dilluns, 8 de juny de 2015

Libro vincula mejoras en el transporte público con reducción de desigualdades en EE.UU.

Publicat a   La Tercera


Según la profesora de Harvard, Rosabeth Kanter, si se mejora la infraestructura del transporte se disminuye la inequidad.

Cristina Cifuentes / 06/06/2015 - 09:58

A menudo, cuando se discute sobre inequidad, se habla sobre mejorar la educación y ofrecer trabajos; no muchos mencionan el transporte como una fuente para ayudar a superar las desigualdades sociales. Ese es uno de los planteamientos de la profesora de Harvard, Rosabeth Moss Kanter, quien ha investigado ampliamente el tema y que este mes lanzó el libro Move: Putting America´s Infrastructure Back in the Lead, donde aborda la situación del transporte en Estados Unidos.
“Si la gente no se puede mover, si las cosas se demoran en llegar, si las redes de información no se pueden conectar, entonces las oportunidades económicas se deterioran y la inequidad social crece”, señala Kanter en el libro. “Si mejoramos las deficiencias de infraestructura, disminuiremos las inequidades en el país”, plantea.
En muchas ciudades, las áreas con peores accesos al transporte público son las más empobrecidas, y la falta de inversión deja a muchas personas sin accesos expeditos a sus fuentes laborales, bienes y servicios.
En un artículo publicado por Kanter en el diario The Boston Globe, la académica señala que “el transporte público es el pasaje para salir de la pobreza”. “Las ciudades que han sido identificadas por Raj Chetty -profesor de economía de Harvard- como las que tienen las más altas oportunidades para que una persona se mueva del último quintil al primer quintil de la escala de ingresos a través de generaciones, son las que tienen un mejor sistema de transporte público. Cinco de las 10 ciudades mejores ranqueadas en cuanto a movilidad física (Nueva York, San Francisco, Boston, Washington, D.C., y Seattle) se encuentran en lo alto del ranking de movilidad social”, señaló, aunque aclaró que también existen otros factores en juego.
Por ejemplo, según un estudio del think tank Brookings Institution, la ciudad de Chicago se encuentra sexta en el ranking en cuanto a transporte público, pero en el puesto 53 de 100 áreas metropolitanas medidas por acceso al mercado laboral, con sólo 22,8% de los habitantes capaces de llegar al trabajo en transporte público en 90 minutos o menos. Esto se encuentra vinculado al alto desempleo en las áreas más empobrecidas.
De acuerdo a la revista The Atlantic, el envejecimiento y la inadecuada infraestructura de transporte es un tema para los estadounidenses, tanto para los que están arriba de la escala económica como los que están abajo. En todo el país, según esta publicación, las carreteras están destruidas, los puentes necesitan reparación, y las líneas férreas son inadecuadas. Así, el mejoramiento del transporte público (buses, trenes y rutas más seguras para ciclistas) es algo que todos los que habitan una gran área metropolitana tienen en su lista de deseos. Pero, Kanter advierte que existe una diferencia entre la preferencia y la necesidad: “El transporte público es deseado por muchos, pero aún más importante para la gente de bajos recursos que no puede costear tener un auto”, dijo Kanter a la revista.
Los accesos relacionados con una movilidad ascendente y progreso económico (trabajo, calidad de la comida y bienes a precios razonables, salud y colegios) descansa en la habilidad para moverse en una forma eficiente y a un precio costeable. Un estudio de 2014 de la Universidad de Nueva York encontró un vínculo entre pobres accesos para desplazarse y altas tasas de desempleo y disminución del ingreso.
El transporte es un gasto importante para una familia y de acuerdo a Kanter constituye un quinto del presupuesto promedio de una familia compuesta por cuatro personas. Así, según The Atlantic, el costo del viaje se está transformando en un problema cada vez mayor. En los últimos cinco años, muchas áreas metropolitanas, como Nueva York, Portland y St. Louis, han aumentado sus tarifas.
El uso reciente de opciones de transporte como la bicicleta hace, en teoría, que recorrer sea más barato y fácil. Pero como ha sido ampliamente documentado, estos programas tienden a poner sus centros de arriendo, al menos en un principio, en los vecindarios más acomodados. Necesitan de tarjetas para arrendarlas, lo que deja de lado a las poblaciones más pobres, porque tienden a no tener esos tipos de instrumentos financieros. Por ejemplo, un estudio sobre el arriendo de bicicletas en Washington D.C. reveló que la suscripción a este tipo de transporte no era un reflejo de la población. Esto, porque la ciudad está compuesta por 50% de personas negras, pero el estudio encontró que quienes usaban este servicio eran hombres jóvenes blancos y más del 50% de los que arrendaban las bicicletas tenían un sueldo de US$ 100 mil anual o más.
Kanter señala que al entrevistar a usuarios del transporte público, la mayoría se quejaba de que los conductores en la noche no completaban su ruta, porque tenían muy pocos pasajeros y los barrios eran considerados peligrosos. La profesora señala la importancia de construir mejores paraderos, porque varios se encuentran en mal estado e incluso los que tienen tecnología para anunciar la llegada o salida de un bus, entregan la información errónea, por lo que la gente espera por el bus un largo rato. A su juicio, crear un sistema de buses rápido puede aumentar la eficiencia y puede ser hecho rápidamente.

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