dimarts, 18 de novembre de 2014

Detrás de la caída del precio del crudo

Article publicat a El periódico

Jordi Ortega
Economistas frente la Crisis

Se equivocan quienes crean que un descenso del coste de la energía nos sacará de la recesión

Lunes, 17 de noviembre del 2014
 
¿Qué hay detrás del descenso de precio del petróleo? La Agencia Internacional de Energía ha rebajado las previsiones de la economía mundial: el consumo de crudo se reducirá en el 2015 en 250.000 barriles diarios. El barril se hunde en los mínimos del 2010, con la diferencia de que el precio entonces subía.
La Oficina Federal de Estadística de Alemania ha confirmado un enfriamiento de la economía germánica, que en el tercer trimestre del año creció un 0,1%. El Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán, en su informe presentado la semana pasada, ha confirmado la debilidad patológica de la inversión privada y predice para el 2015 un crecimiento del 1% y una tasa de inflación del 0,7% (no ve probable caer en la deflación). Los expertos contradicen la visión dominante sobre la economía y la política alemana y critican las decisiones estructurales equivocadas del Gobierno federal, al que reclaman que trabaje para un cambio de los tratados europeos.
Las debilidades institucionales de la zona euro no se resuelven bajando el Banco Central Europeo los tipos de interés al 0,05%. ¿Se agota el modelo exportador alemán? El campeón de las exportaciones tiene un saldo exterior negativo del 0,4%. En el 2012, cuando el saldo exportador era un 1,3% positivo, Heiner Flassbeck, exsecretario de Estado de Economía y exmiembro del Consejo Asesor de Economistas, anunciaba que ese «mercantilismo» estaba condenado al fracaso.
Se preguntará el lector qué efecto tiene en la economía cada dólar que baja el precio del petróleo. Para la economía de un país exportador de petróleo, como por ejemplo Venezuela, supone dejar de ingresar 600 millones de dólares por cada dólar de descenso. El precio del barril Brent está en 74,21 dólares, y en junio cotizaba a 111,99 dólares. La pérdida acumulada de ingresos es de unos 24.000 millones de dólares. ¿Y para España? Al revés: por cada dólar que baja el barril, en el ciclo de la economía doméstica se quedan 600 millones de dólares. Es una forma sencilla de mostrar el talón de Aquiles de la dependencia energética en las balanzas comerciales.
¿Qué relación tiene el hecho de que este descenso de precio del crudo no se traslade a los consumidores con el enfriamiento de la economía? Si se trasladase, supondría una inyección que reactivaría la demanda interna. Luis Berenguer, cuando era presidente de la Comisión Nacional de la Competencia, no pudo ser más claro: «No es posible que se diga que se ha cumplido con la directiva comunitaria Bolkestein cuando, por ejemplo, hacen falta ocho años para abrir una gasolinera». Y añadía: «Resulta escandaloso, y pasa con la tranquilidad de todo el mundo». Una parte de la pérdida de competitividad reside en la falta de regulación y supervisión de los mercados. Tenemos una de las gasolinas más caras de Europa -excepto los lunes y viernes, como descubrió la CNC- y con los impuestos más bajos de Europa. «Necesitamos no menos Estado, sino más Estado», dijo Peter Bofinger, del Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán.
Se equivocan quienes esperen que una caída del precio de la energía nos saque de la crisis. No estamos en los años 80, cuando el dumping del precio del petróleo impulsaba que los países de la OPEP aumentasen la producción de petróleo. Estados Unidos había apostado por otras energías, pero sin sus frutos apareció la preocupación por la dependencia energética. Los combustibles no convencionales prometían ofrecer energía barata y abundante, incluso un renacimiento de la industria manufacturera. No se ha visto por ningún lado. Y la industria europea no ha bajado las persianas. La única industria beneficiada ha sido la química y la petroquímica vinculada al fracking. Se ofrecería una imagen incompleta si olvidáramos que California ha apostado por tener un 33% de renovables en el 2020 y que el gobernador Andrew Cuomo impulsa en Nueva York un green bank para invertir 8.000 millones en viviendas autoabastecidas con renovables y alta eficiencia energética. Berlín quiere un modelo 100% de renovables inspirándose en Sacramento.
No deberíamos volver a cometer el error de relegar la respuesta a la crisis energética. Cuando el petróleo estaba en 12 dólares el barril, los países industrializados podían pagar las importaciones de energía con sus exportaciones de productos manufacturados. En el 2009, con un precio diez veces superior, el equilibrio se rompe. Entre 1980 y el 2009, la era del petróleo barato, la industria europea se redujo del 30% a menos del 15% del PIB. Nos hemos hecho trampas al solitario calculando la productividad, lo que ha aumentando la fragilidad de la economía.

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