dijous, 24 de novembre del 2016

Seat lanzará un servicio de carsharing para sus 14.000 empleados

Article publicat a Esmartcity.es

Los trabajadores podrán usar la flota corporativa de coches, intercambiar vehículos entre particulares y compartirlos en sus desplazamientos.

El carsharing y el transporte compartido entran de lleno en SEAT, que tiene previsto lanzar en 2017 un proyecto piloto para sus más de 14.000 empleados que integra soluciones de transporte basadas en estas nuevas formas de desplazarse.
App creada por SEAT para compartir vehículo
Se trata de la iniciativa SEAT Connected Sharing por la que los empleados podrán usar la flota corporativa de coches cuando éstos no estén operativos, además del intercambio de vehículos entre particulares y la posibilidad de que los empleados puedan compartirlos en sus desplazamientos.
Además, la compañía ha lanzado la aplicación Digital Sharing, que permite ceder un coche entre particulares y en entornos corporativos a través de una aplicación que funciona como una llave digital. Es una App pensada para entornos de economía colaborativa. El objetivo de ambos proyectos es avanzar en el desarrollo de soluciones que faciliten compartir el vehículo

El empleo en la revolución digital

Article publicat a El País 

La legislación laboral debe facilitar formas de empleo que aprovechen el cambio tecnológico




Felipe Navío y Juan Urdiales, cofundadores de la empresa Job and Talent.
La revolución tecnológica está provocando un verdadero seísmo en el mercado laboral. La digitalización de los procesos productivos y la incorporación de la inteligencia artificial en un abanico cada vez más amplio de actividades económicas y sociales se producen a un ritmo acelerado y con consecuencias a tener en cuenta a la hora de emprender nuevas reformas. Muchos de los empleos existentes se van a sustituir por algoritmos digitales. La utilización de robots en la industria es ya una realidad, que se va extendiendo a los servicios como la logística y el transporte, ambos altamente intensivos en trabajo humano. Sin embargo, también surgen nuevas oportunidades en la producción de nuevas tecnologías, la innovación, el diseño, los servicios de salud, de enseñanza y cultura, así como en todo aquello que no se puede digitalizar.

La pregunta es si se crearán más o menos empleos que los que se perderán como consecuencia de los cambios. En épocas anteriores de cambio tecnológico, el balance siempre resultó ser positivo. Y es posible que así sea también en esta ocasión, aunque algunos auguren una era de escasez de puestos de trabajo. Es esencial que los Gobiernos faciliten los cambios, creando un entorno favorable para las empresas y la creatividad en los sectores que lideran la transformación, acompañando los ajustes en donde se pierde empleo y limitando aún más las desigualdades. Tanto la experiencia histórica como las altas tasas de paro que todavía prevalecen desaconsejan la pasividad.
Las tecnologías también tienen un impacto sobre el modelo de trabajo asalariado, columna vertebral del Estado de bienestar y principal fuente de financiación de las pensiones. La plataforma digital facilita el auto-empleo, el trabajo freelance, a tiempo parcial, la economía colaborativa y las actividades desarrolladas fuera del recinto tradicional de la empresa. Todo ello podría favorecer la conciliación entre la vida personal y la profesional, o la inserción de colectivos abandonados por el mercado laboral.
Pero las nuevas formas de empleo apenas cotizan a la seguridad social y se prestan a innumerables abusos, como los falsos autónomos o los contratos de “cero horas”, sin garantías salariales mínimas, ni de protección social o compensación en caso de despido, contrataciones muy expandidas en Reino Unido. La legislación laboral debe facilitar formas de empleo que aprovechen el cambio tecnológico y, a la vez, contengan los abusos o vacíos normativos. Holanda por ejemplo ha emprendido una reforma laboral que se articula en este sentido.
En España, la necesidad de acabar con el fracaso escolar, uno de los más elevados del mundo desarrollado, e incentivar formaciones que respondan a las nuevas necesidades es acuciante. Por otra parte, para participar con fuerza en la economía digital, se requiere de un tejido productivo conectado mediante plataformas. Y la proliferación de contratos temporales para cubrir necesidades permanentes de las empresas, además de polarizar la sociedad, representa un lastre ante las transformaciones que se avecinan. No son pocos los países que han emprendido una nueva agenda de reformas para hacer frente a los desafíos de la revolución digital. Alemania, Corea del Sur y Japón cuentan con estrategias digitales que tienen en cuenta el panorama laboral. Es momento para que España se enganche al tren que ya está en marcha.
Raymond Torres es director de previsiones de Funcas y consejero del director general de la OIT.

dimecres, 23 de novembre del 2016

El cambio radical en la sustitución tecnológica del trabajo profesional ya está en marcha

Publicado en el bloc de  Marcvidal.net
Octubre 27/2016

Nos llegan noticias del futuro que cuentan que la Inteligencia artificial y los robots están listos para reemplazar en gran medida la fuerza laboral de hoy en día. La mayoría de profesionales creativos, o que precisan un punto de vista intuitivo e interpretativo como médicos, abogados, diseñadores y otros, creen que van a resultar indemnes a esa sustitución masiva. Se suele repetir que los trabajos amenazados son los repetitivos, los rutinarios. Tareas que puedan ser asumidas por máquinas y que permitirá siempre que la creatividad siga en manos de los seres humanos.
La Harvard Business Review está trabajando en publicar todos los estudios y análisis que ponen en guardia esas afirmaciones de nuevo. Consideran que en apenas un par de décadas, justo en el punto exacto en que nuestros niños entren en la subasta laboral, todas esas profesiones habrán sido desmanteladas tal y como las conocemos ahora y, peor aún, como se las estamos presentando a los profesionales del futuro. Existen ocho campos profesionales vinculados a la salud, el derecho, la educación, la auditoría, los impuestos, la consultoría, el periodismo, la arquitectura y, como novedad, la religión. El diagnóstico de la Harvard Business Review es parecido al que muchas veces comentamos aquí. La evidencia de que el cambio radical en la sustitución tecnológica del trabajo profesional ya está en marcha y avanzando de un modo exponencial.
Más de 60 millones de desacuerdos entre los comerciantes de eBay se resuelven mediante ‘resolución de conflictos en la red’ en lugar de entre abogados y jueces. Tres veces el número de demandas presentadas cada año en todo el sistema judicial americano. Las autoridades fiscales de Estados Unidos en 2014 recibieron las declaraciones de impuestos electrónicos de casi 50 millones de personas que habían confiado en el software de preparación de impuestos online en lugar de profesionales de impuestos humanos. En WikiHouse, una comunidad digital diseñó una casa que podría ser ‘impresa’ y montada por menos de 50.000 euros. En 2011 el Vaticano concedió la primera impronta digital a una aplicación llamada ‘confesión’ que ayuda a la gente a prepararse para confesar sus pecados y recibir las instrucciones para redimirlos. La Iglesia considera que Dios está online.
La Harvad Business Review considera que estos indicadores, entre casi un millar más que en su espacio web publican regularmente, son la muestra de que el desafío más determinante al que se ha enfrentado la humanidad en cuanto a su modo de vida, ya ha empezado y nada lo va a detener. Cuentan que los médicos están utilizando listas de comprobación, los abogados se basan en los precedentes, y los asesores trabajan con metodologías. Todos bajo un prisma de automatización y sustitución como nunca antes habíamos pensado y cuya adopción se ha acelerado en los últimos cinco años de manera exponencial. Cosas impensables hace 6 meses están en marcha de manera natural en muchos despachos.
La afirmación de que algunas profesiones ‘son inmunes a los desplazamientos por la tecnología’ generalmente se basa en dos supuestos. El primero se refiere a que los ordenadores deberían ser incapaces de ejercer un juicio, ser creativos o sentir empatía. Cualidades indispensables en la prestación de un servicio que, digamos, se sitúa en territorio puramente humano. Sin embargo esa afirmación ya no se aguanta. Ahora sabemos que cuando el trabajo profesional se desglosa en varios componentes, muchas de las tareas que implica llegar a una resolución no dejan de ser rutinarias y basadas en procesos. La Inteligencia Artificial y la gestión masiva de datos no estructurados logran simular la creatividad al dividir procesos en partículas. Logran algo parecido al ‘juicio’ en base a un método interpretativo que no tiene nada que ver al modo en el que los humanos razonamos.
Existe otro problema que es de tipo conceptual. La insistencia en que los resultados de asesores profesionales sólo pueden ser alcanzados por los seres humanos que son creativos y empáticos, por lo general se basa en la idea de que la única manera de conseguir máquinas para superar a los mejores profesionales humanos sería copiando la forma en que trabajan estos profesionales. El error aquí es no reconocer que los profesionales humanos ya están siendo superados por una combinación de fuerza bruta de procesamiento con inmensas cantidades de datos y resoluciones derivadas de algoritmos notables.
Estos sistemas no replican el razonamiento humano ni nuestro pensamiento. Estos sistemas ya vencen a los mejores seres humanos en juegos difíciles, predicen la probabilidad de fallos en los tribunales con mayor precisión que los abogados, o resuelven de modo más exacto las probables epidemias permitiendo a los sistemas sanitarios actuar independientemente de órdenes humanas. La idea de que los sistemas piensan como humanos es un error conceptual.
La conclusión que nos sugieren es que nos preparemos y dejemos de lanzar balones fuera. No es ‘inteligente’ afirmar que todo eso no va con nosotros o que sucederá en un futuro lejano. Ya está pasando y llegará toda su intensidad en apenas una década. No atender esa llamada del futuro será un trágico error. Abrazar la automatización no será cómodo si se hace de improviso y precipitadamente. Existen pruebas de que no necesariamente se debe destruir empleo. Sabemos, analizando como se están industrializando algunos países que han ingresado en la Cuarta Revolución con mayor intensidad que otros, que el empleo no desaparece, se transforma.
Si se diseña un modo para compaginarlo todo, para atender a un mundo con una ocupación distinta, menor en algunos campos, superior en otros, con una economía circular y con una reinvención del concepto empleo que distinga entre ocupación y productividad, lograremos vivir en un mundo robótico, automático y tecnológico que nos permitirá ser más humanos, sociales y solidarios con nuestro entorno.


La caída de los salarios dispara la desigualdad

Article publicat a Alternativas Económicas
 
3 Noviembre, 2016

Un informe de Oxfam Intermón denuncia el aumento de la brecha entre ricos y pobres desde el inicio de la crisis. España es el cuarto país de Europa con mayores diferencias de renta

La brecha entre los más ricos y más pobres sigue ensanchándose. Un informe presentado el jueves por Oxfam Intermón muestra que la crisis no ha castigado a todos por igual: si el 10% más rico de la población española disfrutaba de una renta 10 veces superior a la del 10% más pobre en el año 2006, la diferencia se agrandó hasta las 15 veces en 2015. España es, según el estudio, el cuarto país de Europa con mayor desigualdad de renta, sólo por detrás de Irlanda, Serbia y Reino Unido. Más de 13,2 millones de ciudadanos españoles están en riesgo de pobreza y exclusión.
Oxfam Intermón apunta a la caída de los salarios como principal explicación del fenómeno. Los niveles de desigualdad salarial en España, señala la ONG, son mucho más altos que en países como Italia, Grecia, Noruega, Bélgica o Francia, por poner algunos ejemplos. “La crisis económica ha provocado un contexto general de devaluación salarial, donde el salario medio ha caído un 6,1% entre 2008 y 2014”, dice el informe. Pero la bajada de las retribuciones no ha sido igual para todos los españoles: mientras los salarios del 10% de la población que cobra menos cayeron cerca del 28% entre 2008 y 2014, los salarios más altos aumentaron en el mismo periodo de tiempo.
Este incremento de la brecha salarial ha perjudicado especialmente a los colectivos más vulnerables, como las mujeres -que ganan un 18,8% menos que los hombres-, y los más jóvenes. Un 21% de trabajadores menores de 24 años está en riesgo de pobreza y exclusión.  En España, tener un trabajo ya no asegura cubrir las necesidades más básicas. La situación es peor en el caso de las mujeres: el porcentaje de trabajadoras pobres en España sólo es superado en la UE por el registrado en Rumanía.
El informe de Oxfam Intermón, titulado ‘Bajan los salarios, crece la desigualdad’, analiza a fondo la relación entre las diferencias salariales y la desigualdad tanto en países ricos como en desarrollo. Entre los muchos factores que ayudan a explicar la tendencia, sus autores destacan uno por encima de los demás: el mercado laboral, pues los salarios son un componente esencial de la renta de los hogares tanto en los países desarrollados (un 70% en Europa, un 80% en EE UU) como en los emergentes o en desarrollo (entre un 30% de Vietnam y un 70% de Indonesia).
La desigualdad salarial en los países desarrollados es clara. Mientras que las retribuciones más bajas han caído en muchos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) desde 1990, los salarios del 1% que más gana han aumentado casi un 20%, señala el informe.
A nivel global, los salarios de las mujeres son los mismos que tenían los hombres hace 10 años. De seguir a este ritmo, opina Intermón Oxfam, hasta 2133 no se conseguirá cerrar la brecha entre ambos sexos. En España, los datos señalan que la mujer tiene que trabajar 50 días más que el hombre para conseguir el mismo salario.
“La desigualdad salarial se puede combatir aumentando el salario mínimo legal de los trabajadores, consiguiendo un salario digno para cubrir sus derechos y necesidades básicas, para que la recuperación económica llegue también a las familias, se fomente el consumo y la demanda”, afirma Lara Contreras, responsable del área de Contenidos e Incidencia de Oxfam Intermón.
Para reducir la desigualdad, la ONG reclama al nuevo Gobierno español, al Parlamento y a las Administraciones autonómicas y locales un aumento progresivo del salario mínimo interprofesional durante la legislatura, hasta alcanzar los 1.000 euros netos mensuales en 2020 (actualmente es de 764 euros en 12 pagas). “El incremento del SMI es uno de los compromisos que adquirieron por unanimidad en el Congreso todos los grupos parlamentarios en la pasada Legislatura de sólo cuatro meses, incluido el PP”, sostiene Contreras. “Por tanto, esperamos que este compromiso sea una de las primeras medidas de este nuevo Gobierno y del Parlamento”.
Intermón Oxfam subraya que apenas 1.000 euros separan el actual salario mínimo en España (9.080,40 euros brutos anuales) de la línea de pobreza para hogares formados por una sola persona (8.011 euros, según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2015). El incremento a 1.000 euros mensuales, afirma la ONG, permitiría cumplir con la recomendación de la Unión Europea de que el SMI equivalga al 60% del salario medio. Entre otras recomendaciones para paliar la desigualdad, Oxfam Intermón solicita regular por ley una escala salarial en torno a 1:10, así como asegurar que las Administraciones Públicas promuevan contrataciones de empresas cuyas diferencias salariales estén en esta escala. 
Las diferencias en la retribución de los directivos de las empresas y el resto de la plantilla son, a juicio de la organización, “escandalosas”. En España, un trabajador medio tiene que trabajar 25 años para ganar lo mismo que la alta dirección de su empresa si ésta cotiza en el Ibex 35. Los máximos directivos de estas compañías ganan de media 96 veces más que sus empleados, y el directivo medio, 13 veces más.
El informe completo puede consultarse en: http://www.oxfamintermon.org/es/que-hacemos/proyectos/desigualdad/salarios

Trabajadores esclavos

Article publicat a Alternativas Económicas
Por (Director)
28 Octubre, 2016

Hay trabajadores que viven como esclavos”. Esta afirmación no es de un militante político radical, ni de un sindicalista, ni de un empleado indignado por las duras condiciones laborales a las que se ve sometido. Son las palabras de un médico de atención primaria horrorizado por el deterioro de las condiciones de vida de algunos de los trabajadores que atiende. El espanto de este y otros doctores proviene del frecuente rechazo de los trabajadores a tomar la baja cuando están enfermos.
En determinadas actividades laborales son cada vez más los trabajadores enfermos que acuden al médico en busca de consejo y medicinas pero renuncian a la baja para no perder el salario o una parte de él y para evitar el despido. Este fenómeno registró su mayor extensión en los momentos más graves de la crisis.
Trabajar estando enfermo es lo que se denomina presentismo laboral en la jerga médica y de los investigadores sociales. El presentismo laboral registró un fuerte aumento en este país a medida que las cifras de paro se desbocaron. Actualmente con más de 4,5 millones de parados sigue siendo un problema muy serio. El presentismo laboral es la cara inversa del absentismo laboral que se refería al número de bajas laborales que se producían sin estar siempre justificadas.
Según una encuesta realizada por el sindicato Comisiones Obreras en Andalucía durante el primer semestre de este año, el 70% de los trabajadores manifestó que “la reforma laboral había empeorado sus condiciones de trabajo y aumentado el presentismo en las empresas por miedo al despido”. El sindicato censuró la presión que ejercían las mutuas porque estimaba en muchas ocasiones se obliga a los trabajadores enfermos a volver al trabajo sin estar del todo recuperados.
La reforma laboral ha tenido una gran responsabilidad en el deterioro de la salud de los trabajadores al contemplar entre otras cosa la posibilidad de plantear el despido por absentismo aunque éste estuviera justificado.
La pérdida de los derechos laborales básicos no afecta sólo a profesiones especialmente duras como los trabajadores de los mataderos, camioneros y determinadas actividades industriales o de la construcción. El presentismo laboral afecta algunos sectores como el  de la educación y la sanidad privada, con consecuencias muy graves no tan sólo para la salud de los médicos y enfermeras que acuden al trabajo enfermos sino también para los pacientes. La gripe puede ser mortal para muchos pacientes como reconocen las propias autoridades en las campañas de vacunación. En Euskadi, por ejemplo, en los peores momentos de la crisis, estaba bastante generalizado, entre las enfermeras de la sanidad privada acudir al trabajo a pesar de padecer la gripe para no perder una parte del salario o el temor al despido. “Cuando tienes toda la familia en paro, y eres la única persona con empleo vas al trabajo aunque sea enferma y tengas que llevar el hígado en la mano” explica una trabajadora de esta comunidad.
La crisis económica y la Reforma Laboral han devaluado salarios, alargado horarios y pulverizado muchos derechos laborales que en bastantes casos se han convertido en simples derechos teóricos. Todo ello ha tenido efecto también en el aumento de la temporalidad y en consecuencia de la siniestralidad, especialmente en el sector industrial. En este sector en los dos últimos años los nuevos contratos de duración inferior a una semana han pasado del 10% al 28% y la siniestralidad mortal en 2015 ha aumentado en un 45%, según los sindicatos CCOO y UGT.
Especialmente grave es el aumento del cáncer laboral, causado por agentes de riesgo (radiaciones, sustancias químicas, infecciones, entre otras) que los citados sindicatos estiman en 9.000 el número de diagnósticos anuales, aunque las mutuas sólo han reconocido 23 en 2015, 19 de ellos por exposición al amianto.
El deterioro de las condiciones de trabajo ha quedado especialmente patente en la drástica reducción de los salarios. En España el 22% de los asalariados cobraba menos de 300 euros al mes en 2014, cuando antes de la crisis en 2008 este colectivo sólo representaba un 16%, según la Agencia Tributaria. Durante el mismo periodo los asalariados con ingresos inferiores a 600 euros han pasado de representar desde el 27% al 35%. Es decir, un tercio de los trabajadores perciben ingresos inferiores al salario mínimo actualmente en 655,20 euros al mes en 14 pagas.
Esta realidad social facilita numerosos abusos que se reflejan en los salarios y condiciones de vida de los trabajadores que son especialmente sufridos por los trabajadores jóvenes debido a la elevadísima tasa de paro que soportan. En agosto pasado la tasa de paro de los trabajadores menores de 25 años fue del 43,3%. A pesar del crecimiento de la economía la reducción del desempleo juvenil es muy lenta. En un año se ha reducido 4 puntos, lo que se precisaría una década de crecimiento sostenido para su eliminación.
El trastorno de la vida de los trabajadores no es una exclusiva de nuestro país. En Francia los trabajadores más castigados son calificados “trabajadores quemados”, burn out en inglés, que representan el 20% de las bajas laborales. En España desconocemos las personas que se encuentran en esta situación porque no existen este tipo de estadísticas. En nuestro país, sin embargo, hay sectores como el de la banca, que ha perdido uno de cada cuatro empleos, (más de 65.000) que se ha visto sometido a fuertes presiones para la colocación de todo tipo de productos (preferentes, bonos, obligaciones y seguros) lo que supuesto que muchos empleados hayan precisado medicación sistemática.
El sistema económico dominado por el principio de maximizar el beneficio a cualquier precio, a costa de todo, incluyendo la salud de los trabajadores está teniendo consecuencias muy dañinas y duraderas para nuestra sociedad.

Carles Taibo: Sobre el colapso

Article publicat a la revista  15-15-15 Revista para una nueva civilización


(Artículo previamente publicado en el web del autor.)
Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata)Acabo de publicar un libro titulado Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo(Los Libros de la Catarata). Me permito resumir aquí, con vocación fundamentalmente pedagógica, algunas de las tesis que defiendo en esa obra. Lo hago, por lo demás, desde la certeza de que el debate relativo a un eventual colapso general del sistema que padecemos falta llamativamente tanto en los medios de incomunicación como entre los responsables políticos. Dicho esto, agrego que no estoy en condiciones de afirmar taxativamente que se va a producir ese colapso general, y menos lo estoy de adelantar una fecha al respecto. Me limito a señalar que ese colapso es probable. No sólo eso: que los datos que van llegando invitan a concluir que es cada vez más probable, algo que, por sí solo, invitaría a asumir una estrategia de reflexión, de prudencia y, claro, de acción.

1. ¿Qué es el colapso?

El colapso es un proceso, o un momento, del que se derivan varias consecuencias delicadas: cambios sustanciales, e irreversibles, en muchas relaciones, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas, reducciones significativas en el tamaño de la población humana, una general pérdida de complejidad en todos los ámbitos —acompañada de una creciente fragmentación y de un retroceso de los flujos centralizadores—, la desaparición de las instituciones previamente existentes y, en fin, la quiebra de las ideologías legitimadoras, y de muchos de los mecanismos de comunicación, del orden antecesor.
Importa subrayar, de cualquier modo, que algunos de los rasgos que se atribuyen al colapso no tienen necesariamente una condición negativa. Tal es el caso de los que se refieren a la rerruralización, a las ganancias en materia de autonomía local o a un general retroceso de los flujos jerárquicos. Esto al margen, es razonable adelantar que el concepto de colapso tiene cierta dimensión etnocéntrica: es muy difícil —o muy fácil— explicar qué es el colapso a un niño nacido en la franja de Gaza; no lo es tanto, por el contrario, hacerlo entre nosotros.

2. ¿Cuáles son las previsibles causas de un colapso general del sistema?

Conforme a una visión muy extendida, y controvertida, habría que identificar dos causas principales del colapso, en el buen entendido de que en la trastienda operarían otras que llegado el caso podrían adquirir un papel prominente u oficiar como multiplicadores de tensión. Las dos causas mayores son el cambio climático y el agotamiento de las materias primas energéticas que empleamos.
En lo que al cambio climático se refiere, parece inevitable que la temperatura media del planeta suba al menos dos grados con respecto a los niveles anteriores a la era industrial. Cuando se alcance ese momento nadie sabe lo que vendrá después, más allá de la certeza de que no será precisamente saludable. Conocidas son, por otra parte, las consecuencias esperables del cambio climático: además de un incremento general de las temperaturas se harán valer —se hacen valer ya— una subida del nivel del mar, un progresivo deshielo de los polos, la desaparición de muchas especies, la extensión de la desertización y de la deforestación, y, en fin, problemas crecientes en el despliegue de la agricultura y la ganadería.
Por lo que respecta al agotamiento de las materias primas energéticas, lo primero que hay que subrayar es nuestra dramática dependencia en relación con los combustibles fósiles. Si renunciamos al petróleo, al gas natural y al carbón, no quedará nada de nuestra civilización termoindustrial. Según una estimación, sin esos combustibles un 67% de la población del planeta perecería. Antonio Turiel sostiene que el pico conjunto de las fuentes no renovables se producirá en 2018, de tal suerte que inequívocamente la producción de aquéllas se reducirá y los precios se acrecentarán en un escenario en el que habrá que aportar cada vez más energía para obtener cada vez menos energía. Aunque se pueden imaginar cambios en la combinación de fuentes que hoy empleamos, con un mayor peso asignado, por ejemplo, a las renovables y al carbón, no hay sustitutos de corto y medio plazo para las fuentes presentes. Cualquier cambio reclamará, inequívocamente, transformaciones onerosísimas.
Entre los elementos acompañantes del colapso que podrían adquirir, en su caso, un relieve principal no está de más que mencione los que siguen: (a) la crisis demográfica; (b) una delicadísima situación social, con más 3.000 millones de seres humanos condenados a malvivir con menos de 2 dólares diarios; (c) la esperable extensión del hambre, acompañada, en muchos casos, de una escasez de agua; (d) la expansión de las enfermedades, en la forma de epidemias y pandemias, de multiplicación de los cánceres y las enfermedades cardiovasculares y de reaparición de dolencias como la tuberculosis; (e) un entorno invivible para las mujeres —son el 70% de los pobres y desarrollan el 67% del trabajo, para recibir sólo un 10% de la renta—; (f) el presumible efecto multiplicador de la crisis financiera, con sus secuelas en forma de caotización, inestabilidad, pérdida de confianza e incertidumbre; (g) la quiebra de muchos Estados, estrechamente vinculada con las guerras de rapiña asestadas por las potencias del Norte; (h) las secuelas de la subordinación de la tecnología a los intereses privados;(i) una huella ecológica disparada —el espacio bioproductivo consumido hoy es de 2,2 hectáreas por habitante, por encima de las 1,8 que la Tierra pone a nuestra disposición—, y (j) una inquietante idolatría del crecimiento económico.

3. ¿Cuáles son los rasgos previsibles del escenario posterior al colapso?

Antía Barba Mariño
Antía Barba Mariño
Cualquier respuesta a esta pregunta tiene que ser por fuerza especulativa. Para que no fuese así deberíamos conocer las causas mayores del colapso, si éste tiene un carácter repentino o no, sus eventuales variaciones geográficas o la naturaleza de las reacciones suscitadas. Aunque tampoco es posible fijar el momento del colapso, no está de más que señale que muchos analistas se refieren al respecto a los años que separan 2020 y 2050.
Aun con ello, y si se trata de identificar los rasgos generales de la sociedad poscolapsista, bien pueden ser éstos: (a) una escasez general de energía, con efectos visibles en materia de transporte, suministros y turismo, y al amparo de una general desglobalización; (b) graves problemas para la preservación de muchas de las estructuras de poder y dominación, y en particular para las más centralizadas y tecnologizadas; (c) una aguda confrontación entre flujos centralizadores, hipercontroladores e hiperrepresivos, por un lado, y flujos descentralizadores y libertarizantes, por el otro; (d) inquietantes confusiones entre lo público y lo privado, con una manifiesta extensión de la violencia de la que serán víctimas principales las mujeres; (e) una trama económica general marcada por la reducción del crecimiento, el cierre masivo de empresas, la extensión del desempleo, la desintegración de los llamados Estados del bienestar, la subida de los precios de los productos básicos, la quiebra del sistema financiero, el hundimiento de las pensiones y retrocesos visibles en sanidad y educación; (f) un general deterioro de las ciudades, con pérdida de habitantes y desigualdades crecientes; (g) un escenario delicado en el mundo rural, resultado de la mala gestión de los suelos, del monocultivo, de la mecanización y de la mercantilización, y (h) una reducción de la población planetaria.
En el caso preciso de la península Ibérica, los antecedentes son malos, como lo testimonian el abandono de las energías renovables, el despilfarro y la escasa eficiencia energética, la lamentable apuesta por la alta velocidad ferroviaria y por las autopistas, la baja producción de materias primas energéticas, el alto consumo de petróleo y, en fin, en la trastienda, la deuda. El cambio climático se traducirá ante todo en una subida notable de las temperaturas en la mitad meridional de la península, con efectos graves sobre la agricultura y una insorteable crisis de la industria turística. Esto al margen, se harán valer fenómenos planetarios como los vinculados con la quiebra de empresas, la explotación laboral, el empobrecimiento, la crisis financiera, la desnutrición, el deterioro de la sanidad y el descrédito de las instituciones.

4. ¿Qué proponen, como alternativa, los movimientos por la transición ecosocial?

En sustancia lo que proponen no es otra cosa que una recuperación del viejo proyecto libertario de la sociedad autoorganizada desde abajo, desde la autogestión, desde la democracia y la acción directas, y desde el apoyo mutuo.
Si se trata de identificar, de cualquier modo, algunos de los rasgos de esa transición ecosocial, y del escenario final acompañante, bien pueden ser los que siguen: (a) la reaparición, en el terreno energético, de viejas tecnologías y hábitos, en un escenario de menor movilidad y de retroceso visible del automóvil en provecho del transporte público; (b) el despliegue de un sinfín de economías locales descentralizadas; (c) el asentamiento de formas de trabajo más duro, pero en un entorno mejor, sin desplazamientos, con ritmos más pausados, con el deseo de garantizar la autosuficiencia, y sin empresarios ni explotación; (d) la progresiva remisión de la sociedad patriarcal, en un escenario de reparto de los trabajos y de retroceso de la pobreza femenina; (e) una reducción de la oferta de bienes, y en particular de la de los productos importados, en un marco de sobriedad y sencillez voluntarias; (f) la recuperación de la vida social y de las prácticas de apoyo mutuo; (g) una sanidad descentralizada basada en la prevención, en la atención primaria y en la salud pública, con un menor uso de medicamentos; (h) el despliegue de fórmulas de educación/deseducación extremadamente descentralizadas; (i) una vida política marcada por la autogestión y la democracia directa; (j) una general desurbanización, con reducción de la población de las ciudades, expansión de la vida de los barrios y progresiva desaparición de la separación entre el medio urbano y el rural, y (k) una activa rerruralización, con crecimiento de la población del campo en un escenario definido por las pequeñas explotaciones y las cooperativas, la recuperación de las tierras comunales y la desaparición de las grandes empresas. Cinco verbos resumen, acaso, el sentido de fondo de muchas de estas transformaciones: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar.

5. ¿Qué es el ecofascismo?

Aunque el prefijo “eco-” se suele identificar con realidades saludables, no está de más que señale que en el partido nazi, el partido de Hitler, operaba un poderoso grupo de presión de carácter ecologista, defensor de la vida rural y receloso ante las consecuencias de la industrialización y de la tecnologización. Cierto es que este proyecto se volcaba en favor de una raza elegida que debía imponerse, sin pararse en los medios, a todos los demás…
Carl Amery ha subrayado que estaríamos muy equivocados si concluyésemos que las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás remiten a un momento histórico singularísimo, coyuntural y, por ello, afortunadamente irrepetible. Amery nos emplaza, antes bien, a estudiar esas políticas por cuanto bien pueden reaparecer entre nosotros, no defendidas ahora por ultramarginales grupos neonazis, sino postuladas por algunos de los principales centros de poder político y económico, cada vez más conscientes de la escasez general que se avecina y cada vez más decididos a preservar esos recursos escasos en unas pocas manos en virtud de un proyecto de darwinismo social militarizado, esto es, de ecofascismo. Este último, que en una de sus dimensiones principales responde a presuntas exigencias demográficas, reivindicaría la marginación, en su caso el exterminio, de buena parte de la población mundial y tendría ya manifestaciones preclaras en la renovada lógica imperial que abrazan las potencias occidentales. Cierto es que el escenario general de crisis energética puede debilitar sensiblemente los activos al servicio de un proyecto ecofascista.

6. ¿Qué es lo que la gente común piensa del colapso?

El colapso suscita reacciones varias. Una de ellas se asienta, sin más, en la ignorancia, visiblemente inducida por el negacionismo que proponen las grandes empresas con respecto al cambio climático o al agotamiento del petróleo. Una segunda reacción bebe de un optimismo sin freno, traducido en una fe ciega en que aquello que deseamos se hará realidad, en la intuición de que los cambios serán lentos, predecibles y manejables, en la certeza de que todavía tenemos tiempo o, en fin, en la confianza en los gobernantes. Una tercera posición es la de quienes estiman que inexorablemente aparecerán tecnologías que permitirán resolver todos los problemas. No faltan, en un cuarto estadio, quienes prefieren acogerse al carpe diem y, al efecto, consideran que sólo debe preocuparnos lo más inmediato y lo que está más cerca. Hay quien se acoge, en suma, al concepto de culpa y aduce, bien que no tiene obligación alguna de resolver los problemas que crearon otros, bien que la especie humana se ha hecho merecedora, por su conducta, de un castigo severísimo.
En este mismo orden de cosas, Elisabeth Kubler-Ross ha identificado cinco etapas en el procesamiento del colapso: la negación, la angustia, la adaptación, la depresión y la aceptación. Por detrás de muchas de las reacciones mencionadas se aprecia, de cualquier modo, el designio, en buena parte de la población del Norte opulento, de no renunciar a su modo de vida presente, y de preservar los niveles actuales de consumo y de status social. Y se aprecia también una firme negativa a pensar en las generaciones venideras y en las demás especies que nos acompañan en la Tierra.

7. ¿Esquivar el colapso?

El capitalismo es un sistema que ha demostrado históricamente una formidable capacidad de adaptación a los retos más dispares. La gran pregunta hoy es la relativa a si, llevado de un impulso incontenible encaminado a acumular espectaculares beneficios en un período de tiempo muy breve, no estará cavando su propia tumba, con el agravante, claro, de que dentro de la tumba estamos nosotros.
Ante el riesgo de un colapso próximo, en el mundo alternativo las respuestas son, en sustancia, dos. Mientras la primera entiende que no queda otro horizonte que el de aguardar a que llegue ese colapso —será el único camino que permita que la mayoría de los seres humanos se percaten de sus deberes—, la segunda considera que hay que salir con urgencia del capitalismo y que al respecto, y a título provisional, lo que se halla a nuestro alcance es abrir espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados, propiciar su federación y acrecentar su dimensión de confrontación con el capital y con el Estado. Si unos interpretan que estos espacios nos servirán para esquivar el colapso, otros creen que es preferible concebirlos como escuelas que nos prepararán para sobrevivir en el escenario posterior a aquél. Lo más probable, de cualquier modo, es que no consigamos evitar el colapso: lo que está a nuestro alcance es, antes bien, postergar un poco su manifestación y, tal vez, mitigar algunas de sus dimensiones más negativas.
Parece claro, de cualquier modo, que no hay ningún motivo serio para depositar nuestra esperanza en unas instituciones, las del sistema, sometidas a los intereses privados, jerarquizadas, militarizadas y aberrantemente cortoplacistas. Una de las estratagemas mayores del capitalismo contemporáneo se beneficia de la enorme habilidad que el sistema muestra a la hora de evitar que nos hagamos las preguntas importantes. Y es que un empeño principal del capitalismo de estas horas consiste en buscar desesperadamente materias primas y tecnologías que nos permitan conservar aquello de lo que hoy disponemos, sin permitir que nos preguntemos por lo principal: ¿realmente nos interesa conservar esto con lo que hoy contamos, o con lo que cuentan, mejor dicho, unos pocos?
Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco 'Un mal día lo tiene cualquiera' para el grupo Las Buenas Noches
Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco ‘Un mal día lo tiene cualquiera’ para el grupo Las Buenas Noches