dilluns, 8 de desembre de 2014

Inclusión básica universal

Post publicat a  Autonomia y Bienvivir

lunes, 24 de noviembre de 2014

 En los últimos tiempos la propuesta de Renta Básica (RB) está pasando al debate general gracias al auge de Podemos pero, a la vez, parece que algunos de sus proponentes la han dejado en una mera aspiración a largo plazo en favor de un arreglo más convencional, ya en marcha en algunos lugares: una Renta de Inserción, condicionada a no tener más recursos. Esta última no dejaría de ser un buen paso en la medida en que logre cumplir con el principio de inclusión. De hecho quienes están promoviendo una ILP en favor de una Renta Básica también plantean abordarla en dos fases, adoptando en primer lugar una Renta de Inserción. Sin embargo es necesario poner de relieve que la diferencia entre una y otra propuesta no es meramente cuantitativa sino que la RB, al cobrarla todo el mundo, resolvería una carencia esencial de nuestra sociedad que no puede resolver ninguna otra medida de inclusión y que, lejos de ser accesoria, está en el origen de muchos de nuestros males: una falta de libertad que nos lleva a ser irresponsables con el futuro común.

Esto hace que la RB tenga su propio sentido. Trataré de explicarlo después de mencionar algunas limitaciones de las demás medidas de inclusión también necesarias. Aquí me centraré en el problema que supone esa falta de libertad aunque tiene otras virtudes propias, como suele explicarnos Daniel Raventós, por ejemplo en este artículo reciente

“En cuanto a la universalidad, hay muchas razones. Citaré algunas pocas: porque evita la estigmatización de los perceptores, porque también impide la intromisión en su vida, porque ahorra muchísimos recursos en costos de administración que pueden ser empleados en aspectos mucho más interesantes, porque evita la discrecionalidad, porque mitiga algunas tentaciones del pequeño fraude fiscal [como el trabajo en negro para no perder los subsidios condicionados], porque así es una medida esencialmente preventiva de la exclusión.”
Redistribución sin crecimiento (1/3)
De entrada, suele cuestionarse si es justo que una renta que intenta liberarnos de la penuria y de la dependencia económica sea cobrada también por quienes no tienen problemas económicos. La premisa que no siempre se comprende es que esta propuesta no se limita a la entrega de una renta sino que es necesario observarla como un sistema de redistribución que incluye otra forma de recaudar. No todo el mundo sale ganando. Se crea un flujo de dinero de ida y vuelta, pero en el movimiento de vuelta habrá cambiado la distribución de esas mismas rentas, con unos claros ganadores y unos claros perdedores, (los más pudientes), en un porcentaje que variará en función de cómo se concrete la forma de recaudarlo.

Del otro lado, cuando sus detractores dicen lo que habría que recaudar para una Renta Básica nunca dicen que ese mismo dinero volvería a la ciudadanía, la tratan como un coste. Dan a entender que es un mero detraer dinero de nuestros ingresos sin tener en cuenta que este vuelve a las manos de la población que la sufraga, sólo que con otra distribución. Tendría algún sentido que plantearan cómo debería ser esa nueva distribución pero no discutir una equivalencia contable.
http://www.ilprentabasica.org/
https://twitter.com/ilprentabasica
La RB es una forma de reorganizar entre todos el mismo dinero disponible dentro la economía privada: no se da un mayor trasvase de fondos al sector público. El papel del estado en cuanto a esta medida sería meramente administrativo. En realidad no es tanto una intervención del estado como la introducción de un criterio ético en el resultado económico: estaríamos matizando políticamente entre todos la distribución de las rentas que el mercado por sí mismo asigna de un modo abusivo y excluyente. Es una lógica que podría aplicarse a cualquier comunidad. Sea cual sea el nivel de producción, siempre es posible decidir esta redistribución basal de una parte de los excedentes. De hecho suele proponerse en términos relativos, por ejemplo indexada con el umbral de la pobreza, que también es una cifra relativa, derivada de los ingresos en el país de cálculo. Es decir, la Renta Básica es una proporción.

Discutir si la RB es financiable no es más que cuestionar hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar riqueza y lujo en favor de una mayor justicia económica y de una libertad básica para todos. En los términos en que está planteada, la RB es posible por definición. No se trata de cuánto dinero es necesario para implementarla sino de cómo administramos esa renta per cápita que nunca incluye, si quiera un poco, a todas las cabezas. Pero en realidad a las élites no les importa que pueda hacerse sin disminuir la renta disponible para el conjunto de los ciudadanos. Simplemente les aterra que dejemos de ser tan dependientes de quienes ya tienen mucho. Sin represión económica no podrían imponernos con tanta facilidad su visión economicista de la vida, esa que nos ata a la necesidad de crecimiento económico.

“Como lo expresa Wallich tan francamente en defensa del crecimiento: “El crecimiento es un sustituto de la igualdad en el ingreso. En tanto haya crecimiento hay esperanza y, eso hace las grandes diferencias en el ingreso tolerables” (1972). Somos adictos al crecimiento porque somos adictos a las grandes desigualdades en la renta y la riqueza. ¿Qué ocurre con los pobres?. ¡Dejemos que coman crecimiento! ¡Mejor aún, dejemos que se alimenten de la esperanza de crecimiento en el futuro!”
Herman Daly 
(Traducción de nuestro compañero Jordi Llanos)
La RB nos permitiría disminuir el consumo de recursos energéticos y materiales finitos sin que ello provocase exclusión social en la transición o en el reparto del trabajo restante. Esta disminución depende de establecer otros objetivos, en otras instancias, para no entrar en un nuevo impulso keynesiano a un crecimiento indiscriminado, pero sin una mínima seguridad para todos no podrá sostenerse socialmente. La redistribución que necesitamos no es la redistribución del crecimiento sino una de lo básico, decreciendo en lo excesivo y en lo insostenible. Es precisamente la inseguridad económica básica la que nos exige crecer sin límites: carecemos de libertad para no hacerlo. El daño ambiental se justifica con la creación de nuevos empleos en lugar de compartir mejor el empleo, sus rentas y el trabajo no remunerado. La imposibilidad de elegir esto último supone una irresponsabilidad. Por ello necesitamos una seguridad económica independiente del crecimiento.
Antes de pasar al siguiente punto enlazo esta interesante charla:  
Renta Básica y Sostenibilidad. "Somos ecodependientes y somos interdependientes".
La inclusión: uniendo las partes (2/3)
Empiezo por decir que, en mi opinión, debemos mejorar todas estas formas de inclusión aun aplicando una RB (con excepción de la primera que voy a mencionar, que como el resto de subsidios inferiores quedarían asimilados por la RB). Quienes insistan en llevarse las manos a la cabeza por la financiación necesaria deberían echar una mirada a la evolución de la tributación de las grandes fortunas o de las rentas del capital en las últimas décadas, o a la desigualdad extrema que denuncia Oxfam, o a lo que nos explica Thomas Piketty, o a los datos publicados por el banco Credit Suisse sobre la desigualdad patrimonial en el mundo -el 0,7 % de la población mundial es dueña del 44% de la riqueza, un 3% más que hace sólo un año- y en España.

Sin ánimo de ser exhaustivo, para este texto me centraré en los problemas relacionados con la libertad, esa carencia que cubriría una RB.
  • Renta de Inserción.
En los lugares en los que existe, como en el País Vasco -Renta de Garantía de Ingresos-, esta queda sometida a las limitaciones de toda inspección, (a menudo kafkiana), al coste añadido de la misma, y a la discrecionalidad en su concesión. Se vincula a la búsqueda activa de empleo, como el subsidio de paro, y si este surge, ha de aceptarse o perder la ayuda.

Aunque tener esta renta es mucho mejor que admitir el desamparo absoluto, en su aplicación se revela la alianza entre el estado y las élites económicas en favor de una represión económica dirigista: sobre el perceptor recae un clima de sospecha acerca de su disposición a aceptar cualquier forma de implicarse en la producción. Es un subsidio vinculado a la idea de ilegitimidad moral. La libertad para rechazar un empleo queda contemplada como un problema, un efecto colateral que se combate. Se da por sentado que tenemos el deber moral de ser colaboracionistas, en cualquiera de sus formas, con un sistema productivo que está destruyendo el futuro común.

Pero lejos de la presunción oficial, en realidad las personas no se conforman. Cabe señalar que la existencia de trabajo no declarado (para no perder el subsidio a causa de esa otra fuente de ingresos generalmente insegura) desmiente una y otra vez el temor a que con una RB no quisiéramos trabajar. Por el contrario, al ser compatible con el empleo, la RB no fomentaría el trabajo no declarado ni la pasividad.

En este caso también puede observarse un hueco que cubriría la RB. Esta implica una mayor redistribución porque no sólo saldrían beneficiados quienes no tienen nada sino además quienes cobran poco o trabajan de forma inestable. En la medida en que los trabajadores cobren más, el efecto vendría a ser el de un complemento parcial, por cuanto también tendrían que tributar una mayor cantidad de sus ingresos. Por último quienes más ganan, saldrían perdiendo más o menos en función de su privilegio económico, aunque a la larga también se beneficiarían por la mejora general que implica. A diferencia del subsidio condicionado, la RB aportaría seguridad económica a quienes más la necesitan sin desincentivar una mayor aspiración, y facilitaría la búsqueda de formas alternativas de producir.
  • Servicios públicos
Los servicios públicos no han erradicado la exclusión. Hoy en día se da la paradoja de que una persona puede tener médico y educación y no tener dinero para pagarse la comida, (la calefacción, la luz, etc,...). ¿No es surrealista la situación de esos niños que en verano han comido mal porque no se les facilitaba el comedor escolar aunque sí se les facilitaba toda la infraestructura educativa el resto del año? Cabe preguntarse si algún médico habrá recetado analgésicos y ansiolíticos gratuitos para calmar el sufrimiento del hambre o del frío.

Se puede decir que los servicios públicos son útiles para capacitar a las personas, pero no para evitar la exclusión social. La inclusión requiere acceso a bienes. Ambas cosas Renta Básica y servicios públicos deben pasar a ser derechos inalienables llegue hasta donde llegue la posibilidad de desarrollarlos en cada coyuntura.
  • Refuerzo de los convenios y de las posibilidades de la acción sindical
Hoy día esta no es propiamente una medida de inclusión sino de mejora de las posiciones de quienes tienen trabajo. Aun así no carece de relación con los problemas de exclusión y libertad: las condiciones de trabajo en el nuevo capitalismo de la flexibilidad y la inestabilidad, tanto para empresas pequeñas como para trabajadores, llevan a que la nueva fuerza negociadora dependa de las condiciones económicas fuera del centro; depende de que exista una base económica mínima a partir de la cual no pueda funcionar con nadie el chantaje del paro y la exclusión. Es en este sentido básico de la negociación donde la RB tendría un impacto positivo.

En las condiciones actuales tendría sentido un sindicalismo político y ciudadano, (no centrado en la empresa), que abanderara la RB, el reparto del empleo y el favorecimiento de las excedencias voluntarias, (mientras haya paro involuntario). Es necesario empezar a desvincular el reparto justo de los beneficios y el puesto de trabajo, al menos en alguna medida, ya que los empresarios sí tienen muy fácil la desvinculación entre esos beneficios y el trabajador concreto que los produce, lo que se traduce en una acaparación de las ganancias. Se trataría de pasar a entender el sistema productivo en su conjunto como una cooperativa de la que todos formamos parte y en la que todos tenemos derecho a cobrar una porción básica de sus beneficios. En realidad es algo que ya recogen las constituciones y los derechos humanos (art. 22 a 26) como principio pero sin que hasta ahora se haya dado cumplimiento al mismo. Sin embargo tendrá cada vez más importancia debido a que ese voluble y siempre insuficiente mercado laboral necesariamente decrecerá, por el avance de la productividad laboral y por los límites del crecimiento, con todos los desajustes que esto provoque.
Del mismo modo, no tenemos por qué concebirnos como trabajadores antes que como personas con pensamiento y motivaciones propias. Esta identificación con nuestro papel productivo nos impide tomar distancia respecto al mismo para valorar sus efectos sobre el sistema ecológico en el que se inserta y del que depende la vida. El trabajo actual enciende toda la maquinaria que depreda el planeta. 
  • Reparto del trabajo con mejores salarios
Esta parece la forma más directa e intuitiva de concebir el objetivo de una inclusión independiente del crecimiento. Es una aspiración irrenunciable. Pero distribuir adecuadamente el trabajo realmente necesario puede no ser nada fácil. El ajuste desde arriba no puede ser perfecto sino a golpe de leyes que gradualmente vayan introduciéndolo, (contra las horas extras, con prejubilación, excedencias, menores jornadas, etc.), y entre tanto la inclusión no queda garantizada. Por tanto habrá que buscarlo también mediante vías indirectas, como anteponer una RB que facilite elegir y organizar este reparto desde abajo, en función de las diversas necesidades, y que garantice la inclusión mientras se logra.

El reparto del trabajo es un propósito, un objetivo más que una herramienta económica. Requiere el soporte de una RB, que actúa con inmediatez y es resiliente ante las coyunturas. Esta haría posible precisamente que, quienes quieran, puedan trabajar menos en su empleo remunerado, haciendo sitio a quien no lo tiene. Por otro lado permitiría compartir mejor el trabajo no remunerado, (labores domésticas y cuidados), que sigue recayendo mayormente en mujeres sin autonomía económica, así como formarse libremente, trabajar como voluntario, implicarse más en la participación política o desarrollar la cultura libre, actividades todas ellas con un valor social que el mercado no puede reconocer.

Frente a la ansiedad por el crecimiento, busquemos autonomía. Liberemos tiempo en lugar de pretender más consumo. Repartamos tanto el empleo como el trabajo no remunerado en lugar de acumular a costa de la biodiversidad. El objetivo no es una propiedad media más grande sino una vida mejor.
  • Garantía Pública de Empleo
En cierto modo esta podría ser una forma indirecta de repartir el empleo acogiendo a quienes salieran del mercado laboral. Si el mercado al que hemos encargado la tarea de emplearnos y pagarnos no cumple con esa función a pesar de tener beneficios, parece lógico que esos beneficios devuelvan la parte necesaria para crear una GPE.

El empleo garantizado sería una buena forma de canalizar el deseo de integrarse activamente en la sociedad hacia producciones o formas de trabajo que no impliquen una mayor depredación del planeta o que incluso favorezcan la regeneración del daño ecológico infligido, (aunque en muchos aspectos es imposible de revertir). También actuaría como un marco de referencia en cuanto a las condiciones laborales, como elección de la jornada o incluso de la actividad a desarrollar dentro de las posibilidades, de modo que introduciría cierta democracia económica en el mundo laboral.

Sin embargo esta opción también tiene sus limitaciones. Si alguien decide abandonar su trabajo en el mercado o si le despiden ¿podría el estado proporcionarle un empleo garantizado con la suficiente agilidad como para no caer en una situación de penuria? Una opción intermedia sería que ese salario sustitutivo pudiera reclamarse con inmediatez, pero entonces habría que hablar más bien de un salario garantizado condicionado a la aceptación de un empleo público. La única diferencia con una renta de inserción estaría en la implementación de un plan de empleo público.

Esta otra propuesta de garantía de trabajo, en cambio, parte de la siguiente reflexión que introduce antes la noción de ingreso garantizado:

El problema del desempleo no es el problema de los ingresos, y supongo que la sociedad ofrece asistencia financiera a los más pobres o incluso un ingreso garantizado en su lugar.
En el texto se asume que las motivaciones para el trabajo tienen un componente psicológico y de integración social por encima de la mera huida de la miseria. No es necesaria la represión económica para que las personas deseen esa integración, esa actividad y una aspiración mayor. Basta con que las condiciones sean aceptables.
  • Autogestión colectiva
También sería posible intentar la inclusión mediante un acceso garantizado a bienes comunes o a recursos productivos con los que “labrarse” un sustento autogestionado en colectividad. Una fórmula que no depende de la competitividad y del crecimiento continuos. Pero en una sociedad en la que no existe un amparo económico básico, incluso los sistemas comunales pueden verse condicionados por la misma amenaza de exclusión de todo miembro que quiera abandonar su comunidad, quedando así coartada o viciada su convivencia, que en algunos casos podría no ser libremente decidida. Una vez más, nos falta algo.
  • Detrás de todo: la necesidad de una reforma monetaria
Finalmente hay que señalar este problema que condiciona todo lo demás. En cierto modo es el polo negativo de lo que he dicho hasta ahora. La RB es una medida monetaria y podría quedar inutilizada por el control del sistema monetario ejercido desde el poder financiero. Aunque exista un mínimo inembargable para las personas, el telón de fondo de la gestión del dinero condiciona las posibilidades de salir de la dependencia del crecimiento tanto como la organización social de la producción.

El dinero, creado y encauzado por la banca privada, exige la devolución de un irracional interés desde su mera emisión en forma de deuda, con independencia de la coyuntura y de las posibilidades del mundo real, material y finito. La actual crisis de deuda y su curso deflacionario dejan a las claras este estrangulamiento económico que a la vez exige un mayor crecimiento para pagar las crecientes deudas e impide el desarrollo humano al absorber las energías que podrían bastar a las personas sin esa carga añadida. Ninguna renta es bastante si la deuda es mayor y crece, y ningún crecimiento es bastante si la deuda es sistémica.

Pero en este terreno la RB también podría jugar su papel. Si además de llevar a cabo la reforma monetaria distribuyésemos la RB en monedas locales, estaríamos favoreciendo no sólo una mayor estabilidad frente a las fluctuaciones del mercado sino también cierta relocalización de la producción.

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