dijous, 16 d’octubre de 2014

El decrecimiento y el Presupuesto del Carbono: Estrategias Powerdown para la estabilidad del clima

Article publicat al bloc  Centro de Resiliencia de Aranjuez
  
por Samuel Alexander (1), Simplicity Instituto
El cambio climático no es “un problema” a la espera de “una solución”. Se trata de un fenómeno ambiental, cultural, y político que está transformando la manera en que pensamos acerca de nosotros mismos, nuestras sociedades y el lugar de la humanidad en la Tierra. Mike Hulme
Post El decrecimiento y el carbono 1. Introducción
En los últimos años, la noción de un “presupuesto de carbono” ha entrado en el léxico de la ciencia del clima (por ejemplo, IPCC, 2013; Meinshausen et al, 2009). Este concepto se refiere a la cantidad máxima estimada de las emisiones de carbono que pueden ser liberadas a la atmósfera, con el fin de conservar una posibilidad razonable de mantener los niveles de la temperatura global por debajo de 2 ° C, que es la referencia por encima de la elevación de la temperatura a niveles preindustriales. Este es el umbral de la temperatura global reafirmada durante la conferencia de Copenhague en 2009, pero que muchos climatólogos sostienen que debe revisarse a la baja (véase, por ejemplo, Jordan et al, 2013). Aunque la ciencia que fundamenta el concepto  del presupuesto de carbono es cada vez más robusta (ver Le Quere et al, 2013), muchos científicos, políticos y  público en general, han sido lentos en reconocer sus implicaciones socio-económicas y políticas, que ocasionaran cambios radicales.
Con el fin de mantenerse dentro de un umbral de temperatura “segura”, se requiere la descarbonización profunda y rápida, mientras que las tendencias todavía existentes muestran que las emisiones globales todavía están creciendo rápidamente. De acuerdo con el informe más reciente de la CIPF (2013), el presupuesto de carbono del mundo podría ser agotado en su totalidad dentro de 15 a 25 años, un escenario casi seguro que lleve al mundo hacia un futuro que es de 2 ° C más caliente, y mucho más probable que sea de 4 ° C o 6 ° C grados más caliente (Christoff, 2013; Potsdam Institute, 2012). Las consecuencias y riesgos del actual escenario ponen en entredicho el ‘business as usual’  y determinan que urgencia de la descarbonización mundial, debe tener lugar.
Dado lo que está en juego – la viabilidad del planeta para la civilización humana – el análisis del presupuesto de carbono es necesario para convertirse en la base de la política del clima en el mundo, que proporcionen los campos científicamente más rigurosos, para la comprensión de la magnitud del problema del cambio climático y, constituir una respuesta apropiada. La lógica de los números del presupuesto de carbono, sin embargo, conducen a conclusiones que la mayoría de la gente, incluyendo la mayoría de los responsables de las políticas del clima, se niegan a aceptar, reconocer o entender. Lo más significativo, como se indica en este documento, es que la aritmética del presupuesto de carbono indica, que la descarbonización rápida, podría ser incompatible con la tendencia del paradigma del crecimiento económico contínuo e infinito mundial. De hecho y aún más desafiante, el análisis del presupuesto de carbono parece implicar que las regiones más desarrolladas del mundo, para mantenerse dentro del presupuesto de carbono, requerirán adoptar estrategias de “decrecimiento de energía y de recursos”, reduciendo considerablemente el consumo. Esta amplia línea de argumentación se ha expuesto a menudo por los estudiosos del decrecimiento en los últimos años, pero los últimos análisis del presupuesto de carbono están proporcionando la confirmación sobre el decrecimiento, con nuevos soportes convincentes desde el punto de vista científico.
El decrecimiento se ha definido como “una reducción equitativa de la producción y el consumo, con aumento del bienestar humano y la mejora de las condiciones ecológicas” (Schneider et al, 2010: 512). De manera complementaria, Serge Latouche (2014a: 211) ha definido al decrecimiento como un proyecto social de transformación de las sociedades industriales y del mercado, en sociedades social y ecológicamente sostenibles de abundancia frugal. Su principal objetivo es desmantelar una creencia ampliamente compartida en el modelo productivista de desarrollo – es decir, la ideología del crecimiento económico ilimitado – y para reconstruir las sociedades industriales de acuerdo con el ideal de la democracia ecológica.
Al hacer hincapié en la necesidad de que la contracción de la economía en los países más desarrollados, el decrecimiento puede ser entendida como una fase de transición que finalmente estableciera en una economía de estado estacionario que funcione dentro de la capacidad de carga sostenible del planeta (véase, por ejemplo Daly y Farley, 2004). Dentro de esos límites ecológicos de la reducción significativa de los requerimientos de energía y rendimiento de materiales, el arte de vivir, por supuesto, podría siempre mejorar y evolucionar.
Al igual que la noción de una economía de estado estacionario, el decrecimiento no está necesariamente ligada a nociones de Producto Interno Bruto (PIB), pero es fundamentalmente un concepto macroeconómico biofísico con profundas implicaciones socio-políticas, que deja espacio para una mayor bienestar aun cuando el PIB disminuye. El decrecimiento, por lo tanto – que se refiere a la contracción económica planificada – debe distinguirse de la recesión, lo que significa una contracción económica no planificada. Desde dentro de un paradigma del decrecimiento, no hay ninguna razón por la reducción prevista de la energía y el consumo de recursos no puede ser asociado con un mayor bienestar, si la transición se negocia con prudencia. Esto crea un espacio conceptual para ‘decrecimiento económico’ debe ser contrastado con el “crecimiento antieconómico” (véase Alexander, 2012a; Kallis et al, 2012; Kubiszewski, et al 2013.), Que es el espacio en el que este trabajo se encuentra.
Este trabajo comienza examinando las conclusiones clave de la bibliografía de investigación presupuesto de carbono y desembalaje algunos de los supuestos que enmarcan los distintos escenarios de descarbonización. Después de hacerlo, el documento se basa en el trabajo de los científicos del clima, Kevin Anderson y Alice Bows, que han liderado el análisis la ciencia del clima de las implicaciones de los presupuestos de carbono en los objetivos de crecimiento económico y políticas. Aunque Anderson y Arcos han sido lo suficientemente perspicaz para ver (y lo suficientemente valiente para reconocer) que los objetivos presupuestarios de carbono reunión implica un cambio rápido hacia el decrecimiento estrategias, especialmente en las economías más desarrolladas, que aún no han proporcionado una descripción detallada de las formas en que estrategias de decrecimiento podría integrarse con el programa más amplio de la política de la descarbonización. En las últimas secciones de este documento, por lo tanto, se hace un intento de contribuir a este debate exponiendo los principales elementos de una estrategia socio-económica y política integrada coherente con el mantenimiento de las emisiones dentro de los límites del presupuesto de carbono.

2. Los Fundamentos del Análisis del Presupuesto de Carbono
La principal causa de (GEI) las emisiones de gases de efecto invernadero – especialmente las emisiones de CO2 – es la quema de combustibles fósiles. Ahora es científicamente aceptado que cuando los GEI son liberados a la atmósfera retienen más calor que tiene un efecto de calentamiento en el planeta (IPCC, 2013). Esta es la dinámica más importante que explica el cambio climático, ya que se está desarrollando hoy en día, aunque otros factores entran en juego también, como la deforestación. De ello se desprende que a medida que más gases de efecto invernadero se liberan en la atmósfera, más calor se absorbe, lo que lleva a nuevos aumentos de la temperatura media mundial. A medida que el conocimiento científico de los sistemas climáticos se ha desarrollado en las últimas décadas, se ha hecho posible estimar con el aumento de la confianza de los impactos climáticos de más emisiones de GEI. En otras palabras, los científicos son capaces de predecir dentro de un rango de probabilidades el aumento de temperatura es probable que resultaría de una cierta cantidad de más emisiones de gases de efecto invernadero. Esta es la base del “presupuesto de carbono” análisis (véase, en general, Steffen y Hughes, 2013; Comité sobre el Cambio Climático, 2013).
El tamaño del carbono “económico” depende de los parámetros del análisis. Hay cuatro parámetros principales que deben ser estipuladas con el fin de llegar a un “presupuesto de carbono”: (1) las unidades de análisis (es decir, lo que se está contando:?? Sólo el CO2 o todos los GEI); (2) el período de tiempo que define los contornos del presupuesto (es decir, desde qué fecha hacemos empezamos a contar las emisiones y qué fecha define el punto final del presupuesto?) (3) ¿cuál es el aumento de la temperatura umbral que estamos tratando de evitar ( por ejemplo, 1 ° C, 1,5 ° C, 2 ° C, 4 ° C, etc); y (4) ¿qué probabilidad se considera aceptable para mantener a ese umbral de temperatura (por ejemplo, 50%, 80%, 95% de posibilidades de éxito, etc). Una vez que esos parámetros se definen, las bases de un análisis “presupuesto de carbono” están en su lugar. (Recuerde que el “presupuesto de carbono” de la frase se utiliza para simplificar, pero como se ha dicho, algunos análisis no se limita únicamente a las emisiones de dióxido de carbono).
Aunque los parámetros indicados arriba son las principales que dan forma a un presupuesto de carbono, hay otros que también deben ser considerados. Por ejemplo, los aerosoles (como el dióxido de azufre) tienen un efecto de enfriamiento en el planeta, por lo que los niveles más altos de los aerosoles (que pueden ser perjudiciales en otras formas) tienen el potencial de contrarrestar algunos de los efectos del calentamiento de las emisiones de GEI. Del mismo modo, más CO2 podrá ser quemado si otras emisiones de gases de efecto invernadero se reducen más rápido de lo esperado, por lo que algunas suposiciones informadas que hacerse acerca de estas relaciones. Otra incógnita es el grado en que las técnicas de captura de carbono, como la captura y almacenamiento de carbono (CCS) serán capaces de reducir el nivel de emisiones de la quema de combustibles fósiles que entran en la atmósfera.
Además de estos temas, también hay cuestiones complejas relacionadas con la sensibilidad del clima, cambios de uso del suelo, y las reacciones del ciclo de carbono, sobre los cuales los supuestos también tienen que hacerse, como el grado en que las emisiones de CO2 procedentes serán absorbidas por los océanos o cuánto tiempo permanecerá CO2 en la atmósfera (véase Carbon Tracker y Grantham Institute, 2013). Todas estas dinámicas pueden aumentar o disminuir el presupuesto de carbono, dependiendo de los supuestos hechos.
Aunque un número creciente de artículos y organizaciones científicas han ofrecido estimaciones de presupuestos de carbono, la siguiente revisión se limita, a modo de ejemplo, a dos de los más influyentes y con frecuencia las referencias citadas. La primera es la publicación fundamental por Meinshausen et al (2009). Este documento ofrece un análisis probabilístico integral ‘destinado a cuantificar los presupuestos de emisiones de GEI para el período 2000-2050 que limitar el calentamiento a lo largo del siglo XXI a menos de 2 ° C’ (Meinshausen et al, 2009: 1158). Los autores concluyen que la limitación de las emisiones de CO2 acumuladas durante 2000-2050 a 1,000Gt de CO2 se obtiene un 25% de probabilidad de calentamiento superior a 2 ° C, y un límite de 1,440Gt de CO2 se obtiene un 50% de probabilidad. Entre 2000-2006 las emisiones mundiales de CO2 fueron de aproximadamente 234Gt, que debe ser restado de esas estimaciones presupuestarias de carbono. Las emisiones desde entonces también deben restarse. Los autores señalan que el mantenimiento de estos presupuestos requeriría dejando a más de la mitad de probadas, combustibles fósiles económicamente recuperables en el suelo (lo que plantea cuestiones acerca de “activos bloqueados” a la que volveré brevemente más adelante). Si las emisiones de GEI en 2020 son un 25% por encima de los niveles de 2000, a continuación, el análisis indica que la probabilidad de exceder los 2 ° C se eleva al 53-87%. Vemos aquí los tipos de marcos y escenarios que pueden ser discutidas con el beneficio de los análisis de presupuesto de carbono. Nos permite identificar el nivel de emisiones que pretendemos alcanzar en un momento determinado y, a continuación, una copia a cielo escenarios con el fin de determinar la forma de lograr el objetivo declarado.
El Rastreador de carbono más reciente y el análisis Grantham Institute (2013) se basa en los mismos modelos que Meinshausen et al (2009), pero explora algunos supuestos alternativos. Por ejemplo, este informe supone mayores niveles de aerosoles en la atmósfera (que compensarán parte del calentamiento) y supone una mayor reducción de gases de efecto invernadero distintos del CO2 (lo que permite mayores emisiones de CO2, pero los resultados en el mismo efecto de calentamiento global). Con base en estos supuestos alternativos, el informe a continuación, ofrece estimaciones de diversos presupuestos de carbono para el período 2013-2049, con diferentes umbrales de temperatura (1,5 °, 2,5 °, 3 ° y 4 °) y dos probabilidades diferentes (50% y 80%) . Los resultados se muestran a continuación en la Figura 1.

Figura 1 – presupuestos de carbono para diferentes umbrales de temperatura y probabilidades
(De Carbon Tracker y Grantham Institute, 2013: 10).
Estas dos breves reseñas de los presupuestos de carbono sirven para esbozar la naturaleza de estos análisis y sus conclusiones principales. Vale la pena señalar que este método de entender el desafío del cambio climático se ha dado mayor credibilidad en los últimos años con el IPCC (2013) y la Agencia Internacional de la Energía (2012a: 3) tanto en la actualidad sobre la base de metodologías de presupuesto de carbono como herramientas centrales en el establecimiento de metas y la formulación de políticas.
3. Aspectos fundamentales del análisis del presupuesto de carbono
Como se ha señalado anteriormente, los distintos parámetros para el análisis puede producir presupuestos de carbono más altos o más bajos. La elección de los diferentes parámetros, por lo tanto, puede tener implicaciones socio-económicas y políticas, y esto atrae a los análisis científicos en más normativa, cargada de valores, o espacios “politizados”. De hecho, incluso después de un presupuesto de carbono se ha determinado, una cuestión normativa fundamental sigue siendo acerca de cómo se debe distribuir ese presupuesto entre y dentro de las naciones del mundo, y las estrategias de descarbonización lo que se debe adoptar para mantener las emisiones dentro del presupuesto de carbono. En las siguientes subsecciones algunas de estas cuestiones normativas resucitan.
3.1. ¿Dónde debe establecerse el umbral de temperatura?
El umbral de temperatura es una de las preguntas más importantes para responder a la hora de elaborar un análisis de los presupuestos de carbono. Cuanto menor sea el umbral, el presupuesto de carbono inferior. Como la política de la ciencia del clima y el clima han desarrollado en las últimas décadas, un 2 ° calentamiento máximo C sobre los niveles pre-industriales se ha arraigado en el discurso político como la representación de un umbral relativamente “seguro”, más allá del cual la humanidad entraría en cada territorio “peligroso” . En los últimos años este umbral ha sido reafirmado continuamente en las negociaciones climáticas de alto nivel, incluyendo en Copenhague (2009) y Cancún (2010). Debido a esto, muchos análisis de presupuesto de carbono están enmarcadas por un umbral de temperatura de 2 ° C para reflejar el consenso internacional, de manera que es. (2)
El umbral de 2 ° es por supuesto un umbral algo arbitrario – ¿por qué no 1.8 ° C o 2.2 ° C? Es un número redondo fácil de entender que pueden haber servido a un propósito político útil cuando el marco de una respuesta global del clima primero estaba siendo seriamente negociado a mediados de los años 1990. La más reciente evidencia de la ciencia del clima, sin embargo sugiere que i) muchos ecosistemas son más sensibles a los impactos a 2 ° C lo que se pensaba, y que ii) muchos riesgos son auto-refuerzo, amenazando con producir en cascada impactos ambientales que rodaría a afectar sistemas sociales (ver Jordan et al, 2013; Smith et al, 2009; Mann, 2009; Lenton et al, 2008). Si el conocimiento científico actual estaba disponible a mediados de la década de 1990, el umbral podría muy bien haber sido fijado en 1,5 ° C o menos.
Mientras que algunos científicos del clima, los responsables políticos y los activistas sostienen que la revisión a la baja de la temperatura es un paso crucial para asegurar un alineamiento adecuado entre los objetivos científicos y políticos, otros continúan argumentando que la revisión del umbral de la baja podría tener un efecto negativo si ese objetivo era ampliamente percibe como inalcanzable (ver Jordan et al, 2013). En cualquier caso, si una vez se pensó que 2 ° C fue la barandilla mantener la humanidad “seguro”, que ahora puede ser más exacto decir que representa la línea divisoria entre el mínimo indispensable “peligroso” y “extremadamente peligroso” clima cambio (Anderson, 2012; véase también, Spratt, 2014a; Spratt, 2014B).
3.2. ¿Qué probabilidad de éxito hay?
Una vez que un umbral de temperatura se ha determinado, con un presupuesto de carbono debe enmarcarse en relación con una probabilidad particular de éxito o fracaso. Si los sistemas climáticos estaban perfectamente entendidos, esto sería innecesario, porque los científicos estarían en condiciones de afirmar con relativa certeza que si x cantidad de CO2 se libera a la atmósfera entonces esto produciría un aumento de temperatura de precisión y. Ni que decir, la complejidad y las interrelaciones de los sistemas climáticos desafían el entendimiento perfecto, así que los efectos de la temperatura de las emisiones sólo pueden jamás ser expresadas en términos de probabilidad. Esto plantea la cuestión normativa de lo que la probabilidad de evitar un cambio climático peligroso nuestra especie considere justificada. Cuanto mayor es la probabilidad de éxito, menor es el presupuesto de carbono.
Al tratar de llegar a una probabilidad ‘apropiado’, tenemos que situar este debate en el contexto de lo que está en juego si fracasamos. Las emisiones ya están teniendo un efecto en los sistemas climáticos y ambientales más amplia, con los glaciares y capas de hielo se derriten, los arrecifes de coral erosionando, los límites para las enfermedades transmitidas por vectores en expansión, y la frecuencia de eventos climáticos extremos cada vez mayores (véase, en general, del IPCC, 2014). Si se están produciendo ya estos efectos, la cuestión que se plantea es: ¿qué efectos se derivarán de un 2 ° C o 4 ° C o 6 ° grados de temperatura C elevarse? (Ver Potsdam, 2012; Christoff, 2013). Cuando las consecuencias de un curso de acción son pequeños, el riesgo de no poder evitar esas consecuencias es menos importante. Pero cuando las consecuencias son potencialmente muy peligroso, incluso catastrófico, entonces es lógico esperar una considerablemente mayor probabilidad de éxito (véase, en general, Gardiner, 2011).
El lenguaje utilizado en el discurso político dominante sobre los objetivos de la política climática es muy clara. Los acuerdos del Acuerdo de Copenhague y Cancún, tanto afirmar categóricamente que el objetivo debe ser el de ‘mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de 2 ° C, y tomar medidas para alcanzar este objetivo consistente con la ciencia y sobre la base de la equidad “(CMNUCC, 2011 ). La Comisión Europea (2007) es igualmente claro, afirmando la necesidad de “asegurar que las temperaturas medias globales no excedan los niveles preindustriales en más de 2 ° C” y afirma que “debemos adoptar las medidas internas necesarias” para asegurar que este es el caso (la cursiva es nuestra). Del mismo modo, el Plan de Transición del Reino Unido de Bajo Carbono (DECC, 2009: 5) estados temperaturas medias globales debe aumentar más de 2 ° C “(la cursiva es nuestra, véase también, Anderson, 2012).
El idioma no habla de ‘esperanza’ para evitar un cambio climático peligroso, o que deberíamos ‘try’ para evitarlo, y no sugiere que deberíamos aspirar a una probabilidad de 50-50 de evitar peligrosos oportunidad climático. Mediante el uso de expresiones como “garantizar” y “deber” se puede suponer que, al momento de plantear un análisis del presupuesto de carbono, las probabilidades de evitar el cambio climático debe ser muy alta – posiblemente en el rango de 80 a 95%, o superior. No sólo debe seguir este de la literatura científica teniendo en cuenta las consecuencias potencialmente graves de la inestabilidad climática, se desprende también de uno de los principios fundamentales del movimiento ecologista – el ‘principio de precaución’. En resumen, no debemos jugar con el clima. Esto es especialmente cierto dado que los que se verán más afectados por el trastorno climático (los de las naciones más pobres y las generaciones futuras) no han sido responsables de la misma. Para estos tipos de razones, la mayoría de los análisis de presupuesto de carbono han asumido una probabilidad de éxito en el 66% o superior, aunque otros escenarios han explorado probabilidades de 50%. La elección de la probabilidad es una normativa que influye significativamente en cualquier análisis de presupuestos de carbono.
3.3. ¿Cómo se debe distribuir el presupuesto global de carbono?
Una vez que el presupuesto global de carbono se ha determinado, queda la cuestión crítica de la forma en que el presupuesto debe distribuirse entre (y dentro de) las naciones. Una forma aparentemente objetiva y equitativa de distribuir un presupuesto de carbono es compartirlo por igual sobre una base per cápita. Si bien este enfoque tiene cierta plausibilidad intuitiva, que hace caso omiso de al menos dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, no tiene en cuenta ninguna “responsabilidad diferenciada” para las causas históricas del cambio climático. Un caso moral fuerte puede hacer que los países más responsables de las emisiones históricas deben tener la mayor responsabilidad para hacer frente a los efectos de las emisiones, y si hacer frente al cambio climático implica dificultad o carga, a continuación, de nuevo, los que causaron el problema debe asumir esa carga más que los menos responsables. Pero incluso en esta cuestión, nos encontramos con las naciones más ricas (que generalmente tienen las más altas emisiones históricas) argumentando que no deben ser responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero en épocas histórico en el que no se entendía que las emisiones calientan el planeta. La fecha en que la ciencia del cambio climático estaba suficientemente bien establecido es una cuestión de debate, aunque 1990 – el año Primer Informe de Evaluación del IPCC fue publicado – es una opción razonable.
Un segundo problema con compartir el presupuesto de carbono por igual sobre una base per cápita se deriva del hecho de que miles de millones de personas aún viven vidas de la miseria material. Combustibles fósiles baratos ofrecen vastas reservas de energía densa que podrían dirigirse hacia la eliminación de este empobrecimiento. Ante esta difícil situación humanitaria – con ganas de eliminar la pobreza, pero también con el deseo de reducir al mínimo las emisiones de gases de efecto invernadero – un caso moral fuerte también se puede hacer que si el mundo es continuar la quema de combustibles fósiles durante algún tiempo, la mayor parte de esa energía fósil se debe gastar el levantamiento de la personas más pobres fuera de la miseria en lugar de aumentar la riqueza de las sociedades más prósperas. Parte del razonamiento aquí es que el consumo de energía ha rendimientos marginales decrecientes para el bienestar, lo que implica que el aumento del consumo de energía va a producir más bienestar en las naciones más pobres que en los países más ricos (ver Diffenbaugh, 2013). (3)
Por estas razones, se deduce que la aparente “equidad” de compartir un presupuesto global de carbono por igual sobre una base per cápita es, de hecho, lejos de ser equitativa. En cambio, una distribución equitativa tendría que permitir más las emisiones de las naciones más pobres y los menos responsables de las causas históricas del cambio climático, lo cual limita las emisiones permisibles de las naciones más ricas que son más responsables desde el clima y más tecnológica y financieramente capaz de hacer frente con la transformación social necesaria.
Esta posición general, de hecho, ha sido aceptado en las negociaciones internacionales sobre el clima, que reconoce la necesidad de “responsabilidad diferenciada”, incluso si la ponderación exacta de la distribución sigue siendo muy controvertida. El Acuerdo de Copenhague (CMNUCC, 2010) distingue claramente entre el anexo 1 las naciones (en general los países de la OCDE) y no-Anexo 1 las naciones (en general los países no miembros de la OCDE), y exige una respuesta al cambio climático ‘consistente con la ciencia y en la base de la equidad “(la cursiva es nuestra). Más específicamente, el Acuerdo reconoce que ‘el plazo para ello será mayor en los países en desarrollo “y, sobre todo, que” el desarrollo social y económico y la erradicación de la pobreza son las prioridades básicas y fundamentales de los países en desarrollo’.
4. Las implicaciones radicales del Análisis del Presupuesto de Carbono
Habiendo descrito las bases de análisis de presupuestos de carbono junto con los parámetros fundamentales en relación con los umbrales de temperatura, probabilidades de éxito, y los problemas de distribución, ahora estamos en una posición para desempaquetar algunas de las implicaciones de considerar con más detalle lo que estos números significan realmente para las emisiones políticas y estrategias de reducción. Al hacerlo, me baso principalmente en el trabajo de los científicos del clima, Kevin Anderson y Alice Bows, que han publicado una serie de trabajos rigurosos e influyentes en las implicaciones de política económica de análisis de presupuestos de carbono (Anderson y Arcos, 2008a; Anderson y Arcos, 2011; Anderson, 2012; Anderson, 2013). Aunque sus conclusiones pueden ser vistos como confrontación, que, de hecho, argumentan su caso basado en premisas sólidas que, en formas mencionadas a continuación, en realidad son muy conservadores. Los números, en fin, hablan por sí solos, pero muchos encuentran el mensaje confrontar porque los números demuestran que manteniendo la temperatura por debajo de 2 ° C requerirán Anexo 1 las naciones para iniciar inmediatamente estrategias deliberadas y planificadas ‘decrecimiento’ de la reducción del consumo y la contracción económica. La controversia esta conclusión basada en la evidencia ha provocado ha llevado a Anderson (2013) al señalar que sus críticos “no hacen tanto no están de acuerdo con nuestra conclusión, sino que simplemente no les gusta”. En esta sección sus argumentos se resumen y analizan.
Anderson y Arcos ofrecen sus análisis en los siguientes supuestos explícitos y parámetros (véase especialmente, Anderson y Arcos, 2011; Anderson, 2013):
  1. El mundo debe tratar de mantener el calentamiento por debajo de 2 ° C. Como se discutió arriba, 2 ° C antes se consideraba el umbral “seguro”, pero la evidencia más reciente sugiere que un aumento de 2 ° C sería “peligroso”, por lo que el aumento de número de científicos están cuestionando el umbral de los 2 ° y teniendo en cuenta un objetivo de reducción de 1,5 ° C o menos (véase Jordan et al, 2013; Espadín, 2014a; Spratt, 2014B). Al permanecer con el umbral de los 2 °, Anderson y arcos están siendo conservadores en sus supuestos y mantenerse en línea con el objetivo acordado de la corriente principal del discurso internacional sobre el clima.
  2. La probabilidad de exceder de los 2 ° C se ha fijado en un 50%. Aunque Anderson y Arcos ofrecen diferentes escenarios basados ​​en diferentes probabilidades de exceder los 2 ° C, para los propósitos actuales de su argumento que supone un 50% de probabilidad de exceder los 2 ° C se está considerando. Como se discutió anteriormente, dadas las graves consecuencias que pueden derivarse de un 2 ° C de temperatura subida o más, un 50% de probabilidad de que se supere ese umbral es una premisa muy conservadora. No sólo la lengua de la comunidad internacional reflejan una probabilidad mucho menor (posiblemente en las proximidades de 1-10%), el principio de precaución implicaría que un 50% de probabilidad de fracaso es demasiado arriesgado.
  3. No Anexo 1: países que alcanzaran su pico en las emisiones el 2025 a fin de determinar cuánto del presupuesto mundial de carbono se deja para las naciones del Anexo 1, Anderson y arcos primero determinar qué cantidad del presupuesto de carbono no-Anexo 1 tendrán las naciones a desarrollar mínimamente sus economías sobre la base de la equidad. Al realizar esta evaluación, que hacen lo que se reconoce son ‘muy ambiciosa’ supuestos con respecto al pico de emisiones prevista en la no-Anexo (Anderson, 2013) 1 países y su trayectoria descarbonización post-pico (como se describe en Anderson y Arcos, 2011 ; Anderson y Arcos, 2008a). Específicamente, ellos asumen que la no-Anexo 1 naciones llegará a su máximo en las emisiones para el año 2025 y, posteriormente, reducir las emisiones a un nivel sin precedentes de 7% anual Nota, sin embargo, que estos supuestos “muy ambiciosos” son, en todo caso, favorable a los países del Anexo 1, ya que implican menos del presupuesto de carbono se utiliza por los no-Anexo 1 naciones, dejando lo más posible para los países del Anexo 1. (4)
  4. Anexo 1: las naciones deben reducir las emisiones en orden al 10.8% anual, el presupuesto de carbono del Anexo 1 se determina restando la no-Anexo 1 de las emisiones del presupuesto mundial de carbono. Con base en los supuestos anteriores (todos los cuales pueden ser entendidas para dejar un presupuesto de carbono favorable para el Anexo 1 las naciones), se deduce que el mantenimiento del presupuesto de carbono, el anexo 1 las naciones a descarbonizar sus economías en un 8-10% anual en los próximos decenios. Incluso esa conclusión puede considerarse discreto, dado que el escenario se formuló en 2011 (Anderson y Arcos, 2011), y desde entonces las emisiones de carbono a nivel mundial han seguido aumentando (y, de hecho, a una tasa mayor). Cada aumento de las emisiones de años (o no cumplen con el requisito de descarbonización 10.8%) las estrategias de descarbonización se requieren para mantener el presupuesto de carbono cada vez más estrictas.
  5. Las reducciones de emisiones de más de un 3% o 4% anual son incompatibles con una economía en crecimiento. Teniendo en cuenta que el consumo de energía y el crecimiento económico están íntimamente conectados (Ayres y Warr, 2009), y que cualquier transición significativa a renovables y sistemas de energía más eficientes va tomar muchos años y probablemente décadas para lanzar (ver Smil, 2014; Smil, 2010), es ampliamente aceptado entre los economistas ortodoxos que la reducción de emisiones de más de 3% o 4% anual son incompatibles con una economía en crecimiento. Esta opinión está respaldada por el pre-eminente cambio climático economista, Nicholas Stern (2006); Comité del Reino Unido sobre el Cambio Climático; y, como Anderson (2013) señala, “prácticamente todos los escenarios de emisión de C 2 ° desarrollada por modeladores” Evaluación Integrada “. Anderson (2013) también señala que “si la reducción de 4% cada año han de ocurrir en una economía que crece al 2% cada año, entonces la intensidad de carbono de la economía debe mejorar continuamente en torno al 6% año tras año ‘. A pesar de la participación considerable con la literatura, Anderson admite que no ha encontrado ejemplos de economistas sugieren que la reducción de emisiones prolongados de 3% o el 4% o más son compatibles con una economía en crecimiento. Por el contrario, Stern observa que una reducción anual superior al 1% ha ‘sido asociada con la recesión económica o agitación’ (Stern, 2006: 204). De hecho, uno de los pocos ejemplos de reducciones profundas y prolongadas de emisiones es durante el colapso de la Unión Soviética, cuando las emisiones se redujeron en aproximadamente un 5% anual durante diez años (Anderson, 2012: 25). A medida que la economía rusa se estabilizó, sin embargo, y una vez más comenzó a crecer, las emisiones de nuevo comenzaron a subir. Todo esto sugiere firmemente que la descarbonización de la economía en un 8-10% anual no es algo que se puede lograr al crecer la economía en términos de PIB convencionales. Es cierto que este es un punto que los economistas, incluyendo la popa, afirman sin mucha elaboración. Sin duda, es una cuestión clave que merece más atención crítica, y, obviamente, la planificación para la descarbonización implicará diferentes dinámicas que descarbonización a través de colapso o recesión. De todos modos, el razonamiento implícito parece relativamente fuerte. La ampliación de las energías renovables necesitan muchos años, incluso décadas, por lo que no mejora la eficiencia (Smil, 2010; Jackson, 2009). Incluso los escenarios teóricamente “ideales” para la ampliación de las energías renovables y la eficiencia tienen que ser colocados en el contexto social y político, donde los escenarios “ideales” nunca se materializarán plenamente. Por lo tanto, se puede concluir con cierta seguridad que la descarbonización de 8-10% anual nunca se logrará únicamente a través de la transición de un lado de la oferta a las energías renovables y la producción más eficiente, especialmente en una economía en crecimiento. Con el fin de lograr reducciones absolutas significativas de las emisiones de 10.8%, la transición a las energías renovables y procesos más eficientes debe complementarse con planeada ‘exigir lado “las reducciones en el consumo de energía, y este requisito descenso energético es lo que pone en tela de juicio la continuidad de los derechos económicos crecimiento (Ayres y Warr, 2009).
  6. Por lo tanto, los países Anexo 1 deben iniciar una estrategia de “decrecimiento” Si los países del Anexo 1 deben reducir las emisiones de 10.8% anual en las próximas décadas con el fin de mantenerse dentro de su presupuesto de carbono.; y, si la reducción de emisiones de más de 3% o 4%, son incompatibles con el crecimiento económico, se deduce, como Anderson y Arcos concluyen que “para una probabilidad razonable de evitar la 2 ° C caracterización de un cambio climático peligroso, el más rico (Anexo 1) las naciones necesitan, de manera temporal, para adoptar una estrategia decrecimiento ‘(véase Anderson, 2013). Aunque no han proporcionado muchos detalles sobre lo que entienden por ‘decrecimiento’, la clara implicación es que eso significa renunciar a la búsqueda convencional de crecimiento económico y buscando deliberadamente una reducción equitativa del consumo energético y de recursos según sea necesario para cumplir con su 8% – 10% Requisitos de descarbonización. Si bien esta conclusión “radical” se desprende lógicamente de los supuestos conservadores descritos más arriba, es una conclusión que contradice la mayoría de las demás propuestas de descarbonización gran escala, que casi siempre asumen que el mantenimiento de un clima de seguridad es consistente con el crecimiento económico continuo, tanto en desarrollo y las naciones desarrolladas. (Véase, por ejemplo, Grantham, 2013; SDSN y IDDRI, 2014).
Quizás el aspecto más convincente de la tesis defendida por Anderson y Arcos es la manera prudente y moderado en el que se enmarcan los supuestos subyacentes. Cada uno de los locales podría de hecho ser justificadamente más desafiante. Por ejemplo, si el umbral de temperatura se fijó a 1,5 ° C no 2 ° C; o si la probabilidad de evitar ese umbral se elevó a 80% o 90% NO 50%; o si se les dio cifras menos ambiciosos para las emisiones máximas y las tasas de descarbonización de la no-Anexo 1 las naciones; y sobre todo si todos esos supuestos no se encontraban expresadas de manera moderada, entonces el presupuesto de carbono disponible se fue al Anexo 1 naciones se reducirían enormemente. Esto exigiría un mayor porcentaje de descarbonización para el Anexo 1 las naciones, tal vez en la vecindad de 15% o 20% anual tanto, incluso si los críticos están en desacuerdo con supuestos específicos (por ejemplo, argumentan que el umbral de temperatura debe ser de 2,5 ° C o que la descarbonización a las 6 % anual es compatible con el crecimiento), ello no afectaría a la conclusión general de que mantener el presupuesto de carbono pasan por el decrecimiento en las naciones del Anexo 1. Sin embargo, como se ha señalado, incluso algunos de los documentos de política climática más prometedores de los últimos tiempos (por ejemplo SDSN y IDDRI, 2014; Grantham Institute, 2013) firmemente se niegan a aceptar que una respuesta adecuada al clima podría requerir repensar el paradigma de crecimiento. (5)
Mientras que los críticos serán, sin duda, seguirá objetar decrecimiento estrategias sobre la base de una serie de otros argumentos (incluyendo tanto los resultados socio-económicos y la eficacia política), cuando las cifras anteriores del presupuesto de carbono se toman en serio, en el caso de algún tipo de decrecimiento estrategia es extremadamente fuerte sobre una base científica. En este sentido, la responsabilidad está en los críticos de la propuesta de Anderson y Arcos de demostrar cualquier fallas fundamentales en los supuestos clave o la lógica del argumento. De hecho, los críticos realmente necesitan para responder al argumento decrecimiento basado en premisas más exigentes y los requisitos de descarbonización aún más altos, dado que el argumento de Anderson y Arcos es realmente declaró demasiado moderada (por ejemplo, la probabilidad de éxito debe ser mucho mayor que el 50%) .
Cabe señalar también que, si bien este argumento para el decrecimiento se basa únicamente en el análisis de presupuestos de carbono, que encuentra mucho apoyo en más general “límites al crecimiento” literatura (véase, en general, Meadows et al, 2004; Rockstrom et al, 2009; Trainer, 2010; Turner, 2012; Hopkins y Miller, 2012; Alexander, 2014a) y, más específicamente, la literatura decrecimiento emergentes (ver Latouche, 2009; Latouche, 2014B; Kallis, 2011; Alexander, 2012a; Victor, 2012). Estas literaturas argumentan que las naciones desarrolladas (en particular) deben abandonar el paradigma de crecimiento por varias razones ecológicas y sociales, de las que el cambio climático es sólo una.
5. Powerdown: Estrategias en decrecimiento para la estabilidad del clima
Mientras que Anderson y Arcos (2011) han presentado un caso sólido para el decrecimiento basado en la ciencia del clima, el reto que se deriva de esto es comenzar a delinear la forma general de un marco de política descarbonización integrada coherente con la escala y la velocidad necesaria para mantenerse dentro de la limitaciones de los objetivos presupuestarios de carbono, y coherentes con la democracia, la estabilidad política y social, y la equidad. Las siguientes sub-secciones tienen como objetivo contribuir a esa enorme tarea, si bien reconoció que este debate preliminar es probable que plantear tantas preguntas como respuestas.
5.1. Fortalecimiento de la comprensión del público de todas las implicaciones que conllevan el análisis del presupuesto de carbono
Para comprender plenamente la magnitud y la velocidad de la acción necesaria para reducir significativamente los riesgos del cambio climático es necesario, los ciudadanos y los gobiernos deben primero entender la magnitud y las consecuencias del desafío presupuesto de carbono. Esto incluye la ampliación del reconocimiento de que, incluso si se aplicaran de inmediato la mayoría de las políticas y planes de descarbonización existentes, todavía no podrían abordar suficientemente el problema central (es decir, que no mantenernos dentro del presupuesto de carbono). Las implicaciones de crecimiento económico de análisis de presupuestos de carbono, por tanto, tienen que convertirse en un elemento central en el debate público informado sobre las soluciones y estrategias de cambio climático.
5.2. Identificar y adoptar indicadores macroeconómicos ‘post-crecimiento’ como un paso clave hacia la aplicación de las nuevas estrategias y políticas económicas del nuevo paradigma.
Una vez que se entiende el caso de decrecimiento (tanto en términos de análisis de presupuestos de carbono y los “límites del crecimiento” más generales crítica), se deduce que se requerirán distintos indicadores macroeconómicos. Actualmente, el crecimiento del PIB es la medida más ampliamente utilizada de éxito político-económica, pero durante décadas los estudiosos (especialmente los economistas ecológicos) han demostrado que el PIB es una medida fundamentalmente inadecuada de progreso genuino (véase, en general, Daly y Cobb, 1989; Daly y Farley, 2004; Lawn, 2005; Stiglitz, Sen y Fitoussi, 2010; Kubiszewski, et al 2013).. El PIB mide los beneficios de la actividad económica en términos monetarios, pero no da cuenta de la mayoría de los costos sociales y ecológicos (que incluso trata a esos costos como beneficios!). Esto puede llevar a “crecimiento” que es “poco rentable”, en el sentido de que los costes globales de crecimiento superan los beneficios (ver Daly, 1999). Lo que se necesita son indicadores macroeconómicos como el Indicador de Progreso Genuino que mejor representan la totalidad de los costos sociales y ecológicos de la actividad económica. Esto ayudará a explicar y comunicar qué decrecimiento, lejos de ser una estrategia retrógrada, es en realidad lo que el verdadero progreso ‘ahora parece, al menos en las naciones más desarrolladas del mundo. La evaluación de las políticas de decrecimiento a través de la lente convencional del PIB se verá absurdo, mientras que esas mismas políticas cuando se ve a través de indicadores más completos buscará necesario y sensible, mientras que el crecimiento antieconómico buscará absurdo. Aunque lejos de ser una innovación de política pública suficiente, indicadores post-crecimiento del progreso será una parte necesaria del cambio de paradigma macroeconómico requerido.
5.3. Introducir un precio apropiadamente fuerte para el del carbono
Según la teoría económica neoclásica, para una economía de mercado que funcione de una manera más o menos “óptima”, los costos totales de la actividad productiva deben ser ‘interiorizado’ al proceso productivo, no ‘externalizado’ a la sociedad en su conjunto (véase, en general, Clarke, 2011). Si bien esto es muy difícil de hacer (que proporciona motivos para dudar de las soluciones puramente “económicos” a los problemas sociales o ecológicos), es de sentido común para tratar de asegurar precios reflejan con exactitud los costos sociales y ecológicos completos (incluyendo los completos, los costos a largo plazo del clima cambiar y de no estar dentro del presupuesto de carbono). Dado que actualmente los costos del cambio climático son ampliamente ‘externalizados’, se deduce que una parte de la respuesta al cambio climático requiere poner un precio adecuado al carbono (véase, en general, Tietenberg, 2013). Hay dos maneras principales de hacerlo: ya sea a través de “impuesto al carbono” un pigouviano oa través de un régimen de comercio de emisiones (ETS). (6)
La gran ventaja de un impuesto sobre el carbono es que es relativamente simple y directo, aunque también es algo de un objeto contundente. Al gravar las emisiones, el precio del carbono sube para los productores, un costo que se pasa a continuación a los consumidores, incentivando de este modo las empresas y los individuos para reducir el consumo de carbono e invertir en mejoras de la eficiencia (ver Meltzer, 2014). Por otra parte, como se señaló anteriormente, al hacer la energía fósil más caro, las fuentes de energía renovables se vuelven más competitivas en el precio, lo que fomentaría la energía fósil está substituyendo por fuentes renovables. Los ingresos de gravar los “males” (energía fósil) también se puede utilizar para financiar ‘bienes’ (energía renovable, mejoras en la eficiencia, o la asistencia para los hogares de bajos ingresos).
La supuesta ventaja de una ETS es que sería lograr los mismos fines que un impuesto sobre el carbono, pero a un costo socio-económico reducido (véase, en general, Betsill y Hoffmann, 2011). En teoría eso puede ser cierto, pero la realidad de ETS han sido que son muy complicadas de diseñar y operar con éxito, creando mucho margen de los planes de ser abusado. También pueden crear incentivos contraproducentes, como la reducción en un área de la sociedad se puede aumentar en otros lugares. Mientras que un impuesto sobre el carbono es posiblemente el mejor modo de fijación de precios del carbono, debido a su relativa simplicidad y la franqueza, el punto principal para los propósitos actuales es que el carbono tiene que ser un precio adecuado de alguna manera si las economías han de tener las señales de precios que incentiven redujeron el consumo de carbono. En la actualidad, los combustibles fósiles son artificialmente barata (debido a sus costos está externalizado), lo que conduce a su consumo excesivo y la producción de una economía extremadamente sub-óptima. De hecho, el cambio climático se caracteriza por ser bastante mayor “fallo del mercado” de la economía global.
Mientras que el precio del carbono es una parte necesaria de la transición a una economía baja en carbono, no hay que suponer que se trata de una maniobra suficiente. Ambos impuestos al carbono y ETS son los mecanismos basados ​​en el mercado que tratan de lograr la descarbonización a través de los efectos incrementales de precios. Pero tales mecanismos incrementales serán insuficientes para producir, por tanto, la descarbonización profunda y rápida de 8-10% de carbono precios pa debe ser considerada únicamente como una cadena en la proa de las estrategias de descarbonización y decrecimiento más amplios.
5.4. Abolición de los subsidios a los combustibles fósiles y desinvertir en la industria de los combustibles fósiles
La manera en que gastamos nuestro dinero privado y público es similar a la votación por el tipo de mundo que queremos vivir. Por consiguiente, si buscamos seriamente una economía baja en carbono, debemos dejar de ‘votación’ para una economía intensiva en carbono, y significa esto? parando subvencionar e invertir en la industria de los combustibles fósiles. La IEA (2013b: 1) señala que el ‘coste global de las subvenciones a los combustibles fósiles se expandió a 544000 millones dólares en 2012 a pesar de los esfuerzos de reforma “, y agregó que” el apoyo financiero a las fuentes renovables de energía ascendió a 101 mil millones dólares “. Estas cifras solo muestran lo equivocada la respuesta climática existente. Subsidios abolición ayudarían a los combustibles fósiles “precio” más exactamente, lo que significa que el precio de la energía fósil se incrementaría. También sería incentivar la reducción del consumo (a través de mejoras en la eficiencia y el efecto sustitución) y hacer que las energías renovables más competitivo, fomentando un interruptor de inversión. Así como la abolición de los subsidios, los individuos, las comunidades, las instituciones financieras y los gobiernos deben ser animados a progresivamente ‘divest’ su apoyo financiero existente en la industria de los combustibles fósiles y se niegan a proporcionar apoyo financiero, permisos, o una ‘licencia social’, para el nuevo proyectos de combustibles fósiles y de la infraestructura.
Resulta prometedora, una campaña internacional ‘desinversión’ está actualmente en curso, dirigido por 350.org (McKibben 2012) y otras organizaciones activistas (véase, en general, Alexander, Nicholson, y Wiseman, 2014). Cabe destacar que el movimiento de desinversión de combustibles fósiles se basa, en gran parte, en el análisis del presupuesto de carbono. Los participantes en el movimiento argumentan que aproximadamente el 80% de los combustibles fósiles debe permanecer en el suelo si el mundo es mantener dentro del umbral de temperatura de 2 ° C (conclusiones similares han sido alcanzados por la IEA (2012a). Desde todos los combustibles fósiles se valoran actualmente como si todos ellos serán quemados, esto sugiere que hay una gran “burbuja de carbono”, que está en riesgo de estallar y haciendo más recursos de combustible fósil “activos bloqueados” de “carbono incombustible ‘(ver Carbon Tracker y Grantham Institute, 2013) . Esto proporciona una auto-interesada más, el argumento financiero adicional para la desinversión, añadiendo más peso a los argumentos científicos y moral ya que obliga. (7)
5.5. Acelerar un cambio integral a las energías renovables
El corolario más importante de los argumentos morales y financieras contra el subsidio y la inversión en combustibles fósiles es cambiar que el apoyo financiero hacia sistemas de energía renovable y otras tecnologías bajas en carbono. Subvenciones existentes para los combustibles fósiles proporcionan fondos importantes para conseguir esta transformación de los sistemas energéticos en marcha. Este cambio del gasto podría lograrse sin la búsqueda de nuevos fondos de inversión, aunque tendrá que ser vuelto a priorizar con el fin de aplicar plenamente el cambio a energías renovables fondos de inversión adicionales significativos (tanto públicos como privados) (ver Wiseman, Edwards, y Luckins, 2013). Es imperativo señalar, sin embargo, que los sistemas de energía renovables no son por sí solos un cambio climático ‘bala de plata’. Mientras que son, por supuesto, una parte necesaria – de hecho, la base – de cualquier transición a una economía de bajas emisiones de carbono, que es un error pensar que el mundo sólo puede hacer la transición a sistemas de energía renovable y de lo contrario llevar el plazo de crecimiento, con la misma , paradigma industrial.
En primer lugar, el cambio climático es sólo un problema ambiental entre toda una serie, por lo que la descarbonización de la economía existente sin cambiar de otro modo su naturaleza dejaría a otros problemas ecológicos importantes, como las profundas amenazas a la biodiversidad, sin resolver (véase, en general, Turner, 2012) . En segundo lugar, cuando se lleve a cabo un análisis del ciclo de vida completo de la energía solar y eólica, que a menudo se demuestra que tienen rendimientos energéticos muy inferiores a la inversión (EROI) que se pensaba anteriormente (véase, por ejemplo, Pietro y Hall, 2013 Palmer, 2013), lo que sugiere que lo hará ser extremadamente difícil de ejecutar una civilización industrial orientada al crecimiento de la energía renovable. Por último, la intermitencia de la mayoría de las fuentes de energía renovables significa que se necesitarían enormes cantidades de almacenamiento caro o planta redundante para cubrir las cargas de bases de un crecimiento, la economía industrial globalizado (ver Trainer, 2013a; Trainer, 2013b; Honnery y Moriarty, 2012) .
Incluso si la electricidad podría ser proporcionada por el 100% de energía renovable (o incluso nuclear), la electricidad sólo constituye alrededor del 18% del consumo mundial de energía final (IEA, 2012b: 28), dejando sin resolver (entre otras cosas) el problema de la sustitución de combustibles líquidos para transporte y maquinaria, especialmente. Este es quizás el mayor desafío para la descarbonización. Mientras que los vehículos eléctricos pueden de alguna manera a mitigar este problema, el hecho de que en la actualidad hay alrededor de mil millones de fósiles de combustible los vehículos propulsados ​​por el camino sugiere que cualquier transición a una flota eléctrica va a ser lento, excesivamente caro, y muchos recursos. La solución, en mi opinión, no radica tanto en el funcionamiento de un sistema de transporte globalizado de biocombustibles o la electricidad, pero en la conducción de menos y en otras formas que reducen la dependencia del petróleo (por ejemplo, crecimiento de alimentos orgánicos y Relocalizar la producción). En resumen, el desafío de la descarbonización rápida no se puede resolver únicamente desde el lado de la oferta (es decir, la transición a sistemas de energía renovable), en parte porque esa transición será inevitablemente lento (que requieren una o dos décadas, por lo menos), incluso si lleva a cabo con ‘movilización bélica’ urgencia (Smil, 2010; Smil, 2014). Más concretamente, el anexo 1 las naciones no podían descarbonizar a 8-10% anual puramente por la transición a las energías renovables. Con el fin de hacer la transición rápida a una economía de bajas emisiones de carbono, también tenemos que descarbonizar del “lado de la demanda” también, mediante el aumento de la eficiencia y, lo más importante, simplemente consumir menos energía y menos productos y servicios de gran consumo energético. Esto significa que cualquier transición decrecimiento a una economía baja en carbono significa ajustar a un período prolongado de ‘descenso energético’ planificada y creativa adaptación a la post-consumista, estilos de vida moderada de energía (Alexander, 2013).
5.6. Aumento considerable de la eficiencia a través de incentivos, subsidios, regulaciones, y de la educación
Hay un enorme margen para la descarbonización de manera significativa y desmaterialización de nuestras economías a través de mejoras en la eficiencia (véase, por ejemplo Weizsäcker et al, 2009). Mediante la explotación de las mejores tecnologías bajas en carbono y diseños, los seres humanos serán capaces de llevar una vida de alta calidad a una fracción de la intensidad de carbono de los estilos de vida en los países desarrollados hoy en día (véase, por ejemplo, Druckman y Jackson, 2010). La eficiencia puede ser promovida a través de incentivos (como un impuesto sobre el carbono); subsidios (para cosas tales como refrigeradores o bicicletas de eficiencia energética); regulación (como las normas mínimas para los productos, especialmente productos de consumo de energía); y educación (mostrando los individuos y las empresas las maneras más fáciles para reducir su huella de carbono). Mientras que algunos dirán que este proceso debe dejarse al mercado, dada la urgencia del desafío, las políticas gubernamentales también pueden desempeñar un papel crucial en el impulso de mejoras en la eficiencia. En China, por ejemplo, el gobierno ha aplicado mejoras de eficiencia en 1000 de sus empresas estatales que contribuyen a una mejora del 20% en la eficiencia en los últimos cinco años. Según The Economist (2013), esto es “sin duda la política climática más importante en el mundo ‘.
Una vez más, sin embargo, el riesgo de promover la eficiencia como una solución independiente es que las personas pueden asumir que la eficiencia será suficiente para descarbonizar a 10.8% anual, sin necesidad de cambios profundos en la forma en que vivimos. Las ganancias de eficiencia nunca descarbonizar o desmaterializar actividad económica suficiente para una población mundial que ser capaz de vivir, formas de vida de los consumidores acomodados en una economía en crecimiento (sobre todo una economía que opera de manera consistente con las limitaciones presupuestarias de carbono). Esto significa aumento de la eficiencia tienen que complementarse con el estilo de vida y los cambios estructurales que reducen significativamente la demanda de energía y de recursos en comparación con los niveles que prevalecen en las economías “desarrolladas”.
5.7. Introducir la disminución de los límites de los recursos y de la energía para contener el ‘efecto rebote’
Aunque las ganancias de eficiencia son una parte necesaria de cualquier transición a una economía de bajas emisiones de carbono, existe un gran riesgo de que la totalidad o parte de sus ganancias de eficiencia se perderá el ‘efecto rebote’ si no se toman medidas para contener ese fenómeno (Arenque y Sorrell , 2009). Cuando se aumenta la eficiencia, esto puede proporcionar más ingresos o la capacidad productiva que puede ser fácilmente redirigido de nuevo en energía o el consumo de recursos intensivos o de producción. De hecho, como WS Jevons (1865) argumentó hace mucho tiempo, la eficiencia puede en realidad aumentar los recursos en general o el consumo de energía, por lo que algunos productos más baratos y por lo tanto más disponibles o accesibles a un grupo más amplio de personas. Con el fin de contener este fenómeno bien documentado, disminuyendo los límites de recursos y de energía – o ‘tapas’ de impacto – deberían introducirse para asegurar que la mayor eficiencia se dirigen a reducir el consumo de recursos y energía, no se dirige a consumir más cosas con la misma cantidad de ( o incluso aumentado los recursos o energía (Alcott, 2010)). En una época de exceso ecológico bruto, lo que se necesita son energía absoluta / reducciones de recursos (disociación absoluta), no sólo la disminución de los costos de la energía / recursos por unidad (desacoplamiento relativo) (véase Jackson, 2009:. Ch 4). Esto se podría lograr ya sea (1) a través de los impuestos de Pigou (tales como un impuesto sobre el carbono se discutió anteriormente), lo que haría de carbono suficientemente caro que no se superen los niveles sostenibles; o (2) a través de la regulación directa, lo que legalmente prohibir más de una determinada cantidad de combustibles fósiles que se producen cada año (Alcott, 2010). Al limitar el impacto, el efecto rebote se evitaría. Cualquiera que sea el enfoque adoptado, podría ser introducido en un marco de tiempo específico (por ejemplo, más de diez años) para permitir que los mercados y la cultura para ajustar, aunque el diseño institucional detallado de estas políticas requiere una cuidadosa consideración (Kallis y Martínez-Alier, 2010). (8)
5.8. Repensar el gasto presupuestario para facilitar una infraestructura baja en carbono
Si los gobiernos deciden tomar en serio el cambio climático, esto requerirá una enorme inversión en tecnologías bajas en carbono (especialmente los sistemas de energía renovables), pero también requerirá enormes inversiones en la “ecologización” de la infraestructura de nuestros centros urbanos intensivos en carbono. Este punto pone de relieve el hecho de que nuestras prácticas de consumo no tienen lugar en el vacío. Se llevan a cabo dentro de las estructuras de coacción, y esas estructuras hacen que algunas opciones de estilos de vida opciones de estilo de vida fácil o necesarios, y otros difíciles o imposibles. Actualmente muchas personas se encuentran “encerrados” a los estilos de vida de alto consumo debido a las estructuras en que viven sus vidas (ver Sanne, 2002). Para proporcionar un ejemplo: es muy difícil escapar de una cultura de conducción si hay transporte público deficiente o no hay carriles bici. Cambiar la infraestructura, sin embargo, y nuevos estilos de vida se abrazaron más fácilmente. Nueva infraestructura y los sistemas están obligados a hacer bajo impacto vive más fácil. Dado que la financiación pública está lejos de ser ilimitado, esto requerirá una revisión significativa de los patrones de gasto convencionales para la mayoría de las sociedades. Tratar el cambio climático como una “amenaza a la seguridad” y, sobre esa base, tomar una parte significativa de los gastos militares es una ruta de acceso a la financiación de la infraestructura baja en carbono, pero puede ser necesaria revisiones más profundas en otros lugares con el fin de financiar estos proyectos. No existe un método universalmente aplicable para determinar la mejor manera de hacer esto, y cada gobierno nacional o local tendrá que abordar la cuestión en relación a sus contextos específicos y capacidad financiera. Pero cuanto más esperemos antes de comenzar esta tarea, más difícil y más urgente se vuelve (véase Murphy, 2012).
5.9. Asegurar una vía equitativa para la descarbonización global mediante la dotación de recursos de tecnologías de transferencia y las estrategias de adaptación al cambio climático en la no-Anexo 1 naciones
Mientras los Anexo 1 las economías desarrolladas deben asumir la responsabilidad de la mayoría de las emisiones históricas es también el caso de que las proyecciones a futuro muestran que no son del Anexo 1 naciones se convertirán en los más altos emisores globales en el futuro previsible. Lo que es necesario es que los no-Anexo 1 las naciones se les asigna un mayor apoyo para crear economías bajas en carbono ahora, en lugar de que ellos siguen el camino convencional, industrializada desarrollo que está en riesgo real de la creación de la infraestructura y de las culturas que, básicamente, “bloquear” las sociedades en décadas de la vida de alto carbono. Exactamente cómo hacer esto, por supuesto, es un tema muy complejo que no puede ser abordado aquí, pero una manera de ayudar en este desarrollo post-industrial es para el Anexo 1 las naciones para compartir libremente sus conocimientos prácticos y de diseño de métodos tecnológicos con el no-Anexo 1 naciones para ayudarles a “salto de rana” una fase industrial del desarrollo y se mueven de manera más directa a una economía que satisfaga las necesidades básicas de todos con bajas emisiones de carbono. Esta es una forma en que las naciones del Anexo 1 pueden devolver parte de su ‘deuda ecológica’ (Simms, 2005) a los no-Anexo 1 las naciones, para ser complementado por la ayuda financiera directa. Un importante transferencia de recursos de países desarrollados a países en desarrollo para apoyar la adaptación al clima y las iniciativas de resiliencia será esencial.
5.10 Reimaginar y reinventar la “buena vida” más allá de la cultura de consumo
Volver a imaginar y reinventar la “buena vida” está en el corazón de cualquier transición decrecimiento a una economía baja en carbono. Estilos de vida de alto consumo simplemente no pueden ser universalizado a siete, o nueve, o diez mil millones de personas, mientras se mantiene dentro de un presupuesto de carbono (por no hablar de los otros límites del crecimiento). Por lo tanto, cualquier respuesta suficiente al cambio climático y otros límites ecológicos requiere un cambio de paradigma cultural que implica un cambio significativo lejos de los estilos de vida de alto consumo hacia formas de vida informadas por los principios y prácticas de la suficiencia material.
Los principios ‘decrecimiento’ de una mayor frugalidad, la moderación y suficiencia no necesitan necesariamente ser considerados como principios de dificultades o privaciones. Un caso socio-psicológica fuerte puede hacer que el ingreso ha rendimientos marginales decrecientes, lo que significa que la renta es muy importante en los bajos niveles de ingreso, pero una vez que se han satisfecho las necesidades básicas materiales, prioridades distintas de ingresos cada vez más importante (por ejemplo, el compromiso social, más empleo significativo, más tiempo para las pasiones privadas). De hecho, la evidencia sugiere que las sociedades de alto consumo son ampliamente mis-consumir, en el sentido de que mucha gente podría en realidad reducir su consumo al tiempo que incrementa su bienestar (véase Alexander, 2012b; Bilancini y D’Alessandro, 2012). En este contexto, el decrecimiento puede ser entendido en el sentido de tratar de encontrar ese umbral materia / energía “óptima”.
De la misma manera que el análisis presupuestario de carbono debe ser la base de una campaña de educación pro-activa, también deberían apoyar el objetivo de la “simplicidad voluntaria” se construirá como una atractiva alternativa a los estilos de vida del consumidor. Una campaña de este tipo puede tener que comenzar a nivel de base, donde se inicia un cambio cultural a medida que más personas y comunidades proporcionan ejemplos del mundo real de bajo consumo, alta calidad de vida. Esta transformación cultural también destaca lo señalado anteriormente: que la descarbonización no puede lograrse simplemente desde el lado de la oferta, pero en realidad requiere de personas para reducir el consumo de recursos y energía a partir de la ‘demanda’ también. Esto podría significar conducir menos y más la bicicleta; el cultivo de alimentos orgánicos locales; ponerse la ropa de lana en lugar de siempre encender el calentador; tomar duchas más cortas; volar menos o nada en absoluto; fabricar y reparar las cosas en lugar de comprar nuevos; y en un sinnúmero de otras formas repensar el estilo de vida de manera que reduzcan la carga de energía y recursos. Este es un desafío inmenso creativo, que encuentra los movimientos prometedores ya en marcha sobre la base de las nociones de simplicidad voluntaria (Alexander, 2009), la permacultura (Holmgren, 2002), y las ciudades en transición (Hopkins, 2008). Es muy probable que este tipo de movimientos sociales tendrán que ampliar si las políticas descritas anteriormente son para encontrar un amplio apoyo social. En efecto, en la medida en que los gobiernos se niegan a actuar con decisión, se deduce que la transición a una baja emisión de carbono, necesitará economía post-crecimiento obedecería “desde abajo”, sin mucho apoyo del Estado (véase, en general, Trainer, 2010).
También es necesario reconocer que, para terminar, que las propuestas anteriores, negrita pesar de que son, ¿no, en sí mismos, ser suficiente para producir una economía justa y fuerte decrecimiento (Trainer, 2012). Las propuestas anteriores se centraron principalmente en la cuestión de la descarbonización, pero teniendo en cuenta lo fundamental que la transición a una economía baja en carbono es, también se requerirá una amplia gama de cambios sociales más amplios, económicos y políticos. Por ejemplo, una economía de decrecimiento requerirá nuevos sistemas financieros que no son tan dependientes de la deuda o de la expansión de la oferta de dinero a través de préstamos con intereses bancarios y. Del mismo modo, el acceso a una vivienda barata y asequible, o suficiente seguridad en el empleo, en una economía de decrecimiento puede requerir una reestructuración fundamental de los sistemas de propiedad e impuestos existentes (véase Alexander, 2011; Kallis et al, 2012). Tendrá que ser revisado a fin de ayudar con la descarbonización también los patrones de uso del suelo. Este documento no ha tratado de abordar estas y otras cuestiones complejas que quedan, pero yo les notar aquí como cuestiones que merecen mayor atención por parte de quienes ven la transición a un paradigma económico post-crecimiento como una parte necesaria de cualquier transformación de una baja emisión de carbono. Ya sea ‘decrecimiento’ es el mejor término para describir esta transformación social necesaria sigue siendo discutible. Pero ese debate terminológico es menos importante que el hecho de que este debate se está produciendo en el reconocimiento de las implicaciones radicales de análisis de presupuestos de carbono y los límites más amplios a la crítica de crecimiento.
6. Conclusión
Con el fin de tener una posibilidad razonable de permanecer dentro de las limitaciones presupuestarios del carbono y, por tanto, de evitar los escenarios de calentamiento global más extremos, este artículo ha argumentado que una matriz integrada de iniciativas de descarbonización debe implementarse, cuyo fundamento base es iniciar una transición rápida a una economía de decrecimiento. En los países del Anexo 1, esto requerira una reducción sistemática, planificada en el consumo de energía y recursos. Las reducciones rápidas y profundas en las emisiones necesarias si las naciones del Anexo 1 son descarbonizar a un 8-10% en las próximas décadas no puede ser alcanzado sólo con la transición de un lado de la oferta con las energías renovables, es necesario sin embargo que la transición se haga efectiva. También debe ser complementada por una reducción ‘de la demanda’ en el consumo intensivo en carbono y de la producción. Esto significa la creación de un tipo fundamentalmente diferente de economía – no basada en el crecimiento sin límites – y abrazar formas de vida mucho menos impactante que los estilos de vida de alto consumo.
Aunque soy plenamente consciente de los desafíos involucrados en la construcción de un amplio apoyo público para este argumento, espero que el análisis que aquí se presenta puede contribuir a un debate público más informado sobre la contribución fundamental que la transición a un paradigma económico post-crecimiento tendrá que hacer para lograr la estabilidad del clima y un futuro justo y resiliente. Después de todo, como Winston Churchill observó una vez: “no sirve de nada decir: estamos haciendo nuestro mayor y mejor esfuerzo. Tienes que tener éxito en hacer lo que sea, justamente lo necesario. “
Notas:
  1. Co-director del Instituto Simplicidad y Research Fellow en el Instituto Sociedad Sostenible Melbourne. El autor desea agradecer a John Wiseman, Brett París, y David Spratt para comentarios muy útiles sobre una versión anterior de este trabajo. No se debe asumir que estos revisores están de acuerdo con todos los aspectos del análisis que sigue.
  2. Cabe señalar que el 2 ° C no se acepta como un umbral de seguridad por muchos de los países menos desarrollados o en la Asociación de los Pequeños Estados Insulares en que, en Copenhague y en otros lugares, han estado presionando para umbrales reducidos. Véase también, Spratt, 2014a; Spratt, 2014B).
  3. Sin embargo, como se discute brevemente más adelante en el documento, es fundamental que el presupuesto de carbono pasó en las naciones más pobres, con la intención de levantar esas naciones de la pobreza, evita la creación de infraestructura que esencialmente los encierra en décadas de la vida de alto carbono.
  4. La otra razón de esta premisa se puede considerar “favorable” a las naciones del Anexo 1 se debe a que los cálculos se basan en la “producción basada en ‘la contabilidad no contable” basado en el consumo’. Dado que muchas de las emisiones en el no-Anexo 1 naciones se utilizan produciendo cosas que se consumen en última instancia, en los países del Anexo 1, un contable “basado en el consumo ‘de las emisiones dejaría menos del presupuesto de carbono para los países del Anexo 1.
  5. Otros dos posibles respuestas a la tesis de que es necesario para alcanzar los objetivos presupuestarios de carbono clave algún tipo de decrecimiento son para que apunte a la contribución que la “captura y almacenamiento de carbono” (CCS) y la geoingeniería podrían hacer para hacer frente a los riesgos del cambio climático. Mientras que una revisión completa de la literatura en rápida expansión en estas dos opciones es más allá del alcance de este documento, yo observo la amplia gama de cuestiones éticas, de gobernanza y técnicos serios que se han planteado acerca de la geoingeniería (véase, por ejemplo, Hamilton, 2013). En cuanto a la CAC, esta, de hecho, puede tener que desempeñar un papel en la reducción de las emisiones, pero la tecnología en la actualidad es muy poco desarrollado, especialmente en el contexto de un requisito de descarbonización del 8-10% anual que debe comenzar de inmediato. Incluso cuando, o si, se hace listo, implementación tomará muchos años, probablemente décadas, por lo que no es algo que afecta a la necesidad de explorar e implementar estrategias de descarbonización más inmediatos.
  6. Tenga en cuenta que llamar a la antigua política de un “impuesto” de carbono es en realidad un mal uso del término, ya que es en realidad sólo internaliza una externalidad. Nosotros no lo hacemos, por ejemplo, decimos que una empresa está siendo ‘tributa’ cuando esperamos que para limpiar el río se contaminó. Nosotros, sin embargo, aplazar la convención y utilizar el impuesto sobre el carbono término para diferenciar esta forma de carbono de precios de un régimen de comercio de emisiones.
  7. En un importante lado, si el mundo decidió tomar en serio el cambio climático, uno de los primeros cambios de inversión necesaria sería dejar de financiar proyectos nuevos o existentes de infraestructura destinados a la producción de aceite de esquisto no convencional y las arenas bituminosas, ya que estos aceites son significativamente más carbono -Intensivo como petróleo convencional (Hansen y Kharecha, 2008). Sin embargo, detener la producción de los aceites convencionales significaría líquido mundial de producción de combustible sería el pico inmediatamente o incluso en declive, a pesar de la demanda cada vez mayor, lo que significa inevitabilidad precios del petróleo significativamente más altos (que ya se encuentran en niveles históricamente altos de tendencia). El reto aún más esta elevaría, sin embargo, es que el aceite caro tiene un efecto sofocante en las economías dependientes del petróleo, la inhibición del crecimiento (véase Alexander, 2014B). Este no es un argumento en apoyo de petróleo no convencional, por supuesto; simplemente proporciona nuevos motivos para descarbonizar nuestras economías y avanzar hacia un paradigma macroeconómico post-crecimiento que es mucho menos dependiente del petróleo barato.
  8. Como Kallis y Martínez-Alier (2010: 1572) nota: «En primer lugar está la cuestión de quién y cómo es decidir sobre las tapas adecuadas. En segundo lugar, está la cuestión de quién y cómo es para hacerlas cumplir. ‘
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Trducció de Fernando Valdepeñas CRA editor

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