dilluns, 16 de febrer de 2015

A vueltas con el empleo

Article publicat a  Público 
Isabel Serra
Miembro de la candidatura Podemos Ganar Madrid
Mario Rísquez
Miembro de econoNuestra
Un viejo chiste cuenta la historia de un borracho que volvía a su casa de noche cuando perdió sus llaves y comenzó a buscarlas. Como no veía nada por la oscuridad, se puso a mirar bajo una farola, lejos del lugar en que las había perdido. Un individuo que andaba cerca y había presenciado tal escena, le preguntó por qué las buscaba allí y no en el sitio adecuado, a lo cual el borracho respondió que bajo la farola había luz. Pues bien, cuando hablamos de empleo, la disparidad de fuentes, y el volumen de datos y su tratamiento rodean al análisis de cierto oscurantismo, y es el discurso oficial el que nos trata de poner el foco y señalarnos donde tenemos que mirar. Bajo la luz de la farola, y a raíz de los datos de la EPA sobre el último cuatrimestre del 2014, lo que se nos dice es que la recuperación económica y la creación de empleo es inminente e imparable, que estamos en la buena dirección.
Se nos habla de que el paro se reduce. Sin embargo, los datos del INE nos dicen que desde el primer trimestre de 2008, el número de parados se ha multiplicado por dos veces y medio, hasta cerrar el 2014 en una cifra de 5.457.700. Desde el último trimestre de 2011, cuando el gobierno de Rajoy alcanzó la mayoría absoluta en las elecciones del 20 de noviembre, se han destruido 558.000 puestos de trabajo. Desde finales de 2012 vemos como el gobierno presume de que el paro ha bajado en algo más de medio millón de personas. Si nos quedáramos aquí, podríamos concluir que, efectivamente, el gobierno está desarrollando las políticas adecuadas para generar empleo de calidad; pero no es así.
En primer lugar, las cifras nos dicen que pese a la caída en el número de parados en algo más de medio millón, desde finales de 2012 solo ha crecido el número de personas ocupadas en unas 250.000 personas, algo menos de la mitad. Lo que quiere decir que buena parte de la reducción del número de parados no se ha debido a la generación de puestos de trabajo, sino que aproximadamente la mitad, o bien han dejado de buscar activamente empleo, o se han marchado del país, o pueden también haberse jubilado. En segundo lugar, si nos atenemos al indicador que con mayor rigurosidad nos revela si está aumentando o no la actividad económica, es decir, la evolución del número de horas trabajadas, este nos señala una tendencia paulatinamente descendente desde el comienzo de la crisis, y un estancamiento desde finales de 2012. En base a este indicador podríamos decir que no se está trabajando más horas en el agregado de la economía española.
¿Cómo es posible que los datos de la EPA hablen de creación de puestos de trabajo y, sin embargo, el número total de horas que el conjunto de la población ocupada trabaja no crezcan? Es sencillo: desde que la reforma laboral del 2012 abarató el despido y fomentó las formas de contratación precarias, el empleo a tiempo parcial y el empleo temporal no han dejado de crecer en relación al empleo indefinido y completo.
Desde 2008, aproximadamente 9 de cada 10 nuevos contratos firmados han sido temporales. Y desde 2012, el porcentaje de los nuevos contratos firmados de carácter temporal respecto de los indefinidos es del 92% para los primeros, y tan solo un 8% para los segundos, situándose la duración media de los contratos temporales en 2014 en torno a los 53 días. Pero la temporalidad va realmente más allá: la diferencia entre tener un contrato temporal y uno indefinido es cada vez más insignificante y las garantías que reportaba tener un contrato del segundo tipo desaparecen. Resulta que la rotación en el empleo indefinido es cada vez más alta, y que en 2014, para que se creara un nuevo puesto de trabajo fijo hizo falta que se firmaran 1,42 contratos indefinidos.
Además, se crean puestos de trabajo simplemente sustituyendo a trabajadores a tiempo completo por trabajadores a tiempo parcial, de modo que el número de puestos de trabajo a tiempo indefinido se han reducido casi un 20% desde el inicio de la crisis, mientras que el de contratos a tiempo parcial han aumentado algo más de un 15% desde 2008. Este “reparto” de las horas trabajadas entre un cada vez mayor número de personas empleadas es lo que se conoce como el fenómeno del “milagro alemán” que se derivó de las reformas laborales puestas en marcha en la década de los 2000. En Alemania la tasa de empleo a tiempo parcial se sitúa en un 26,7% en el año 2014, llegando hasta un 46% en el caso de las mujeres.
Lo cierto es que la idea de “reparto del empleo” ha sido y es una reivindicación clásica a la que muchas y muchos nos sumamos, aunque prefiramos hablar de reparto de todos los trabajos y no sólo de los que son hoy remunerados. El problema es, en este caso, que este reparto de las horas trabajadas se ha convertido en un descenso de los ingresos para las mayorías sociales debido a una fuerte contención salarial, tanto en Alemania como aquí. Tanto, que aquí el salario medio de una persona que tenga un empleo a tiempo parcial se sitúa en torno a 10.000 euros anuales, mientras que el de los contratos a tiempo completo superan los 26.000 euros al año de salario medio.
La precarización de las condiciones de empleo, ligada al aumento de formas de contratación sin seguridad que no permiten obtener los ingresos necesarios para llevar una vida en condiciones dignas, está suponiendo que el fenómeno de los trabajadores pobres se convierta en una realidad normalizada: en el año 2012 un 12,3% de personas ocupadas tenían un ingreso que les situaba por debajo del umbral de la pobreza.
No podía ser de otra manera si tenemos en cuenta el aumento de la dispersión salarial y, por tanto, de la desigualdad. La variación en el salario medio de los distintos deciles por nivel de ingreso nos dice que los más bajos han disminuido – cerca de un 17%- desde 2008 mientras que los más altos sí han aumentado – cerca de un 10% para los deciles 7 y 8-. Tal es la diferencia que en el año 2014 el salario medio pasa de 414 euros para el decil más bajo a 4574 euros en el más alto – ha aumentado en casi un 30% la diferencia entre ambos deciles desde el inicio de la crisis -.
Estos datos nos muestran la realidad de una situación que está muy lejos de una recuperación para las mayorías sociales. Parece que tendemos hacia un mercado de trabajo cada vez más similar al alemán en muchas características fundamentales, con tasas de empleo a tiempo parcial y temporal altísimas, y con enormes niveles de precariedad e inseguridad, pero además, con la retirada del Estado a la hora de asegurar derechos sociales. Y detrás de los datos, hay historias de personas que necesitan una respuesta urgente, pero una respuesta que al mismo tiempo pueda dar resultados estables y de mejora en el futuro para una salida de la crisis efectiva. Necesitaremos ser más y más quienes plantemos cara a las políticas de austeridad de la Troika contra las que hoy Grecia está siendo la avanzadilla; las mayorías sociales precarias que tanto en el norte como en la periferia necesitamos construir otra Europa.
Hace apenas unos días, el ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, hacía la siguiente reflexión en una entrevista dirigida al público de habla germana: “En Europa predomina la extrañísima idea de que todas las cigarras viven en el Sur y todas las hormigas, en el Norte. Cuando, en realidad, lo que tienes son hormigas y cigarras en todas partes”. Al calor de la crisis se ha construido un relato culpabilizando y enfrentando a las hormigas del Norte y del Sur, contándoles que en el Sur solo vivían cigarras. “Así, la Unión Europa comenzó a fragmentarse, y el alemán medio odia al griego medio, el griego medio odia al alemán medio. No tardará el alemán medio en odiar al alemán medio, y el griego medio en odiar al griego medio”.

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