diumenge, 30 de setembre del 2012

Cooperatives en front la crisi

Article publicat al diari    El País

Cooperativas frente a la crisis

La asociación de trabajadores despunta como vía para evitar el cierre de empresas o crear nuevas

Desde 2008 se funda una empresa de este tipo cada tres días


Trabajadores de la Cooperativa Mec2010 de Sabadell.

Las cooperativas se están revelando como un modelo empresarial en auge en tiempos de crisis como los que corren, tanto para negocios de nueva creación, como en caso de sociedades limitadas que se transforman, como en proyectos de empresas abocadas al cierre que están salvando sus trabajadores. Desde 2008 se han fundado más de un centenar de cooperativas cada año. Solo de enero a agosto de este, ya se han creado 80, según datos de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña.
Su presidente, Perfecto Alonso, defiende un modelo que, admite, “todavía es visto por alguna gente como una empresa trasnochada”, cuando defiende que es todo lo contrario: “Tiene los elementos que se exigen a las empresas punteras. Se gestiona el conocimiento en régimen de igualdad a través de mecanismos de participación directa en una gestión democrática de propiedad compartida”.
Alonso destaca que incluso perfiles que antes eran autónomos se están constituyendo en cooperativas, aunque sean pequeñas. “El autónomo es la estructura más débil del mundo empresarial; en cambio, si se constituyen en cooperativa tres o cuatro autónomos, pueden ser mucho más fuertes”. Ejemplo de ello son proyectos de sectores en los que este modelo empresarial no era nada frecuente, como ingenierías, nuevas tecnologías o empresas de energías limpias.
Las cooperativas tienen una larguísima historia en Cataluña. La repasa una novedad editorial, Las cooperativas obreras en Sants (1870-1939), editado por la Cooperativa La Ciutat Invisible, del mismo barrio. Uno de sus dos autores, el investigador en la materia Ivan Miró, defiende la validez de la economía cooperativa “siempre, porque es un modelo de gestión democrática y propiedad colectiva que resuelve solidariamente las necesidades humanas”. “Ahora”, dice, “con más de un 20% de paro y el retroceso del Estado de bienestar, surge de nuevo la necesidad de colaborar”. Miró asegura que reciben “a mucha gente interesada”, aunque, como con cualquier proyecto empresarial, “está costando, por la falta de financiación y la situación de crisis global y de consumo”.
“La cooperativa es flexible y transparente, elementos que favorecen la competitividad”
Miró recuerda que fue en Cataluña donde se crearon las primeras cooerativas de consumo en los años sesenta y setenta del siglo XIX. “El consumo de bienes de primera necesidad, lo más perentorio, originó cooperativas que crearon capitales colectivos y de servicios que la Administración no proporcionaba”, explica el experto.
Fue más adelante, a finales de siglo, cuando aparecieron las cooperativas de trabajo y producción, que vivieron un estallido con las leyes de la República. Pasada la Guerra Civil, a partir de 1939 “el franquismo las aniquiló y sufrieron un declive”, del que volvieron a resurgir en las décadas de 1960 y 1970, con cooperativas educativas o de vivienda, y en la de 1980, cuando cerraron industrias de forma masiva.
El director general de Economia Social y Cooperativa de la Generalitat, Xavier López, asegura que “como modelo empresarial las cooperativas tienen elementos clave de la competitividad que se exige a las empresas del siglo XIX”. Los resume: una gran flexibilidad —por su autogestión, tanto interna como hacia sus grupos de interés, clientes, proveedores, etcétera.—; transparencia, participación y democracia —“cuando las empresas tradicionales se rompen los cuernos para lograr implicar a sus empleados, en las cooperativas los socios se sienten suyo el proyecto”—, e innovación y cooperación. “No es un modelo obsoleto sino de futuro”, concluye.
La mayoría de las cooperativas que se crean, igual que suceden en el campo de las empresas, son pequeñas. “Es un modelo desconocido, pero que en Cataluña está muy presente en el día a día”, explica López, que cita varios ejemplos de cooperativas: la Federación Farmacéutica, el Hospital de Barcelona, Suara (servicios personales), Abacus y decenas de cooperativas agrarias.

dijous, 27 de setembre del 2012

Escalfament i crisi econòmica no són fenòmens independents


Article públicat al diari  El País  que resumeix l'informe  Climate Vulnerability Monitor  elaborat per la Fundació Dara

El clima calienta la crisis

La falta de acción ante el cambio climático causa 780.000 millones en pérdidas

Un informe señala a España como uno de los países más dañados por la sequía


Calentamiento global y crisis económica, con su modelo de desarrollo basado en los combustibles fósiles, no son fenómenos independientes. Y si ya de por sí cada uno tiene unos efectos económicos y en vidas humanas alarmante, la combinación de sus consecuencias es aún más devastadora: un billón de dólares (780.000 millones de euros) en pérdidas ya en 2010, con cinco millones de muertes, según el Monitor de vulnerabilidad climática que la Fundación Dara ha presentado en Nueva York, aprovechando la Asamblea General de la ONU. Y la inactividad (o la reducida voluntad para actuar, al menos) indica que estos desastres van a aumentar: 817.000 vidas más y un 3% del PIB mundial en 2030 se perderán por lo que llaman, para sintetizar ambos aspectos, crisis climática, según el documento, encargado por un grupo de 20 de los países —como Bangladesh, Ghana o Vietnam— más perjudicados por el calentamiento. España no es de los promotores del documento, pero aparece como uno de los lugares más afectados por la sequía.
“Los datos son los mayores que se han dado hasta ahora, pero eso es porque somos los primeros en estudiar ambos fenómenos a la vez”, ha explicado a EL PAÍS Matthew MacKinnon, autor principal del trabajo, desde Nueva York. “Caliente y contaminado son dos caras de la misma moneda. Nosotros combinamos los estudios económicos con los últimos datos sobre cambio climático, y nos centramos en algunas áreas muy concretas”, expone.

La subida del nivel del mar causará
 problemas a 250 millones de personas

El trabajo mide el efecto en dólares y vidas (directa o indirectamente afectadas) de 34 indicadores, desde las inundaciones y corrimientos de tierra por la variación de las condiciones climáticas (3.500 vidas y 73.359 millones de euros de pérdidas en 2030) hasta los problemas de salud por la contaminación debida al uso de combustibles derivados del carbono (petróleo, carbón y gas), con 2,1 millones de muertes.
Entre los indicadores nuevos, MacKinnon destaca la medición del “cambio de productividad”. “Con más calor y más días calurosos, las personas que trabajan al aire libre o en entornos que no tienen la temperatura regulada —y son muchos— van a producir menos”. “También va a haber un cambio hacia modelos de economía más industrializados”. “En cambio, las cifras de mortalidad son solo un 20% superiores a las que da la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque se deben, sobre todo, a la contaminación”, añade.

La economía de EE UU verá frenado
en un 2% su PIB; la de India, un 5%

El informe, en el que se implicaron también investigaciones de campo en África y Asia, fue revisado por más de 50 científicos, economistas y expertos en políticas públicas de primer nivel, incluidos exjefes de Gobierno. Entre ellos están los españoles Teresa Ribera, exsecretaria de Estado para el Clima, y Javier Solana, ministro con Felipe González y ex alto representante para la Política Exterior de la UE.
En su doble vertiente, el estudio mide el impacto actual y la previsión a corto plazo. “Las pérdidas para los países más pobres son ya enormes”, expone. A los países más pobres (algunos de los más vulnerables tanto por su ubicación —ecuatoriales o tropicales, islas amenazadas por la subida del nivel de los océanos— como por su falta de recursos para poner medidas y su necesidad de un desarrollo a corto plazo, aunque ello suponga no tomar medidas preventivas ya), estos factores ya les cuestan el 7% de su PIB, dice el trabajo. Y llegará “a un 11% del PIB de promedio en el año 2030”.
Pero no es solo una cuestión de ricos y pobres. El tamaño tampoco es una garantía. En términos absolutos, parece lo contrario. China, India y Estados Unidos, por ejemplo, salen señalados como lugares especialmente problemáticos en muchos de los apartados. “Las principales economías mundiales se ven igualmente afectadas: en menos de 20 años, China soportará la mayor parte de las pérdidas, con más de 920.000 millones de euros; la economía de Estados Unidos verá su crecimiento frenado en un 2% del PIB; por su parte, el frenazo de India superará el 5% de su PIB”, afirma el trabajo. En conjunto, 250 millones de personas tendrán problemas por la subida del nivel del mar; 30 millones por el clima extremo, sobre todo las inundaciones; 25 millones por la fusión del permafrost, que dejará suelos inestables y enfangados; y 5 millones por la desertificación.

En el estudio pormenorizado de cada apartado, España aparece citada una vez: es el quinto país que más va a perder por culpa de la sequía. “Aunque el peso de la agricultura es solo del 3% frente al 30% que puede tener en países menos desarrollados, está en una zona, la del Sur de Europa, muy vulnerable”, añade MacKinnon. En concreto, el estudio afirma que las pérdidas por esta causa pueden ser de unos 154 millones de euros a 500 millones de euros en 2030.

Este panorama afecta a todos, en general, de una manera negativa. Hay alguna excepción, como Egipto, Bahréin, Jordania, Luxemburgo, Malta y Suiza, que son los únicos para los que se predice un impacto global bajo para el conjunto de los factores; Para España se vaticina un impacto entre bajo, por el clima, y medio, por la contaminación.

La solución es invertir en políticas de renovación energética y asumir reducciones de las emisiones. “Las pérdidas económicas hacen pequeños los costes de afrontar el cambio climático: la reducción de emisiones contraería el crecimiento del PIB en apenas un 0,5% durante la próxima década; por su parte, la ayuda requerida por los países más vulnerables rondaría los 116.000 millones de euros por año”, indica el trabajo.
“El Monitor muestra cómo la falta de acción ya ha causado daños sin precedentes a la economía mundial y amenaza la vida humana en todo el mundo. Con la inversión necesaria para resolver el cambio climático ya muy por debajo de los costes estimados de la inacción, no hay duda que esta es la ruta que vale la pena recorrer”, ha dicho José María Figueres, expresidente de Costa Rica y uno de los miembros del patronato de Dara.
 

No se salvan ni grandes ni pequeños

Casi nadie escapa a los efectos combinados de calentamiento y contaminación, si es que se puede establecer una barrera. Pero el informe Monitor de vulnerabilidad climática destaca el impacto en tres gigantes: China, India y Estados Unidos. Curiosamente, tres países que se han negado hasta ahora a imponer límites a sus emisiones.

China, camino de convertirse en la primera economía del planeta (ya es la que más gases de efecto invernadero emite), es de las que sale peor parada. Si no se hace nada para reducir la contaminación arriesga un 4,5% de su PIB, igual que Rusia. India llega al 11%, según el informe. Por ejemplo, China sería, económicamente, el más afectado por el cambio climático, seguida de India, México, Indonesia y Tailandia. También lo es en la lista de perjudicados por la contaminación, seguida de EE UU, Brasil, India e Indonesia. Y lidera la de países con más víctimas mortales por esta causa, por delante de India, Pakistán, Indonesia y Nigeria. Únicamente no figura en la lista de muertes por calentamiento, que encabeza India.

Pero no son solo los grandes los perjudicados. El informe se ha hecho a instancias de una veintena de países (Afganistán, Bangladesh, Bután, Costa Rica, Etiopía, Ghana, Kenia, Kiribati, Madagascar, Maldivas, Nepal, Filipinas, Ruanda, Santa Lucía, Tanzania, Timor Oriental, Tuvalu, Vanuatu y Vietnam). Ellos mismos se definen como algunos de los más afectados por la inactividad para frenar el impacto combinado de crisis y calentamiento. Por ejemplo, destacan varios Estados insulares del Pacífico y el Índico, que pueden, simplemente, desaparecer.

dimecres, 26 de setembre del 2012

ANUL•LACIÓ DE L'ACTE SOBRE SOBERANIA FINANCERA CIUTADANA


Per impossibilitat  de   Federico Mayor Zaragoza de participar en el debat i presentació del llibre de Susana Martin, queda anul·lat tot l'acte del divendres.
Ho sentim

dimarts, 18 de setembre del 2012

Idees davant la crisi

Reimaginar la economía

Filipa Pimentel, directora del 'hub' de grupos de transición en Londres, y Juan del Río, cofundador de Transición Sostenible Barcelona. | C.F.Filipa Pimentel, directora del 'hub' de grupos de transición en Londres, y Juan del Río, cofundador de Transición Sostenible Barcelona. | C.F.
  • Numerosas iniciativas buscan nuevas fórmulas para capear la crisis
  • Algunos grupos proponen replantearnos nuestras necesidades básicas
“Un problema no se puede solucionar con la misma mentalidad con la que se creó”, decía Einstein. Y sin embargo eso es lo que seguimos haciendo cuatro años después de la debacle financiera. Lejos de experimentar con nuevas ideas, los gobiernos reinciden en las fórmulas gastadas de la vieja economía y ahí estamos: asistiendo como meros espectadores al derrumbamiento de un sistema que nos arratra en plena caída.
Más allá de las manifestaciones callejeras, los ciudadanos de todos los países ricos –y los no tan ricos- se están organizando como nunca antes. La explosión de grupos e iniciativas ante la crisis es tal que podríamos hacer una serie diaria para dar espacio a sus protagonistas.
En el Reino Unido, el movimiento de la Transición –extendido ya a 34 países- ejerce cada vez más como el catalizador necesario de las respuestas aún incipientes. Este fin de semana se ha celebrado en Londres la sexta conferencia anual, con una nutrida representación española y bajo una consigna de traducción libre y múltiple: “REconomy” (algo así como Reimaginar, Reactivar y Relocalizar la economía).
“La era de la energía barata y del crédito barato ha quedado atrás”, advirtió el cofundador del movimiento, Rob Hopkins. “El sistema es como un viejo dinosaurio que está cayendo por su propio peso. Lo que necesitamos es una nueva manera de pensar, formas distintas para dinamizar la economía y construir comunidades resilientes y adaptadas a estos tiempos extraordinarios”.

Empezar por lo personal

Inderpaul Johar, confundador del Hub de Westminster, habló de los siete años de experiencia del laboratorio para el cambio y la nueva economía. Julie Brown, de Growing Comunities en Hackney, habló del avance imparable de la agricultura urbana. Susan Thomas, de Totally Locally en Slaithwaite, relató del poder transformador de 5.000 vecinos volcados en cuerpo y alma en “reactivar” sus comercios locales.
El Bzzzbnk ofreció esperanzadores ejemplos de “crowdfunding” para empresas sociales. La gente de Good for Nothing demostró el poder de la innovación y la colaboración, como antídoto a la competitividad extrema. Y Ugo Vallauri, fundador del Restart Project, vaticinó el fin de la cultura de “usar y tirar” y del valor de “reusar” ante lo que se avecina...
“Ha llegado el momento de repensar por completo la economía”, sostiene la portuguesa Filipa Pimentel, que coordina desde Bruselas todos los “hubs” de transición repartidos por el mundo. “Y tenemos que empezar desde lo personal, reevaluando nuestras necesidades básicas, incluida la “necesidad” de tener que usar dinero para todo”.
Filipa es una teórica y práctica de la “gift economy” (la “economía de dar”). En Portalegre, su patria chica, los “transicionistas” han creado un centro comunitario bajo un principio que parecía en principio utópico: “cero euros”. Unos ofrecen mano de obra gratis, otros llevan muebles, otros donan ropa vieja, telas, máquinas de coser... En poco tiempo, el centro (que antes era una tienda) ha generado un círculo de economía gratuita que poco a poco se va extendiendo por el pueblo de 10.000 habitantes.
“En momentos tan duros como los que estamos pasando, hay que abrirse necesariamente y buscar soluciones con imaginación”, añade Juan del Río, un joven formador ambiental mallorquín y miembro del primer 'hub' español de transición, creado este mismo año tras el primer encuentro nacional en Zarzalejo. “Pero lo peor que podemos hacer ante la crisis es cerrarnos y ofuscarnos, y pensar que esto no tiene solución”.

'REconomy Project'

Del Río participó en el seminario de “Transición en Tiempos de Austeridad” y admitió que la situación se está haciendo muy acuciante en España por culpa del paro y los precios de los alquileres: “Los problemas se van precipitando y ya empezamos a tener serios problemas para pagarnos la alimentación y otras necesidades básicas. La sociedad española responde con iniciativas como las cooperativas integrales, los grupos de “prosumidores”, los bancos de tiempo, las monedas sociales... Pero hay poco contacto entre los grupos, y una tendencia a marcar las diferencias, en vez de abrazar la diversidad”.
En cualquier caso, el terreno está más que abonado para adaptar a nuestras tierras el REconomy Project que ya se ha se puesto en marcha en Totnes (el epicentro de la Transición) y que pronto encontrará réplica en los más de mil grupos en todo el mundo, con la meta de cómo crear y alimentar “un nuevo tipo de economía local que beneficie a la gente y al planeta”.
“Nunca cambiarás las cosas luchando simplemente contra la realidad existente”, podía leerse en otro lema anónimo que circuló durante la conferencia. “Para cambiar algo, hay que construir algo de un modo totalmente nuevo que haga quedar obsoleto el modo viejo”.
 
Carlos Fresneda (corresponsal) a Londres
Publicat el 16/9/2012 al Diari  El Mundo

dissabte, 15 de setembre del 2012

Finances alternatives en època de crisi


Article aparegut al diari  Ara

FINANCES ALTERNATIVES
La crisi impulsa la creació d'alternatives a l'euro a Catalunya, com ja ha passat en altres 
països

Inventar-se una moneda per generar riquesa

A Girona i a Vilanova i la Geltrú es pot pagar amb monedes alternatives a l'euro. És una 
resposta a la crisi que pot crear ocupació i impulsar el comerç local i que s'estén per 
Catalunya.

DANI SÁNCHEZ UGART BARCELONA | Actualitzada el 02/09/2012 00:00

Als anys 80 les companyies aèries es van adonar que podien aprofitar els seients buits 
dels seus avions per generar més ingressos. Van crear les milles aèries, uns programes 
de fidelitat que consistien a regalar bitllets d'avió als clients regulars. Generaven nous 
ingressos sense fer pràcticament cap inversió, i van crear, d'aquesta manera, una moneda 
complementària, amb una finalitat purament empresarial, però que va acabar sent 
acceptada no només per aerolínies sinó també per supermercats o gasolineres, que 
oferien regals i descomptes a canvi d'aquests punts.
La crisi i l'atur estan provocant que sorgeixin a Catalunya una multitud d'iniciatives que 
repeteixen l'essència d'aquest model, però amb finalitats socials o per impulsar el comerç 
local. El fenomen de les monedes complementàries no és nou, però ha renascut amb 
l'eclosió dels moviments relacionats amb l'economia alternativa, i actualment hi ha una 
multitud d'exemples, com el res, a Girona; les turutes, a Vilanova i la Geltrú, i els bancs 
del temps. El funcionament de totes aquestes iniciatives es basa en la creació d'una xarxa 
d'intercanvi que no tingui com a únic mecanisme l'euro, sinó que incorpori el pagament 
amb la nova moneda.
"Sorgeixen per instint de supervivència", considera l'expert en política monetària i 
expresident de la divisió de pagament electrònic del Banc Central de Bèlgica, Bernard 
Lietaer. Ajuden a pal·liar la xacra de l'atur, que a Catalunya afecta el 22% de la població. I 
guanyen especial força en un moment en què l'euro està en dubte. "Cal un miracle per 
salvar-lo", considera Lietaer, que forma part del consell assessor del projecte Res i va 
participar en la creació de la unió monetària prèvia a la moneda única des del banc central 
belga. "Això ens ha donat molt de joc", admet la responsable de comunicació del projecte, 
impulsat per la Universitat de Girona, Elisabeth Blanch.
Diversos models
Però cadascun dels sistemes presents a Catalunya té un funcionament diferent. "El més 
estès és el sistema LETS, d'intercanvi entre particulars", considera Lietaer, que és 
membre del Club de Roma, i acaba de publicar en castellà el llibre Monedas regionales .
Aquest model permet als integrants de la xarxa oferir serveis o productes en els camps 
que dominin -des de classes d'anglès fins a arracades fetes a mà- a canvi de la nova moneda, que després podran fer servir en els comerços adherits, o podran intercanviar 
per aquest tipus de serveis. És el cas del projecte de Vilanova i la Geltrú, les turutes 
(vegeu el reportatge de la pàgina següent).
D'altres, però, com el res, a Girona, van encaminats a fomentar el comerç local i funcionen 
no tant com una associació sinó com una empresa, que es dirigeix tant a petites i mitjanes 
companyies com a particulars. Res va néixer fa més de 15 anys a Bèlgica i ja compta amb 
més de 100 pimes associades a Girona. Segons Elisabeth Blanch, l'experiència d'altres 
països és que els integrants de la xarxa incrementen les vendes entre un 4% i un 5%.
I ho fan de manera similar a les aerolínies: fidelitzant els clients. Cada res val un euro, 
però quan s'ingressa una quantitat d'euros en un compte res, automàticament es carrega 
un 10% més. O sigui que s'ofereix una bonificació instantània d'un euro per cada 10, que 
anima els clients a comprar als establiments que acceptin res. I com que només poden 
formar part d'aquesta xarxa empreses petites, es fomenta el comerç local i de proximitat.
"El sistema LETS és limitat -alerta Lietaer-, perquè només té capacitat per a unes 500 
persones". Per això ell defensa un model que vagi més enllà, i que seria capaç de generar 
capital social i llocs de treball. "Caldria una iniciativa a escala local o superior, amb el 
suport de les administracions", considera. Per Lietaer, el cop d'efecte definitiu per 
assegurar l'èxit d'una d'aquestes monedes i que sigui capaç de generar riquesa és que 
una administració obligui els ciutadans a pagar una part de les taxes en aquestes 
monedes. "La gent que no tingui feina podria fer treballs específics per aconseguir 
aquesta nova moneda, i els que sí que en tinguin l'haurien de comprar per pagar els 
impostos". D'aquesta manera es genera un nivell d'acceptació de la moneda que 
n'assegura el futur, perquè, recorda Lietaer, "l'única raó perquè tothom accepta euros és 
perquè el govern els exigeix per pagar impostos".
A més, segons l'expert, es fomenta un tipus d'economia més sostenible: "La clau de l'èxit 
de tot plegat és que el tipus de treballs que s'han de fer a canvi de la nova moneda 
s'escullin de manera democràtica". Així s'aconseguiria adaptar-los al perfil de la gent 
aturada i se'n podrien beneficiar els sectors més exclosos del sistema actual

divendres, 14 de setembre del 2012

F. Marcellesi, Cooperació al postdesenvolupament


Florent Marcellesi, autor del llibre, és entrevistat a  Noticias Positivas

Hacia una cooperación al desarrollo en clave ecológica

La sostenibilidad ha sido históricamente la hermana pobre de la cooperación al desarrollo, que no ha prestado la atención suficiente a cuestiones tan esenciales como los límites biofísicos del planeta, el cambio climático o la deuda ecológica. Así lo sostiene el activista e investigador ecologista Florent Marcellesi en su nuevo libro “Cooperación al posdesarrollo. Bases teóricas para la transformación ecológica de la cooperación al desarrollo”, editado por la asociación Bakeaz. En esta entrevista, el propio autor apuesta por la superación de lo que califica de modelo de mal-desarrollo económico para caminar hacia un nuevo marco que haga compatibles la justicia social y la justicia ambiental tanto en el Norte como en el Sur.
Noticias Positivas: Su nuevo libro se llama “Cooperación al posdesarrollo”. ¿Qué es lo que quiere decir con este concepto de posdesarrollo?
Florent Marcellesi: Dentro de las relaciones Norte-Sur, el concepto de desarrollo llegó de mano del presidente estadounidense Truman justo después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí nos viene el sustrato de las teorías dominantes del desarrollo: las sociedades industriales son el objetivo terminal de cualquier evolución social y el medio incuestionable de esta transición es el crecimiento económico. Ante la profundísima crisis ecológica y de civilización, es hora de cerrar este ciclo que ha marcado desde entonces la tónica del desarrollo realmente existente (consumo de masas a costa de la naturaleza, del Sur, de las personas más pobres y de las generaciones futuras).
Sin renunciar a reciclar elementos valiosos del desarrollo humano sostenible, propongo cambiar de paradigma en torno al “posdesarrollo”. Más concretamente, defino este término como la “evolución progresiva de una comunidad o sociedad hacia niveles de vida acordes con los límites ecológicos del planeta y que cubren las necesidades básicas de sus componentes así como sus legítimas aspiraciones a la autonomía y a la felicidad”. Por tanto, la cooperación al posdesarrollo es la capacidad de obrar juntamente, de forma democrática y solidaria y, en general, con métodos coherentes con los fines, con otros para alcanzar el fin marcado por el posdesarrollo. Sobre todo, es una herramienta, entre muchas, de construcción de alternativas hacia la justicia ambiental y la supervivencia civilizada de la humanidad.
N+: ¿Es también el posdesarrollo un intento de compatibilizar la cooperación con los países empobrecidos y la teoría decrecentista? ¿hasta qué punto es posible aunar ambos conceptos?
FM: No hay otro camino que el de aunar la lucha por la justicia social y por la justicia ambiental: van de la mano. Vivimos una crisis ecológica, global, que afecta primero a las personas más empobrecidas, estén en el Norte o en el Sur, y mañana afectará a las generaciones venideras. En esta senda, todos los movimientos que reivindican que la Tierra es finita y que éste es un factor central para alcanzar justicia en el presente y en el futuro tienen que converger. Ya sea en el Norte con las iniciativas en transición, el decrecimiento, el ecologismo político y social, el movimiento Slow, el comercio justo, etc. o en el Sur con el buen vivir, los derechos de la naturaleza, la soberanía alimentaria, etc.
Todos comparten fundamentos comunes que les permiten representar una salida positiva a la crisis. Luego, ¿tendrán que decrecer los países empobrecidos? Mientras que los países industrializados y las élites del Sur tendrán sin duda que autolimitarse y reducir drásticamente su huella ecológica, muchas zonas del mundo tienen derecho a aumentar sus capacidades materiales. Eso sí, esta evolución hacia alto bienestar y baja huella ecológica no podrá pasar por la casilla de mal-desarrollo de los países occidentales y tendrá que hacerse dentro de los límites ecológicos del planeta.
N+: Usted denuncia en su libro que, veinte años después de la Cumbre de Río, la sostenibilidad sigue siendo la hermana pobre de la cooperación al desarrollo. ¿Por qué cuesta tanto armonizar ambas cuestiones?
FM: Tras la cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro, la comunidad internacional proponía para temáticas ambientales suministrar 125.000 millones de dólares por año a título de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), es decir, el 0,33% de la renta nacional bruta (RNB) de los principales países donantes. Sin embargo, en el 2009 la protección general del medio ambiente y las acciones relacionadas con el cambio climático dentro de la AOD representaban respectivamente solo un 0,02% y un 0,04% de la RNB de aquellos países…Está claro que primero no ha habido voluntad política y que la extraordinaria dinámica de los años noventa se ha ido apagando poco a poco hasta estrellarse 20 años más tarde a nivel institucional (véase los fracasos de Río+20 o las últimas cumbres contra el cambio climático). Pero también hay una razón más profunda, que es cultural y que toca la matriz de los movimientos transformadores. La mayoría de los actores sociales (y no solo políticos) siguen poniendo en un segundo nivel de importancia la sostenibilidad (aún más en tiempo de recesión), sin terminar de relacionarla con la situación tremenda de crisis económica y social que estamos viviendo. La crisis financiera de 2008 tiene una relación directa con el precio del petróleo (y la incapacidad de los hogares pobres de EEUU de hacer frente al aumento del precio de su gasolina y pagar a la vez su hipoteca), mientras que las crisis alimentarias son el resultado complejo de los precios del petróleo, de la influencia nefasta de los agrocombustibles, del cambio climático (que conlleva malas cosechas), de los sistemas productivos orientados a la exportación y de la especulación. En un mundo finito no es posible un crecimiento infinito, y no habrá salida posible a la crisis sin tener en cuenta que la “era del crecimiento” se ha acabado. La cooperación internacional, al igual que el resto de agentes sociales y de cambio, tiene que integrar esta realidad.
N+: En “Cooperación al posdesarrollo” afirma que el bienestar humano y la sostenibilidad son indisociables. Sin embargo, no resulta raro ver en multitud de medios de comunicación y en el discurso de determinados dirigentes políticos el planteamiento de un supuesto dilema entre ecología y empleo. Por ejemplo, cuando se señala que demoler un hotel en la costa para conservar el lugar provocará que se pierdan muchos posibles puestos de trabajo en la zona. ¿Qué piensa de este supuesto dilema?
FM: Sin duda, hay que superarlo: la ecología y el empleo no son enemigos. De hecho, es necesario recordar dos premisas. Primero, si se trata de construir una sociedad más justa y sostenible, no todos los empleos valen. ¿Cómo podemos justificar éticamente que para dar de comer a nuestra gente fabriquemos armas que luego servirán para guerras en el Sur y su sinfín de barbaridades? Segundo, que lo tengamos claro: una transición socio-ecológica creará muchísimos empleos, ¡más que los que aporta ahora el modelo productivista! Solo un ejemplo entre miles: mientras que la energía nuclear y del carbón suman conjuntamente unos 70.000 empleos, el sector de las energías renovables podría emplear en 2020 en España de forma directa e indirecta hasta 300.000 personas (contra 150.000 hoy). Lo que necesitamos ahora es un trabajo conjunto entre movimientos sociales, ecologistas y sindicatos para hacer (y poner en marcha) propuestas participativas de transición hacia el empleo verde donde también tienen un papel central la reducción de la jornada laboral y el reparto del trabajo.
N+: Usted detecta un claro déficit democrático en la cooperación al desarrollo, que en muchas ocasiones se plantea como ayuda enviada desde el Norte, que decide las prioridades y el tipo de ayuda, hacia el Sur, cuyo papel es demasiadas veces el de un mero receptor de fondos. ¿Se puede cambiar este modelo?
FM: Se puede cambiar este modelo cambiando las prioridades de la cooperación al desarrollo. De hecho, sabemos de sobra que sobredesarrollo en el Norte y subdesarrollo en el Sur son dos caras de la misma moneda. Por un lado, el desarrollo y crecimiento económicos de los países enriquecidos se sustentan en gran medida en los ecosistemas (y su mano de obra) de los países empobrecidos. Y por otro lado, es simplemente ecológicamente imposible que el Sur pueda y deba seguir y alcanzar algún día un modelo y nivel de (mal)desarrollo equivalente al del Norte: ya hemos superado en un 50% los límites de la Tierra. Por tanto, la mejor manera para ayudar de forma solidaria y sostenible al Sur (aunque no es única, ni suficiente) es trabajar en el Norte por un cambio estructural y cultural hacia un menor y mejor consumo y producción y por un decrecimiento de nuestra huella ecológica.
Eso supone a su vez que la cooperación al posdesarrollo se plantee luchar de forma prioritaria en nuestros territorios por la relocalización de la economía, la soberanía alimentaria y la agroecología, la promoción de lo común, la educación para vivir bien con menos, etc. Como estas luchas se dan también en el Sur, se trata al mismo tiempo de aunar fuerzas gracias a múltiples redes y foros de intercambio y de coordinación. La relocalización es un proyecto global y la cooperación simplemente un nodo más dentro de una red de alternativas donde aporta su grano de arena a la construcción de otros mundos posibles.
N+: A pesar de este panorama que nos dibuja, también hay que señalar que en las últimas cumbres internacionales sobre el clima, los países de África y América Latina han hecho muchos más esfuerzos para ser escuchados por las grandes potencias. ¿Espera que en el futuro puedan ser actores verdaderamente influyentes?
FM: Estamos asistiendo al auge de nuevos actores en las cumbres internacionales, como Bolivia o Ecuador. Les debemos, por ejemplo, haber puesto en la agenda social y política nuevas propuestas como el buen vivir o los derechos de la naturaleza, al igual que marcó un antes y un después la Cumbre de Cochabamba en 2010. Allí encontramos inspiración para nuevos objetivos y nuevas redes de transformación social. Eso sí, son actores con fuertes contradicciones internas, como lo prueba la posición cambiante según intereses del gobierno ecuatoriano en torno al proyecto Yasuní o el desencuentro del gobierno boliviano con los indígenas opuestos a la construcción de una carretera en territorio indígena. Desde luego tienen también muchos retos por delante. El más importante: no convertir sus movimientos en veladores de la “izquierda marrón”, es decir gobiernos con estrategias de desarrollo que pasan por financiar la justicia social en base a la intensa apropiación de recursos naturales y materias primas. Con su voluntad de explotar gas no convencional mediante fracking (una de las razones para la expropiación de Repsol), el gobierno de Argentina es un perfecto ejemplo de la insostenibilidad de este modelo.
N+: Ahora que tanto se habla de la deuda soberana de los países, en su libro usted hace hincapié en la llamada deuda ecológica. ¿A qué se refiere este concepto?
FM: La deuda ecológica pone en evidencia una dinámica histórica: el desarrollo de los países del Norte desde el inicio de la revolución industrial ha sido posible en gran parte gracias a la explotación por parte de las empresas y de los Estados del Norte de los recursos del Sur: tierras, recursos del subsuelo como las energías fósiles, etc. Sin estos recursos, adquiridos en el Sur a precios bajísimos o por medio de la violencia colonial, diplomática o comercial, el crecimiento del Norte, su estado de bienestar y el nivel de vida material de sus habitantes habrían sido mucho más débiles.
Para que nos hagamos una idea y si solo nos centramos en la deuda de carbono (la pata más estudiada de la deuda ecológica), vemos que desde 1850, el 80% de los gases de efecto invernadero emitidos en la atmósfera provienen de los países industrializados y éstos han emitido un total de 2.082 toneladas de gases de efecto invernadero por personas, mientras la media mundial es solo de 173 toneladas por persona… En España, la deuda de carbono hacia los países menos contaminadores era en 2000 de 12.000 millones de euros, ¡mientras que la deuda externa (lo que se adeudaba a España) llegaba a 11.800 millones de euros! O sea, nos podemos preguntar de forma legítima “¿quién debe a quién?”. En este sentido, la deuda ecológica es una potente herramienta social, política, ética y transfronteriza para impulsar el reconocimiento del desequilibrio en el uso de los recursos naturales y en la contaminación producida entre Norte y Sur. Pero sobre todo, es una forma de reclamar “justicia ambiental”, es decir que todas las personas de este mundo tengan los mismos derechos de uso, acceso y beneficios que provee la naturaleza.
N+: ¿Como investigador de la cooperación al desarrollo, qué valoración hace de los recortes a la misma en España?
FM: Los recortes suelen llegar primero para las políticas de solidaridad, aún más cuando se trata de personas o territorios que ni tienen voz en el Norte. Estos recortes ponen en peligro la continuidad de muchos proyectos y de nuestros compromisos a nivel internacional. Al mismo tiempo, tendría que impulsar a la cooperación al desarrollo a reinventarse. Ella también ha vivido años dorados gracias a su particular “burbuja solidaria”. Por ejemplo, es un excelente momento para redefinir sus nueves fuentes de financiación para no depender tanto de subvenciones públicas. Es también necesario pugnar por dotarse de una base activa y comprometida, que participa en la elaboración de la estrategia, los proyectos y las campañas de las organizaciones, se implica en su gestión, lo defiende en su vida diaria y actúa en coherencia con sus principios. Pero sobre todo, como lo apuntaba anteriormente, la cooperación al posdesarrollo es solo un nodo más dentro de esta nebulosa hacia el cambio. Por tanto, es importante tener presente que es un instrumento al servicio de un objetivo mayor (la justicia social y ambiental) y, por esta razón, que es una parte proactiva de un movimiento de transformación social mucho más amplio que le engloba. La cooperación al posdesarrollo necesita “desectorializarse” y mezclarse de forma aún más pronunciada dentro de plataformas y redes capaces de federar esfuerzos, objetivos, ideas, campañas, proyectos, e, incluso, estructuras y personal. Es a la vez una forma de tener más potencial de reflexión y de incidencia social y política, y una estrategia pragmática de reorganización ante la crisis económica y los recortes.
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