes de signar el contrato para que después no les ocurra como a Costa Rica, ahora con los reclamos de la empresa canadiense Infinito Gold por la anulación del proyecto Crucitas.
Joan Martínez Alier ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona 08193 Spain
New book: Ecological Economics From the Ground Up, 2012

dimecres, 19 de febrer del 2014

Davos “rediseña el mundo” con la receta de siempre

publicat a  Diagonal Global

ENCUENTRO DE FORTUNAS Y ECONOMÍAS EN SUIZA
Davos “rediseña el mundo” con la receta de siempre
El discurso de la recuperación económica es enfriado por la demanda de más reformas.
15/02/14 · 8:00


La crisis económica, vista desde una exclusiva localidad turística de Suiza, es otra cosa. Y desde esa perspectiva tendría una pinta halagüeña la recuperación que los gobiernos europeos (empezando por el de Mariano Ra­joy) llevan meses anunciando a bombo y platillo. Sin embargo, a pesar del “optimismo” que según la directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, “está en el aire”, los participantes del último Foro Económico Mundial –acontecimiento que concluyó a finales de enero en Davos– han preferido manifestar una cierta cautela; una actitud que esconde la sed de “reformas estructurales” que este selecto club siempre ha tenido.

No habrá crecimiento

Así que, mientras Rajoy declaraba “no veo sólo el futuro, sino también el presente con esperanza”, los 2.500 personajes, entre banqueros, políticos y hombres de negocios llamados a “rediseñar el mundo” –esta era la sencilla tarea de la edición–, no se han dejado contagiar por el entusiasmo y han elegido el business as usual. Los negocios como de costumbre.
Una cosa es que millones de personas vuelvan a consumir y otra que los gobiernos se distraigan y se alejen del camino de la austeridad, de los recortes y de las privatizacionesUna cosa es que millones de personas vuelvan a consumir y otra que los gobiernos se distraigan y se alejen del camino de la austeridad, de los recortes y de las privatizaciones dictado por Bruselas en acuerdo con el FMI. Y justo los “hombres de negro” del fondo se han encargado, unos días antes del Foro, de enfriar la alegría de los mandatarios que anunciaban la luz a final del túnel de la crisis. Según el FMI, el PIB a nivel mundial mejorará su crecimiento sólo un 0,1% con respeto a las anteriores previsiones (que lo situaban en el 3,6%).
El dato por sí mismo es una desgracia para un conjunto de economistas obsesionados con el crecimiento. Sin embargo, aún peor es la constatación de que, a pesar de los avances de PIB en países europeos como España, nadie volverá en breve tiempo a la situación de antes de la crisis. Eso significa sólo una cosa: que, a pesar de la recuperación, la plaga del desempleo no se va a curar. Pero en Davos, entre un mitin y una clase de esquí prefieren centrarse en otras cosas. Y si es verdad que las recetas del FMI parecen no cumplir con sus promesas, eso se refiere sólo a los anuncios que los gobiernos han suministrado a los electores.
Las que se han cumplido han sido las promesas que los gobiernos –a fuerza de privatizar y recortar– hicieron a las élites nacionales y internacionales, las mismas que figuran en la lista de los “socios estratégicos” del Foro de Davos. Se trata de100 firmas que comparten el compromiso del Foro de “mejorar la situación del mundo” y que son una buena representación de las las empresas transnacionales más poderosas.
A falta de grandes manifestaciones en la exclusiva localidad –los policías de toda Suiza llamados a defender el Foro sólo han autorizado en 2014 un desfile de ecologistas disfrazados de zombies–, otras ideas para “mejorar la situación del mundo” tuvieron que llegar en Davos a través de la fuerza mediática de las grandes ONG: Oxfam informó de que a nivel global 85 ricos suman tanto dinero como 3.570 millones de pobres, es decir, que casi la mitad de la riqueza está en manos del 1% de todo el mundo.
Pero en Davos, donde ese 1% se reúne y debate sobre el futuro de los demás, la desigualdad no aparece en la lista de los peligros más urgentes. Christine Lagarde, estrella del encuentro, ha declarado que sí está preocupada, pero lo que le agobia, además de si habrá más o menos recuperación, son otras dos palabras que empiezan con “r”: la primera es “riesgo”, ya que, el FMI tiene miedo de que algún obstáculo impida finalizar las reformas financieras promovidas por el fondo; la segunda es “reiniciar”, ya que según Lagarde, “el reinicio definitivo son aque­llas reformas estructurales necesarias en todos los rincones del mundo”.
Es la misma obsesión de siempre, que la ejecutiva francesa comparte con otros incondicionales de Davos: reformas, reformas y reformas.Es la misma obsesión de siempre, que la ejecutiva francesa comparte con otros incondicionales de Davos: reformas, reformas y reformas. “No es una contradicción apostar por la liberalización de los mercados de trabajo y denunciar la creciente desigualdad de renta. A corto plazo, quizá sea doloroso, pero a largo plazo generará más crecimiento”, explicó a los periodistas Nariman Behravesh, economista jefe de la consultora IHS y asiduo del Foro.
Lo que los gurús de Davos no explican es de qué sirven tantas reformas si luego la situación de ese 99% sigue estando condicionada por los mercados, es decir, por unos cuantos inversores que mueven las Bolsas mundiales. Entre ellos destaca sin duda el fondo estadounidense Black­Rock, cuyo consejero delegado Larry Fink explica que los vaivenes en los índices de las últimas semanas “son una señal de lo que puede pasar este año”. “Creo que viviremos en un mundo con mucha más volatilidad”, ha declarado Fink.No importa que la economía se recupere, los inversores continuarán especulando como siempre, y quizá aún más.

Infografía realizada por Gustavo Hermoso 

El laberinto de la economía de las finanzas

Como explica el economista suizo Christian Marrazzi en su ensayo La violencia del capitalismo financiero, el atolladero en el que se encuentra la economía mundial es elaborar una estrategia de salida de la crisis: cualquier medida de estímulo supone una vez más salvar el sector financiero (del que el 99% del mundo es rehén), haciendo vanas las posibilidades de recuperación económica. Esto es el mundo que año tras años Davos ha contribuido a “rediseñar”.

dilluns, 17 de febrer del 2014

¿Al borde de una crisis alimentaria global?

Publicat a El Blog Salmón

@newjavier

Crisis alimentaria global - cosechadora
La comida del futuro puede estar en peligro. Hasta hace relativamente poco, hablar de que había problemas con la comida en el mundo era ser tachado de Malthusiano fuera de tiempo. Tras la revolución verde de los años 1940 – 1970 parece que el tema de la hambruna por falta de comida ha acabado. Ahora se habla de la redistribución de la comida, pero no de la falta de comida.
En cambio unos pocos llevan advirtiendo de este problema, pero recientemente la BBC sacó el documental “The Future of Food”, una posible crisis alimentaria se convierte en un tema de conversación “mainstream”. Algo sobre lo que podemos hablar en la sobremesa sin parecer un loco que postea en foros y que lleva un gorro de papel de aluminio.

En un principio fue la revolución verde

Liderada por Norman Borlaug, con la introducción de técnicas de cultivo modernas, se suele decir que la revolución verde cambió el planeta entre 1940 y 1970. La revolución verde incrementó, especialmente en países como México o India la cantidad de comida producida y es la que está detrás del incremento de la población en el siglo XX.
La revolución verde se basa en el uso de variedades de alto rendimiento (algunas híbridas), el uso de fertilizantes sintéticos, mecanización, técnicas de irrigación y mejoras en la gestión del medio agrícola. Si lo pensamos ha sido un éxito, puesto que la producción de comida se ha incrementado y se ha reducido el número de personas viviendo de ello.

The future of Food

El documental de la BBC básicamente pilota sobre tres ejes, el primero es porqué vamos a necesitar más comida, el segundo porqué nos va a costar más conseguirla y el tercero las consecuencias que está teniendo ya la combinación de los dos primeros factores. Se utilizan los siguientes argumentos:
  • El crecimiento de la población está provocando que sea necesario producir más comida de lo que lo hacemos hasta ahora. Tendríamos que producir más comida y necesitaremos más tierra arable.
  • El enriquecimiento de la población demanda más comida animal, que requiere más cultivos para conseguirla. Es más eficiente comer grano que utilizarlo para alimentar un animal que será sacrificado y convertido en filetes de los que nos alimentaremos. Se pierden muchas calorías por el camino.
  • El crecimiento del uso de los biocombustibles requiere más superficie de cultivo que no se utiliza para cultivar comida. Si los coches van a usar comida para funcionar, habrá menos diponible.
  • El calentamiento global, que si por un lado hace el tiempo impredecible, por otro destruye cosechas. Un año de malas cosechas puede empujar a la hambruna a millones de personas del tercer mundo.
  • La falta de disponibilidad de agua adecuada para el cultivo, especialmente en países pobres. Al importar comida de los países pobres, los países ricos también importan el agua utilizada.
  • La sobrepesca que ha agotado caladeros del primer mundo y que ahora lo está haciendo en los caladeros del tercer mundo, a los que se obtiene acceso mediante pagos de los países ricos.
  • El fin de las reservas de petróleo y de productos derivados (fueles y pesticidas) necesarios para la producción agrícola. La revolución verde se basa en la mecanización y en los productos químicos para sacar adelante la producción de comida.
Respecto a las alternativas que se dan son muy pocas: políticas públicas de fuerte intervencionismo para reducir los daños, aprender del sistema de cultivo de Cuba (aunque reconocen que al ser intensivo en mano de obra incrementa los precios) y que nuestra dieta dependa menos de las calorías procedentes de los animales y más de las calorías procedentes de los vegetales

Lo que hacen los inversores y estados

Hace tres años y medio nos hicimos eco de la noticia de una serie de inversores que estaban invirtiendo en cacao, dado que pensaban que íbamos a encontrarnos ante un retroceso en la producción mundial que haría subir los precios. Pero una crisis alimentaria es a otra escala, y los inversores ya se están posicionando.
Recientemente el conocido inversor Jim Rogers comentó que no recomendaba estudiar un MBA, sino una carrera relacionada con la agricultura. Según este inversor el futuro no está en el lado de los financieros, sino de aquellos que sean capaces de maximizar la producción de comida.
Por otro lado tenemos a China, que ya ha comprado el 5% de la tierra de Ucrania. Ucrania siempre ha sido el granero de Europa, un gran productor de cereal. Parece que en China se han fijado en eso y quieren utilizar parte de este granero para alimentar a su creciente (aunque ya no tanto) población, que siguiendo la tendencia global cada vez quiere consumir más carne.
Por otro lado hace poco que GurusBlog se hacía eco de la fuerte importancia las minas de fosfatos del Sahara Occidental. Su gran riqueza en este recurso ayuda a Estados Unidos y China que han prohibido la exportación de las reservas. Si Marruecos garantiza que la producción de fosfatos no se va a detener mientras que controle el Sahara, es poco probable que nadie quiera cambiar la situación.

Soluciones

¿Qué alternativas estamos viendo para la crisis alimentaria global? De momento muy pocas. Recientemente hubo bastante revuelo (y cachondeo, todo hay que decirlo) con la recomendación de la FAO de comer insectos para paliar el hambre global. Pero son una fuente barata de proteínas y muy eficiente, bastante más que las de origen animal (como mamíferos, pescado o ave).
Otra opción de la que se habla es de las semillas de cáñamo, por su alto valor proteico o reducir nuestro consumo de productos animales e incrementar el de vegetales, algo que recomiendan en el documental de la BBC. La próxima vez que vean a un vegetariano pídanle recetas, puede que sea el futuro.
Aunque estos problemas de la comida no son acuciantes ahora y puede haber cierto alarmismo, quizás no es una mala idea que se empiece a trabajar sobre este tema a gran escala ahora que todavía hay tiempo para arreglarlo. Es cierto que no hay soluciones a la vista, pero también que no parece que nos hayamos puesto a buscarlas con el mismo ahínco con el que solucionamos otros problemas.

Más información | BBC (en inglés)
Imagen | Juan Andrés Lopez

diumenge, 16 de febrer del 2014

Aportes de Navarro, Marcellesi y Turiel: Pensando la justicia socio-ecológica

Post publicat a  Ambientaliqual

Ambientaliqual


jueves, 13 de febrero de 2014

Aportes de Navarro, Marcellesi y Turiel: Pensando la justicia socio-ecológica

Después de unos meses alejado del blog, y ahora que tengo más tiempo para escribir, me gustaría resaltar algunos puntos que me parecen interesantes entorno a la discusión entre Vicenç Navarro y Florent Marcellesi (al cual se suman aportaciones muy interesantes como la de Antonio Turiel o Pedro Prieto) que refleja una pugna de relatos entre una izquierda que, partiendo de postulados propios de la izquierda tradicional, intenta ser ecológica y una ecología política que intenta ser de izquierdas sin quedar encuadrada en la línea de pensamiento socialista.

 La izquierda y la ecología

¿A qué me refiero con esa punga? A contraponer que es la escasez energética el detonante de la crisis, como afirma Florent Marcellesi[i] o que por el contrario son las relaciones de poder, la lucha de clases, el factor principal a analizar como afirma Vicenç Navarro[ii].

Esta es una discrepancia importante no porqué debamos establecer qué fue más importante sino porque revelan dos narrativas políticas totalmente distintas que, aunque en la práctica puedan ponerse de acuerdo en muchas decisiones, no analizan las sociedades de la misma forma. Decía Florent, en otro artículo muy interesante sobre ecología política, que: «Frente a los dos sistemas dominantes y antagónicos de los últimos siglos y ambos motor de la sociedad industrial, se afirma una tercera vía ecologista basada en el rechazo al productivismo fuera de la dicotomía capitalista-comunista, es decir, una nueva ideología diferenciada y no subordinada a ninguno de los dos bloques, con un objetivo claro: cambiar profundamente la sociedad»[iii].

Es decir, en un contexto de guerra fría, la ecología política (bebiendo del espíritu de mayo del sesenta y ocho) se conforma como un movimiento anticapitalista (o al menos antineoliberal) y antiestalinista Una posición que con el tiempo llevó a que el lema del Partido Verde Alemán durante su fundación en 1984 fuese «la ecología no está ni a la izquierda ni a la derecha, sino que va hacia delante». Es decir, de no reconocerse en ninguno de los dos bloques URSS-USA, la ecología pasó a no reconocerse en ninguno de los dos bandos (el socialista y el del capital).

Me gustaría aclarar que el término socialista lo utilizo en su concepción más amplia, como toda oposición a la supeditación del trabajo por el capital, y no como asimilación del concepto de socialismo a un determinado régimen político. En mi opinión, ahí reside uno de los desencuentros entre Florent y Vicenç y, en general, entre la izquierda socialista y la ecología política. La siguiente cita de Florent es bastante esclarecedora al respecto: «Dada la magnitud de la crisis ecológica y si se considera que la oposición entre capital y trabajo ya no es determinante sino que lo crucial es la cuestión de la orientación de la producción, postulo que el eje productivista/antiproductivista se convierta en un eje estructurante y autónomo. De hecho, desde una perspectiva ecologista fuerte, no supone diferencia apreciable quién posea los medios de producción, “si el proceso de producción en sí se basa en suprimir los presupuestos de su misma existencia”»[iv].

Es complicado ser marxista si se rompe la línea del tiempo, si (como afirmaba Gorz en Adiós al proletariado) el desarrollo de las fuerzas productivas no genera las bases materiales del socialismo. Y no lo generan no sólo porque sean «destructivas» con el medio ambiente, sino por qué no son neutras. La ciencia y la técnica han sido construidas bajo la lógica capitalista y por lo tanto su sola «apropiación» por la clase trabajadora no basta.

Pero este no es un problema nuevo en la tradición marxista, sino que redunda a favor de otras críticas hacia el sistema productivo. La crítica a la división del trabajo (y la consiguiente teoría de la enajenación) ya fue un buen ariete contra el sistema productivo industrial. Una crítica de carácter humanista que hoy se complementa perfectamente con los argumentos provenientes de la ecología.

Pero, no da lo mismo quien posea los medios de producción, incluso si estos han sido tomados antes de su transformación. Porque, ¿acaso Florent cree que Amancio Ortega tiene el mismo interés que él en que el sistema sea sostenible? ¿no puede aceptar el capital un cierto decrecimiento que les permita acumular por desposesión a las clases populares? Si los procesos mediante los cuales satisfacemos nuestras necesidades están privatizados y está aumentando su coste ¿no es importante replantear la propiedad de los medios?

Porque la propiedad establece algo muy importante: la finalidad del sistema productivo. Si la única finalidad de la propiedad privada es la acumulación de capital, es imposible acometer una reforma tan profunda en la estructura económica. Si la finalidad no es el lucro sino cubrir necesidades es cuando es posible replantear la estructura productiva, los criterios de productividad, de eficiencia, etc. Sin obviar que una gran parte de la producción capitalista no responde a necesidades básicas de la población mundial, sino que es producción superflua, redundante y dañina.

Decía Iñaki Valentín, en uno de los artículos de respuesta a Vicenç, que: «No se trata de quién controle la tarta (obviamente estamos de acuerdo en que eso no es baladí y por eso también nos sumamos a las huelgas y a cualquier avance en relación a la redistribución y la justicia social), sino de que la tarta tiene unos límites; unos límites biofísicos y unos límites propiamente económicos»[v].

El problema es precisamente quien reparte la tarta. Quién reparte la tarta, quien posee los medios de producción, es quien determina la estructura de estos (con el apoyo de los Estados). No se puede cambiar la estructura productiva sin replantear su propiedad, su finalidad y sus prioridades. Si el lucro es la finalidad, entonces la sostenibilidad y la equidad no podrán ser más que un «beneficio colateral».

No sólo la oposición capital-trabajo es determinante porque sea crucial en términos de justicia social, sino porque establece la pugna que Florent proponía como relevante: la productivista/antiproductivista.

En esto doy la razón a muchos ecologistas que ven en los discursos socialistas ciertas reminiscencias productivistas aun hoy. Pero lo cierto, es que más allá de que la ecología política tenga reparos en situarse con los socialistas en el eje izquierda-derecha, debe situarse en la dicotomía capital-trabajo. Es decir, con los de abajo o con los de arriba, plantear la ecología política no como una renuncia al socialismo sino como su superación: como la predisposición a plantar batalla contra el capital no sólo por sus implicaciones dentro de las fábricas (que también) sino por como el capital ha configurado el modelo social vigente.

Crecimientos y decrecimientos

Otra crítica interesante es la de Pedro Prieto[vi], pues plantea que el Estado del Bienestar que defiende Vicenç Navarro es a costa de la distribución desigual del consumo energético entre países (70/30, es decir  el 70% de los recursos son consumidos por el 30% de la población).

Pedro dice que arrebatando el poder a las élites lo único que hacemos es suprimir algunos consumos exageradamente altos, pero poco más. Pero, desarticulando a la élite dominante no sólo se suprimen sus excesos opulentos, sino que se elimina toda oposición al cambio necesario.

¿O es que alguien cree que están dispuestos a perder sus privilegios para que se inicie una transacción Norte-Sur de riqueza y recursos tecnológicos? Las elites dominantes perpetúan las desigualdades (no sólo las Norte-Sur, sino también las internas) pues son la base de su privilegio, ahí reside el núcleo de la cuestión. El poder económico y político son inseparables, no se puede arrebatar el uno sin el otro.

La democracia ha sido siempre un movimiento político expropiatorio, quita el poder a la minoría que lo acapara para repartirlo entre la mayoría. En la democratización del sistema productivo (que no es lo mismo que su estatalización) reside la lucha ecologista y la lucha socialista del siglo XXI.
Pero a parte de la lucha de clases, hay otra pugna de fondo entre Forent y Turiel por un lado y Navarro por el otro: ¿Debe decrecer el PIB para que estemos en un decrecimiento real?

Navarro afirma que: «se puede crecer económicamente produciendo prisiones y tanques […] Ser anticrecimiento, sin más, es una actitud que refleja un cierto inmovilismo que perjudicará a los más débiles de la sociedad como ya estamos viendo ahora, cuando las sociedades están decreciendo. La cuestión no es, pues, crecimiento o decrecimiento sino qué tipo de crecimiento, para qué y para quién […] Se tiene que exigir otro tipo de crecimiento, un crecimiento que responda a las necesidades humanas y no a la necesidad de acumular capital, pero esto es muy distinto a paralizar todo el crecimiento »[vii].

Esta es una discusión realmente controvertida. Claro, el debate es complicado porque en el sistema productivo actual cuando aumenta el PIB aumenta el consumo material y de energía (en mayor o menor proporción), pero podría no ser así. Podríamos reducir nuestra producción material y energética y aumentar la producción inmaterial (que sí, es cierto que consume un poco de energía y recursos, pero el balance sería claramente negativo en términos de consumo/PIB).

Cabe destacar que lo que se busca no es una reducción relativa sino absoluta de nuestro consumo material y energético (y de nuestras emisiones). Así pues cuando se habla «descarbonización» o «desmaterialización» de la economía debe hacerse en términos absolutos.

Antonio Turiel responde a Vicenç afirmando que «creo que el profesor se refiere al crecimiento de la satisfacción de las necesidades humanas, algunas de las cuales son materiales y otras son inmateriales [...] no se puede defender que el crecimiento económico, en tanto que comporte una componente material, pueda ser indefinido. Lo que sí que tiene sentido por tanto es discutir cuándo se producirá el momento en el cual el crecimiento no puede proseguir»[viii].

El ser humano tiene necesidades fisiológicas (es decir, lo mínimo para sobrevivir) más una serie de necesidades «básicas» que determina cada sociedad, a partir de las cuales establece lo que se considera como pobreza (que no es lo mismo hoy que hace doscientos años, ni en Catalunya que en Somalia).

A parte, tenemos deseos, que a diferencia de las necesidades no tienen límites biológicos (uno no puede comer 100kg de pollo, pero sí que puede tener 100 millones de euros). Los deseos de riqueza, de poder, de vínculos sociales son infinitos y por lo tanto, si sus mecanismos de satisfacción son materiales, el crecimiento económico sería ilimitado.

José Antonio Medina clasifica los deseos en tres tipos: de carácter hedonista, de vínculo social y de ampliar las posibilidades de acción (es decir, de poder cambiar nuestro entorno)[ix]. En todas las sociedades sus individuos tenían deseos, pero los diferentes sistemas sociales reprimían el exceso de deseos y placeres individuales. En cambio, la sociedad capitalista (especialmente bajo la hegemonía neoliberal) organiza la vida sobre la excitación y el hedonismo constante.

No es sólo un problema económico-ecológico, es también un problema cultural. El deseo de consumo es el que nos integra como individuos normales en esta sociedad. La ofensiva de la cultura neoliberal ha dejado tras de sí sociedades individualistas, una cultura excesivamente egoísta,  consumista y una exaltación del hedonismo constante.

Ante eso es necesario recuperar una crítica a las necesidades, desarticular los mecanismos de insatisfacción del sistema capitalista. Decrecer implica decrecer en «deseos» también, en expectativas de consumo. No desear menos sino desear otras cosas, no materiales, vínculos sociales, culturales, etc.

El problema del PIB en última instancia es que Vicenç Navarro asume que va a crecer por el mero hecho de que la producción material será sustituida por una producción inmaterial, contabilizada y mercantilizada. Yo ahí discrepo, si se opera un cambio profundo en las estructuras productivas el PIB decrecerá (en especial en los países del Norte).

Al disminuir la producción material, deberá disminuir la jornada laboral. Será fuera del mundo del trabajo donde se producirán muchos de los bienes sustitutorios de esta producción material desaparecida (en forma de mayores vínculos sociales, mayor tiempo libre, proyectos vecinales, etc.). No tiene por qué ser producción mercantil. No tiene sentido que el profesor Navarro diga que «exigir que el mundo deje de crecer es equivalente a negar la posibilidad de mejorar», pues sólo deja una vía abierta a la mejora de las sociedades: el crecimiento económico mercantilizado.

Reductio ad Malthus

Vicenç afirma que vincular el decrecimiento con la necesidad de reducir el PIB es malthusiano, porque implica que la población algún día llegará a su capacidad máxima y colapsará.

Pero eso solo es cierto si se asume que la única dimensión posible de crecimiento de la especie es material (es decir que sólo podemos mejorar en términos materiales o de número de individuos, que no es posible un progreso no-material).

Claro, Vicenç se queja de que dichos discursos, aunque se hagan con buena intención, sirven a intereses malthusianos. Obviamente los medios de comunicación pueden desvirtuar cualquier discurso, centrando el problema de los límites de recursos en la necesidad de practicar controles demográficos o exterminar a media población. Lo que el señor Navarro no ve es que sus discursos basados en «la infinitud de recursos» son fácilmente manipulables también por el sector «tecnoentusiasta» del laissez faire.

La tasa de retorno energético (TRE; es decir la relación entre la energía que nos proporciona una fuente y la energía que debemos gastar para conseguirla) ha disminuido de 100 unidades a 20[x] en el caso de los yacimientos de crudo. Es decir, queda menos petróleo y además es menos energético. Difícilmente se puede mantener una estructura social compleja con un TRE inferior a 10[xi] unidades, pues se deberían dedicar demasiados recursos para producir la energía necesaria.

Las energías renovables no nos podrán dar ni de lejos tanta energía como la que nuestro sistema productivo (que no nosotros) consume. Lo que no quiere decir que sobre gente en el mundo, sino que debe revisarse la estructura productiva.

Vicenç Navarro, en mi opinión, se equivoca al descartar el aumento del precio del petróleo como uno de los factores desencadenantes de la crisis del 2008 escudándose en que esto es una mera crisis más, en la enésima pugna entre capital-trabajo. La producción material y la producción de energía no dejan de ser dos caras de la misma moneda. La contradicción capital-trabajo escapa de la fábrica. Al privatizar los recursos naturales se proletariza al mundo. La contradicción capital-tierra y la contradicción capital-trabajo son indisociables la una de la otra.

Como dijo Marx: «La producción capitalista no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador»[xii].


Referencias


[[i]] Marcellesi, F. (09-10-2013). La crisis económzca es también una crisis ecológica. Público.
[[ii]] Navarro, V. (06-02-2014). Los errores de las tesis del decrecimiento económico. Público.
[[iii]] Marcellesi, F. (2008). Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde. Cuadernos Bakeaz(85).
[[iv]] Ibíd. p.10.
[[v]] Valentín, I. (20-10-2013). Una respuesta más a la crítica de Vicenç Navarro. Decrecimiento.info.
[[vi]] Prieto, P. (08-08-2014). De progresistas y biofísica económica. Crisis Energética: respuesta a los retos energéticos del siglo XXI.
[[vii]] Navarro, V. (29-08-2013). El movimiento ecologista y la defensa del decrecimiento. Público.
[[viii]] Turiel, A. (07-02-2014). Revista de prensa: Vicenç Navarro en Dominio Público, 6 de Febrero de 2014. The Oil Crash (crashoil.blogspot.com).
[[ix]] Marina, J. A. (2007). Los arquitectos del deseo. Ed. Anagrama.
[[x]]Turiel, A. (s.f.). Tasa de Retorno Energética y progreso tecnológico. The oil crash (crashoil.blogspot.com).
[[xi]] Turiel, A. (05-06-2010). El EROEI de diversas sociedades históricas. The Oil Crash (crashoil.blogspot.com).
[[xii]] Marx, K. (2003). El capital: crítica de la economía política (Tomo I). Siglo XXI editores (p.613).