dilluns, 9 de març del 2015

Ninguna de las principales industrias del mundo sería rentable si pagase por el capital natural que utiliza

Traducció al castellà del post publicat al web GRIST
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La noción de "externalidades" se ha vuelto familiar en los círculos ambientales. Se refiere a los costos impuestos por las empresas y que no son  asumidos por ellas. Por ejemplo, los procesos industriales pueden polucionar el aire con contaminantes  lo cual   aumenta  los costos en salud pública, pero será la sociedad y  no las empresas contaminantes, quien pagará  la cuenta. De esta manera, las empresas privatizan los beneficios y socializan los costos.

Si bien la idea es increíblemente útil, especialmente en el enfoque económico de los problemas ecológicos, siempre he tenido mis reservas al respecto. Actualmente, a los ecologistas  les encanta hablar con el lenguaje económico, que suena serio, pero me preocupa que el hecho de envolver este concepto en un término técnico, sin alma, tiende a tener un efecto narcotizante. Nos lleva al incrementalismo: crea unos impuestos aquí, endurece  una regulación allí y el monstruo  industrial podrá  mantenerse en forma  resoplando. Sin embargo, si tomamos en serio la idea, no sólo como un fenómeno de contabilidad, sino como una profunda descripción de las prácticas humanas corrientes, sus implicaciones son positivamente revolucionarias.


Para ver lo que quiero decir, echar un vistazo a un  informe reciente  realizado por la consultora ambiental TruCost en nombre de la Economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB), programa   patrocinado por el Programa Ambiental de las Naciones Unidas. TEEB encargó a TruCost hacer un recuento total del "capital natural sin precio" consumido por los principales sectores industriales del mundo.  (El "capital natural" se refiere a los materiales y servicios ecológicos tales como el agua limpia o una atmósfera estable; "sin precio" significa que las empresas no pagan por consumirlos.)

Ha sido una tarea enorme; obviamente, calcularlo ha requerido una metodología específica  elaborada bajo  una serie de supuestos. (Todos los detalles en el informe.) Pero sirve como una importante señal que apunta el camino hacia la verdad de las externalidades.

He aquí cómo se desglosan esos costes:

La mayoría de los costes de capital natural sin precio se derivan  de las emisiones de gases de efecto invernadero (38%), seguidos por el uso del agua (25%), el uso de la tierra (24%), la contaminación del aire (7%),  la contaminación del agua y del suelo (5%), y los  residuos (1%).

Así  que ¿cual es el coste? Los resultados según los titulares de TruCost son bastante impresionantes.

En primer lugar, el “capital natural sin precio” total consumido por los más de 1.000  “sectores- región”* de producción primaria global y de procesamiento primario" asciende a 7,3 billones de dólares al año: el 13% del PIB mundial de 2009.

* (Un "sector - región" es una industria en particular en una región determinada. Por ejemplo, el cultivo de trigo en Asia oriental)

En segundo lugar y sin sorprender  a nadie, el carbón es el enemigo de la raza humana. TruCost ha compilado por orden, tanto  los principales impactos ambientales como los principales culpables industriales.

 

¿Cual de ellos es el que tiene una mayor responsabilidad en el coste ambiental? Los gases de efecto invernadero procedentes de la quema de carbón en China. Y en el  quinto lugar? Los gases de efecto invernadero procedentes de la quema de carbón en América del Norte. (Esto también muestra lo que significa la infame pesadilla de la deforestación en Sudamérica)

Aquí están los cinco principales sectores industriales clasificados por los daños ecológicos totales que imponen:



Es de nuevo el carbón.  Esta vez el carbón de América del Norte está en tercer lugar.

El tercer gran hallazgo de TruCost es el que da el golpe de gracia: De los 20 principales sectores-región  clasificados según su impacto ambiental, ninguno sería rentable si los costos ambientales estuviesen totalmente integrados. Reflexionemos por un momento: Ninguno de los principales sectores industriales del mundo sería rentable si estuviesen  pagando su carga por entero. El resultado sería cero.

Eso equivale a un sistema industrial global construido sobre un juego de manos. Como a Paul Hawken le gusta decir, estamos robando el futuro, vendiéndolo en el presente y a eso  lo llamamos  PIB.

Esto nos lleva de nuevo a lo que me refería  al comienzo  La noción de "externalidad" que es tan técnica como un término económico, consiguió algunos efectos secundarios desafortunados, como mover  algunos números de la Columna A a la Columna B. ¿Cierto?

Pero el informe del PNUMA deja claro que lo que está pasando actualmente es algo más que algunos descuidos contables aquí y allá. La distancia entre los sistemas industriales de hoy en día  y los sistemas industriales verdaderamente sostenibles - sistemas que no consumen el capital natural almacenado  sino que quedan integrados  en el flujo corriente de materiales y energía - no es una diferencia cuantitativa  sino cualitativa.  Lo que se necesita no es sólo una mejor contabilidad, sino un nuevo sistema industrial global, una nueva forma de proveer bienestar humano y rápida. Eso significa una revolución.
Traducció de N.C.




diumenge, 8 de març del 2015

Alemania nacionaliza sus redes de distribución

Publicat per  % Attac
Marta Victoria / Cristóbal J. Gallego – Público.es
7 marzo 2015

Si hablamos de nacionalización y red eléctrica probablemente lo primero que nos venga a la mente sea Bolivia, donde el Gobierno de Evo Morales ha nacionalizado recientemente varias empresas de transporte y distribución de electricidad. En ambas ocasiones, la repercusión mediática en nuestro país fue muy amplia porque las multinacionales propietarias de estas redes eran españolas. La empresa Transportadora de Electricidad (TDE) que era propiedad de Red Eléctrica Internacional se nacionalizó en mayo de 2012 y las distribuidoras Electropaz y Elfeo, anteriormente en manos de Iberdrola, se nacionalizaron en diciembre de ese mismo año. Algunos argumentos para propiciar el debate informado sobre estos procesos, que no es el objetivo de este artículo, pueden encontrarse en los enlaces anteriores.
Sin embargo, la decisión de numerosos municipios alemanes de hacer pública la gestión de sus redes de distribución eléctrica ha tenido bastante menos repercusión mediática. En un artículo reciente hablamos del cambio de la generación eléctrica en Alemania hacia un mix basado en renovables y de cómo los consumidores habían asumido el coste de esta transición. En este texto repasaremos algunas de las recientes remunicipalizaciones ocurridas en el país germano.
Una de las localidades pioneras en constituir una empresa de electricidad municipal fue Schönau. Tras el accidente de Chernóbil en 1986, la convicción de un grupo de ciudadanos de querer dejar de consumir electricidad de origen nuclear llevó a la creación de la empresa municipal de electricidad EWS en 1994. Tres años después, y tras superar dos referendos públicos, EWS se hacía con la distribución de la electricidad en la localidad.
El recomendable documental El espíritu de Schönau pone de manifiesto cómo la concienciación ciudadana fue clave para el éxito de esta empresa. Numerosos conciertos, charlas y visitas puerta a puerta consiguieron movilizar a la ciudadanía para luchar contra la maquinaria de comunicación de la compañía que operaba la red en régimen de monopolio hasta la fecha. La principal argumentación de dicha compañía era que la recién constituida empresa municipal estaba formada por un grupo de aficionados que no sabrían hacer funcionar la red. Hoy, 17 años después, EWS sigue distribuyendo electricidad en Schönau a precios muy competitivos y es generadora de la mitad de la energía que distribuye vetando la energía nuclear y favoreciendo el suministro de energía de origen renovable. EWS se convirtió además en la primera comercializadora de energía verde para particulares y suministra actualmente su electricidad a 150.000 hogares.
Con este mismo espíritu, 72 eléctricas municipales han sido creadas en Alemania desde 2005 enfocadas a obtener mejores resultados en cuanto a impacto económico local, transición energética y protección del medio ambiente. Objetivos que difícilmente pueden alcanzarse dejando que todas las decisiones sean tomadas en base al libre mercado. Esta ola de remunicipalizaciones se produce porque en los últimos años están caducando muchas de las concesiones privadas que se concedieron por un periodo de 20 años. La mayor de estas remunicipalizaciones se ha llevado a cabo recientemente en la ciudad de Hamburgo, donde los ciudadanos decidieron democráticamente remunicipalizar las redes de distribución de electricidad, gas y calefacción doméstica.
En Berlín también se está produciendo el debate sobre la remunicipalización, aunque la idea no prosperó en un reciente referéndum. En este caso, los ciudadanos se quejan de que la empresa que suministra la electricidad, Vattenfall, basa su generación exclusivamente en centrales de carbón, con la consecuente contaminación asociada. Además, el desarrollo de las renovables en la capital germana es prácticamente nulo. Por último, la ciudad de Stuttgart también ha vivido un proceso de recuperación del control público en la gestión de los servicios. En 2011, el Gobierno local recuperó la empresa pública Stadwerke Stuttgart y desde marzo de 2014 esta empresa es la encargada, junto a la eléctrica EnBW, de administrar las redes de gas y electricidad de la ciudad.
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Compañías eléctricas municipales creadas desde 2005 (en la parte oeste del país). La oleada de remunicipalización en la parte este tuvo lugar en la década de los 90 (ver fuente)
Este es uno de los debates que probablemente deberíamos abordar en España. Tras años de un funcionamiento sobrerretribuido de las redes de distribución y centrales de generación, ¿funcionarían éstas mejor si los propios municipios fueran sus propietarios? ¿Sería más fácil imponer objetivos más sensatos, tales como el desarrollo de renovables o unas tarifas eléctricas razonables, en lugar de la omnipresente maximización del beneficio privado?
Mientras que en España la mayoría de expertos y medios de comunicación abogan por una mayor privatización del sector eléctrico (y no solo de éste), el espejo alemán, con el que habitualmente nos comparan, está recuperando la gestión pública de sus redes eléctricas. No solo esto, sino que además está demostrando que la gestión ciudadana es técnicamente posible y, en muchos casos, mejor que la iniciativa privada. Sin duda, el debate está sobre la mesa y debemos ser capaces de abordarlo huyendo de clichés, utilizando información veraz y el rigor necesario.
Observatorio Crítico de la Energía, colaboradores del círculo de Economía, Energía y Ecología de Podemos

divendres, 6 de març del 2015

Ricard Gomà: "Renda Bàsica: dignitat i llibertat"

Post publicat al web de Ricard Gomà
A la Convenció Nacional d’ICV, a Sabadell, hem debatut sobre el model de societat que volem forjar a Catalunya amb les eines d’un estat lliure. Una de les apostes clau és “la Renda Garantida Ciutadana (RGC) en la perspectiva d’una Renda Bàsica Universal (RB)”. La ILP de la RGC ha articulat una àmplia xarxa de suport, i és fonamental seguir treballant perque el Parlament aprovi la llei, en la seva integritat, i el més aviat possible. La RGC ha d’assegurar, com a dret social, un ingrés mínim a totes les persones en situació d’exclusió econòmica, com preveu l’article 24 de l’Estatut, que CiU vol convertir en paper mullat. L’existència a Catalunya d’una RGC potent ens situaria en millors condicions per avançar cap a la RB, és a dir, cap a un ingrés universal (per tothom) i incondicionat, com a garantia del dret a l’existència.
La RB pot ser un avenç, en el terreny dels drets socials al segle XXI,  equiparable al que va ser el sufragi universal, en el terreny dels drets polítics al segle XX. El camí no serà fàcil, però crec que val la pena defensar-lo i transitar-lo. La RB és dignitat contra la pobresa; i és llibertat contra la dominació. Culmina, d’alguna forma, el projecte civilitzador de l’estat de benestar. D’una banda, la RB desmercantilitza les condicions materials d’existència: les desplaça del mercat laboral remunerat, a l’espai dels drets socials. Pot semblar revolucionari, i ho és. Però no és una lògica aliena als drets que avui reconeixem. Connecta amb l’eix vertebrador de l’estat de benestar.  Hem desmercantilitzat la salut, l’educació i l’autonomia personal, ara cal fer-ho amb les bases materials d’una existència digna. D’altra banda, la RB vincula drets socials i llibertat individual. En la concepció republicana, la llibertat es defineix per absència de dominació. Quan es depèn d’un altre per viure, s’esdevé vulnerable a la dominació d’aquest. Quan les condicions materials de vida es garanteixen com a dret de ciutadania, la llibertat personal esdevé real per tothom. Real sobretot per als col.lectius avui més vulnerables : les dones, les persones amb diversitat funcional, la gent jove, les persones migrades… Entre aquests sectors, la proposta de la RB obté sempre un suport molt alt. És percebuda com a factor clau d’empoderament. I amb raó.
La RB no és la panacea que permet superar totes les dimensions de la injustícia. No és, per exemple, l’antídot màgic contra el treball precari o les relacions patriarcals de gènere, ho sabem. Però sí és un cop de destral gairebé definitiu contra la pobresa, un instrument fort de redistribució, i una palanca de llibertat per als més febles. No és poca cosa. En el camí de fer-la tangible caldrà superar obstacles culturals (sobre el caràcter universal i no condicionat de la RB), articular majories sociopolítiques de suport, i dissenyar els models fiscals que permetin finançar-la. Un triple repte apassionant. Un repte que em fa defensar la RB amb totes les dosis de gosadia necessàries, però també de discreció i reconeixement de dificultats. Que em fa defensar-la des del mateix convenciment en els valors i les lluites que han fet possible l’estat de benestar, però conscient també que el canvi d’època ens porta a una societat molt diferent. Una defensa, d’altra banda, que no em costa gens d’ubicar en el terreny de l’esquerra verda, allà on la igualtat només té sentit des de l’autodeterminació personal; allà on la individualització és la base per reconstruir una nova ètica col.lectiva, teixida per relacions de reciprocitat i fraternitat.




dimarts, 3 de març del 2015

Guy Standing, a favor de la Renda Bàsica

Dues publicacions sobre Guy Standing:


El Precariado / The Precariat – Guy Standing  El precariado; una nueva clase social. Guy Standing apunta en esta entrevista al surgimiento de una nueva estructura de clases que se inicia con la toma de control de la economía y la política por parte de los neoliberales en los 80 y se consolida con la crisis actual. El elemento común de esta nueva clase social es su rechazo del neoliberalismo y de la socialdemocracia y su toma de conciencia de clase, propiciando el surgimiento de nuevas fuerzas políticas como Podemos, Syriza y la izquierda Ecología y libertad de Italia. Guy Standing es Economista, profesor en la universidad de Londres y fundador/co-presidente de la Red Global de renta Básica. http://www.guystanding.com/ Colabora con AttacTV para que podamos seguir produciendo más contenidos. más información en http://www.attac.tv

Ves al  Vídeo 

 
Guy Standing: 'La renta básica ha de ser un derecho'
Actualizado: 01/03/2015  

Guy Standing es un economista "apátrida" y atípico, de esos que arriman el ascua a la parte más desfavorecida de la sociedad. Trabajó durante tres décadas para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y fue cofundador y aún hoy copresidente de BIEN: la red planetaria de renta básica. En Precariado: una Carta de Derechos (Capital Swing) intenta a través de 29 artículos poner al día la santísima trinidad de la igualdad, libertad y fraternidad, incluido "el derecho a una paga incondicional para todos".
Muchos consideran que la renta básica pertenece más bien al terreno de las utopías...
La idea de un ingreso básico para todos por el mero hecho de ser ciudadanos lleva dando vueltas durante décadas y ha sido defendida en ocasiones por economistas poco sospechosos de ser izquierdas. Y más que una utopía puede acabar siendo una necesidad para una parte creciente de la población, esa que en mi libro identifico como el precariado y que se puede convertir en una clase social peligrosa si no se canalizan sus reivindicaciones sociales, económicas y políticas.
El sociólogo de izquierda Jan Breman asegura que el precariado es un concepto falso...
Se podría haber dicho lo mismo del proletariado en el tránsito al siglo XX. Estamos hablando de una nueva clase social muy diversa, en la que caben desde los descendientes de las clases trabajadoras a los inmigrantes, pasando por una juventud educada y desempleada, o en condiciones de empleo muy precarias. Esta clase ha entrado en la fase de representación, con el ascenso de Syriza en Grecia y Podemos en España.
¿Y en qué se diferencia el precariado del viejo proletariado?
Al precariado no le valen las viejas relaciones de producción y distribución, de ahí su desdén hacia los sindicatos. Está totalmente desprotegido, se mueve en un horizonte de desempleo y trabajo inestable. Y está muy expuesto a condiciones de explotación y opresión. Y es ahí donde entramos en la tercera fase: la redistribución. Ahí es donde encaja la renta básica, que debería ser un derecho en siglo XXI.
En Podemos han existido tensiones internas por la renta básica...
Yo animo a Podemos para que resuelva esas tensiones, que sea fiel a sus principios y tenga el valor de incluir la propuesta de la renta básica. Yo les he animado a que elijan zonas especialmente castigadas por la crisis en España y que pongan en marcha programas piloto.
¿Pero es económicamente viable?
Lo es. Pero obviamente tendríamos que cambiar el sistema impositivo y crear fondos de capital como el que existe en Alaska para repartir los dividendos del petróleo.
Otra de las críticas habituales a la renta básica es que nos haría más holgazanes...
Y sin embargo los planes piloto como el que hemos puesto en marcha en India demuestran todo lo contrario. Cuando la gente tiene un mínimo al menos tiene un punto de partida para salir de la pobreza. La gente es capaz de ahorrar, se estimula el emprendimiento. El tópico de que la renta básica nos haría a todos unos vagos es presuponer muy poco de la condición humana.
El Partido Verde ha propuesto una renta básica de 85 euros a la semana, pero las estimaciones es que el 35% de la población con menos ingresos saldría perdiendo.
El cálculo se ha hecho a partir del sistema actual de impuestos y dando por hecho que el dinero se desviaría de otras partidas sociales. Hay que lograr que las corporaciones paguen sus impuestos y aumentar la presión fiscal sobre los más ricos y usar ese dinero para compensar a la parte más pobre de la población.

Pionero en la implantación de la Economía del Bien Común


Notícia publicada al diari
 Salamanca 24 horas

Jorge G. Trevin  24 febrero 2015


La localidad da a conocer este jueves a sus vecinos la implantación de un modelo que nadie hasta la fecha ha desarollado en Salamanca
El Ayuntamiento de Miranda de Azán organiza el próximo jueves un acto dedicado a la implantación de la Economía del Bien Común (EBC) en el municipio, el innovador método aplicado en esta legislatura.
Miranda es el primer municipio salmantino en lograrlo y uno de los pocos de toda España en aplicarlo hasta el punto de que asesora a otros en la forma de adaptarse a un modelo que incluye una apuesta por la transparencia, la economía social al servicio de la ciudadanía “y no al revés” o por el respeto al medio ambiente entre sus principios. Para ello, incluso, llega a proponer la modificación de normas urbanísticas que, por ejemplo, contribuyan a garantizar una vivienda digna. Entre otras consideraciones la EBC entiende que una habitación no ha de medir menos de 8 metros cuadrados para ser considerada habitable.
Miranda se adhirió al movimiento en mayo de 2013. En este tiempo ha ido acumulando buenas prácticas que poco a poco suman hasta obtener la certificación definitiva. Hacerlo en un municipio de pequeño tamaño, reconocen fuentes municipales, es más sencillo que en grandes Ayuntamientos.
La Economía del Bien Común entiende que el PIB o los indicadores bursátiles no son medidores eficaces del bienestar de un municipio “pues no tiene en cuenta índices como el de pobreza, el de maltrato o el cumplimiento de determinados compromisos”. Además, apuesta por una economía de proximidad y autoabastecimiento en la que las personas, además de poder vender sus propios productos, recuperen raíces y tradiciones materiales e inmateriales.

El acto

La primera parte del acto de este jueves, que se inicia a las 19:30 horas en la biblioteca, estará centrada en un pequeño taller para niños y jóvenes de entre 9 y 16 años. 
A las 20 horas dará comienzo una charla para todos los vecinos en la que se explicará la aplicación de la EBC en la localidad. El vocal de la Asociación Española de la Economía del Bien Común, José Luis Pinotti,  y el coordinador del NODO de Municipios del Campo de Energía Valencia, Miguel Ribera, serán los encargados de impartir la charla.

diumenge, 1 de març del 2015

“El precariado se está convirtiendo en una nueva clase social”

Article publicat a La Marea i Vídeo publicat a Diagonal Periódico amb l'entrevista a Guy Standing, que explica el naixement d'una nova classe, el precariat  i proposa la Renda Básica com a solució per fer front a aquest nova realitat laboral a la que el capitalisme globalitzat ens ha dut.


 Ves al   Vídeo

Article publicat a   La Marea 

"Precariado", o la frustración en el capitalismo del deseo


13 de septiembre de 2013
“Todos somos precarios”, afirma Guy Standing en el cierre de su trabajo sobre esa nueva realidad laboral nacida del cruce del “proletario” y el “precario”. Un libro que posee el acierto de entender que los cambios en la estructura laboral expresan cambios en el mundo real que anuncian una cartelera de cine postapocalíptico y de zombies (trasunto de la precarización generalizada exigida por la reconstitución de la tasa de ganancia).
Vivimos en un capitalismo del deseo, de la información, de las marcas, del diseño, del dinero las finanzas virtuales. En este capitalismo de diseño el precariado es el pasmado que ha gastado sus ahorros en un publicitado perfume y el éxito social no llega. Es el invitado a una fiesta –no el excluido de siempre- donde todos los que son como él o ella están convocados pero a los que les dan con la puerta en las narices. La condición esencial del precariado es su frustración. ¿Puede convertirse en voluntad política de cambio? No es sencillo. A día de hoy, el precariado opta más por la teatralidad de la protesta –que suma más gente que la apelación tradicional de izquierda y derecha- pero que lo más que llega es a desconcertar al Estado, no a
emplazarlo.
Ya hace 30 años que la derecha expuso su receta y la repitió hasta que se convirtió en un nuevo sentido común: descargar el Estado, privatizar, desideologizar parlamentos y partidos, controlar los medios, financiar fundaciones y universidades, combatir los “excesos de democracia”, someter al Sur a través de la deuda, aumentar la explotación de la naturaleza y financiarizar la economía a través del déficit público y la eliminación de los frenos a la expansión financiera. La izquierda socialdemócrata abrazó el neoliberalismo bajo el paraguas de la tercera vía. La izquierda no socialdemócrata se socialdemocratizó y empezó a entonar el canto repetido del regreso al Estado social perdido (al que ayer criticaba). La derecha lleva tres décadas haciendo sus deberes. La izquierda no. No es extraña la precarización generalizada del trabajo en estas décadas. Nadie ha movido en realidad un dedo para evitarlo.
El precariado, dice Standing, hace referencia a una nueva clase social en formación que, si bien aún no sería una “clase para sí” (es decir, que se reconoce y lucha por sus intereses propios), tiene ya una serie de rasgos propios que nos invita a entenderla como una entidad que promete una acción colectiva propia. El precariado vive en una flexibilidad laboral no siempre querida, en la eventualidad y temporalidad y con una constante sensación de llevar una existencia de baja calidad. No serían los proletarios tradicionales ni las clases medias sobreexplotadas. Tampoco una “subclase” ni “la capa inferior de la clase obrera”. Quiere buena parte de las seguridades de los obreros tradicionales pero no quiere una vida laboral como la de sus padres o abuelos. Sus incertidumbres y sus inseguridades son peculiares. Carentes de memoria y consumistas, parecen pijos a ojos de los mayores, a quienes ellos ven como dinosaurios privilegiados.
Aunque los sindicatos no terminen de entenderlo, el precariado existe y tiene rasgos propios, aunque sólo fuera porque lee de una manera diferente su realidad. Son gente formada, a la que le prometieron (en la escuela, en la universidad, en la televisión, en los anuncios, en el ejemplo de los que tienen suerte) un mundo divertido, cómodo y creativo que nunca llega. Son los que han visto cómo la escalera por la que subían ha sido pateada por los que llegaron antes. Pero no parecen tener todavía prisa (como sí la tuvo la clase obrera desde finales del XIX). Son gente con cierta red familiar (que se sostiene crecientemente con los abuelos pero que también está precarizándose), con una formación que les permite soñar con un futuro laboral luminoso (cosa que no haría un proletario tradicional, condenado a un realismo inclemente), son mujeres y jóvenes (en sociedades donde las mujeres están luchando por lograr un espacio de igualdad y diferencia, y donde existe un aumento de la esperanza de vida que alarga la juventud hasta los cuarenta), son receptivos a los mensajes de rebeldía e inconformismo heredados del 68, son urbanitas (resultado del éxodo del campo a la ciudad desde los años 60 del siglo XX) y, por tanto, sujetos a la condición paradójica de estar profundamente conectados a las redes, al tiempo que desconectados del mundo real.
El precariado se diferencia del trabajador “con un puesto relativamente duradero y estable, con jornadas de trabajo fijos y vías bastante claras de mejora, sindicados y con convenios colectivos, cuyos puestos de trabajo tenían nombre que sus padres y madres habrían entendido”. La pregunta casi evidente es: ¿pero de verdad no son el precariado la misma clase proletaria golpeada de siempre? Standing insiste en que son realidades diferentes. En el fondo, lo que está diciendo es que el mundo del Estado social se está marchando. La diferencia entre el precariado y otras formas laborales subalternas no está tanto en su “descenso” laboral, sino en la lectura que construyen del lugar que merecen. El precariado pudo hacer en el oasis socialdemócrata los deberes para estar en otro sitio –por ejemplo, formándose, manejando tecnologías, aprendiendo idiomas, conociendo mundo-. Sin embargo, está abajo. El riesgo de que desprecie al proletario tradicional es alto, igual el de demonizar al inmigrante, al que “parasita los subsidios”, al poligonero o la choni (que están en su mismo lugar pero del que quieren distanciarse). La diferencia está en que unos ven Gandía Shore y otros Juego de tronos. De ahí puede salir un problema que convendría solventar. Los golpeados históricos que desprecian al precariado (siendo ellos mismos precarios) y el precariado despreciando a la capa inferior de la clase obrera. De lo que se trataría es de encontrar la ventana de oportunidad para unir fuerzas.
El precariado tiene un “estatus truncado”. El estatus es el espacio de reconocimiento vinculado a tu trabajo asalariado. Mientras un trabajador con ingresos bajos podía construir una carrera profesional (por limitada que fuera), al precario se le ha negado esa posibilidad. El precario carece de seguridad para emplearse, para mantener el empleo, para hacer carrera, de garantías y seguridad en el puesto de trabajo, para reproducir sus habilidades, de ingresos y para representar colectivamente sus intereses. Carecen de la identidad basada en el trabajo, no tienen memoria social ni la sensación de pertenecer a una “comunidad ocupacional basada en prácticas estables, códigos éticos y normas de comportamiento, reciprocidad y fraternidad”.
La solidaridad entre los precarios es débil. La sensación es de estar siendo maltratados y de enfado ante cómo les va a unos y cómo les va a ellos. El antiguo becario hoy es un simple precario. Por eso hay otros cuatro rasgos novedosos del precario: la aversión (cierta envidia o resentimiento que lleva al desarraigo o al exceso de la autoexplotación). La anomia, esa pasividad nacida de la desesperanza. La ansiedad de saberse siempre al borde del abismo (bastará un error o un golpe de mala suerte para caer al lado oscuro). Es la frustración de saber que se tiene muy poco y que, además, es muy fácil perder lo que se tiene. Por último, la alienación: frustrados profesionalmente, tienen profundas dificultades para desarrollar relaciones de confianza y, al tiempo, escuchan que tienen que ser positivos y sonreír.
El precariado está arrojado al mundo, a merced de una fuerzas –los mercados- contra las que no puede hacer nada sino sumar resentimiento. La política podría ayudar, pero a fuerza de no controlar su destino, de haberse desarrollado en formas de democracia representativa, de ser sujetos de los mensajes constantes que dicen que no hay alternativa, han terminado despreciando la política, perdiendo el único instrumento que realmente podría ayudarles.
El libro deja interrogantes. Standing no critica el capitalismo, sino sus excesos neoliberales. De ahí su propuesta de una “mercantilización total del trabajo” (dando por descontado que quien contrata es porque necesita y va a pagar por ello según las reglas teóricas del “mercado de trabajo”) o que los países ricos se conviertan en “economías rentistas” que inviertan en los países emergentes. Mucho suponer. Igual cuando habla de un precariado bueno –al que atribuye todos las cualidades de una ciudadanía responsable- y uno malo –el que caería en las garras de la derecha populista-. Pero esas cualidades no van a resultar sin más de la condición laboral.
La clase obrera podía asaltar los cielos porque el grueso de la humanidad era trabajadora y el sistema capitalista es un modo de producción sostenido sobre el trabajo ajeno. Pensar revolucionariamente al precariado sin cambiar el capitalismo es un exceso. Un precariado que, de momento, lo que quiere es mejorar sus condiciones de vida. La conciencia será el resultado de las luchas.