divendres, 16 de desembre de 2016

Yayo Herrero, autora de ‘La gran encrucijada’: “Ya tenemos momentos de escasez material”

Entrevista a Yayo Herrero  publicada a Diario de Lanzarote

 Saúl García  11/12/2016
Antropóloga, educadora social, ingeniera agrícola, ecologista, feminista y directora de Fuhem, una Fundación con sesenta años de historia que trabaja en la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia mediante la educación. En la FCM presentó, junto a Fernando Prats, su último libro 'La gran encrucijada: sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico'.
- ¿La victoria de Trump es un síntoma de un ciclo histórico que comienza o que termina?
- Que gane las elecciones es un síntoma más de estos tiempos de incertidumbre, de cambio de ciclo histórico. Que gane es su drama, tanto como que haya gente que no afronte ese cambio climático aun asumiéndolo. Se está abordando este cambio desde el conflicto con unas mayorías sociales poco conscientes del problema que tenemos como humanidad y de gente organizada que sí lo está pero que no ha sabido o no ha podido conseguir que el cambio de cultura y modelo se asuma por esa mayoría.
- La respuesta de la sociedad americana parece la contraria a la que se necesita para afrontar este cambio...
- Hay una percepción mayoritaria de gente que ve que vamos mal, pero no todo el mundo percibe las mismas soluciones. Hay movimientos populistas de derechas que van por el camino de salvémonos nosotros porque no cabemos todos y conectan con la ideología del consumismo como elemento básico para construir bienestar y la ausencia de la percepción de límites. El problema es que al otro lado, como alternativa, los discursos son muy flojos. Hay una socialdemocracia incapaz de dar respuestas creíbles o viables. Es imposible que las dé porque se construyen sobre la premisa de repartir los excedentes del crecimiento económico y no va a haber hay crecimiento económico. Los movimientos emergentes de izquierda tampoco hacen un análisis material. No se está hablando de la imposibilidad de regenerar la economía con las lógicas de los movimientos anteriores y no se está hablando de que si no hay un cambio de modelo radical, decreciendo en la esfera material de la economía, vamos a una situación de expulsión masiva de gente o de genocidio.
“La escasez material no se está relacionando con la imposibilidad del sistema capitalista para crecer”
- Pero prometiendo decrecer no se pueden ganar las elecciones.
- Nadie se atreve a plantearlo, pero si no se engañara a la gente, mucha gente sería consciente de lo que está pasando.
- ¿Qué tiene que pasar para que nos demos cuenta?
- Imagino un momento social en que eso esté sucediendo y la gente no lo achaque al problema de la superación de límites. Ya hay mucha gente que ha tenido que reducir sus consumos por la vía de no tener recursos y ya tenemos momentos de escasez material importante, pero no se está relacionando con la imposibilidad del sistema capitalista para crecer. Y el sistema no puede crecer como lo hacía en los años setenta. La solución que se está llevando a cabo es empobrecer a más gente para mantener las tasas de ganancia para un sector cada vez menor. La mal llamada crisis de refugiados es eso. Sale gente expulsada de sus lugares y cuando llegan aquí no pueden entrar, pero sí entran todos los días los materiales y la energía que se extraen de sus mismos territorios. La precariedad se extiende y se blindan los núcleos de poder y riqueza. Ese problema se concibe como un problema de corrupción, de poder y falta de regulación, pero no como un problema material sistémico.
“Las peores infraestructuras, las más dañinas para la salud, están donde vive la gente más pobre”
- Así que, o se cambia todo el sistema económico o no habrá cambios reales.
- Claro, porque aunque hemos pasado a una economía especulativa, si miramos los datos, en este sistema cuanto más crece la economía, más carga hay en los procesos de la naturaleza. También existe racismo ambiental. Las peores infraestructuras, las más dañinas para la salud, están donde vive la gente más pobre. Sin embargo, no somos capaces de conectar que lo uno va de la mano de lo otro: para poder garantizar vidas decentes para una mayoría social hay que cambiar a un modelo productivo que apueste por una redistribución de la riqueza.
- ¿El primer paso debe ser el cambio del modelo energético?
- Sí. Para España hemos hecho unas propuestas de cambio de modelo, de raíz, que pasa por eliminar la energía nuclear, reducir el uso de combustibles fósiles y apostar por las renovables de la mano de la  renovación completa del concepto de ciudad, edificación y transporte. Una reducción del consumo de energía radical. No es un problema que sólo se resuelve por la vía tecnológica. Es una condición necesaria pero no suficiente. En el transporte, hay que fabricar cercanía. Una buena parte del transporte en las ciudades puede ser de otra forma.
“Para garantizar vidas decentes para una mayoría social hay que cambiar a un modelo productivo que apueste por una redistribución de la riqueza”
- ¿Qué le parecen las soluciones científicas que abogan por colonizar otros planetas?
- Hay propuestas científicas muy serias pero hay otro tipo de propuestas que conectan con esa fe y optimismo tecnológico que animan a no cambiar porque alguien lo va a resolver, que apuestan por la ciencia ficción. Cuando se escuchan esas propuestas, algunas son viables y otras no, pero hay un problema: la mayor parte de las soluciones tecnológicas requieren tal consumo de energía y materiales que las hacen inviables para cubrir las necesidades de todos. Algunas son ecofascistas porque solo servirían para unos pocos.
- En un mundo basado en el confort como valor casi sagrado, es difícil que la gente renuncie  a su comodidad si no es por obligación.
- Las personas siempre estamos renunciando a cosas para vivir. Si no eres capaz de ver las consecuencias de tomar ciertas decisiones, tiras por las vías más cómodas. Si el confort lleva directamente a que tu hijo o nieto lleve una vida de violencia, a lo mejor la gente decide otra cosa. Cuando en el discurso sale lo que nos jugamos, la gente toma las decisiones adecuadas por el bien general. En Madrid se han puesto por primera vez restricciones al tráfico por la contaminación, y cuando se plantean las consecuencias sobre la salud de respirar aire envenenado, a la gente le cuesta menos asumir que tiene que bajar la velocidad o no poder aparcar. Se pueden hacer sacrificios del confort si sabemos lo que se puede producir al otro lado.
- Históricamente, las crisis acaban derivando en violencia.
- El riesgo es que, como no pongamos remedio, la solución será que desaparezcan millones de personas. Siempre pensamos que no seremos nosotros, pero se nos escapa que la tensión ya se está resolviendo de forma violenta, porque muchos conflictos bélicos tienen como origen la pelea por los recursos.
- ¿Qué puede aportar el feminismo a este cambio de ciclo?
- Las mujeres han tenido claras, por imposición, otras prioridades. Aunque de forma injusta, se obliga a la mitad a cuidar de la otra mitad, y en el cuidado se pone en el centro el mantenimiento de la vida. Si el ecologismo pone de manifiesto que la organización económica tensiona contra la posibilidad de que la Tierra siga regenerando la vida, el feminismo pone de manifiesto que esa construcción capitalista se construye con carga y de espaldas a todos los trabajadores que hacen falta para mantener la vida. Con el envejecimiento de la población, aunque se apostara por un modelo violento patriarcal, no hay viabilidad física para mantenerlo.

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