dimecres, 7 d’octubre de 2015

Singularidades, rentas básicas y otras paranoias

Article publicat al web de Enrique Dans


La idea de una renta básica o ingreso ciudadano es uno de los conceptos sociopolíticos cuya evolución está resultando más interesante, particularmente cuando la acompañamos con reflexiones acerca del componente exponencial del progreso tecnológico y de una robótica cada vez más preparada para sustituir una parte cada vez más significativa del trabajo humano, una tecnología capaz de destruir muchos más puestos de trabajo de los que es capaz de generar.
Las evidencias son claras: el progreso tecnológico, que como es bien sabido, no puede “desinventarse” de ninguna manera posible, da lugar a ganancias exponenciales de productividad. Una ley de rendimientos acelerados que ya fue descrita en su momento por Ray Kurzweil en 1999, pero que parece empeñarse tozudamente en mantener su plena vigencia. Cuando vemos fábricas chinas que anuncian la sustitución del 90% de su plantilla con robots y mantienen únicamente doscientos trabajadores para desempeñar un papel que llaman “de supervisión”, pero que en realidad podríamos definir como “de servicio” a esas máquinas, la adrenalina comienza a fluir con cierta profusión: en efecto, lo más preocupante de la sustitución de personas por máquinas no es el hecho en sí mismo, sino la constancia evidente de que esas máquinas no se limitan a sustituirnos, sino que además, hacen nuestro trabajo mucho mejor que nosotros. Lo más provocativo de la conducción autónoma surge cuando vemos las estadísticas de Google y comprobamos que sus vehículos no se limitan a moverse con cierta destreza en el aparentemente impredecible tráfico de una gran ciudad, sino que además, conducen infinitamente mejor que los humanos, y que los únicos accidentes en los que se ven envueltos tienen lugar porque un torpe conductor humano los ha provocado. Torpe conductor humano que, se ponga como se ponga, no va a poder conseguir una visión periférica en 360º, una visión nocturna, unos reflejos rapidísimos, o una resistencia a la fatiga como la de la máquina, por muchas generaciones y años de evolución que transcurran – sin mencionar otros “bugs” como podrían ser lo impredecible de su temperamento o la costumbre de beber alcohol. La conciencia colectiva empieza a prender: un 27% de norteamericanos estarían  a favor de prohibir o restringir que los humanos conduzcan vehículos. Y a tenor de lo que veo habitualmente en la carretera todos los días, yo, sinceramente, también.
Un interesantísimo artículo en Venture Beat, The robots are here – and you should be worried, expone algunos de esos hechos que tantos parecen tener problemas en observar conjuntamente (“los humanos pensamos en términos lineales y tenemos dificultades en percibir o imaginar lo exponencial“), y adelanta algunas conclusiones que culminan en la necesidad de un nuevo sistema de administración social, que trate de asimilar el hecho de que el 47% de los empleos están condenados a desaparecer en las próximas una o dos décadas y que, además, esa sustitución no se limita a empleos poco especializados, peligrosos, sucios o alienantes, sino que alcanza ya muchas tareas de las que se suelen conocer como “de cuello blanco”.
Visto así, la única solución posible es una reestructuración completa del sistema social, una auténtica nueva economía: una renta básica que permita vivir, que no permita simplemente sentarse a no hacer nada, pero que sí solucione las necesidades más básicas, y lleve a aquellos que deseen un nivel de vida superior a trabajar en aquello que les permita generar esas rentas adicionales: trabajar a tiempo parcial, convertirse en emprendedores, o buscar trabajos tradicionales entre los que queden como tales, tareas para las que se interprete que una participación humana, no robótica, sigue aportando un cierto valor añadido.
Porque, en el fondo, de lo que hablamos es de una sociedad en la que la inmensa mayoría de tareas, desde cosechar el campo hasta poner copas o transportar mercancías, serán llevadas a cabo por robots de todo tipo: versátiles, hiperproductivos… e infalibles. En esa situación, la renta básica se plantea desde dos puntos de vista fundamentales: el de evitar una revolución que lleve a que la decreciente clase media trate de obtener las rentas crecientes de la clase dirigente, o el de preservar la capacidad de consumo de aquellos que, sin esa renta, se verían condenados a la pobreza.
Vayamos pensándolo: la idea de una renta básica, que paga a los ciudadanos simplemente por serlo, no en función del trabajo que hagan o el valor añadido que generan, es prácticamente impensable en el modelo social actual. Pensar que la identidad de una persona va a estar completamente disociada del trabajo que realice o de la empresa que le proporciona un empleo es una idea prácticamente anatema, difícil de imaginar. La idea de trabajo y de ingresos generados por el mismo forman parte de un todo, de un conjunto indisociable, de ahí que la idea de personas que trabajan por otros motivos – llamémosle satisfacción, contribución a un bien común, relacionarse con terceros, etc. – resulte prácticamente imposible de imaginar. Pero a medida que veo nuevas experiencias en torno a plataformas como Amazon, Airbnb o Uber – personas que simplemente obtienen suficiente renta como para vivir gracias a pasar unas horas al día conduciendo para terceros o alquilando unas propiedades a turistas – voy convenciéndome más de que ese “estilo de vida” puede llegar a marcar tendencia en el futuro.
No, la renta básica aún no está en la agenda de ningún gobierno actual. Pero, ¿y si la amplia mayoría de los trabajos llegasen a ser llevados a cabo por robots, y las personas únicamente tuviesen que pensar en trabajar como forma de acceder a unas necesidades determinadas no indispensables, sino simplemente deseables? ¿Y si elevásemos la línea base de lo que supone una vida digna? ¿Es la renta básica una paranoia, o ya una realidad cercana? ¿Qué trabajos haremos cuando una máquina sea capaz de hacer mejor que nosotros la mayoría de los trabajos que hacemos hoy en día? Vayamos echándole una pensada a este tema, porque cada día más, parece que ya está aquí…
 This article is also available in English in my Medium page, “What do robots and basic income have in common?

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