dimarts, 7 de juliol de 2015

El referendum griego y la lamentable actitud de la social-democracia europea

Joan Martínez Alier

El referéndum en Grecia ha dado a escoger entre la democracia y la “deudacracia” que es un neologismo que significa el poder político de los acreedores.  La deuda pública griega es de 170 por ciento de su PIB. Se podría pagar, sin arruinar ya totalmente a los griegos,  solamente si el PIB nominal griego creciera durante unos largos años a algo así como el 7 por ciento anual combinando la subida de precios (en euros, claro) con un cierto aumento del PIB real. Pero los precios no suben en Europa.

 Y además sabemos que por debajo del PIB real, hay lo que podríamos llamar la economía real-real, la de la minería, la extracción del petróleo y el aumento de efecto invernadero. O sea, a lo que los economistas  llaman el “PIB real” hay que descontarle bastante. Dejemos el tema ambiental de lado por el momento  en este artículo   no ha estado en discusión ni en Atenas y en Bruselas.

Economistas que no son ni ecologistas ni extremistas, como Krugman, Stiglitz, Amartya Sen y hasta Jeffrey Sachs, han argumentado a favor de Tsipras en las últimas semanas. Algunos están tan irritados con los cabezones alemanes que han dicho que ellos mismos votarían “No” en el referéndum. Ellos recuerdan lo que aprendieron del keynesianismo y también el precedente histórico de la negociación de la deuda alemana en 1953 con Herman Abs. Parece que si organizas una gran tragedia y una enorme matanza como el Tercer Reich a partir de 1939, luego te pueden tratar financieramente mejor (para beneficio de todos) que si, siendo griego, te encuentras con una gran deuda que tiene algo más, en su origen, de comedia (Juegos Olímpicos, corrupción general … ) que de gran tragedia. La comedia ha ido virando a la tragedia en Grecia, con una ola de suicidios, pensionistas tirados en las calles y angustia generalizada.

La catarsis del referéndum ha sido saludable para Grecia y para toda Europa. Y en este episodio histórico, la Social Democracia europea está jugando un papel lamentable, no novedoso pero muy triste. El presidente del parlamento europeo, Martin Shulz, el vice-primer ministro alemán Sigmar Gabriel, el presidente François Hollande, son social-demócratas. Y son malos economistas que además han perdido el sentido de la solidaridad. Ellos se han puesto a la cabeza de la “deudacracia” y contra la democracia.

La social democracia europea, comparada con el fascismo, los conservadores más colonialistas (tipo Churchill) y con los estalinistas, tiene mucho a su favor en la historia de los últimos cien años. Pero hizo también grandes maldades. En 1914-18 los social-demócratas alemanes y franceses se lanzaron a la guerra de la manera más absurda y perversa (ante las críticas no solo de Rosa Luxemburg y Lenin sino también de Bertrand Russell y muchos pacifistas), y más tarde Friedrich Ebert y Gustav Noske colaboraron en la eliminación física de sus oponentes de izquierda en Alemania. Vino la década de 1920, los facismos, el Frente Popular en Francia en los años 1930, el abandono por Leon Blum de la República española. Después la postguerra y el keynesianismo socialdemócrata, una época relativamente honorable puntuada por episodios como el increíble apoyo de Guy Mollet a la guerra de Argelia. Años más tarde,  el lamentable apoyo de Tony Blair a la desastrosa guerra de Irak de 2003. Estos son episodios de vergüenza, como en tono menor lo fue el apoyo de Felipe González y sus colegas a los asesinatos de estado cometidos por los GAL. Y el apoyo de Zapatero al cambio en una noche del artículo 135 de la Constitución española, garantizando la prioridad del pago de la deuda en el presupuesto. 

Lo de ahora, la irracionalidad de no dar una salida política a la deuda griega sabiendo que es tan impagable como la de Detroit o Puerto Rico o tantos otros casos que ha habido en la historia, la falta de respeto hacia el referéndum, eso  es pura sumisión al capital financiero.  Y es que además, nadie le podrá negar a Tsipras y a sus compañeros el mérito de haber puesto sobre la mesa los temas cruciales: ¿qué tipo de unión europea queremos?, ¿debe la política dominar sobre las finanzas? 

Y de ahí avanzar después, más allá de Tsipras y de Krugman y Stiglitz, a discutir las dominantes doctrinas del crecimiento económico, incluídas las de los keynesianos. No podemos ya aceptar un sistema en que nos endeudamos para crecer (falsamente) y luego hay que crecer  para pagar esas deudas. La crisis griega nos permite preguntar, ¿crecimiento económico, para qué? ¿para pagar intereses y deudas? Y, si este crecimiento no va a ser puramente inflacionario, nominal, si va a ser crecimiento económicamente real, ¿puede ser ecológicamente viable?
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Joan Martínez Alier
ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona
08193 Spain
www.ecologiapolitica.info
New book: Ecological Economics from the Ground Up, 2012
http://www.routledge.com/books/details/9781849713993/
 

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