dimecres, 7 de desembre de 2016

MÁS ALLÁ DEL CAPITALISMO DE CONSUMO. FUNDAMENTOS PARA UNA PROSPERIDAD SOSTENIBLE




INTRODUCCIÓN: CARACTERÍSTICAS  DEL CAPITALISMO CRÍTICA


En la primera parte del documento Tim Jackson hace un repaso histórico del capitalismo y de la evolución del concepto de progreso:

El capitalismo de consumo es insostenible social, ambientalmente y hasta financieramente. El documento explora las ramificaciones de las multicrisis  que hemos sufrido durante casi una década,  enfrentadas ahora por un modelo económico basado en el crecimiento. Repasa la evolución de la visión occidental del progreso y hace una crítica a una concepción estrecha de la naturaleza humana sobre la que se ha construido.  Una visión más amplia i realista de nuestra naturaleza nos permite recuperar un significado de la prosperidad más robusto y establecer los fundamentos para una economía diferente.  
   

La crisis financiera nos  ha mostrado los fallos del sistema. El estudio de la relación entre crecimiento y sostenibilidad es incompleto si no se apunta al destino del capitalismo en sí mismo. Desde la caída del muro de Berlín en 1989 hasta la crisis financiera de 2008 parecía que  el capitalismo era el único sistema económico posible con las distintas variaciones; mercados liberalizados anglocéntricos,  la economía del mercado social de Francia y Alemania o el capitalismo centralmente planificado de China. Todos ellos se apoyan en la idea asumida de las inherentes  necesidades  humanas insatisfechas y en las  expectativas de un crecimiento incesante del gasto del consumidor. El capitalismo avanza persiguiendo nuevos mercados para nuevos productos desechando los viejos en favor de los nuevos. Novedad significa progreso y el estatus social aumenta con la posesión de bienes y de novedades. Parecería que los requerimientos  del capital y la naturaleza humana encajaran perfectamente. La expansión de la demanda es el mecanismo para conseguir la estabilidad económica. Si la demanda cae el sistema entra en crisis. La estabilidad depende pues de la estimulación de la demanda del consumidor y recurre inevitablemente a la expansión monetaria para mantener el crecimiento  que conlleva la degradación ambiental de un planeta con recursos finitos. El temor a la desestabilización del sistema nos lleva  a la ceguera colectiva y a ignorar o menospreciar las amenazas ambientales.
  
MÁS ALLÁ DEL GEN EGOISTA. CREANDO OTRO RELATO
  
En esta  segunda parte el autor crea un relato distinto y contrapuesto al que habitualmente se utiliza  para  explicar la lógica natural del sistema económico capitalista: La selección natural  es la que justifica  la competitividad, la que explica que la especie humana se mueva por motivos egoístas siguiendo las leyes de la naturaleza. La selección natural favorece la selección de los individuos que procuran para ellos mismos y no los altruistas. Este comportamiento  egoísta es el que “como una mano invisible” produce un mejor resultado a nivel social a través de la supervivencia de los más adaptados. El sistema capitalista y el libre mercado en el cual el interés propio es el motor,  es el que mejor se adapta pues a la naturaleza humana.


Tim Jackson contrapone a esta visión, otra visión también basada en los estudios de la biología según la cual, la evolución humana solo se explica con una combinación de comportamientos egoístas y altruistas y que estos son totalmente necesarios para la supervivencia del grupo, de la comunidad. Los comportamientos sociales y altruistas son los que han comportado al hombre ventajas  selectivas respecto a otras especies. 


También  habla de las necesidades psicológicas humanas y de su relación con los valores de las sociedades. Según  estudios sociales,  en nuestro imaginario psicológico los valores se estructuran alrededor de dos polos distintos. Egoísmo-altruismo e innovación (apertura al cambio) –tradición (conservación). Esta visión revela el reto de  llegar a una prosperidad sostenible: el capitalismo de consumo es una economia que privilegia y alienta un aspecto del comportamiento humano caracterizado por el polo Innovación/Egoísmo. El  equilibrio de conductas de una sociedad depende de cómo la sociedad se estructure (Robert Axelrod); cuando las infraestructuras, instituciones y normas sociales premian el egoísmo y la innovación, estos valores prevalecen por encima de los otros dos polos. Cuando las cosa van bien  las estructuras sociales están alineadas con los valores colectivos y proveen un marco cultural que permiten al individuo una vida plena y enriquecedora, pero si las cosas van mal, las estructuras institucionales están en guerra con los valores humanos, socavando la prosperidad y haciendo daño a la sociedad. Esto explica la insatisfacción del consumerismo.  El hombre nunca ha sido enteramente hedónico y egoísta como el capitalismo de consumo espera y necesita que seamos. Un concepto erróneo de la naturaleza humana reside en el corazón del capitalismo de consumo. Corregir  esta visión  errónea nos abre nuevos horizontes de cambio y nos ofrece una visión alternativa de la prosperidad y una orientación clara para transformar nuestra economia.


BASES PARA LA ECONOMIA DEL FUTURO


La prosperidad trasciende los asuntos materiales.  Una vez cubiertas las necesidades básicas (alimento y resguardo), más no siempre significa mejor.  Un importante componente de la prosperidad reside en la habilidad para participar plenamente en la vida social. Consiste en la capacidad para realizarse como seres humanos en un planeta finito.


La economia debe ofrecer el desarrollo de estas capacidades más allá de la producción y reparto de bienes y servicios. Este cometido incluye la mejora del bienestar social y la protección de la integridad  medioambiental. La estabilidad d los mercados, la seguridad en el empleo, la justicia, la sostenibilidad de la cadena de suministros, la integridad ecológica, son condiciones de las que depende la prosperidad presente y futura.


Con estos fundamentos el autor desarrolla la dimensión económica de la prosperidad sostenible y el papel de la empresa, el trabajo, la inversión y el dinero y argumenta que estos cuatro elementos sustentan el potencial para una transformación radical del capitalismo de consumo y ofrecen los cimientos para la economia del mañana.


LA FUNCIÓN DE LA EMPRESA


Las empresas deben proveer la capacidad de que las personas prosperen  social, psicológicamente y materialmente en su comunidad   sin destruir  las condiciones ecológicas de las que la prosperidad de futuro depende.  Estas características ofrecen una nueva visión de la empresa no especulativa, maximizadora del beneficio, intensiva en recursos, sino una forma de organización  social incrustada en la comunidad, comprometida en ofrecer servicios que mejoren la calidad de vida. Destaca la idea de empresa como servicio: el servicio del sistema energético,  alojamiento, transporte, nutrición, además de todos los servicios personales ( cuidados, educación, sanidad, cultura..). Acuña la palabra “servicitación” de sectores materiales como la electricidad y la vivienda, que ofrecen un potencial real  de transformar la economia hacia la reducción del flujo de materiales, el incremento del empleo y la contribución positiva a la calidad de vida.


No todas las actividades tienen que ser llevadas a cabo por el sector privado. Algunas requieren el sector público.  Muchas prosperan mejor  como  empresas locales, sociales basadas en la comunidad (bibliotecas, deportes, mercado de agricultores locales, reparación, cultura… ) 


Se puede llegar a más alto grado de bienestar y realización cuando se actúa de productor y consumidor de actividades a la vez.


No solo importa la producción  sino que la forma y organización de nuestro sistema de provisión también importa. 


LA CALIDAD DEL TRABAJO


Empleo es más que un medio de  sustento. También es un ingrediente vital en nuestra conexión con los demás. La perversa dinámica internalizada en la economia moderna de perseguir la productividad laboral nos lleva a  producir sin empleados, por parte del  empleador, y de tener unos ingresos sin trabajar, por parte del empleado: cada vez que una hora laboral resulta más productiva menos trabajadores se necesitarán para producir.


A nivel macroeconómico esta dinámica nos castiga: si nuestra economia fracasa en la expansión continuada, más riesgo hay de aumentar el paro. El desempleo reduce la capacidad de gasto y genera aumentos en el coste de los servicios de bienestar que conlleva una mayor deuda pública. Los  niveles altos  de deuda soberana  conducen a reducir el gasto público deprimiendo todavía más la demanda. Cuando el crecimiento económico es difícil de conseguir,  se establece la dinámica de aumentar la productividad laboral.  


Hay dos vías de intervención para evitar la trampa de la productividad:


1º Aceptar el crecimiento de la productividad y recoger la recompensa reduciendo las horas laborales (repartir el trabajo).


o bien


2º sacar el pie del pedal del aumento sostenido de la productividad que significa un cambio de actividad económica hacia sectores de mano de obra más intensiva. La productividad nos ha librado de ejercer los trabajos más penosos, pero existen otros tipos de trabajo en los que aumentar la productividad no tiene ningún sentido (los trabajos del cuidado: sanidad, educación, servicios sociales y la cultura, artes/oficios).


Conseguir el pleno empleo puede tener que ver menos con la búsqueda del aumento infinito de la productividad  y más con construir economías basadas en los cuidados, la cultura y los oficios. Andando este camino  se restablecen los valores del trabajo decente en el lugar que le corresponde en el corazón de la sociedad.


LA ESTRUCTURA DE LA INVERSIÓN


La inversión encarna una de las más importantes relaciones en la economía: la relación entre el presente y el futuro. 

En la economia convencional las inversiones privadas tienen  tres objetivos:

  1. mantener, reemplazar o expandir los el stock de bienes.
  2. aumentar  la productividad de estos activos (habitualmente aumentando la productividad de su producción).
  3. crear nuevos mercados y nuevos productos de consumo (Shumpeter: destrucción creativa).

El resultado de estas inversiones es el dominio de las industrias extractivas de recursos y el flujo de materiales perjudicial para el medio ambiente. 


Además de estas inversiones físicas o reales, en el capitalismo de consumo una gran parte de la actividad inversora  es especulación  en propiedades o precios de activos y mercancías, jugando  en el futuro a expensas de la estabilidad  financiera y social.


La inversión tiene que tener otro enfoque. Tiene que `proveer las necesidades materiales básicas, pero además tiene que dedicarse a la salud, educación, cuidados, ocio y recreación, espacios verdes y medio ambiente, jardines, cultura… El amplio objetivo de esta cartera es construir y mantener los bienes físicos necesarios para la prosperidad  individual y comunitaria con el mínimo flujo de materiales posible. Las mejoras tecnológicas en la productividad de recursos, en eficiencia energética, en la substitución de los combustibles fósiles por las renovables. Estas inversiones “verdes” convencionales son esenciales para la economia del futuro. (ejemplos de la política de inversiones de Triodos).


Las recetas simplistas sobre las inversiones que contribuyen a la productividad futura pueden no funcionar. Las inversiones a largo plazo y en bienes públicos tendrán que valorarse con criterios distintos a los del éxito de los mercados financieros. Esto significa repensar la propiedad de estos bienes  y la distribución de las plusvalías que generen. Quizá la mayor dificultad de esta cartera de inversiones es la cuestión del financiamiento. Después volveremos sobre este tema.   


EL PAPEL DEL DINERO


En las economías occidentales los bancos privados son los emisores del 95% del dinero circulante, que lo crean de la nada. La crisis fue el resultado directo de un sistema financiero insostenible. La política de créditos fáciles  había dejado a los bancos en un grado de apalancamiento elevado. Cuando la gente no pudo devolver los créditos, los bancos demostraron una débil capacidad de resiliencia porque estaban sobreapalancados. Los préstamos impagados  llevaron como consecuencia un rápida reducción del valor de los activos en relación con los pasivos lo que disparó la pérdida de confianza en el mercado. La crisis evidenció la necesidad de un sistema financiero sano para mantener la seguridad económica.



 La prosperidad depende del buen funcionamiento del sistema monetario. La transformación del sistema financiero es una prioridad.  Son necesarias tres importantes innovaciones sociales para que el sistema financiero sea reformado:



1º El impacto inversor: la reinversión de los ahorros privados dentro en la economía , canalizando los fondos hacia compañías sostenibles, finanzas éticas y sociales, tecnologías y procesos, es un elemento de creciente importancia en la arquitectura económica. Una vía para potenciar  un apalancamiento el dinero del sector público filantrópicamente seguros y a la vez que vinculan el poder de los emprendedores sociales y las soluciones basadas en el mercado para resolver uno de los problemas más intratables. El paciente capital colaborativo es una iniciativa innovadora que ayuda a los inversores, financia las startups aspirando a tener un impacto social y ambiental positivo.



2º La banca comunitaria y las cooperativas de crédito, la implantación de ahorros locales y vehículos de inversión que reviertan los beneficios directamente en la comunidad.



3º La reconfiguración de la creación del dinero, recuperando el control de la creación del dinero de los intereses comerciales y devolviéndolo bien al sector público, bien a la comunidad. Existen razones poderosas en favor de cambiar el dinero basado en la deuda y devolver en mayor grado el control del suministro de dinero al estado. Esto reduciría la deuda pública y privada y permitiría a los estados  invertir directamente en la economía verde.



En resumen: la economía del futuro requiere un marco financiero diferente del que nos dejó la crisis financiera del 2008/9. La seguridad a largo plazo ha de detener prioridad ante las ganancias a corto plazo. Los retornos sociales y ecológicos deben ser factorizadas dentro de las decisiones de inversión junto a los retornos financieros convencionales. Mejorar la capacidad de la gente a invertir sus ahorros localmente para el beneficio de su propia comunidad es sumamente importante. Reformar el mercado de capitales no es solo una respuesta a la crisis financiera sino también una base fundamental para la prosperidad sostenible.



HACIA UNA PROSPERIDAD SOSTENIBLE



Los ciclos auges-crisis económicos obsesionados por el crecimiento del siglo pasado han creado la inestabilidad financiera, incrementado la desigualdad social y acarreado un deterioro ambiental insostenible. La austeridad ha exacerbado estos daños. El perseguir la prosperidad a través del consumo sin descanso de  materiales  del capitalismo moderno ha sembrado las semillas para su propio colapso. Nada de eso es inevitable. Se puede conseguir una economía distinta a partir de unos principios distintos.



La prosperidad sostenible es consistente con una visión más robusta de la naturaleza humana. Cuatro innovaciones económicas distintas proporcionan los fundamentos para la economía del futuro: la naturaleza de las empresas, el valor del trabajo, la estructura de la inversión y el papel del dinero. Estas consideraciones responden a una simple idea: la economía no es un fin en sí mismo sino un medio para conseguir la prosperidad.



Entendiendo la  prosperidad tanto como una condición material como una condición psicológica y social,  abrimos la posibilidad de que los límites materiales en si mismos no constriñen la prosperidad. Teniendo en cuenta esos límites es posible mejorar la calidad de nuestras vidas aun reduciendo nuestro impacto en el medio ambiente: vivir mejor consumiendo menos. Tener mas alegría con menos cosas.



Neus Casajuana

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