dimecres, 28 de desembre de 2016

MONEDA SOCIAL EN BARCELONA

Article  publicat a Revista de Economía Crítica (1)
Autor Lluís Torrens (2)
EL NUEVO AUGE DE LAS MONEDAS COMPLEMENTARIAS

En octubre de 2016, el Ayuntamiento de Barcelona, liderando un consorcio con 6 partners más, públicos y privados, fue galardonado con una de las dieciocho primeras Urban Innovative Actions (UIA) europeas (3) .El proyecto de Barcelona, a desarrollar en tres años bajo el nombre de B-Mincome, creará diversas pruebas experimentales para conceder distintos tipos de renta de garantía de ingresos a individuos y familias con ingresos por debajo del nivel de pobreza y que viven en algunos de los barrios de la ciudad de menor nivel de renta. Los objetivos son evaluar los resultados de diferentes combinaciones de rentas y políticas en términos de reducción de la pobreza, inclusión social y laboral y bienestar subjetivo, entre otros. Dentro del proyecto, se pondrá a prueba el impacto de que parte de los beneficiarios cobren parte de su renta en una moneda social propia de la ciudad así como retribuir algunas acciones de voluntariado comunitario en esta moneda. Actualmente Barcelona no dispone de una moneda social, aunque está anunciado que la vecina ciudad de Santa Coloma de Gramenet va a lanzar de forma inmediata su propia moneda, la Grama, también en el marco de un proyecto europeo, Digipay4growth. Y Viladecans, ciudad del área metropolitana barcelonesa, también en un proyecto premiado con una UIA prevé la creación de una moneda propia, la Vilawatt para recompensar los ahorros energéticos de sus ciudadanos. Y estas ciudades son solo la punta de un amplio movimiento de monedas sociales que se está desarrollando en España. Inicialmente nacieron impulsadas por comunidades alternativas como sistemas avanzados de trueque multilateral para no depender del sistema monetario oficial. Y últimamente, con la crisis, ha habido un incremento del apoyo social y político, ya sea de ciudadanos, comerciantes o de los ayuntamientos. 

La turuta de Vilanova i la Geltrú, los ecosoles catalanes, el puma de Sevilla, el boniato de Madrid, la moneda ossetana de San Juan de Alnazfarache, el eusko del País Vasco francés o las más de 100 monedas bajo el sistema CES en España son ejemplos de estas monedas, pero con un uso aún muy limitado, a unos miles de personas en conjunto.

Así, la nueva moneda de Barcelona, que iniciará su andadura durante 2017, y se espera se implante progresivamente en la ciudad a partir del 2019, se inscribe en el amplio movimiento de monedas locales que se están desarrollando en las últimas dos décadas en Europa y Latinoamérica,(4)  aprovechando los nuevos desarrollos tecnológicos y cuyo primer impulso fueron las crisis financieras de Argentina y Brasil de principios de este siglo que redujeron el acceso de familias y empresas al dinero de curso legal (como ocurrió durante el corralito argentino). Recordemos que según datos del Banco de España en octubre de 2016 los créditos no hipotecarios a familias e instituciones sin ánimo de lucro en nuestro país están a niveles de 2005, un 28 % por debajo de los valores del pico de 2008.

La existencia contemporánea de monedas propias, coexistiendo o complementado otras de nivel estatal, ya tuvo un primer momento álgido durante la gran depresión de los años 30 en EEUU y Europa. Irving Fisher, economista fundador de la teoría económica cuantitativa monetaria escribió textos sobre cómo las monedas locales podrían ayudar a economías locales deprimidas a reactivarse, ante la escasez de dinero de curso legal. Fisher documentó extensamente el impacto de una moneda local en el pueblo de Wörgl en Austria en esa época. La moneda de esa ciudad funcionaba mediante un cartón calendarizado que debía rellenarse con cupones (stamp script) y un sistema de oxidación o demurrage (pérdida continua de su valor de cambio) que incentivaba a sus poseedores a gastar el dinero rápidamente. De esa época también surge el sistema más importante existente en la actualidad, el sistema de la banca cooperativa suiza WIR. Un estudio ha mostrado que el uso actual del WIR sigue siendo contracíclico: se usa más cuando el crédito en francos suizos se restringe por la propia coyuntura económica, y por lo tanto cuando menos riesgos de inflación hay en la economía.(5)

Tras la segunda guerra mundial y ya en nuestra época se han desarrollado miles de monedas sociales en todo el mundo, algunas como extensiones de sistemas de trueque multilateral (que permiten intercambiar bienes o servicios entre múltiples individuos o empresas sin necesitar de intercambios bilaterales), bancos del tiempo (como el que explica el economista Paul Krugman sobre las horas de canguro de niños en la cooperativa Capitol Hill en Washington DC) y otras ligadas a comunidades territoriales (como el sistema cerrado de crédito Sardex en la isla de Cerdeña) o incluso bajo el impulso de las autoridades regionales o locales.

Las monedas sociales de uso local han tenido un crecimiento importante entre ciudades medianas y grandes en Europa, siendo las ciudades inglesas (Bristol o el barrio londinense de Brixton) y francesas las más conocidas (como Toulouse o Nantes). Francia ha desarrollado una legislación específica, y las monedas sociales han despertado el interés de las autoridades monetarias como el Banco de Inglaterra o el Banco Central Europeo. En España la mayoría de sus monedas locales se basan en sistemas de intercambio mutuo LETS (nos referiremos más adelante). 

Las monedas sociales no tienen nada que ver con las criptomonedas o monedas virtuales (como el Bitcoin), que se basan en criterios especulativos en donde quien emite la moneda se embolsa en moneda legal lo que el mercado (los usuarios de la moneda) están dispuestos a pagar por ello, lo cual depende básicamente de su capacidad para permitir transacciones con muy bajos costes y elevada opacidad (se realizan fuera del mercado financiero tradicional, como los bancos, y escapan a cualquier control fiscal) o para especular con ella (como cualquier otro activo financiero, pero con una volatilidad muy alta: el Bitcoin  empezó a cotizar en 2009 a unos céntimos de $ por Bitcoin, alcanzó casi los 1000 $ hace tres años, cayó hasta 231 $ el 2015 y ahora está por encima de los 770 $). No obstante, la tecnología que usan (conocida como cadena de bloques o blockchain) despierta un creciente interés entre las entidades financieras por su capacidad de permitir transacciones seguras a bajo coste y también existen algunos proyectos para incorporar esta tecnología a sistemas de monedas sociales no especulativos.(6) 

LOS MODELOS DE MONEDA

Existen muchos modelos de moneda social, pero las actuales y que tienen mayor potencial de crecimiento las podemos clasificar en dos grandes grupos: las monedas basadas en circuitos cerrados de crédito mutuo, y las monedas basadas en un soporte en la moneda de curso legal. Además, como resultado de la evolución histórica y tecnológica, debemos distinguir entre las monedas con soporte en papel (billetes, monedas o cupones) y las monedas más recientes con soporte electrónico o también llamadas monedas digitales, aunque también ya existen sistemas mixtos.

Sistemas de crédito mutuo

Las monedas basadas en circuitos cerrados de crédito mutuo tienen a su vez dos grupos de usos: los circuitos empresariales de intercambio de bienes y servicios basados inicialmente en los sistemas de trueque multilateral o barter mencionados anteriormente y los sistemas de intercambio local o Local Exchange Trade System – LETS- por los que los usuarios de una comunidad más o menos extensa se generan un crédito a su favor frente al sistema de intercambio cuando venden bienes o servicios a otros miembros y reducen ese crédito o incluso se generan un saldo negativo cuando compran bienes o servicios. El saldo negativo está topado (nadie se puede endeudar en exceso contra el sistema, en función de su solvencia o histórico de transacciones) y cuando se entra en el sistema se puede obtener una capacidad inicial de endeudamiento (hasta el límite mencionado) para poder empezar a comprar antes de vender. 

Tanto en los sistemas empresariales como en los sistemas más orientados a individuos, como en los sistemas mixtos (como el sistema RES de Bélgica y de Girona que permiten a consumidores finales y a empresas comerciar simultáneamente y permite pagar de manera combinada las transacciones en euros y moneda local) la suma de los saldos positivos y negativos se compensa (una compraventa genera un saldo positivo y uno negativo) bien completamente entre las empresas e individuos, bien añadiendo el crédito abierto neto (cuando la suma de los saldos negativos supera a los positivos) por la entidad gestora a los participantes. 

En este caso la entidad gestora puede pedir garantías adicionales (como hace el sistema WIR). La International Reciprocal Trade Association (IRTA) dispone de manuales de buenas prácticas para sus asociados para minimizar el riesgo de caída de un sistema (recomiendan en base a su experiencia que el saldo negativo de cada miembro no supere 2,5 a 3 veces el promedio de transacciones mensuales). En cualquier caso hay una capacidad de endeudamiento (suma de todos los posibles saldos negativos) implícita, que sería el equivalente a una creación monetaria similar a la que genera a gran escala el sistema monetario actual cuando, como ha reconocido el Banco de Inglaterra, los bancos crean dinero de la nada: concediendo un crédito a un cliente y depositándole el valor del crédito en su cuenta bancaria, de manera que el saldo del banco sigue equilibrado). La única limitación que tiene el sistema bancario actual son las reservas de capitalización, un porcentaje del total de activos debe ser capital (lo cual no quita que este capital se pueda incrementar indefinidamente mediante, en el fondo, dinero también creado de la nada en otras partes del sistema) (7) .

El sistema Sardex italiano, Trocobuy en España y algunas experiencias incipientes de la red de economía solidaria catalana XES (todas ellas para dar cobertura a intercambios empresariales) y los diversos sistemas CES funcionan con crédito mutuo. A nivel internacional, la asociación IRTA agrupa un centenar de sistemas de trueque bilateral y otros sistemas de pago complementarios (la mayoría son norteamericanos y no cuenta actualmente con ningún socio en España). Para facilitar la transparencia en los intercambios, la moneda social o el crédito generado en el sistema se denomina en una divisa con equivalencia 1 a 1 al euro o la moneda de curso legal del país de referencia, aunque normalmente no exista un sistema para intercambiar saldos positivos de la moneda local en euros: es un sistema cerrado. Por lo tanto el elemento básico para que funcione un sistema cerrado es que existan individuos o empresas dispuestos a aceptar que otros miembros les paguen en moneda local los bienes o servicios que les entregan, con la confianza de que ellos, a su vez, podrán gastarse su saldo comprando a otros miembros, y así sucesivamente. En tanto estos sistemas sean cerrados, sin intercambios regulados con la moneda legal, están fuera del alcance de la supervisión de las autoridades monetarias, ya que se trata de meros intercambios de crédito comercial, como ocurre corrientemente con las transacciones mercantiles de bienes y servicios entre empresas. Y obviamente todas las transacciones están sometidas a los impuestos correspondientes (IVA, etc..) que sí deben pagarse en la moneda de curso legal. 

Para incentivar la actividad de estos circuitos hay dos instrumentos principales. En primer lugar, la ampliación de las capacidades de crédito (saldo negativo máximo que se puede tener contra el sistema) de los miembros, con la confianza de que serán capaces de retornarlo por la vía del suministro de bienes y servicios a otros miembros, o mediante pago en euros procedentes del circuito de tesorería convencional. Y, en segundo lugar, la implementación de una tasa de oxidación (tasa de interés negativo sobre los saldos positivos que se mantienen en el sistema) que incentiva a gastarse el saldo positivo para no perderlo progresivamente. Obviamente la tasa de oxidación debe ser estimada de manera que no “asuste” a los potenciales usuarios del sistema. Una tercera opción para darle más confianza a esta moneda sería que la administración la aceptara como pago de impuestos o precios públicos, pero esto puede chocar con el principio de precaución (posible desconfianza en el sistema) y sobretodo puede plantear problemas legales (los impuestos se cobran en moneda legal, excepto en nuestro país en algunos casos excepcionales como el impuesto de sucesiones que se puede llegar a liquidar con bienes en especie como obras de arte). 

Otro elemento importante para que estos sistemas crezcan en volumen es la profesionalización de la gestión, mediante sistemas informáticos adecuados (los más conocidos son los basados en el sistema Cyclos de la fundación holandesa Social Trade Organisation -STRO-) y personal formado que capte usuarios y procure que los poseedores de saldos positivos dispongan de proveedores donde gastárselos cubriendo sus necesidades (brokers). Estas acciones se acompañan de marketplaces digitales donde se informa de los proveedores asociados al sistema y de su oferta de bienes y servicios. También los sistemas deben procurar que los precios de las transacciones no tengan una prima de riesgo (o al menos no sea elevada) respecto a transaccionar en moneda de curso legal, más allá de las comisiones o costes acordados. Muchas iniciativas de monedas complementarias no acaban desarrollando todo su potencial porque se basan en estructuras de personal voluntario y medios precarios, lo que les genera restricciones de crecimiento o incapacidad de gestionar los riesgos de manera adecuada.

Sistemas con respaldo en moneda de curso legal 

El segundo grupo, las monedas sociales basadas en soporte en el euro u otra moneda de curso legal (como la libra esterlina británica) son inicialmente las más adecuadas para monedas impulsadas directamente desde los ayuntamientos, por las limitaciones legales a crear endeudamiento y por el ya citado principio de precaución al que deben someterse las administraciones locales o regionales. Es el caso de la moneda de Santa Coloma: el ayuntamiento ha decidido iniciar sus operaciones canalizando parte de sus gastos (salarios, compras a proveedores, subvenciones) en moneda local. Para ello se ha de depositar una cantidad de euros en una cuenta restringida que sea equivalente a la moneda local que emite y que transfiere a los perceptores de sus fondos (trabajadores municipales, proveedores o entidades subvencionadas) que han aceptado voluntariamente (salarios y pagos a proveedores) u obligadamente (subvenciones) cobrar en moneda social. A su vez el ayuntamiento puede cobrar voluntariamente precios y tasas públicas en moneda social (que convierte inmediatamente en euros, tal como realiza Bristol con algunos impuestos a los comerciantes locales), y los ciudadanos pueden adquirir moneda social previo pago en euros. Ya hemos dicho que poder pagar impuestos o precios públicos incrementa la confianza en el sistema: como decía Benjamin Franklin, en este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos. 

Con la moneda social en sus manos (o mejor dicho en sus smartphones porque es una moneda digital cuyo saldo se encuentra guardado en el software de los servidores del sistema) los tenedores de saldos positivos (en este sistema nadie tiene saldos negativos) pueden comprar bienes a los comercios adheridos al sistema. En el caso de Santa Coloma (el más avanzado tecnológicamente hasta el día de hoy), para favorecer la circulación de la moneda en la ciudad se ha fijado un periodo de maduración que fija un número de días mínimos antes de los cuales el cambio del saldo de moneda social por euros tiene una penalización (esto no ocurre en Bristol, donde el canje de Bristol Pounds por libras esterlinas se puede hacer inmediatamente sin ninguna pérdida). Y, como ya hemos mencionado, el intercambio de euros siempre está garantizado y no existe creación monetaria. 

De esta manera el principal objetivo es que la moneda social circule en la ciudad y que los comercios practiquen el comercio entre ellos. El objetivo derivado es que cada euro de gasto público o de los ciudadanos de Santa Coloma multiplique su impacto sobre la economía local, en especial sobre el tejido comercial de proximidad, generando más puestos de trabajo, en una ciudad muy acostumbrada a gastar sus euros en los centros comerciales próximos pero ubicados fuera del municipio. Técnicamente el objetivo es doble: por un lado incrementar la velocidad de circulación de la moneda, las veces que se usa en transacciones (de un valor de unas 2 veces al año para un euro en promedio, hasta valores superiores a 10 veces en monedas sociales con oxidación, como mostró el cálculo realizado para la moneda de la población alemana de Chiemgauer) (8)  y aumentar el impacto en la economía local. El impacto se puede medir por ejemplo con el multiplicador local de tres vueltas LM3, que suma el gasto realizado con la moneda local en la cadena de tres compradores-gastadores consecutivos y analiza cuánto se retiene en la localidad o territorio de referencia.

Existen además modelos mixtos en donde se canjean euros a cambio de moneda local (ya sea en papel como en Bristol o en saldo electrónico como en Santa Coloma) y a la vez se dispone de un sistema de crédito para facilitar acceso al crédito de pymes y autónomos, con el objetivo que estos créditos o microcréditos concedidos por la banca pública o el propio sistema se inviertan en el territorio. Los sistemas en papel son más atractivos en imagen (por ejemplo Bristol emite billetes con diseños de artistas locales) pero los sistemas digitales permiten implementar fácilmente políticas de marketing o de gestión imposibles de hacer en papel. Por ejemplo, permiten penalizar con tasas de oxidación la no circulación, o penalizar los canjes por euros, o , a la inversa, bonificar compras en comercios de determinadas zonas, tipos de comercio o momentos del tiempo, a elección de la entidad que gestione la moneda. La entidad gestora del sistema puede ser una entidad creada ad-hoc o se puede delegar en una entidad financiera, habitualmente de la banca cooperativa o pública. También puede haber sistemas mixtos 100 % electrónicos combinados con tarjetas de prepago (como las tarjetas telefónicas o de regalo, que también permiten darle diseño e imagen ligada al territorio). A nivel legal, si se producen canjes de euros por moneda social y viceversa sin obligaciones de periodos de maduración y las redes de comercios adheridos están abiertas a cualquiera, la legislación los considera dinero electrónico (como pueden ser las tarjetas regalos precargadas o los cheques restaurantes) y sometidos a la legislación de las autoridades monetarias. 

Una variante de estos modelos, enlazada con los modelos empresariales de crédito mutuo, son los que también usan como garantía colateral activos distintos de los fondos líquidos en moneda de curso legal depositados en una entidad financiera, como compromisos de pago (pagarés, certificaciones o reconocimientos de deuda irrevocables, etc..) de una administración (bloqueados en el presupuesto) o de una entidad solvente. Estos compromisos (I owe you-IOU- en inglés) pueden ser utilizados para avanzar pagos por parte de las administraciones (como hizo el estado de California en 2009 cuando se declaró en bancarrota) a sus acreedores y, a su vez y mientras no vencen sus plazos de cobro, ser utilizados como forma de pago entre empresas. En su formato digital sería una forma moderna de endosar efectos bancarios (con la facilidad añadida de poder ser fraccionados a voluntad) o de factoring también con el objetivo de facilitar liquidez (sobre todo cuando el pagador originario tiene periodos de pago dilatados) y a la vez que el gasto se concentre en el territorio.(9)

EL MODELO BARCELONA ESTÁ POR DEFINIR 

¿Cuáles son los objetivos de Barcelona y qué tipo de moneda debería escoger? En el momento de escribir estas líneas, aún se dispone de medio año para decidir el tipo de moneda que se va a implementar en el citado proyecto piloto europeo. Las posibilidades son múltiples, pero parece claro que uno de los objetivos es favorecer al comercio y actividad locales, en especial todo lo que impulse al pequeño comercio de proximidad, la economía cooperativa, social y solidaria, el comercio justo, la economía circular y la conocida como kilómetro 0, con un peso incrementado de los propios ciudadanos-consumidores. Por ejemplo, existen numerosos estudios que han analizado en otros entornos el impacto de la instalación de nuevas grandes superficies sobre el tejido económico local. 

Las ganancias en precios más bajos para los consumidores pueden quedar superadas por los impactos negativos en forma de destrucción neta de puestos de trabajo (10) o desertización comercial. Estos procesos son algo que sufren los barrios periféricos de Barcelona. Actualmente, por ejemplo, hay unos 15.000 locales comerciales vacíos en el municipio, con una mayor incidencia en los barrios que no tienen ejes comerciales potentes o no están en las zonas de influencia turística. Otros estudios, realizados por la New Economics Foundation británica sobre cómo impulsar políticas de desarrollo local, sugieren la implementación de una moneda local como un instrumento más para maximizar el impacto de las políticas públicas de apoyo a los agentes económicos locales.(11)

Además, el pago de las ayudas monetarias que contempla el proyecto B-Mincome en moneda social permitirá hacer un experimento muy innovador de canalización de gasto público social (12) y analizar su impacto en el bienestar de sus perceptores y sus comerciantes próximos. La moneda social de Barcelona puede tener múltiples aplicaciones en el fomento del cambio de modelo productivo de la ciudad, hacia un sistema socialmente inclusivo y ambientalmente sostenible, mediante aplicaciones sectoriales a cuestiones energéticas, de gestión de residuos, del uso de capacidades ociosas, de fomento de la cultura y del voluntariado comunitario entre otras, alineando a todos los actores del ecosistema urbano. Un sistema digital monetario local, además, permite realizar acciones que son imposibles de realizar con moneda en papel (como modular la tasa de oxidación, o focalizar bonificaciones a la compra en determinadas zonas, tipos de comercio u horarios, por ejemplo). Finalmente, un sistema de moneda local se debería alinear con otros objetivos más generales para incrementar la resiliencia de las ciudades frente a procesos incontrolables por los ciudadanos y por sus representantes públicos e incrementar su soberanía en la toma de decisiones. Una moneda local es un bien común que puede ser gestionado de manera co-responsable entre los ciudadanos, los agentes económicos y la administración. Elinor Ostrom hace un cuarto de siglo ya demostró que la tragedia de los comunes no era ineluctable. Al contrario, una moneda social y procomún tiene toda su legitimidad ante el actual sistema monetario descontrolado y en manos del oligopolio bancario.(13)

Para ello se contará con el conocimiento experto de los diversos think tanks del proyecto, de la comunidad de expertos del Instituto de la Moneda Social, de la propia ciudadanía y del tejido comercial y productivo local, con el objetivo de modular su introducción y gestión futura (introduciendo formas de co-gestión que delimiten el alcance, los parámetros del modelo y las formas de financiación para hacerlo sostenible) con el objetivo de que sea una herramienta útil para incrementar el bienestar colectivo bajo los principios del bien común, que es lo que ha de ser , al fin y al cabo, una moneda social. diciembre de 2016

1 Una versión anterior, más reducida, de este artículo, apareció en la revista electrónica CTXT, n. 91, 16/11/2016.
2 Director de Planificación e Innovación. Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona. 3 http://www.uia-initiative.eu/sites/default/files/2016-10/Call%201%20selected%20cities%20taking%20off%20-%2018%20UIA%20projects.pdf
4 En otras zonas como Norteamérica o Japón también existen diversas experiencias con amplio recorrido.
5 www.ewp.rpi.edu/hartford/~stoddj/BE/WIR_Update.pdf
6 La web https://coinmarketcap.com/all/views/all/ muestra todas las criptomonedas existentes detectadas en el mundo (unas 700) y una estimación de su valor de mercado. A 9 de diciembre de 2016 se les calculaba un valor agregado de 14.300 millones de $, siendo el 86 % acaparado por Bitcoin.
7 Un caso bien conocido es la actual política monetaria de expansión cuantitativa del Banco Central Europeo. En diciembre de 2016 la previsión es que de marzo 2015 a diciembre 2017 se emitan 2,3 billones de euros (equivalentes al 22% del PIB de la zona euro) para comprar deuda pública y privada. Para una ciudad como Barcelona (65.000 millones de euros de PIB, el 0,62 % del PIB de la zona euro) equivaldría a 14.200 millones de euros, más de 200.000 euros para cada comercio abierto en la ciudad).
8 Aquí se analizan algunas de las monedas sociales más conocidas http://www.iss.nl/fileadmin/ASSETS/iss/Research_and_ projects/Conferences/CCS_June_2013/Papers/Josep_Lluis_de_la_Rosa.pdf
9 Este sistema fue explorado como solución alternativa a la salida del euro en la crisis griega del año 2015 http://www.sinpermiso. info/textos/la-tercera-va-para-grecia-del-grexit-al-greuro http://www.sinpermiso.info/sites/default/files/textos//11greuro.pdf 
10 Diversos estudios sobre el impacto de la instalación de grandes almacenes como WalMart en Estados Unidos pueden encontrarse en https://ilsr.org/key-studies-why-local-matters/
11 www.pluggingtheleaks.org/downloads/spanish/ptl_handbook_spanish.pdf
12 Sobre el potencial de pagar en moneda social parte de una renta básica universal, ver https://www.cairn.info/resume.php?ID_ ARTICLE=MOUV_073_0054
13 Para una explicación de cómo se puede gestionar un sistema de crédito mutuo bajo los principios del bien común de Ostrom, ver el artículo https://ijccr.files.wordpress.com/2012/05/ijccr-vol-5-2001-4-schraven.pdf

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