divendres, 23 d’octubre de 2015

Barcelona empieza a perfilar su polémica moneda local

Article publicat a   La vanguardia
El Ayuntamiento de Barcelona se ha fijado el próximo medio año para llevar a cabo los trabajos de divulgación y diseño de la futuramoneda local para Barcelona, que podría quedar definida en primavera. Una controvertida herramienta –que cuenta con la oposición del Banco de España, que hace unos meses la calificó de "imposible además de indeseable"– cuyo objetivo principal será la promoción económica de los pequeños y medianos comercios y en cuyo borrador de contenidos parece que están trabajando especialistas de la Universitat Pompeu Fabra. De entrada, se trabaja con un concepto de moneda digital, más operativo y menos caro que la moneda papel que, entre otras funciones, sirva a ciudadanos y comerciantes para comprar y vender y que el dinero se quede en la ciudad.



Barcelona empieza a perfilar su polémica moneda local
Actualmente existen multitud de modelos de monedas locales en el mundo, aunque el Ayuntamiento barcelonés se ha fijado en proyectos de éxito como el de Bristol (Inglaterra), Nantes (Francia) o Cerdeña (Italia), cada uno con su idiosincrasia, como punto de partida para la elaboración de un modelo propio. Sin embargo, son conscientes de que antes de hablar de modelo a los comerciantes, los principales implicados, habrá que explicarles en qué consiste y qué ventajas les aportará. "Vamos a abrir un proceso pedagógico en Barcelona para ver qué modalidad se puede implantar, explicar las propuestas que hay funcionando en estos momentos y crear el contexto para que pueda prosperar. Es un proceso a medio plazo que la sociedad tiene que hacer- se suyo y la administración dar su apoyo", explica el comisionado de Comercio, Miquel Ortega, consciente de que todavía no cuentan con el favor del sector comercial, muy ajeno a este tipo de iniciativas. Fuentes consultadas de Hacienda y el Banco de España no quisieron ayer efectuar comentarios ayer sobre la iniciativa. La falta de concreción de la propuesta la sitúa en una suerte de limbo legal. La ausencia de intermediarios de tipo financiero en el proyecto y la incertidumbre sobre su alcance hacen inicialmente difícil su abordaje.

Ajeno a esta situación, el Ayuntamiento continúa trabajando en su moneda –cuyo nombre se elegirá mediante un proceso participativo– será digital y se operará a través de tarjetas tipo monedero electrónico o dispositivos móviles. La moneda física sólo se prevé desde un punto de vista simbólico e incluso como souvenir para los turistas, a los que no se descarta como futuros usuarios. "Se trataría de hacerlos entrar en el circuito de una forma sencilla y que les supusiera un atractivo añadido; que el ir de compras por Barcelona con la moneda local fuera un elemento más de identidad de la ciudad", explica Ortega. Como el resto de las monedas locales en funcionamiento, su valor probablemente será equiparable al del euro y se podrá cambiar de nuevo a la moneda oficial en cualquier momento. Con ella se podrán pagar las compras en los comercios asociados –todo el proyecto tiene carácter voluntario–. En consecuencia, las ventas se producirán localmente impulsando la actividad económica interna y evitando que el nuevo dinero acabe abandonando el territorio, como ocurre frecuentemente con el dinero oficial. Pero para que compense su uso al ciudadano también se debe crear un sistema de ventajas y bonificaciones en los comercios.

La clave del éxito de la implantación de toda moneda local es que sea un proyecto de ciudad. "No puede ser sólo el plan de una alcaldesa, porque cuando se vaya, la propuesta se irá con ella. Y aquí hay suficiente masa crítica para que prospere", dice Andreu Honzawa, experto en diversidad monetaria y representante en España de la fundación holandesa Social Trade Organization (STRO), la primera organización que se especializó en monedas locales, hace ya más de veinte años. Por eso, el Ayuntamiento está trabajando ahora en la elaboración de materiales pedagógicos y guías específicas para comerciantes y vecinos, además de jornadas y talleres que se irán realizando en los próximos meses. También se estudia la viabilidad de pagar determinadas subvenciones a través de la moneda, así como determinados impuestos y servicios como el transporte público. El objetivo es que la ciudadanía confíe en este nuevo dinero y lo use. Una moneda que, en ningún caso viene, a sustituir a la oficial. De hecho, y a pesar de los comentarios del Banco de España y Hacienda los expertos alertan de que siempre que no se cree una nueva moneda que amenace el monopolio del Banco Central Europeo no habrá ningún impedimento legal, especialmente si las experiencias tienen lugar en territorios de reducida dimensión.






Mientras Barcelona inicia ahora su andadura hacia la moneda local propia, Santa Coloma de Gramenet ha cogido la delantera y con toda probabilidad será el primer municipio de España en instaurarla. Una moneda con la que podrá canalizar parte del gasto privado hacia el flujo de comercio local. Según un estudio, el 75% de las compras de sus vecinos se realizan en otras ciudades. Con la nueva moneda digital "se fidelizará el gasto", apunta la alcaldesa, Núria Parlón, que prevé que la iniciativa esté en pleno funcionamiento el primer semestre del 2016, una vez se modifiquen las ordenanzas públicas a finales de año y concluya el proceso de participación para escoger el nombre.

 El de Santa Coloma es también un modelo digital que incorporará una identificación tipo tarjeta de crédito recargable y permitirá a los que se adhieran operar en la ciudad con un sistema de pago por internet y a través de dispositivos móviles. Incluso los trabajadores municipales podrán percibir un máximo del 30% de su salario en moneda local. Las subvenciones a entidades sociales y culturales también se podrán pagar con ella. La iniciativa se enmarca en el proyecto europeo Digipay, a través del cual el Consistorio ha recibido una subvención de fondos de 132.000 euros. La moneda digital permitirá el pago de algunos impuestos, como el IBI, a aquellos comercios que se sumen a la iniciativa. Para más adelante quedan otras propuestas como obtener microcréditos o préstamos, que por ahora no se prevén, "puesto que no hay ninguna entidad bancaria" que participe, desvela la alcaldesa. Comerciantes y restauradores ven con buenos ojos la iniciativa.

Toulouse, Nantes, Estrasburgo, y pronto Lyon

El establecimiento de monedas locales paralelas comenzó en Francia en el 2010, ante el comportamiento del sector financiero y como alternativa a las falsas contabilidades del crecimiento. La ciudad pionera fue Toulouse, donde el sol-violette inició su andadura en el 2011. Cuatro años después, Jean-Louis Ortiz, presidente de la asociación de comerciantes del Faubourg Bonnefoy, que agrupa a 80 comercios de esa zona de la ciudad, confiesa desconocer por completo la moneda local: "Ninguno de mis asociados la maneja, pero me parece interesante, sobre todo para pequeños pueblos". En Toulouse hay unos 200 comercios implicados en la red del sol-violette; charcuterías, librerías, imprentas, profesionales de la salud… "El 70% de la actividad en la moneda local se realiza en el ámbito alimentario y hay 40.000 euros en esa moneda", explica la activista Camille Pascual. El sentido es potenciar el comercio local, una economía respetuosa de las personas y la naturaleza, y resistir la asfixia ocasionada por las grandes superficies, dice. Una moneda, en definitiva, con un valor añadido al mero valor de cambio. Florian Belmonte, un fontanero tolosano, ha entrado en el circuito de la moneda local que la mayoría de los habitantes ignora o desconoce. Belmonte admite que tiene algunos "problemas contables" y dice que no tiene mucho impacto en su actividad, pero ha abrazado la iniciativa. Sus primeras monedas locales las ha recibido como propina. El objetivo a corto plazo es salir del círculo de los "convencidos", consolidar un soporte digital paralelo al papel para facilitar los intercambios e introducirse en el sector servicios; museos, transportes, piscinas municipales, etcétera.

El ejemplo de Toulouse se ha exportado a otras ciudades. Nantes introdujo en abril su moneda, el sonantes, una tarjeta roja que se lanzó con 150 comercios adheridos y se propone llegar a 3.000 comercios y empresas y 10.000 personas, el 10% de la ciudad, en cuatro años. En Estrasburgo acaba de nacer el stück, con 50 comercios adheridos desde principios de mes. En Lyon, donde el grupo impulsor comenzó su actividad en el 2010, inspirado por Toulouse, la moneda local, la gonette, se lanzará el próximo 7 de noviembre. Rafael Poch

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