diumenge, 3 de maig de 2015

Els decreixentistes desafien el predomini del creixement econòmic

Traducció de l'article publicat a la revista  Counterpunch

 Conviertiendo un elefante en un caracol

13 de abril 2015 
por  MARK HAND
La adhesión generalizada al crecimiento y al desarrollo económico, incluso entre los activistas del medio ambiente, es la causa principal de la actual crisis socioecológica que afronta el mundo, según un nuevo libro que recoge la filosofía de "decrecimiento" y cuyos autores consideran que  son  necesarias “narrativas contrahegemónicas”  más integrales  para crear nuevas formas de vida que no reconozcan la equivalencia de  crecimiento con progreso.

La filosofía del decrecimiento ha atraído a un número relativamente grande de seguidores en Europa, especialmente en Francia, donde se le conoce como Décroissance. Sus defensores ven el decrecimiento como la posibilidad de que los seres humanos pueden lograr la prosperidad sin crecimiento económico. Esta filosofía ha luchado por ganar una atractivo similar al otro lado del Atlántico, aunque muchos pensadores radicales, entre ellos el fallecido teórico anarquista estadounidense Murray Bookchin, han promovido ideas similares en  los últimos 50 años.

La gran mayoría de personas que se proclaman ambientalistas o activistas del clima creen que la salud ecológica global puede ser resuelta de forma suficiente  sin distanciarse de la ideología del crecimiento económico. Recientemente,  un prominente científico del clima, el profesor de la Universidad Estatal de Pennsylvania Michael Mann, mencionó con optimismo que los datos  mostraban  que la economía de Estados Unidos había crecido en el 2014, mientras que las emisiones de dióxido de carbono se  habían  mantenido estables. Esto "es un signo muy esperanzador de que, efectivamente, podemos hacer crecer la economía y disminuir las emisiones de carbono al mismo tiempo", señaló Mann.

En el libro "Decrecimiento: un vocabulario para una Nueva Era", los autores, Federico Demaria, Giorgos Kallis y Giacomo D'Alisa, tratan de demostrar a Mann y a otros verdaderos creyentes del paradigma del crecimiento económico, que hay alternativas realistas al capitalismo y que el crecimiento económico debería ser abolido como un objetivo social.

"Los ambientalistas deberían ser los primeros en darse cuenta de que el crecimiento económico no es bueno para el medio ambiente", dijo Demaria en una entrevista de la revista
Counter Punch. Numerosas investigaciones han demostrado que el crecimiento económico no es sostenible desde una perspectiva ecológica, subrayó y agregó: "Tenemos que buscar otras formas de satisfacer nuestras necesidades."

Más allá de los debates sobre la lógica de abrazar el crecimiento sin límite en un planeta finito, la crisis económica mundial de los últimos siete años ha demostrado que el  inherente imperativo del crecimiento del capitalismo podría estar entrando en una fase auto-destructiva. Incluso el Fondo Monetario Internacional, cuyo objetivo principal es gestionar el crecimiento económico y el flujo internacional de capitales, concluyó en un nuevo informe que la nueva realidad podría ser un menor crecimiento tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes.

Uno de los países más castigados por los siete años de crisis económica, Grecia, se ha convertido en un caldo de cultivo para el pensamiento decrecentista. En febrero,  un foro sobre Decrecimiento que se celebró en Atenas  titulado "Prosperidad sin crecimiento", atrajo a más de 500 personas. "La mayoría de las presentaciones y de las propuestas fueron de muy alta calidad, un hecho que puede elevar el nivel de seriedad e influencia del decrecimiento en la sociedad griega", según un resumen del foro.

Demaria, investigador del Departamento de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la asociación académica Research & Degrowth, considera que el éxito del foro de Atenas es un indicador de que el movimiento pro decrecimiento está ganando impulso. Otro hecho digno de mención, de acuerdo con Demaria, es que los defensores del  decrecimiento proceden de ideologías diversas y no se limitan únicamente a los partidos más izquierdistas  del espectro político.

Santi Vila, el Conseller de Planificación y Sostenibilidad del Gobierno de Cataluña en España y miembro del partido político centrista Convergencia Democrática de Cataluña, se ha pronunciado a favor del Decrecimiento y dio la bienvenida a las  investigaciones realizadas sobre el tema en la Universidad Autónoma de Barcelona. Vila ha manifestado que las sociedades tienen que revisar el modelo de progreso y reducir el consumo, mientras que, al mismo tiempo, han de hacer frente a la desigualdad.

El Conseller piensa dar apoyo a la traducción de “Degrowth: A Vocabulary for a New Era”
("Decrecimiento: un vocabulario para una Nueva Era") en catalán y presentarlo en un acto público en Barcelona, ​​dijo Demaria. Cabe esperar que los autores del libro sean invitados en Julio para explicar el decrecimiento en la comisión parlamentaria de Cataluña en materia de sostenibilidad.

Mientras que el decrecimiento tiene un promotor en Cataluña, uno de los principales teóricos del movimiento, Federico Demaria, tendrá una plataforma en Bruselas. Demaria nos dijo que recientemente ha aceptado una invitación para trabajar como asesor para la elaboración del programa electoral de European Union Greens, una coalición de partidos verdes de la UE.

En general, sin embargo, el apoyo político al decrecimiento entre la mayoría de los principales partidos políticos sigue siendo débil. Los autores del libro sostienen que en los últimos 70 años, el debate público  ha sido "colonizado" por el lenguaje de la economía relacionada con el crecimiento como la inflación y la flexibilización cuantitativa. Los intelectuales y los políticos prefieren no tener en cuenta ni cómo la gente se  siente realmente  ni las  relaciones del hombre con la naturaleza.

Escapar de la búsqueda del crecimiento económico

En el libro, sus autores destacan que el decrecimiento indica una dirección deseada, aquella en la que las sociedades utilizan menos recursos naturales y organizan y viven de manera diferente a la de hoy en día. El decrecimiento no propugna  hacer menos de lo mismo. Ellos dicen que el objetivo no es hacer al elefante más delgado, sino convertir  al elefante en un caracol.

Colegas de ideas afines a menudo cuestionan la idoneidad de usar una negación, decrecimiento, para un proyecto positivo. En el libro, los autores responden que su objetivo es  precisamente  descolonizar un modo de pensar que está dominado por un futuro que consiste solamente en el crecimiento. Destacando que, en la década de 1970, el límite de los recursos fue el foco de muchos proyectos, mientras que en la década de 2000, con la aparición del actual movimiento por el decrecimiento, el foco se centraba  en la crítica a la idea del desarrollo sostenible, un término que muchos han tildado de oxímoron. Los defensores del decrecimiento utilizan deliberadamente el término como una "palabra obús" para volver a politizar el ecologismo y poner fin al consenso despolitizado del desarrollo sostenible. Los autores dicen que el desarrollo sostenible "aporta tecnicidad a los problemas ambientales,  prometiendo  soluciones win-win, beneficiosas para todos  y el  (imposible) objetivo de perpetuar el desarrollo sin dañar el medio ambiente."

El decrecimiento llama a la politización de la ciencia y la tecnología en contra de la creciente "tecnocratización" de la política. Incluso las llamadas economías socialistas terminaron pareciéndose al capitalismo de Estado, ya que quedaron atrapadas en la búsqueda del crecimiento y el desarrollo.

En el epílogo del libro, los autores se centran en la teoría de la “dépense”  (gasto) o del consumo colectivo del "excedente" en una sociedad. El gasto social puede ser un gasto genuinamente  colectivo,  el gasto en una fiesta colectiva, la decisión de subvencionar  una clase de espiritualidad para hablar de filosofía o dejar un bosque sin explotar. Dépense es un gasto que en un sentido estrictamente económico es improductivo, pero en una sociedad del decrecimiento retorna, de nuevo, a la esfera pública.

Mientras que los autores promueven un gasto “dépense” colectivo, también impulsan  "la sobriedad personal," no según el modelo protestante de entender la austeridad,  sino bajo la premisa de que la búsqueda del sentido de la vida individual es una "ilusión antropológica".

Encontrar el  significado solo a través de la acumulación de las cosas "es una ilusión que conduce a resultados ecológicamente dañinos y socialmente injustos, ya que no se puede mantener para todo el mundo". "Las personas deberían tomarse ellas mismas menos en serio, por así decirlo, y disfrutar de la vida libres del peso insoportable de la elección sin límites."

El lenguaje también es importante para los defensores del decrecimiento. Los autores dicen "Preferimos utilizar las palabras como 'florecimiento' cuando hablamos de la salud o la educación en lugar de 'crecimiento' o 'desarrollo'. El cambio deseado es cualitativo, al igual que en el florecimiento de las artes. No es cuantitativo, como en el crecimiento de la producción industrial. "

Francia lidera el Movimiento del  Decrecimiento

Con el tiempo el movimiento por el decrecimiento francés se ha extendido  a otros países, introduciéndose  en Italia con el nombre de decrescita y España como decrecimiento. En los EE.UU. no existe un movimiento por el decrecimiento en sí pero hay tradiciones similares, como la ecología social de Bookchin y más recientemente el trabajo del Post Carbon Institute.  En sus escritos y análisis sociológicos, Bookchin creía que si los hombres tuviesen poder sobre la tecnología en vez de ser esta la que tuviese poder sobre ellos,  la tecnología y las formas de producción podrían ser utilizadas para conseguir   libertad y abundancia y podrían permitir a la gente tener más tiempo para ser humanitarios  con el prójimo.

Así como los defensores del  decrecimiento defienden más tiempo de ocio para  la sociedad, Bookchin quería encontrar la manera de estructurarlo. Bookchin se apoyaba  en Marx que también especulaba  sobre como sería el día a día  de la gente.

Los autores escriben en el epílogo: "La característica central de la modernidad ha afectado también a muchas corrientes  marxistas que avivaron el sueño de la emancipación colectiva hasta el límite  mediante una vida de abundancia material para todos".

El libro está compuesto por 51 capítulos cortos, escritos, principalmente, por académicos de Europa y América. En el prólogo nos cuentan que la directriz para todos los que contribuyen en el libro fue la de escribir de la  forma más sencilla posible para el público en general, a quien va dirigido el libro. "No son necesarios conocimientos previos sobre los debates  o la terminología. Sin embargo, todas las aportaciones están  enmarcadas y escritas con el rigor y la experiencia que se desea encontrar en los  capítulos de los libros académicos".

En uno de los primeros capítulos, Arturo Escobar, profesor de antropología en la Universidad de Carolina del Norte, explica que el concepto de desarrollo no existía en su connotación actual hasta finales de 1940, cuando el "desarrollo económico" allanó el camino para replicar  las condiciones que caracterizan a las naciones industrializadas en "áreas subdesarrolladas", a saber, la agricultura industrial, la urbanización y la adopción de los valores modernos.

Después de dos décadas de rápido crecimiento, especialmente en el Norte Global, el Club de Roma encargó un estudio que se convirtió en el libro de 1972 "Los límites del crecimiento." Al mismo tiempo, el presidente de la Comisión Europea, Sicco Mansholt, hablaba de decrecimiento, o "de crecimiento negativo". A fines de 1970, sin embargo, la agenda neoliberal había ganado protagonismo, dejando el decrecimiento en la trastienda.

En la década de 2000, el movimiento por el decrecimiento comenzó a recuperar el impulso. Sus defensores expresaban la creencia de que la hospitalidad, el amor, la función pública, la conservación de la naturaleza y la contemplación espiritual tradicionalmente no obedecen a la lógica del beneficio personal. "Por encima de un cierto nivel, el crecimiento no aumenta la felicidad... Ello es debido a que una vez que las necesidades materiales básicas están satisfechas, los ingresos adicionales se dedican cada vez más a los bienes de estatus  (por ejemplo, una casa más grande que el vecino)," nos dicen. "El crecimiento no puede satisfacer la competencia por el estatus; sólo puede empeorar las cosas. El crecimiento nunca producirá "lo suficiente" para todo el mundo".

En el epílogo del libro, también destacan que "los decrecentistas  no tienen miedo a la ociosidad", citando al escritor político francés  Paul Lafargue y su revolucionario ensayo "El Derecho a la Pereza" como una de sus inspiraciones. Lafargue escribió en su ensayo 1880: Una sociedad que ha desarrollado tantos recursos sin duda puede ampliar el derecho al ocio de los nuevos ricos a todos.

Los autores también hacen hincapié en que no tienen miedo al “capital ocioso" y de hecho lo desean. Dicen que "El decrecimiento implica la desaceleración del capital".

"Decrecimiento: un vocabulario para una Nueva Era" es el primer libro en inglés que cubre con amplitud la creciente literatura sobre decrecimiento. El libro del economista francés Serge Latouche  "Farewell to Growth",  fue publicado en Inglés, pero no abordó el tema del decrecimiento tan directamente como en "Decrecimiento: un vocabulario para una Nueva Era".

Las ideas presentadas en el libro también son similares a algunas de las propuestas de Naomi Klein en "Esto lo cambia todo: Capitalismo contra el clima", publicado en  otoño de 2014. "Las propuestas políticas son parecidas. La única diferencia es el lema que utilizamos. Klein no está tan convencida sobre el lema  decrecimiento  "dijo Demaria. "Pero lo que ella quiere decir con  “esto lo cambia todo" es que cambia todo en los sistemas sociales y económicos.  Eso es exactamente lo que nosotros queremos decir".

Klein y los autores también coinciden en la definición de decrecimiento ", en el sentido de que lo que necesitamos no es simplemente un poco menos - un menor uso de energía, menor uso de materiales y así sucesivamente – sino que necesitamos  un uso diferente de energía y materiales" dijo Demaria.

¿Es el crecimiento económico  una panacea para la pobreza?

La mayoría de expertos  hoy en día están utilizando la difícil situación de los países en desarrollo como un arma contra quien pide una mayor conciencia ecológica. Acusan a los ambientalistas y activistas en favor del clima, de presionar con políticas  que van a privar a las personas afectadas por la pobreza en todo el mundo, del acceso a la electricidad y a otras comodidades modernas que la gente en el mundo desarrollado dan por sentado.

Los autores reconocen que una crítica frecuente de las propuestas del decrecimiento es que sólo es aplicable a las economías "superdesarrolladas" del Norte Global. "Los países más pobres del Sur Global aún necesitan crecer para satisfacer las necesidades básicas", escriben en la introducción. "El decrecimiento en el Norte reducirá la demanda y los precios de los recursos naturales y los bienes industriales, haciéndolos más accesibles para el Sur en desarrollo."

Pero en el Sur, no necesitan seguir la misma trayectoria de crecimiento  del Norte para  vivir vidas más fáciles. Hay muchas visiones alternativas tales como el  Buen Vivir en América Latina, Ubuntu en Sudáfrica y la economía gandhiana de la permanencia en la India. "Estas visiones expresan alternativas al desarrollo, trayectorias alternativas del sistema socio-económico", dicen.

Las naciones y las sociedades deberían aplicar políticas que aborden problemas específicos en lugar de adoptar una política de crecimiento económico general, según Demaria. China es un claro ejemplo de los peligros del crecimiento económico. "La razón por la que se enfrentan al problema de la contaminación del aire es precisamente el crecimiento económico. Por lo cual  es problemático decir que necesitan más crecimiento económico para solucionar  la contaminación atmosférica ", dijo.

En su nuevo libro "Fusión Economía: Cómo el pragmatismo está cambiando el mundo", Laurence Brahm señaló que China se enfrenta a una "crisis catastrófica", ya que  el 60% de toda el agua superficial es tan tóxica que no es apta para el contacto humano, mientras que el 70% de las aguas subterráneas son ya imposibles de beber.

Una de las causas principales de esta devastación del medio ambiente, de acuerdo con Brahm, era una "fijación ciega" en elevados crecimientos  que se inició en la década de 1990. Los conductores del alto crecimiento centraron  las inversiones en activos e industrias contaminantes que estaban basadas en combustibles fósiles. "El liderazgo de China durante la última década lo ha juzgado todo basándose en el PIB", escribe.

Los defensores del decrecimiento cuestionan los supuestos comunes de que se  necesita crecimiento económico para salir de la pobreza. "Lo que estamos diciendo es que lo que se denomina crecimiento económico y desarrollo no ha resuelto la desigualdad, no ha resuelto la pobreza, no ha resuelto el cambio climático y no ha resuelto los principales problemas que tenemos", dijo Demaria.

Mark Hand, periodista  sobre energía y medio ambiente. markhand13 @ gmail, Twitter MarkFHand.

Traducció N.C.

1 comentari:

  1. Estupendo post donde se presentan claramente las alternativas al crecimiento, sus virtudes y sus posibles inconvenientes. Muy recomendable.
    José Luis Grande

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