divendres, 17 d’octubre de 2014

El Projecte Oberlin: preparar les ciutats per a la resiliència

Article publicat a  El Mundo

El 'mago' de Oberlin



David Orr, a su paso por Educar para la Vida en Mallorca. C.F.
Obras son amores, y David Orr lleva media vida consagrado no sólo a hablar sobre los grandes retos ambientales, sino a buscar las soluciones... "Lo que necesitamos esencialmente es gente de haga cosas, y que empiece a cambiar su entorno, empezando por su pueblo y por su barrio, y replicar si es posible ese modelo a una escala cada vez mayor: así se empieza a cambiar el mundo".
    Predicando con el ejemplo, sin armar demasiado ruido, el profesor de Estudios Ambientales de la Universidad de Oberlin ha conseguido transformar radicalmente todo un pueblo de 10.000 almas en la región de los Grandes Lagos, embarcado en la misión de reducir al mínimo sus emisiones y convertirse en un modelo replicable de "clima positivo".
     La callada revolución de Oberlin arrancó en el año 2000 con la apertura del Centro de Estudios Ambientales Adam Joseph Lewis, diseñado por William McDonough con los principios del "cradle to cradle". Considerado en su día como el edificio "verde" por excelencia en Estados Unidos, el centro fue más allá de sus paredes acristaladas y salió al encuentro del pueblo que más rápidamente se ha transformado en el Midwest, en el radio de acción de Cleveland y de la decrépita Detroit.
    "Hay revitalizar nuestras ciudades y hacerlas más resilientes ante los cambios que ya son inevitables", sostiene Orr. "Cada lugar ha de encontrar su propia fórmula, pero en Oberlin hemos desarrollado algunas ideas que pueden ser perfectamente replicables en otros puntos de planeta. La universidad, las empresas locales y el Ayuntamiento han decidido unir fuerzas por una meta común, y hacia ella vamos avanzando".
     El "Proyecto Oberlin" nació oficialmente en el 2009 y se está concretando con la creación de un cinturón verde de granjas que proveerán hasta el 70% del consumo local de alimentos, con la instalación de placas solares capaces de generar tres megavatios (suficiente para abastecer a la mitad de la población) o con la construcción de un centro de 25 millones de euros que se convertirá pronto en el corazón social y cultural de la ciudad, ocupando el espacio de un ruinoso solar.
     Si algo le revienta al profesor Orr es precisamente la pasividad y la inacción, sobre todo teniendo en cuenta la urgencia del problema... "El tiempo apremia y nos quedan unos cuantos años para lograr la movilización necesaria ante el cambio climático. Entre el optimismo y la desesperación hay un término medio que es la esperanza, y que por nada del mundo deberíamos perder".
     "La esperanza es un imperativo" da título al último libro de David Orr, que por cierto ha asesorado en la elaboración del Presidential Climate Action Plan de Obama. Le preguntamos si no es obvio que el mundo ha perdido totalmente la "esperanza" en Obama, y admite que su postura ante la guerra, su complacencia con Wall Street y su actitud durante el vertido de BP en el Golfo de México le distancian del presidente.
     "Pero en el tema del cambio climático está haciendo prácticamente todo lo que se puede hacer con órdenes ejecutivas, teniendo en cuenta el torpedeo sistemático al que le someten los republicanos en el Congreso", advierte Orr. "Hay también muchas otras cosas que son menos visibles y que están fuera del radar, y que sin embargo están sirviendo para transformar las ciudades norteamericanas desde dentro".
 
     Vista la contribución de Obama al fracaso de la cumbre de Copenhague, le preguntamos al profesor de Oberlin si cabe esperar más de lo mismo en París... "Tiene que haber un preacuerdo entre Estados Unidos y China, y eso puede hacer que las cosas cambien sustancialmente. China necesita garantías de que EEUU se toma en serio el cambio climático, pero al mismo tiempo sabe que va a ser muy golpeada si las emisiones siguen aumentando y las temperaturas suben más de dos grados".
     "Los humanos somos seres muy visuales y necesitamos ver para creer", sostiene David Orr. "De ahí la necesidad de construir entornos como Oberlin que nos sirvan como referencia, para hacer la sostenibilidad visible y creíble. Tenemos que embarcarnos en un cambio profundo y radical de nuestras ciudades: la mayoría de los problemas ecológicos son esencialmente problemas de diseño".
     El diseño de ese otro mundo posible que ahora despunta estaba esencialmente listo para el despegue hace más de cuarenta años, certifica David Orr... "Yo llegué a formar parte del Equipo de Transición de Jimmy Carter, y aquella fue una gran oportunidad perdida. Todo estaba listo para empezar el tránsito hacia un nuevo modelo energético, pero llegaron los ochenta, decidimos prolongar la era del petróleo y subestimamos lo importante que eran esas dos o tres décadas que teníamos por delante".

     Los combustibles fósiles se resisten a morir, y Orr pone sobre la mesa dos cifras que lo dicen todo: 2.795 gigatones (las emisiones de CO2 si se llegaran a quemar las actuales reservas de petróleo) y 565 gigatones (la cantidad por encima de la cual se estima que las temperaturas aumentarían una media de dos grados).
    "¿Queremos seguir quemando petróleo hasta causar la total desestabilización del planeta o estamos dispuestos a dar el volantazo antes de llegar al límite de seguridad?", se pregunta Orr. "La respuesta pasa en cualquier caso por un profundo cambio del sistema. El capitalismo, tal y como lo conocemos hoy, se ha convertido en la versión económica del Titanic. Estamos avanzando hacia el iceberg y no queremos darnos cuenta".
    El otro cambio, el que debería producirse al nivel de la conciencia, es todavía más arduo si cabe... "Es necesario hacer cuanto antes la gran conexión, entre otras cosas porque el planeta está en grave peligro y no nos queda mucho tiempo", advierte Orr, invitado de honor al encuentro Educar para la Vida que se celebró recientemente en Mallorca.
    "Pero en las escuelas y en las universidades se sigue enseñando el mundo de un modo fragmentado", concluye el profesor de Oberlin, ilustre miembro de la tribu de los Bioneers, que este fin de semana celebra su 25 aniversario. "Tenemos que actuar como un sistema a todos los niveles, empezando por el de la educación. Necesitamos esencialmente estudiantes que sepan hacer cosas, capaces de encontrar soluciones.. Y hace falta también el tercer factor, no sólo las manos y la cabeza, también corazón. Al mundo le hace falta mucho amor en acción".

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