dilluns, 1 d’agost de 2016

El movimiento global de la justicia ambiental y su vocabulario

Article publicat a Sin Permiso
 

Joan Martínez Alier

26/07/2016

Recientemente he oído en Francia la palabra zadiste. ¿Qué es un “zadista”? Un militante que apoya una ZAD, una zone à defendre, como el entorno del aeropuerto que quieren construir en Nantes. ZAD se ha usado en la jerga planificadora como una “zona a desarrollar” y ahora se usa como “zona a defender”. En cada país aparecen nuevas palabras de la justicia ambiental. En la Argentina el lema “paremos de fumigar” se usa contra el glifosato en el cultivo de la soya transgénica. O las palabras sand mafia en la India para denunciar a quienes sacan dañinamente arenas y gravas de ríos y playas para alimentar el boom de la construcción.


Las palabras “injusticia ambiental” se empezaron a usar en la década de 1980 en Estados Unidos contra la contaminación en barrios con población afro-americana o hispana. La contaminación con plomo del agua de Flint en Michigan ha sido vista como una injusticia ambiental, y un caso más de “racismo ambiental”. Ese movimiento introdujo también el término de “epidemiología popular”, para el estudio y denuncia de la incidencia de la contaminación en la salud pública (Phil Brown, 1997). La población local conoce mejor o más temprano que los organismos oficiales si, por ejemplo, los niños de los barrios pobres sufren desproporcionadamente de asma. Entretanto, apareció también en EEUU el término de “zonas de sacrificio”.


América Latina ha sido fértil en palabras del movimiento global de justicia ambiental. Tanto “deuda ecológica” como “pasivos ambientales” son conceptos nacidos en Sudamérica hacia 1990. Significan el reclamo de daños producidos por el cambio climático o por el comercio ecológicamente desigual. También son las deudas ambientales no pagadas por las empresas. A su vez, “biopiratería” significa el robo de plantas medicinales o agrícolas y especialmente del conocimiento sobre ellas. Aunque la práctica es antigua, la palabra es nueva, introducida en 1993 y popularizada por Vandana Shiva. Otro lema muy latinoamericano, no inventado en ninguna universidad sino en el campo, es “el agua vale más que el oro”. Lo usa el movimiento contra la megaminería que está bien representado internacionalmente por el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina.


Un aspecto de la justicia ambiental es la “justicia climática”, cuyo primer principio es la diferencia entre emisiones de dióxido de carbono necesarias y emisiones “de lujo” (Agarwal y Narain, 1991) y cuya principal política pública internacional sería la contracción y convergencia de las emisiones. Y otro aspecto es la “justicia hídrica”, un término reciente para significar la asignación equitativa del agua y denunciar el hecho que “el agua corra hacia el poder”.  Existe una alianza de grupos latinoamericanos de “justicia hídrica” como también hay movimientos de “atingidos por barragens” (MAB), organización brasileña con paralelos en otros países como el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (MAPDER).


En otro terreno, que “las plantaciones no son (verdaderos) bosques” es un lema del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) contra los monocultivos de árboles como eucaliptos, pinos… Fue propuesto por Ricardo Carrere y Larry Lohman en un libro publicado en 1996. Otros términos son el “ecologismo de los pobres” y el “ecologismo popular”, es decir, la defensa de la naturaleza por poblaciones pobres o indígenas empobrecidas, motivado por la necesidad de sobrevivencia y también por sus propios valores sociales. También incluyo en el vocabulario los términos “soberanía alimentaria” (el derecho proclamado por la Vía Campesina a alimentarse de los productos campesinos en mercados locales) y el más reciente de “soberanía energética” (el derecho a abastecerse de  energías renovables controladas localmente, distribuidas en el territorio), que se ha usado en Oaxaca contra las multinacionales de la energía eólica.


En México es vigoroso el movimiento en defensa del derecho de los campesinos a conservar, reproducir y difundir sus semillas, predicado globalmente por organizaciones como GRAIN y la revista Biodiversidad. “Sin maíz no hay país” se dice en México. A su vez la denuncia del  robo de tierras, otro viejo fenómeno, tomó bríos en 2008 al introducir GRAIN la insultante expresión land grabbing para designar una nueva ola mundial de desalojos campesinos.


Tal vez las palabras más importantes del movimiento global de justicia ambiental sean Ogonización y Yasunización, nacidas en Nigeria y Ecuador. La idea de dejar petróleo, carbón y gas bajo tierra, para evitar daños locales y al mismo tiempo luchar contra el cambio climático. Propuesta de Oilwatch  en 1997 y que Naomi Klein llama Blockadia.


En las ciudades hay movimientos de “recuperadores o recicladores urbanos”, movimientos de permacultura, movimientos que defienden los derechos de los ciclistas en las ciudades y actúan como una critical mass. Y muchos otros.

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