dissabte, 21 de març de 2015

Mantener los combustibles fósiles en el subsuelo para detener el cambio climático

Article de George Monbiot publicat a  The Guardian 
 
Si visitan  la página web del organismo de la ONU que supervisa las negociaciones climáticas del mundo, encontrarán docenas de imágenes, tomadas en 20 años, de personas que aplauden.  Estas fotos deben ser de interés para los antropólogos y psicólogos porqué  muestran cientos de personas  inteligentes, educadas, bien remuneradas y elegantemente vestidas desperdiciando su vida.

La naturaleza  festiva  de las imágenes  es testigo del mundo de ficción en el que  estas personas viven. Están rodeadas de objetivos, principios, compromisos, instrumentos y protocolos, que crean  el  espíritu tranquilizador de progreso mientras la nave en la que viajan se hunde lentamente. Hojeando estas fotos, imagino que casi puedo oír lo que los delegados están diciendo a través de su cara ortodoncia. "Querido has reorganizado  las tumbonas maravillosamente. Es un gran avance! Vamos a tener que inventar un mecanismo para mantenerlas  en su lugar  ya que la cubierta se está  inclinando un poco, pero eso lo hablaremos  en la próxima conferencia".

Este proceso es inútil, ya que  han abordado el problema sólo desde un extremo  y justamente  es  el extremo equivocado. Han tratado de evitar el cambio  climático  limitando la cantidad de gases de efecto invernadero que se liberan; en otras palabras, restringiendo  el consumo de combustibles fósiles. Pero, a lo largo de los 23 años desde que los gobiernos del mundo decidieron comenzar este proceso, los delegados no han pronunciado ni una sola palabra coherente acerca de limitar la producción.

Compárenlo con cualquier otro proceso de redacción de tratados. Imaginemos, por ejemplo, que la Convención sobre armas biológicas no  hiciese ningún intento de frenar la producción o posesión de la viruela y el ántrax  como armas sino  que sólo  prohibiese su uso. ¿Qué efectividad  creen que tendría? (No hace falta adivinarlo: miren  las leyes de armas de Estados Unidos,  que prohíben el uso letal de armas de fuego, pero no su venta ni  transporte. Pueden  ver los resultados en las noticias cada semana) Imaginen que tratan de proteger a los elefantes y rinocerontes sólo mediante la prohibición de la compra de sus colmillos y cuernos, sin limitar la matanza, la exportación o la venta. Imagínense tratando determinar con la esclavitud sin   detener  el comercio transatlántico, sino sólo disuadiendo a la gente de la  compra esclavos una vez que hayan  llegado a América. Si quieren evitar un comercio perjudicial, deben  abordarlo desde ambos extremos: la producción y el consumo. De los dos, la producción es el más importante.

La extracción de combustibles fósiles es una dura realidad. Las normas desarrolladas por los gobiernos para prevenir su uso son débiles, inconsistentes y negociables. En otras palabras, todo el carbón, petróleo y gas se produce, se va a utilizar. La producción continua aplastará cualquier  intento de restringir el consumo. Incluso si los esfuerzos para restringir el consumo tienen  un éxito temporal, es probable que sea contraproducente. Una reducción de la demanda,  cuando la oferta no se restringe, reduce el precio, lo que favorece la industria intensiva en carbono.

Pueden  buscar en  la página web de la ONU para corroborar  esta cuestión, pero  perderán  el tiempo. En su profuso  catálogo de autobombo, en Kyoto, Doha, Bali, Copenhague, Cancún, Durban, Lima y todas las paradas del trayecto, la frase "combustible fósil" no sale ni una vez. Tampoco las palabras  carbón o petróleo. Pero la palabra  gas, sí, se menciona un  montón de veces la palabra  gas. No gas natural, por supuesto, sino  gases de efecto invernadero, el único tema de interés oficial.

Lo más cerca que se ha llegado en  las 20 conferencias internacionales convocadas hasta ahora,  ha sido  reconocer el problema  en la resolución aprobada en Lima en diciembre del año pasado. Se llegó al compromiso  de "cooperar" en "la reducción gradual de las inversiones en  combustibles  con alto contenido en carbono   y subsidios a los combustibles fósiles", pero no  se propuso ningún presupuesto, calendario o cualquier instrumento o mecanismo necesarios para su implementación. Supongo que eso se puede considerar  algún progreso  y , después de tan sólo 23 años, quizás deberíamos estar agradecidos.

No hay nada dejado al azar en el patrón de silencio que rodea nuestras vidas.  Los silencios ocurren donde  los intereses poderosos están en riesgo de exposición. Se protegen estos intereses del  control democrático. No estoy sugiriendo que los negociadores decidieran no hablar de los combustibles fósiles, o que firmaran un acuerdo común de desperdiciar  sus vidas. Lejos de ello, se han hecho grandes esfuerzos  para  investir sus esfuerzos con una  apariencia  de significado y propósito. La creación de un silencio sólo requiere instinto para evitar el conflicto. Se trata de un reflejo condicionado e inconsciente; es  parte del conjunto de habilidades sociales que aseguran  nuestra supervivencia. No nombres al diablo por temor a que aparezca.

Romper esos silencios requiere un esfuerzo consciente y doloroso. Recuerdo como si fuera ayer cómo me sentí cuando por primera vez  planteé  esta cuestión en los medios de comunicación. Había estado trabajando con un grupo de jóvenes activistas en Gales, haciendo campaña en contra de las minas de carbón a cielo abierto. Hablar del tema  con ellos, parecía tan obvio, tan convincente, que no podía entender por qué no estaba en boca de todos. Antes de escribir sobre ello, le dí vueltas  el tema como un perro que investiga un cadáver sospechoso. ¿Por qué, me preguntaba, nadie toca el problema? ¿Es tóxico?

Nadie  puede resolver un problema sin nombrarlo. La ausencia de reconocimiento oficial del papel que tiene  la producción de combustibles fósiles en el cambio climático, tan absurdamente obvio como es, permite a los gobiernos aplicar políticas directamente contradictorias. Mientras casi todos los gobiernos dicen apoyar el objetivo de prevenir  el  calentamiento global por encima de 2 grados C,  también tratan de "maximizar la recuperación económica"  de sus reservas de combustibles fósiles. (Luego cruzan los dedos, caminan  de un lado al otro  de la oficina y rezan  para que nadie se queme.) Sin embargo, pocos gobiernos han ido tan lejos como el Reino Unido.

En la Ley de Infraestructuras que fue aprobada  el mes pasado,  se ha convertido  en una obligación legal  la maximización de  la recuperación económica de petróleo de la plataforma continental del Reino Unido. Los futuros gobiernos están legalmente obligados a exprimir hasta la última gota del subsuelo.

La idea surgió a partir de una revisión gubernamental dirigida por Sir Ian Wood, el multimillonario dueño de una empresa heredada -  Wood Group - que presta servicios a la industria del petróleo y el gas.  Sir Ian dice que sus recomendaciones "recibieron un apoyo abrumador de la industria", sin embargo,  su equipo no entrevistó a nadie ajeno, ya fuese  del negocio del petróleo o del gobierno. No he podido encontrar  ninguna señal que indique algún sondeo de opinión  a  grupos ecologistas o científicos.

Su revisión  requirió poderes  del  gobierno  para mejorar tanto la exploración de nuevas reservas  como la explotación de las ya existentes.  Insistió en que eso  "nos ayudará a acercarnos  al  premio de  24 mil millones de barriles  potenciales que  aún por extraer". El gobierno se comprometió a poner en práctica sus recomendaciones en su totalidad y sin demora. De hecho, fue un poco más allá que el gobierno. Está totalmente  preparado  para ser despiadadamente intervencionista  en la promoción  del  cambio climático, pero no en su restricción.
Durante las  conversaciones sobre el clima que tuvieron lugar en  Lima en Diciembre, el Secretario de Energía del Reino Unido Ed Davey hizo algo imprudente y rompió el silencio. Advirtió que si las políticas sobre el cambio climático significaban que las reservas de combustibles fósiles ya no podrían ser explotadas, los fondos de pensiones podrían invertirse  en " futuros activos sub-prime". Haciéndose eco del Banco de Inglaterra y de  los analistas financieros, como la Carbon Tracker Initiative, Davey sugirió que si los gobiernos fueran serios sobre la prevención de  la crisis climática, los combustibles fósiles podrían  llegar a ser un activo varado.

Esto provocó una furiosa respuesta de la industria. El director de  Oil and Gas UK Malcolm Web  escribió expresando  su confusión, señalando que las declaraciones de Davey llegaban "en el momento en el que su Departamento y el Tesoro están  poniendo un gran esfuerzo en conseguir que el Mar del  Norte del Reino Unido sea más atractivo para los inversores en petróleo y gas, no menos. Me cuesta entender cómo estos puntos de vista opuestos pueden reconciliarse." Y no fue el único. Ed Davey explicó rápidamente que sus comentarios no tenían que  tomarse  en serio, ya que "yo no doy  ninguna  sugerencia sobre lo que los inversores deben  hacer."

Barack Obama tiene el mismo problema. Durante una entrevista en televisión el año pasado, confesó que "Nosotros no vamos a poder  quemarlo  todo." ¿Entonces por qué, se le preguntó, su gobierno ha estado respaldando  una  mayor  la exploración y extracción de combustibles fósiles? Su administración ha abierto la exploración petrolera marina desde  Florida a Delaware - en aguas que estaban formalmente fuera de los límites, ha aumentado el número de licencias   vendidas  para perforar en tierras federales y, todavía  más incongruente, se  apresuró  en el  proceso que podría, a finales de este mes, permitir a Shell la  prospección en las muy vulnerables aguas árticas del mar de Chukchi.

Contradicciones similares acosan a la ​​mayoría de los gobiernos con pretensiones ambientales. Noruega, por ejemplo, tiene la intención de ser "carbono neutral"  el año 2030. Tal vez espera exportar toda su producción de petróleo y gas, mientras que confía en los parques eólicos dentro del país. El año pasado  se sometió  al Parlamento de Noruega  una moción para detener las nuevas perforaciones porque eran  incompatibles  con las políticas del cambio climático de Noruega pero fue derrotada por 95 votos contra tres.

Obama explicó que "no siempre puedo priorizar el tema del cambio climático, ya que si, como ahora mismo, usted estuviese  preocupado por  tener un trabajo o por si puede pagar las facturas, la primera cosa que usted querría  oír es cómo resolver el problema mas inmediato "
El dinero es sin duda un problema, pero no necesariamente por las razones que  Obama sugirió. El principal problema  son las políticas de  financiación llevadas a cabo  por  las grandes petroleras y las  grandes  compañías de carbón y el tremendo poder lobista que tienen. Estas empresas  han tenido,  en su  pasado, guerras financieras para proteger su posición; no van a renunciar a la mayor parte de sus reservas sin una lucha monumental. Esta lucha  pondría a prueba los límites reales del poder del Estado; Me pregunto si nuestras denominadas democracias sobrevivirían a ella. La compañías de combustibles fósiles se han saciado con  silencio: su poder ha crecido como resultado de los innumerables fracasos al desafiarlas  y exponerse a ellas. No es de extrañar que los cuidadosos negociadores de las conferencias de la ONU, tan  cuidadosos  en  no romper nunca ni un plato, hayan estado tanto tiempo evitando el tema.
Creo que hay formas de resolver este problema. Formas que podrían aglutinar otros intereses poderosos en contra de estas corporaciones. Por ejemplo, una subasta mundial de los permisos de contaminación significaría que los gobiernos tendrían que regular únicamente  algunos miles   de empresas:  refinerías de petróleo, lavaderos de carbón, gasoductos y fábricas de cemento y fertilizantes, en lugar de las actividades de los siete mil millones de personas. Se crearía un fondo de la venta de permisos que probablemente llegaría  a  billones de euros: dinero que se podría  utilizar para cualquier cosa, desde  energías renovables hasta  asistencia sanitaria. Al reducir las fluctuaciones en el suministro de energía, se conseguirían unos  precios más previsibles, que muchas empresas agradecerían. Lo más importante, a diferencia del actual marco de las negociaciones, es que podría funcionar, dando  una posibilidad real de evitar la crisis climática.

Abandonados a sí mismos, los negociadores continuarán  evitando  este problema hasta que hayan desperdiciado  la vida de todos los demás, así como la suya propia. Ellos continúan diciendo que la conferencia de París en diciembre será  el éxito o el fracaso de las reuniones (presumiblemente tienen la intención de desvelar un nuevo diseño radical de tumbona). Deberíamos tomarles la palabra, y exigirles  que empiecen a enfrentarse  el problema real.

Con la ayuda  de George Marshall at the Climate Outreach and Information Network, he redactado un párrafo con los temas  que el acuerdo de París debería contener. Está lejos de ser perfecto  y me encantaría que  otras personas lo puliesen. Pero espero que  esto sea un comienzo:

"Las evaluaciones científicas  sobre el  contenido de carbono en las reservas de los combustibles fósiles existentes sugieren que la plena explotación de estas reservas es incompatible con el objetivo acordado de no superar los  2C en el  calentamiento global. La extracción ilimitada de estas reservas socava los intentos de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Vamos a empezar a negociar un presupuesto global para la extracción de combustibles fósiles de las reservas existentes, así como la fecha de una moratoria en la exploración y el desarrollo de nuevas reservas. En la línea de cuantificar el carbono fósil que se puede extraer sin  aumentar el riesgo de superar los  2C del calentamiento global, vamos a desarrollar un calendario de reducciones anuales de  ese presupuesto. Vamos a desarrollar mecanismos para asignar  la producción dentro de este presupuesto y para su ejecución y monitorización".

Si algún redactado  de ese tipo emergiera  de la reunión París, no sería una pérdida de tiempo, y los delegados podrían felicitarse por un logro real en lugar de otra farsa. Entonces, por primera vez, ellos se merecerían su propio aplauso.

Traducció N.C.

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